Mucho antes de convertirse en un producto cotidiano, la sal fue un recurso estratégico para la economía minera de Nueva Vizcaya. Durante los siglos XVII y XVIII, las salinas del Bolsón de Mapimí y otras regiones del norte abastecieron una industria que dependía de este mineral para recuperar la plata de sus yacimientos. Detrás de aquella riqueza existieron rutas comerciales, trabajadores indígenas, disputas territoriales, mecanismos de control colonial y una compleja relación entre el desierto y las minas de Hidalgo del Parral.
Por HISTORIASMX | Reportaje especial de investigación histórica | 22 de octubre de 2026
Introducción: el mineral que se ocultaba detrás de la riqueza argentífera.
HISTORIASMX. – La historia de la minería colonial de Hidalgo del Parral suele narrarse a partir de sus grandes descubrimientos argentíferos, la prosperidad de sus haciendas de beneficio, la llegada de comerciantes y trabajadores, así como el crecimiento de una población que durante el siglo XVII se convirtió en uno de los centros económicos más importantes del norte de la Nueva España. Sin embargo, detrás de cada cantidad de plata recuperada de las entrañas de la tierra existía una industria auxiliar que rara vez ocupa el mismo espacio en la memoria histórica. Se trataba de la extracción y comercialización de sal, una sustancia abundante en determinadas regiones áridas que resultaba fundamental para uno de los principales procedimientos metalúrgicos utilizados durante el virreinato.
La relación entre la sal y la plata permite comprender que la riqueza minera de Parral no dependía exclusivamente de sus yacimientos. También necesitaba un territorio mucho más amplio, integrado por las salinas del desierto, las rutas de abastecimiento, los centros productores de mercurio, las explotaciones de cobre, las haciendas agrícolas y las poblaciones indígenas que participaron, voluntariamente o bajo coerción, en las actividades que sostenían la economía colonial. De esta manera, lugares aparentemente alejados del corazón minero, como el Bolsón de Mapimí, adquirieron importancia económica y estratégica para la explotación de los metales preciosos.
La investigación histórica disponible confirma que la sal era utilizada en el beneficio de la plata mediante amalgamación y que las autoridades y empresarios mineros buscaron asegurar su suministro. Los estudios de Chantal Cramaussel sobre el Bolsón de Mapimí, las investigaciones sobre la minería de Nueva Vizcaya, la documentación conservada por el Archivo Histórico de Parral y los trabajos especializados sobre la metalurgia colonial permiten reconstruir parte de esta historia. También revelan una dimensión social mucho menos conocida: el interés por controlar las salinas contribuyó a intensificar la ocupación colonial de territorios indígenas y generó nuevas tensiones en los espacios desérticos del norte novohispano.
El nacimiento de Parral y la necesidad de abastecer una nueva industria.
Durante el verano de 1631 comenzó la primera gran bonanza minera en el asentamiento que pronto sería conocido como San José del Parral. Los hallazgos de depósitos ricos en plata, entre ellos los asociados con la veta denominada La Negrita y posteriormente La Prieta, desencadenaron un movimiento de población, capitales y mercancías que transformó profundamente la provincia de Nueva Vizcaya. Mineros, comerciantes, trabajadores y autoridades llegaron desde distintos puntos del virreinato, atraídos por las oportunidades económicas que ofrecían los yacimientos descubiertos en el sur del actual estado de Chihuahua.
La expansión fue extraordinariamente rápida. Las reconstrucciones históricas señalan que hacia 1635 Parral ya reunía alrededor de cinco mil habitantes, una concentración considerable para una región donde la colonización española todavía enfrentaba importantes dificultades geográficas, militares y económicas. El nuevo real minero necesitaba alimentos, animales de carga, herramientas, madera, combustibles, instalaciones de beneficio y trabajadores. Pero también requería grandes cantidades de insumos químicos para procesar determinados minerales argentíferos, particularmente mercurio, sal y compuestos de cobre.
El crecimiento de Parral dio origen a una demanda regional que no podía resolverse únicamente dentro de los límites inmediatos de sus minas. Las empresas mineras debían organizar mecanismos de suministro desde territorios distantes y establecer relaciones comerciales capaces de mantener funcionando las haciendas. Así, el auge argentífero impulsó no solamente la extracción de plata, sino también el reconocimiento y aprovechamiento de otros recursos naturales, entre ellos los depósitos salinos formados en las cuencas cerradas del desierto septentrional.
La historia regional publicada en la Biblioteca Digital del ILCE confirma que en Parral se utilizaron tanto la fundición como la amalgamación. La segunda técnica permitía procesar minerales de menor concentración de plata y requería precisamente la incorporación de sal. Las haciendas que la practicaban se asentaron principalmente junto a corrientes de agua, pues el procedimiento necesitaba cantidades importantes de este recurso.
¿Por qué era indispensable la sal para extraer la plata?
Para comprender la importancia histórica de las salinas es necesario distinguir dos actividades que frecuentemente se confunden: la extracción del mineral y su beneficio. La primera consistía en sacar de la mina las rocas que contenían plata; la segunda comprendía los procedimientos destinados a separar y recuperar el metal aprovechable. Tener una veta rica no significaba obtener automáticamente plata metálica comercializable. Entre ambos momentos existía una cadena de trabajo físico, conocimientos metalúrgicos, operaciones químicas y consumo de insumos.
Uno de los procedimientos más importantes desarrollados en la Nueva España fue el método de patio, asociado históricamente con Bartolomé de Medina en el siglo XVI. Su utilización permitió aprovechar minerales argentíferos que no siempre resultaban convenientes para los procedimientos tradicionales de fundición. Después de triturar las rocas hasta obtener un material fino, los trabajadores preparaban mezclas con agua, sal, mercurio —conocido como azogue— y magistral, un reactivo que habitualmente contenía compuestos de cobre. Bajo condiciones apropiadas, estas sustancias favorecían transformaciones químicas que permitían recuperar parte de la plata mediante su unión con el mercurio.
La sal desempeñaba una función química, no solamente mecánica. El cloruro de sodio intervenía en reacciones relacionadas con los compuestos metálicos presentes en el mineral y con los reactivos del proceso. El resultado dependía de la composición mineralógica de la mena, la cantidad de reactivos, la temperatura, la humedad y la experiencia de los trabajadores encargados del beneficio. No bastaba con agregar sal para que cualquier mineral liberara automáticamente su plata. La operación requería conocimiento práctico, vigilancia y ajustes constantes.
El material preparado se disponía sobre patios en montones conocidos como tortas. Durante días, semanas o incluso meses se removía la mezcla para favorecer las reacciones y la amalgamación. Posteriormente se separaban los materiales, se recuperaba la amalgama y se aplicaba calor para separar el mercurio de la plata. Aunque era una tecnología importante para la producción colonial, también implicaba exposición a sustancias tóxicas, particularmente durante la manipulación y calentamiento del azogue. Los estudios históricos sobre la cadena del mercurio permiten comprender la importancia económica y las limitaciones técnicas de este procedimiento.
Cómo participaba la sal en el beneficio colonial de la plata.
1
Mineral
2
Molienda
3
Reactivos
4
Amalgama
5
Plata
La sal intervenía en la tercera etapa, junto con el agua, el magistral y el azogue. Esquema simplificado, no representación de un procedimiento completo.
Las salinas del Bolsón de Mapimí: un recurso estratégico del desierto.
El Bolsón de Mapimí constituye una extensa región de cuencas áridas que abarca territorios de los actuales estados de Chihuahua, Durango y Coahuila. Sus condiciones geológicas, hidrológicas y climáticas favorecieron la formación de lagunas someras y superficies salinas donde el agua, al evaporarse, dejó concentraciones de minerales disueltos. Desde mucho antes del establecimiento de los centros mineros españoles, estas zonas formaban parte de territorios conocidos y utilizados por poblaciones indígenas adaptadas a la vida en ambientes desérticos.
La importancia de estas salinas cambió con el desarrollo de Parral. Lo que anteriormente podía ser aprovechado para necesidades locales e intercambios regionales comenzó a adquirir un valor adicional como insumo indispensable para la industria argentífera. La explotación del recurso dejó de responder exclusivamente a las dinámicas de las poblaciones del desierto y comenzó a integrarse en una economía colonial que exigía abastecimientos mayores y más constantes.
La historiadora Chantal Cramaussel, investigadora especializada en la historia de Nueva Vizcaya, ha documentado la importancia de estos territorios y las relaciones entre sus habitantes y los colonizadores. En su capítulo El Bolsón de Mapimí: un hábitat indígena en la época colonial, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México en 2020, analiza los procesos de ocupación, las relaciones de poder y las transformaciones que experimentaron los pueblos del desierto durante la expansión española. Otros trabajos historiográficos sobre las fronteras septentrionales señalan expresamente que, al crecer la industria minera de Parral, aumentó la presión para obtener la sal que necesitaban sus haciendas de beneficio.
Dentro de esta geografía resulta importante considerar las salinas de Laguna de las Palomas o Laguna de Plomas, vinculadas con el área de Jiménez; los depósitos salinos de la región de Camargo; y los de Laguna del Rey, en el actual Coahuila. Estos lugares forman parte de una historia regional de aprovechamiento de las cuencas salinas del norte de México. En una investigación publicada por HISTORIASMX el 3 de noviembre de 2023 se identificaron Laguna de Plomas, Jacos y Laguna del Rey como referentes de ese abastecimiento histórico. No obstante, debe distinguirse entre la identificación regional de estas salinas y la demostración documental de entregas específicas a una hacienda parralense en determinado año, algo que requiere contratos, registros de transporte o cuentas de compra.
Santa María de los Tobosos: la expedición colonial hacia las salinas.
Uno de los episodios más significativos para comprender la vinculación entre el desierto y la minería ocurrió durante la primera mitad del siglo XVII, cuando los españoles comenzaron a reconocer y reclamar depósitos salinos situados al oriente de Parral. En los documentos estudiados por Chantal Cramaussel aparece una salina denominada Santa María de los Tobosos, localizada aproximadamente a tres jornadas del real minero. Su importancia no se explica solamente por la disponibilidad de sal, sino por el intento de los colonizadores de incorporar aquel territorio a un sistema económico destinado a abastecer las minas de Nueva Vizcaya.
De acuerdo con la reconstrucción histórica de Cramaussel, los españoles se aproximaron a aquellas salinas mediante una comitiva reducida, procurando evitar el rechazo de las poblaciones indígenas, que temían las expediciones de captura de personas. Una vez en el lugar, tomaron posesión de la salina y reclamaron un amplio territorio circundante donde también existían fuentes naturales de agua. La disponibilidad de estos aguajes resultaba especialmente relevante en una región donde las condiciones de aridez limitaban el tránsito y la permanencia de personas y animales.
Los documentos mencionados en la investigación incluyen acuerdos con indígenas de la región para recoger y acumular sal, a cambio de alimentos como carne y harina. También registran negociaciones relacionadas con su asentamiento en San Felipe, sobre el río Florido, hacia 1639. Aunque estas relaciones podían presentarse formalmente como acuerdos pacíficos, deben interpretarse dentro del contexto de desigualdad y expansión territorial colonial. El control de las salinas representaba una forma de asegurar insumos mineros, pero también de intervenir en las formas de vida, movilidad y organización de los habitantes originales del desierto.
Esta historia ofrece una perspectiva distinta del desarrollo colonial de la región de Jiménez y Parral. La explotación minera no solamente provocó transformaciones alrededor de los cerros argentíferos, sino que extendió la presencia española hacia las llanuras áridas orientales, donde los recursos salinos se convirtieron en motivo de exploración, apropiación y conflicto. La documentación sobre Santa María de los Tobosos demuestra que el abastecimiento de una industria podía impulsar procesos de ocupación territorial mucho más allá del lugar donde se producía la plata.
De las costas del Pacífico al interior del desierto: el problema del abastecimiento.
La explotación de sal en Nueva Vizcaya no comenzó con el descubrimiento de las minas de Parral. Desde finales del siglo XVI, los centros mineros de la región dependían de diferentes áreas productoras que incluían depósitos interiores y salinas cercanas a las costas del Pacífico. La Corona española conocía el valor económico de este recurso y buscaba obtener información sobre la localización, producción y disponibilidad de los depósitos salinos.
Un antecedente particularmente importante aparece en la investigación del historiador Sergio Antonio Corona Páez sobre las salinas de Home. El autor recupera una Real Cédula expedida en Valladolid, España, el 3 de julio de 1603, que solicitaba información sobre las salinas explotadas en la gobernación de Nueva Vizcaya. La respuesta del gobernador Francisco de Urdiñola, fechada el 26 de abril de 1605, identifica diversas áreas productoras, entre ellas Chiametla, Piaztla y Mazatlán, además de depósitos interiores relacionados con el espacio de Santa Bárbara y la región lagunera.
El documento es anterior al auge minero de Parral y, precisamente por ello, tiene un valor histórico especial. Demuestra que las autoridades españolas ya consideraban la sal un insumo de importancia económica antes de que el real parralense se convirtiera en uno de los principales productores argentíferos de la Nueva Vizcaya. El estudio señala, por ejemplo, que de Chiametla se obtenían entre seis mil y siete mil fanegas anuales, utilizadas para atender la demanda de distintos distritos mineros. Estas cantidades corresponden al contexto descrito para comienzos del siglo XVII y no deben interpretarse como producción destinada exclusivamente a Parral, que todavía no había iniciado su bonanza.
Conforme aumentó la demanda minera en el interior, el transporte desde las regiones costeras representó una dificultad económica. No era suficiente localizar depósitos importantes de sal; también resultaba necesario trasladar un material pesado por caminos extensos, sujetos a las condiciones climáticas, la disponibilidad de animales y los riesgos propios de la frontera colonial. Por ello, las salinas interiores adquirieron una relevancia estratégica cada vez mayor, particularmente aquellas que podían integrarse a las rutas de abastecimiento de los centros mineros.
Los caminos de la sal: arrieros, carretas y largas jornadas por el desierto.
Transportar sal desde las cuencas del Bolsón hasta Parral constituía una operación que demandaba trabajo, organización y recursos. A diferencia de los metales preciosos, cuyo elevado valor podía compensar el costo de mover volúmenes relativamente pequeños, la sal requería transportar cantidades considerables para mantener en funcionamiento las haciendas de beneficio. Su peso y el espacio que ocupaba representaban dificultades logísticas en caminos donde las distancias eran prolongadas y la disponibilidad de agua podía determinar el éxito o fracaso de una expedición.
Los viajes estaban condicionados por la geografía. Durante las temporadas cálidas, las temperaturas elevadas complicaban el desplazamiento de personas y animales, mientras que las lluvias podían convertir las superficies arcillosas de las cuencas en terrenos difíciles de cruzar. Los aguajes, los pastizales disponibles y los asentamientos situados sobre las rutas adquirían valor logístico porque permitían organizar jornadas, descansar animales y reabastecer provisiones. En este contexto, una salina podía ser rentable no solamente por la cantidad de sal que contenía, sino por su accesibilidad y por las condiciones del camino que la comunicaba con los centros consumidores.
La investigación publicada por HISTORIASMX en noviembre de 2023 describió las dificultades de las jornadas hacia las salinas del Bolsón y la utilización de animales y carretas en el traslado del material. Estos antecedentes ayudan a reconstruir la dimensión regional de la actividad; sin embargo, la identificación precisa de una ruta colonial entre Laguna de Plomas y una hacienda determinada de Parral exige corroboración mediante registros de arriería, compraventa, obligaciones notariales o cuentas de las empresas mineras.
La sal también necesitaba almacenarse y administrarse. Un abastecimiento irregular podía dificultar el beneficio de minerales que dependían de la amalgamación, mientras que los costos acumulados de extracción, carga, transporte y distribución influían en el precio final que debían pagar los mineros. De esta manera, el comercio de sal formaba parte de una cadena económica en la que intervenían productores, trabajadores, intermediarios y propietarios de haciendas.
Los pueblos indígenas: el trabajo que sostuvo la extracción salina.
Una de las dimensiones centrales de esta historia corresponde a los pueblos indígenas que habitaban el Bolsón de Mapimí antes y durante la expansión española. Las sociedades del desierto habían desarrollado conocimientos sobre la ubicación de aguajes, las temporadas de recolección de alimentos, el comportamiento de la fauna y los recursos naturales disponibles. Dentro de ese conocimiento territorial se encontraba la identificación y aprovechamiento de depósitos salinos, cuya existencia formaba parte de las dinámicas de ocupación y movilidad de las poblaciones originarias.
La colonización modificó profundamente esas relaciones. Conforme aumentaron las necesidades de los reales mineros, las autoridades y los particulares españoles intentaron utilizar el trabajo indígena para garantizar el suministro de recursos. Los estudios históricos muestran que los habitantes del Bolsón fueron sometidos a diversas formas de presión y coerción, y que las campañas militares, las capturas y los desplazamientos alteraron sus comunidades. La extracción de sal debe comprenderse dentro de ese proceso, no como una actividad comercial aislada de las relaciones de poder que caracterizaron a la frontera novohispana.
Cramaussel y otros investigadores han señalado que el auge de Parral contribuyó al crecimiento de la presión colonial sobre los pueblos del desierto. Los conflictos no pueden explicarse por una sola causa, pues también intervinieron las disputas por el territorio, los movimientos de población, la imposición de misiones, los ataques a asentamientos, las represalias y la captura de cautivos. Sin embargo, el interés por las salinas constituye una pieza importante para comprender por qué la expansión minera alcanzó regiones aparentemente alejadas de los principales yacimientos argentíferos.
Un ejemplo de la violencia de aquel periodo aparece en el estudio Tras las huellas de Juan Mapos (1616-1676), indio ocome rebelde, de Chantal Cramaussel y Celso Carrillo Valdez. A partir de documentación conservada en el Archivo Histórico Municipal de Parral, los autores reconstruyen episodios de enfrentamientos, cautiverio y resistencia indígena en el Bolsón de Mapimí. La investigación también documenta la participación forzada de indígenas capturados en labores de las haciendas de beneficio. Estos acontecimientos recuerdan que la prosperidad minera colonial estuvo estrechamente relacionada con estructuras de dominación que afectaron profundamente a los pueblos originarios.
La sal como mercancía: precios, comercio y control económico.
En la economía colonial, la sal era una mercancía cuyo valor dependía de factores que iban más allá de su abundancia natural. Su precio podía variar según la región, la disponibilidad del producto, las necesidades de los centros mineros y los costos de transporte. La intervención de autoridades, comerciantes y propietarios de las salinas añadía otra dimensión económica, pues el suministro de un recurso estratégico podía convertirse en motivo de disputas comerciales y administrativas.
La regulación de los recursos destinados a la minería formaba parte de los intereses de la Real Hacienda, aunque sus modalidades cambiaron según los territorios y las épocas. Es importante distinguir la fiscalización de la producción de plata de las disposiciones específicas aplicadas a las salinas. No todas las explotaciones salineras funcionaban de la misma manera, ni puede suponerse que cada depósito del Bolsón estuviera administrado directamente por la Corona durante todo el periodo colonial. La investigación debe atender a las características particulares de cada sitio y a los documentos correspondientes.
Una referencia histórica presentada en el trabajo de HISTORIASMX de 2023 sitúa en 18 reales el precio de una fanega de sal en 1675. El dato merece atención porque ilustra la importancia económica atribuida al producto, aunque para utilizarlo como precio representativo de toda la región sería necesario verificar el expediente original, la localidad y las condiciones concretas de la operación. Además, la fanega era una medida de capacidad cuyo peso equivalente podía variar según la mercancía y las prácticas locales, por lo que no debe convertirse automáticamente a kilogramos sin identificar la equivalencia utilizada.
La economía minera de Parral estaba vinculada con amplias redes mercantiles. Un estudio de Rodrigo Gordoa de la Huerta, publicado en 2026 en Oficio. Revista de Historia e Interdisciplina, confirma la complejidad de los mecanismos de circulación y control de la plata durante el periodo de 1632 a 1660. Aunque su tema principal es el robo y la comercialización irregular del metal precioso, contribuye a comprender el contexto institucional y comercial en el cual se desenvolvían las actividades auxiliares de la minería, incluido el abastecimiento de insumos.
El impacto territorial de las salinas: la minería más allá de los socavones.
El desarrollo minero de Parral transformó un espacio mucho mayor que los cerros donde se encontraban las vetas de plata. Las haciendas de beneficio necesitaban agua; los hornos de fundición consumían combustible; los trabajadores requerían alimentos; las bestias de carga dependían de pastos y aguajes; y el método de amalgamación exigía materias primas que frecuentemente debían obtenerse en lugares distantes. Como resultado, la economía argentífera produjo una red regional de aprovechamiento de recursos naturales y trabajo humano.
Las salinas del Bolsón formaron parte de esta transformación. Su incorporación al circuito minero implicó un mayor interés por las rutas del desierto, los puntos de abastecimiento de agua y los territorios habitados por grupos indígenas. La expansión también fortaleció la relevancia de asentamientos ubicados entre las zonas productoras y los centros consumidores, aunque el papel concreto de cada población debe establecerse a partir de registros documentales y no solamente de su ubicación geográfica.
Las investigaciones sobre la frontera septentrional muestran que la bonanza parralense coincidió con la expansión de rutas, instalaciones defensivas y establecimientos coloniales. En 1645, por ejemplo, se estableció el presidio de Cerro Gordo para proteger los desplazamientos y el comercio que abastecían el real minero. Más adelante se consolidaron otros puntos militares relacionados con la circulación regional. Estas instituciones respondían a diversas necesidades de control territorial y protección de caminos; no puede afirmarse que se construyeran exclusivamente para defender el transporte de sal.
La relación entre las minas y el desierto obliga, por tanto, a replantear la escala geográfica de la historia económica colonial. Parral concentraba buena parte de la riqueza visible, pero su funcionamiento dependía de otros espacios productores. La plata surgía de las vetas; su transformación comercial requería agua, energía, reactivos, transporte y trabajadores. La sal era uno de los componentes que conectaban materialmente ambos mundos.
El Archivo Histórico de Parral y las preguntas que todavía pueden responderse.
Una de las principales oportunidades para profundizar esta investigación se encuentra en el Archivo Histórico Municipal de Hidalgo del Parral. Su Fondo Colonial conserva 8,934 expedientes comprendidos entre 1611 y 1821, organizados en secciones de gobierno, Hacienda y Tesorería, justicia, notarías, milicias y otras materias. La riqueza documental del acervo permite investigar no solamente la explotación minera, sino también la vida económica y social de una extensa región de Nueva Vizcaya.
Las secciones de Hacienda y Tesorería y de Notarías y Protocolos son especialmente relevantes para futuras investigaciones sobre la sal. En ellas podrían identificarse contratos de abastecimiento, registros de obligaciones económicas, operaciones de compraventa, relaciones entre comerciantes y mineros, así como referencias a los costos de los insumos utilizados en las haciendas. Los documentos judiciales, por su parte, podrían proporcionar información sobre conflictos relacionados con la extracción, el transporte o los derechos de aprovechamiento, siempre que existan expedientes específicos sobre esos asuntos.
El archivo dispone de una guía de clasificación que facilita la consulta del fondo y explica los criterios de identificación de sus documentos. Esta herramienta es particularmente importante para evitar que la historia de las salinas se reconstruya exclusivamente a partir de referencias secundarias. La comprobación de nombres, fechas, volúmenes, precios y rutas requiere regresar a los testimonios coloniales y examinar las circunstancias en que fueron producidos.
Conclusión: detrás de la plata de Parral estaba la sal del desierto.
La riqueza minera que convirtió a Hidalgo del Parral en uno de los principales centros económicos de Nueva Vizcaya no fue producto exclusivo de la abundancia de sus yacimientos. Dependió también de una compleja organización territorial que permitió obtener y transportar los recursos necesarios para transformar las rocas argentíferas en plata comercializable. Entre esos recursos, la sal ocupó un lugar indispensable dentro del método de amalgamación, una tecnología que amplió las posibilidades de aprovechamiento de los minerales y contribuyó al funcionamiento de numerosas haciendas coloniales.
El Bolsón de Mapimí y las regiones salinas del norte mexicano fueron parte de ese sistema económico. Su importancia histórica se encuentra tanto en los depósitos naturales como en las personas que los conocían, extraían y transportaban. Los pueblos indígenas, los trabajadores mineros, los arrieros y quienes participaron en las redes comerciales sostuvieron actividades que permitieron la concentración de riqueza en los principales reales de minas. La historia de esas actividades también contiene episodios de violencia, trabajo forzado, ocupación territorial y resistencia que deben formar parte de cualquier interpretación rigurosa del desarrollo colonial.
Comprender el papel de la sal significa, finalmente, reconocer que el desierto no fue un territorio marginal en la historia económica de Chihuahua. Sus recursos estuvieron conectados con algunos de los procesos productivos más importantes de la Nueva España. La historia de Parral, de Jiménez y del Bolsón de Mapimí puede leerse entonces como parte de un mismo sistema regional: un territorio donde las condiciones naturales, los conocimientos humanos y las relaciones de poder hicieron posible el funcionamiento de una industria que transformó profundamente al norte de México.
Fuentes históricas, académicas e institucionales consultadas.
La investigación se sustenta en los siguientes materiales. Se distinguen los estudios académicos, las fuentes institucionales y los trabajos periodísticos previos para facilitar su revisión y eventual ampliación.
| Fuente | Aportación |
|---|---|
| Chantal Cramaussel, UNAM, 2020 | Historia de los pueblos indígenas y el aprovechamiento de los recursos del Bolsón de Mapimí |
| Nuevo mineral, nueva población | Auge de Parral y utilización de fundición y amalgamación |
| