Sierra Mojada: la montaña que nació del mar y quedó en medio del desierto

Bajo sus escarpes de caliza convergen antiguos mares, fallas profundas, minerales de plata y zinc, cuencas sin salida y comunidades cuya historia continúa ligada al subsuelo

Por Gorki Belisario Rodríguez Ávila | HISTORIASMX
Investigación documental cerrada el 4 de septiembre de 2026

Desde la llanura del Bolsón de Mapimí, Sierra Mojada se levanta como una muralla clara sobre un territorio de dunas, abanicos aluviales y lagunas que sólo aparecen después de las lluvias. El contraste engaña. Parece una montaña seca, inmóvil y aislada; en realidad, es el resultado visible de una historia que comenzó bajo el mar, continuó entre fallas que cambiaron varias veces de movimiento y terminó modelada por la aridez, la erosión y más de un siglo de minería.

La sierra se ubica en el extremo occidental de Coahuila, cerca de la frontera con Chihuahua. La actualización hidrogeológica de la Comisión Nacional del Agua la describe como una elevación de alrededor de 20 kilómetros de longitud y cinco kilómetros de anchura, con cumbres que rondan los 2,300 metros sobre el nivel del mar. Un inventario científico de los anfibios y reptiles de Coahuila sitúa su altitud máxima en aproximadamente 2,450 metros, mientras que las planicies circundantes se encuentran cerca de los 1,200 o 1,250 metros. Más que una colina, es un relieve abrupto capaz de superar un kilómetro de desnivel relativo frente a ciertos sectores del bolsón.

Pero hay una precisión necesaria. En la cartografía oficial no existe una provincia fisiográfica llamada “sistema montañoso de Sierra Mojada”. Sierra Mojada es una serranía concreta dentro de un mosaico regional que incluye las sierras El Poder de Dios, La Planchada, La Tortuga, El Rey, La Candelaria, Tlahualilo y Las Palomas. El municipio del mismo nombre pertenece mayoritariamente a la provincia Sierras y Llanuras del Norte y, en menor proporción, a la Sierra Madre Oriental. En términos estructurales, sin embargo, sus pliegues y cabalgaduras están relacionados con la historia tectónica del Bloque de Coahuila y con la deformación que levantó las sierras plegadas del noreste mexicano. Por eso, clasificarla depende de la escala: fisiográficamente es una sierra del Bolsón de Mapimí; geológicamente participa de los procesos que construyeron el cinturón de pliegues y fallas del norte de México.

Una cordillera escrita en capas.

Las rocas de Sierra Mojada guardan la memoria de un paisaje completamente distinto. Durante el Cretácico temprano, hace más de cien millones de años, el borde del Bloque de Coahuila pasó gradualmente de ambientes continentales a litorales y después marinos. Primero se acumularon conglomerados y sedimentos rojizos transportados por corrientes; más tarde, arenas de playa; finalmente, calizas y dolomías formadas en lagunas costeras, bajos marinos, plataformas carbonatadas y zonas de mayor profundidad.

En la nomenclatura geológica regional aparecen las formaciones San Marcos, La Mula, Cupido, La Peña y Aurora. La Formación Cupido registra condiciones de plataforma marina somera y, en algunos sectores, ambientes favorables para bancos carbonatados. La Peña contiene más arcilla y lutita calcárea, señal de una nueva transgresión y de cambios en la profundidad. Aurora está dominada por calizas y dolomías gruesas; es una de las unidades que hoy forma las paredes resistentes de las sierras y, al mismo tiempo, la principal roca hospedante de buena parte de la mineralización del distrito.

La montaña, por tanto, no es solamente “piedra del desierto”. Es un antiguo fondo marino elevado y expuesto. Sus capas contienen restos y microfósiles de organismos que ayudan a fechar los cambios del mar cretácico. Las calizas, las lutitas y los conglomerados son páginas superpuestas: unas hablan de playas; otras, de lagunas; otras, de aguas abiertas. La aridez actual es apenas el capítulo más reciente.

La falla que abrió, cerró y volvió a romper el paisaje.

La estructura decisiva es el sistema de falla San Marcos, una zona profunda que separó paleogeográficamente la Plataforma o Bloque de Coahuila de la Cuenca de Sabinas. Los estudios regionales indican que las fallas heredadas controlaron la subsidencia y el espesor de los sedimentos durante el Mesozoico. En Sierra Mojada, el sistema registra movimientos normales tempranos —cuando la corteza se extendía y algunos bloques descendían— y una reactivación posterior en sentido inverso durante la orogenia Laramide.

Esa orogenia, desarrollada entre el final del Cretácico y el Paleógeno, comprimió la columna sedimentaria, produjo pliegues anticlinales y sinclinales y generó cabalgaduras. La actualización de Conagua identifica al pliegue de Sierra Mojada como una de las estructuras creadas durante esa etapa. Millones de años después, entre el Mioceno y el Plioceno, una nueva fase de extensión acomodó bloques mediante fallas normales y contribuyó a formar las cuencas tectónicas y los bolsones actuales. En sectores vecinos también hubo volcanismo basáltico asociado a fisuras.

El relieve de hoy es la suma de fuerzas opuestas: primero extensión, después compresión y nuevamente extensión. La sierra no fue levantada en un solo episodio ni por una sola falla. Es una arquitectura compuesta, donde estructuras antiguas fueron reutilizadas. Esa complejidad explica sus escarpes, sus capas inclinadas, sus cañadas y, de manera crucial, los caminos por los que circularon los fluidos mineralizantes.

Cuando el agua caliente convirtió la roca en yacimiento.

Sierra Mojada se encuentra en la confluencia de provincias metalogenéticas: el borde oriental de la franja argentífera mexicana, el extremo occidental de la provincia de depósitos tipo Mississippi Valley del noreste y el cinturón de depósitos de reemplazo en carbonatos del norte de México. En términos sencillos, sus calizas y dolomías fueron atravesadas por fluidos calientes cargados de metales. Al reaccionar con la roca carbonatada, esos fluidos sustituyeron parte de sus minerales originales y dejaron concentraciones de zinc, plomo, plata, cobre y hierro.

Un estudio revisado por pares de J. Richard Kyle, Hyein Ahn y H. Albert Gilg concluyó que la mineralización primaria de zinc, plomo y plata se relacionó con fluidos hidrotermales de alrededor de 200 grados Celsius. Los sulfuros originales quedaron asociados con dolomita hidrotermal y sílice. Más tarde, cerca de la superficie, el oxígeno y el agua subterránea alteraron esos minerales y formaron depósitos no sulfurados dominados por smithsonita y hemimorfita: el llamado “zinc blanco” y el “zinc rojo” del distrito.

Aquí la historia del mineral se une a la historia climática. Los isótopos de oxígeno estudiados por Kyle y sus colegas indican que parte de la smithsonita se precipitó a temperaturas aproximadas de 26 a 35 grados Celsius, a partir de aguas meteóricas que circularon por fracturas y zonas porosas. El tránsito hacia el clima desértico moderno durante los últimos nueve mil años provocó descensos episódicos del nivel freático y terminó frenando buena parte de esa movilización supergénica. Es decir: la plata y el zinc no dependen únicamente de un magma remoto o de una falla profunda; también fueron reorganizados por el agua de lluvia y por la evolución del desierto.

El Servicio Geológico Mexicano cartografió la hoja Sierra Mojada G13-B34 a escala 1:50,000 y documentó numerosos prospectos de plomo y zinc, además de calizas y dolomías mineralizadas. Los informes técnicos distinguen mantos estratiformes, vetas, chimeneas, brechas y mineralización diseminada. No se trata de una veta única, sino de un sistema tridimensional controlado por el tipo de roca, los contactos estratigráficos y una red densa de fallas.

