La principal reserva de agua de Chihuahua enfrenta una crisis que ya no puede atribuirse únicamente a la falta de lluvias. El crecimiento de cultivos permanentes de alta demanda hídrica, las pérdidas en los sistemas de riego, la sobreexplotación de acuíferos y una administración que históricamente ha intentado adaptar la oferta de agua a la demanda agrícola colocan a toda la cuenca del río Conchos frente a un riesgo estructural.
Por Gorki Rodríguez | HISTORIASMX
Un lago que retrocede ante los ojos de la región
HISTORIASMX. – Desde las partes altas que rodean el Lago Toronto, la crisis puede observarse directamente. Donde antes el agua cubría laderas, entraba en pequeñas bahías y sostenía embarcaderos, actualmente aparecen franjas de tierra, piedras y sedimentos que durante años permanecieron sumergidos.
La presa La Boquilla, construida sobre el río Conchos en el municipio de San Francisco de Conchos, no es solamente una obra hidráulica. Es el corazón económico de la región centro-sur de Chihuahua, una reserva estratégica para decenas de miles de hectáreas agrícolas y el soporte de actividades pesqueras, turísticas, comerciales y recreativas.

Su capacidad ordinaria actual se sitúa alrededor de 2 mil 846 millones de metros cúbicos, aunque algunas fuentes históricas manejan cifras ligeramente diferentes debido a actualizaciones de las curvas de elevación y almacenamiento. Sin embargo, el problema no es únicamente cuánto puede guardar, sino cuánto recibe y cuánto se extrae cada año.
El 28 de agosto de 2026, el embalse almacenaba aproximadamente 634.48 millones de metros cúbicos, equivalentes a sólo 22.29% de su capacidad, cuando faltaba cerca de un mes para concluir el ciclo de riego. Semanas antes, el 10 de agosto, el reporte basado en información de la Comisión Nacional del Agua registraba 667.09 millones de metros cúbicos y un nivel de 23.43%. Es decir, aun dentro del periodo de lluvias, el lago seguía perdiendo volumen por las extracciones agrícolas y la insuficiencia de los escurrimientos.
La palabra “colapso” debe utilizarse con precisión. No existe evidencia pública suficiente para afirmar que la cortina esté por sufrir un colapso estructural. El riesgo documentado es otro: un colapso hidrológico, productivo, ambiental y económico, entendido como la pérdida de capacidad del sistema para cubrir simultáneamente el riego, las necesidades humanas, la actividad turística, los servicios ambientales del río y las reservas necesarias para enfrentar futuras sequías.
La caída de 2026.
El ciclo agrícola de 2026 comenzó cuando La Boquilla se encontraba aproximadamente a 38% de su capacidad. Para el 30 de junio había descendido a 24.21%, con alrededor de 689 millones de metros cúbicos.
En poco más de tres meses, la presa había perdido alrededor de 14 puntos porcentuales. La disminución provocó que el Congreso de Chihuahua solicitara a Conagua revisar las extracciones y utilizar, dentro de los límites técnicos correspondientes, una mayor proporción de agua de la presa Francisco I. Madero, conocida como Las Vírgenes.

La proyección política de que La Boquilla podría terminar septiembre entre 11% y 12% no fue un pronóstico oficial de Conagua, sino un escenario planteado bajo el supuesto de que continuarían las extracciones sin lluvias suficientes. Esa diferencia es importante: una advertencia política no debe presentarse como una modelación hidrológica, aunque la velocidad de descenso que la motivó sí era real.
Para 2026 se autorizó un ciclo agrícola restringido con la extracción conjunta de aproximadamente 650 millones de metros cúbicos de La Boquilla y Las Vírgenes. La restricción evitó abrir toda la superficie disponible del Distrito de Riego 005, pero mantuvo una presión considerable sobre reservas que todavía no se recuperaban de los años secos anteriores.
La presa, por tanto, no está vaciándose por una sola causa. Su nivel resulta de una ecuación compleja:
almacenamiento anterior + escurrimientos y lluvia − extracciones − evaporación − filtraciones y otras pérdidas.
Cuando las entradas son menores que las salidas durante varios años consecutivos, el sistema consume su reserva acumulada. Puede llover durante algunos días y el lago crecer temporalmente, pero eso no significa que haya recuperado su seguridad hídrica.
El nogal: un cultivo rentable que compromete agua durante décadas.
En medio de esta crisis aparece un cultivo estratégico para Chihuahua: el nogal pecanero. La nuez genera empleos, exportaciones, valor agrícola y patrimonio productivo. El problema no es la existencia del nogal en sí misma, sino su crecimiento acelerado dentro de una cuenca árida y con reservas limitadas.
A diferencia de cultivos anuales que pueden dejar de sembrarse durante una sequía, una huerta de nogal representa una demanda permanente. El productor no puede suspender completamente el riego durante un año sin arriesgar árboles que tardaron años en entrar en producción y que contienen inversiones acumuladas durante décadas.

Cada nueva hectárea no representa solamente una decisión para la siguiente cosecha: establece una obligación hídrica que puede extenderse durante 40, 60 o más años.
Los requerimientos dependen de la edad del árbol, clima, suelo, densidad de plantación, lluvia efectiva, sistema de riego y eficiencia con la que se aplica el agua. Por eso no existe una cifra única válida para todas las huertas.
Una investigación del INIFAP y otras instituciones reporta que los árboles adultos suelen requerir entre 1,170 y 1,310 milímetros de agua al año. Como cada milímetro aplicado sobre una hectárea equivale a diez metros cúbicos, ese rango representa aproximadamente 11,700 a 13,100 metros cúbicos por hectárea al año.

El mismo trabajo documenta estimaciones desde 1,234 milímetros en Arizona hasta 2,091 milímetros en las cercanías de Hermosillo, es decir, hasta 20,910 metros cúbicos por hectárea en ambientes con una demanda evaporativa muy elevada. Por ello, la estimación de más de 19 mil metros cúbicos por hectárea al año es científicamente plausible, pero debe entenderse como un escenario alto, no como una constante universal.
Una hectárea que recibe 19 mil metros cúbicos utiliza el equivalente a una lámina anual de 1.9 metros de agua. Para dimensionarlo, esa cantidad podría cubrir con un metro de profundidad una superficie de casi dos hectáreas.
Sin embargo, también debe distinguirse entre tres conceptos:
- Requerimiento neto: agua que necesita el cultivo conforme a su evapotranspiración y desarrollo.
- Volumen aplicado: agua que entra a la parcela.
- Extracción de la fuente: volumen liberado de una presa o bombeado de un pozo antes de las pérdidas en canales y sistemas parcelarios.
El volumen extraído puede ser mayor que el agua efectivamente aprovechada por los árboles. En sistemas de riego por gravedad con mala nivelación, calendarios deficientes o infraestructura deteriorada, una parte se pierde por evaporación, derrames, conducción y percolación fuera de la zona efectiva de raíces.

Un estudio agronómico reportó eficiencias de aplicación de entre 50% y 70% en sistemas convencionales y señaló que, bajo manejos deficientes, el volumen utilizado en nogal puede exceder hasta en 40% su requerimiento hídrico. En contraste, un ensayo con programación técnica calculó una necesidad neta aproximada de 741 milímetros entre brotación y cosecha, equivalente a 7,410 metros cúbicos por hectárea, sin considerar riegos previos a la brotación. Esto demuestra que manejo, clima y tecnología pueden cambiar considerablemente el resultado.
Treinta mil hectáreas y una cuenta que ya no cabe en la presa.
La superficie de nogal también se ha expandido. Información divulgada en 2026, con cifras agrícolas correspondientes a 2024, señala que en el Distrito de Riego 005 y su zona de influencia existían aproximadamente 30 mil 122 hectáreas sembradas, de las cuales 22 mil 694 estaban cosechándose. Otro análisis informó que la superficie nogalera del distrito creció alrededor de 76% en quince años.
Si se aplicara, sólo como ejercicio de escala, una demanda de 13 mil metros cúbicos a las 30 mil 122 hectáreas sembradas, el resultado sería cercano a 392 millones de metros cúbicos anuales.
Con el escenario alto de 19 mil metros cúbicos, la cifra subiría a aproximadamente 572 millones de metros cúbicos.
Esto no significa que todo ese volumen salga directamente de La Boquilla. Parte de las huertas utiliza agua superficial; otra combina riego de presa con pozos, y las plantaciones jóvenes consumen menos que los árboles adultos. Tampoco toda el agua aplicada constituye consumo irreversible: una fracción puede infiltrarse y retornar al sistema.

Pero la comparación revela la magnitud del compromiso. El escenario alto de demanda de la superficie nogalera se aproxima al volumen total que La Boquilla almacenaba a finales de agosto de 2026.
Además, el nogal compite con chile, alfalfa, maíz, algodón, cebolla y otros cultivos, así como con las necesidades urbanas y ambientales de la cuenca. No es la única demanda, aunque sí una de las más difíciles de reducir porque se trata de una plantación permanente.
Cuando la presa baja, los pozos trabajan más.
La reducción del agua superficial genera otro efecto: los agricultores recurren con mayor intensidad al subsuelo. Así, la crisis visible del Lago Toronto se traslada silenciosamente a los acuíferos.
Los datos vigentes de Conagua para el acuífero Meoqui–Delicias registran una recarga media anual de 211.2 millones de metros cúbicos, frente a un volumen de extracción y derechos contabilizados de aproximadamente 378.32 millones. El resultado es un déficit oficial de 167.12 millones de metros cúbicos anuales. No existe disponibilidad para conceder nuevas extracciones sin profundizar el desequilibrio.
Esto representa alrededor de 1.79 metros cúbicos comprometidos o extraídos por cada metro cúbico de recarga media contabilizada.
El agua subterránea permite salvar cosechas cuando las presas tienen niveles bajos, pero no es una reserva infinita. Si la extracción supera de manera persistente la recarga, desciende el nivel freático, aumenta el costo eléctrico del bombeo, se secan pozos menos profundos y puede deteriorarse la calidad del agua.
En otras palabras: utilizar pozos para compensar indefinidamente la falta de agua de La Boquilla no resuelve el déficit; únicamente lo desplaza bajo tierra.
Una investigación de la Universidad Autónoma de Chihuahua, basada en imágenes satelitales de Delicias, Rosales y Meoqui, encontró un crecimiento relevante de la superficie nogalera y advirtió que la disminución de la recarga del acuífero, combinada con el consumo anual estimado, podría generar desabasto a largo plazo. Los autores recomendaron controlar los cambios de cultivo.
No es solamente sequía.
La falta de lluvias es el detonante inmediato de la crisis, pero no explica por sí sola la vulnerabilidad del sistema.
En 2023 se registraron en la zona aproximadamente 193 milímetros de precipitación y en 2024 poco más de 201 milímetros. Aunque 2025 mejoró y llegó a cerca de 395.9 milímetros, la recuperación no fue suficiente para restablecer los volúmenes perdidos durante la sequía prolongada.
El río Conchos nace en las zonas serranas de Chihuahua y depende de lluvias altamente variables. No toda precipitación se convierte en agua para la presa: una parte es interceptada por la vegetación, otra se infiltra, otra se evapora y solamente una fracción genera escurrimientos capaces de llegar al embalse.

El aumento de las temperaturas intensifica la evapotranspiración del suelo y de los cultivos. También incrementa la evaporación directa desde el espejo del Lago Toronto. Una estimación divulgada en 2026 señaló que, cuando el lago tiene una superficie extensa, la evaporación anual puede representar hasta 380 millones de metros cúbicos. La cifra varía con la extensión del espejo de agua y las condiciones meteorológicas, por lo que debe considerarse una estimación y no una pérdida fija.
A esto se suma el azolve. Un diagnóstico previo de la cuenca estimó que para 2004 La Boquilla acumulaba cerca de 317.4 millones de metros cúbicos de sedimentos, equivalentes entonces a aproximadamente 9.88% de su capacidad útil. El azolve no explica las caídas rápidas de un ciclo agrícola, pero reduce lentamente el espacio efectivo disponible para almacenar agua.
La crisis, por tanto, se construye mediante cuatro presiones simultáneas:
- Menores aportaciones durante periodos de sequía prolongada.
- Extracciones agrícolas que continúan reduciendo la reserva.
- Expansión de cultivos permanentes de alta demanda hídrica.
- Pérdidas por evaporación, conducción ineficiente y sedimentación.
Un problema de administración, no sólo de naturaleza.
Desde hace más de una década, la investigación técnica ha advertido que la operación de La Boquilla y Las Vírgenes debe relacionar estrictamente las extracciones con el volumen realmente almacenado.
Un análisis publicado en Ingeniería Agrícola y Biosistemas revisó datos históricos de La Boquilla entre 1936 y 2004. Encontró que, para niveles similares de almacenamiento, se habían autorizado extracciones diferentes y que en algunos años salió más agua de la que entró a las presas.
El estudio recordó lo ocurrido entre 1992 y 1995: las extracciones superaron los escurrimientos y el almacenamiento cayó hasta un mínimo que obligó a mantener cerradas las presas durante el ciclo 1994–1995.
Su conclusión sigue siendo vigente: la demanda debe adaptarse a la oferta disponible, y no la oferta a una demanda creciente.
Modernizar canales puede reducir pérdidas, pero la tecnificación no garantiza por sí sola la recuperación de la cuenca. Existe un riesgo conocido como “efecto rebote”: el agua ahorrada en una parcela puede utilizarse para ampliar la superficie regada o intensificar la producción. Si no existe un límite al volumen total extraído, la eficiencia individual puede no traducirse en ahorro real para la presa.
Por ello, cualquier inversión en tecnificación debe acompañarse de medición volumétrica, límites verificables, vigilancia de pozos, transparencia sobre concesiones y prohibición de utilizar el ahorro para expandir nuevas superficies de alta demanda.
La dimensión humana del lago que desaparece.
La crisis no termina en los porcentajes de almacenamiento. En San Francisco de Conchos y las comunidades cercanas, la reducción del lago afecta restaurantes, prestadores de servicios, pescadores, comerciantes, trabajadores turísticos y familias que dependen del movimiento económico generado por el embalse.
Aguas abajo, miles de productores viven otra angustia. Una restricción severa del riego puede significar menos superficie sembrada, pérdida de empleos temporales, reducción de ingresos y abandono de huertas. Los pequeños productores son especialmente vulnerables porque poseen menos capital para perforar pozos más profundos, instalar sistemas presurizados o soportar un año sin cosecha.
Dejar que el agua se agote tampoco protege a los agricultores. Solamente aplaza y agrava el impacto. Cuando una cuenca mantiene artificialmente su producción mediante el consumo de reservas superficiales y subterráneas, cada año de aparente normalidad puede comprarse a costa de una crisis futura más profunda.
La Boquilla tampoco es un depósito aislado. Forma parte de la cuenca del Conchos, el principal afluente mexicano del río Bravo y una fuente central de los volúmenes considerados en el Tratado de Aguas de 1944. Los modelos hidrológicos señalan que las sequías prolongadas generan competencia entre usuarios locales, necesidades ambientales y compromisos internacionales.
Evitar el colapso todavía es posible.
La solución no consiste en señalar al productor de nogal como único responsable ni en esperar que una temporada extraordinaria de lluvias resuelva décadas de presión acumulada.
Se necesita una política regional que incluya:
- Establecer extracciones anuales con base en escenarios conservadores de almacenamiento y escurrimiento.
- Proteger un volumen mínimo estratégico que no sea comprometido para ampliar la superficie agrícola.
- Detener la expansión de cultivos permanentes cuando no exista una fuente sustentable y demostrable de agua.
- Medir el volumen entregado en canales y parcelas, no únicamente calcularlo por superficie.
- Modernizar canales, nivelar tierras y programar los riegos con información meteorológica y sensores de humedad.
- Revisar y clausurar extracciones ilegales, además de transparentar el padrón de concesiones.
- Impedir que el agua ahorrada mediante tecnificación se convierta automáticamente en nuevas hectáreas.
- Reconvertir gradualmente las áreas menos eficientes hacia cultivos de menor demanda o esquemas productivos compatibles con la disponibilidad real.
- Restaurar suelos, pastizales y zonas altas de la cuenca para favorecer infiltración, disminuir erosión y reducir el transporte de sedimentos.
- Incorporar explícitamente la evaporación, el cambio climático y los déficits de los acuíferos en la planeación agrícola.
La Boquilla ha sobrevivido a sequías, inundaciones, conflictos políticos y más de un siglo de aprovechamiento. Pero haber resistido antes no garantiza que pueda sostener indefinidamente una demanda creciente.
El Lago Toronto no se encuentra al borde de desaparecer de un día para otro. Se encuentra frente a algo quizá más peligroso: un deterioro gradual que puede ser normalizado cada año hasta que las restricciones, los pozos agotados y la pérdida económica hagan evidente que la capacidad de la cuenca fue rebasada.
La crisis no comenzó cuando apareció la tierra agrietada en las orillas. Comenzó cuando se asumió que el agua almacenada, el agua subterránea y la lluvia futura siempre alcanzarían para cubrir una superficie agrícola cada vez mayor.
La ciencia muestra lo contrario. La presa puede recuperarse durante años lluviosos, pero mientras las extracciones de largo plazo continúen acercándose o superando las aportaciones, cada recuperación será temporal.
La Boquilla no necesita únicamente que llueva. Necesita que Chihuahua deje de gastar el agua como si la siguiente sequía nunca fuera a llegar.