El agua: origen del mineral y límite de la vida.

La paradoja mayor de Sierra Mojada es el agua. La montaña participa en la recarga porque sus calizas y rocas volcánicas fracturadas permiten que parte de la lluvia se infiltre. De sus laderas nacen escurrimientos temporales como El Estanque, El Cien, Barrancos Blancos y El Mimbre. Sin embargo, no hay ríos permanentes: el agua corre sólo después de precipitaciones suficientes, se infiltra o desciende hacia las depresiones internas, entre ellas Laguna del Rey, y desaparece rápidamente por evaporación.

La región pertenece a una cuenca endorreica: el agua no llega al mar. Conagua calcula para el acuífero Laguna del Rey–Sierra Mojada una precipitación media anual cercana a 312 milímetros y una temperatura media de 19.6 grados Celsius, con lluvias principalmente estivales. En las partes altas el clima es algo más fresco y semiseco templado; en las planicies domina la aridez semicálida. La lluvia es escasa y muy variable, mientras la pérdida atmosférica consume la mayor parte del agua disponible.

La actualización de disponibilidad publicada por Conagua en 2024 estimó una recarga media anual de 15 millones de metros cúbicos y un volumen registrado de extracción de 16.032 millones. El balance resultó negativo en 1.032 millones de metros cúbicos por año. La propia dependencia advierte que no existe volumen adicional disponible para nuevas concesiones y reconoce una limitación metodológica importante: no hay series piezométricas actuales e históricas suficientemente consistentes, por lo que la recarga se estimó mediante un balance hidrometeorológico.

Esa salvedad no invalida la señal de alerta; la vuelve más urgente. Sin una red de monitoreo continuo es difícil saber con precisión dónde y a qué velocidad cambia el nivel del agua, cómo se conectan las fracturas de la sierra con los sedimentos del valle o en qué puntos puede avanzar la salinidad. Un estudio oficial de 2014 halló que 84.6 por ciento de los aprovechamientos muestreados rebasaba entonces el límite de sólidos disueltos usado para consumo humano. Los valores más altos se concentraban hacia el centro del acuífero y se relacionaban con evaporitas, salmueras y la naturaleza geológica de la cuenca. Ese documento demuestra salinidad regional; no basta, por sí solo, para atribuirla a la minería.[8]

Una isla de roca dentro del Desierto Chihuahuense.

En el municipio, el INEGI registró que el matorral cubría alrededor de 91 por ciento del territorio y el pastizal ocho por ciento. En la Región Hidrológica Prioritaria El Rey, donde se encuentra Sierra Mojada, la Conabio reconoce matorral desértico micrófilo y rosetófilo, mezquitales, vegetación halófila y comunidades de desiertos arenosos. Gobernadora (Larrea tridentata), mezquite (Prosopis glandulosa) y zacates adaptados a suelos secos o salinos forman parte del paisaje regional; las laderas rocosas agregan grietas, cuevas, sombras y gradientes de altura que no existen en la planicie.[1][9]

Esa diferencia topográfica vuelve a las sierras desérticas refugios potenciales para la fauna. El inventario herpetológico de Coahuila describe a Sierra Mojada como la más alta de las pequeñas serranías aisladas del extremo occidental del estado. En la región prioritaria El Rey se han documentado víboras de cascabel, lagartijas adaptadas a dunas, aves rapaces, lince, venado bura, puma y zorra norteña. No todas esas especies están demostradas en cada ladera de Sierra Mojada; son registros de la región hidrológica amplia y deben verificarse con inventarios locales antes de afirmar su presencia puntual.[2][9]

Una parte del municipio de Sierra Mojada pertenece a la Reserva de la Biosfera Mapimí, área protegida de 342,387.99 hectáreas compartida con Durango y Chihuahua. La reserva protege la distribución principal de la tortuga del bolsón (Gopherus flavomarginatus) y hábitats de aves migratorias. Sin embargo, el polígono de la reserva no equivale a toda la serranía de Sierra Mojada. Confundir municipio, acuífero, distrito minero, sierra y área protegida puede llevar a exageraciones; cada figura tiene límites distintos.[10]

El vacío científico es significativo. Conabio señala que muchos organismos de la región El Rey no han sido estudiados y pide inventarios biológicos, seguimiento de especies sensibles, estudios de agua subterránea y monitoreo de la calidad del agua. Sierra Mojada es, así, una montaña muy conocida en su subsuelo minero y todavía insuficientemente conocida en su superficie viva.

La montaña que fundó un pueblo.

La relación humana moderna con la sierra cambió en mayo de 1879, cuando Néstor Arreola encontró una mena que creyó argentífera en el cerro La Blanca. Una investigación histórica basada en archivos de Coahuila explica que el nombre “Sierra Mojada” se relaciona con el brillo de una montaña que, bajo el sol, parece húmeda. La noticia del hallazgo fue amplificada por periódicos nacionales y extranjeros y atrajo exploradores, empresarios y trabajadores a un paraje remoto.

Primero se explotaron plata nativa, cloruros de plata y carbonatos de plomo; después aparecieron minerales de zinc, plomo, plata y cobre alojados en calizas y areniscas. El distrito se llenó de tiros, galerías, pequeñas minas, hornos y campamentos. La migración incorporó trabajadores mexicanos y extranjeros, entre ellos mineros italianos del Trentino, dentro de una sociedad organizada alrededor de las compañías y de una jerarquía laboral severa.

El ferrocarril terminó de integrar la montaña a la economía internacional. La estación de Sierra Mojada fue construida sobre la línea del Ferrocarril Mexicano del Norte, que desde 1891 conectó el mineral con Escalón, Chihuahua. Por esa ruta salían plomo y cobre hacia Ciudad Juárez y las fundidoras de El Paso; otras conexiones enlazaron el distrito con Cuatro Ciénegas y Monclova. La geología produjo el yacimiento, pero el riel convirtió ese yacimiento en enclave económico.

Los registros históricos de producción son incompletos. Un informe técnico presentado ante la autoridad bursátil estadounidense estima que el distrito desarrolló más de 150 kilómetros de labores subterráneas y extrajo alrededor de diez millones de toneladas cortas de minerales de plata, zinc, plomo y cobre, pero el propio documento reconoce la fragmentación de los datos antiguos. La cifra debe manejarse como estimación empresarial, no como un censo minero definitivo.

La población actual conserva la huella de aquel ciclo. En 2020, el municipio de Sierra Mojada tenía 6,744 habitantes, pero esa cifra incluye localidades dispersas y centros mineros distintos; no corresponde exclusivamente a la cabecera ni a la sierra. El paisaje humano está formado por comunidades pequeñas, distancias largas y economías históricamente sensibles a la apertura, cierre o abandono de proyectos extractivos.

Un presente suspendido entre el mineral, el agua y el derecho al territorio.

La exploración contemporánea no ha resuelto la relación entre riqueza geológica y bienestar local. El proyecto de plata y zinc promovido por Silver Bull Resources permanece detenido desde 2019 por un bloqueo de la cooperativa Mineros Norteños. La empresa lo califica de ilegal. En mayo de 2026, un tribunal del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones desechó por falta de jurisdicción y/o por límites temporales la reclamación de la compañía contra México. Ese fallo cerró el arbitraje, pero no resuelve por sí mismo el conflicto territorial y social.

Para entenderlo periodísticamente hace falta escuchar, por separado, a la cooperativa, a ejidatarios, autoridades municipales, antiguos mineros, mujeres de las comunidades, la empresa y especialistas independientes. Los informes corporativos explican la posición de la concesionaria; no sustituyen la versión comunitaria. La ciencia puede localizar el mineral y modelar el acuífero, pero no decide por sí sola cómo se reparten los riesgos, el empleo, el agua o los beneficios.

Lo que está en juego.

Sierra Mojada no debe reducirse a una mina, pero tampoco puede contarse ignorando la minería. Sus metales existen porque un antiguo mar depositó carbonatos, las fallas abrieron conductos, fluidos calientes reaccionaron con la roca y el agua meteórica transformó los sulfuros cerca de la superficie. La misma red de fracturas que favoreció los yacimientos permite hoy cierta infiltración. La misma aridez que conservó el paisaje limita el agua y concentra sales.

El reto científico es construir una línea base moderna: estaciones climáticas continuas; una red piezométrica; análisis isotópicos y de calidad del agua; inventarios de flora, reptiles, aves, mamíferos y murciélagos; cartografía de cuevas, tiros abandonados y pasivos mineros; y estudios de conectividad entre laderas, dunas y lagunas temporales. Sin esa información, cualquier nueva intervención comienza con una deuda de conocimiento.

El reto humano es mayor. Durante casi siglo y medio, la montaña ha dado minerales, trabajo, migración, identidad y conflicto. Ahora exige otra forma de lectura: no solamente cuánto metal queda bajo la caliza, sino cuánta agua puede renovarse, qué especies ocupan sus cañadas, qué peligros dejaron las viejas labores y qué futuro imaginan quienes viven a su sombra.

Sierra Mojada parece seca. Su historia demuestra lo contrario: fue mar, fue circulación hidrotermal, fue agua subterránea transformando minerales y continúa siendo un parteaguas frágil en el corazón del desierto. Comprenderla completa —roca, vida y comunidad— es el primer paso para no volver a verla sólo como un depósito.

Ficha científica de referencia.

IndicadorDato documentadoAlcance y cautela
Longitud y anchuraAproximadamente 20 km × 5 kmDescripción general de Conagua para la serranía
ElevaciónCerca de 2,300 m; máximo publicado de ~2,450 mLa cifra varía según escala y conjunto cartográfico
Relieve circundantePlanicies de ~1,050 a 1,250 mEl desnivel local puede aproximarse a un kilómetro
Clima regional~312 mm de lluvia y 19.6 °C de media anualPromedios del área del acuífero; las cumbres son más frescas
Litología dominanteCaliza, dolomía, lutita, arenisca y conglomeradoCon depósitos aluviales, eólicos y volcanismo regional más joven
Estructura claveSistema de falla y cabalgadura San MarcosFalla heredada con reactivaciones extensionales y compresivas
Metales principalesZn, Pb, Ag, Cu y FeDepósitos de reemplazo en carbonatos y alteración supergénica
Acuífero 0520Recarga 15.0 hm³/año; extracción registrada 16.032 hm³/añoDéficit administrativo estimado de 1.032 hm³/año en la actualización 2024
Cobertura vegetal municipalMatorral 91%; pastizal 8%Datos de INEGI 2010; no equivalen a una medición exclusiva de la sierra
Población municipal 20206,744 habitantesIncluye todas las localidades del municipio, no sólo la cabecera

Notas de verificación periodística.

  • Este reportaje es una investigación documental. No incluye entrevistas de campo ni muestreos propios.
  • “Sierra Mojada” puede designar la serranía, la cabecera municipal, el municipio, el distrito minero o un proyecto de exploración. El texto distingue esos ámbitos siempre que la fuente lo permite.
  • Los cálculos de agua corresponden al acuífero Laguna del Rey–Sierra Mojada, cuya superficie es mucho mayor que la montaña.
  • Las cifras históricas de producción minera son estimaciones técnicas construidas con registros incompletos.
  • La salinidad regional tiene una explicación geológica y evaporítica documentada. Determinar contaminación derivada de minas específicas requiere muestreo de agua, suelo y residuos, además de análisis espacial e histórico.
  • Los registros de fauna de la Región Hidrológica Prioritaria El Rey o de la Reserva de la Biosfera Mapimí no prueban, por sí solos, la presencia de cada especie en la Sierra Mojada.
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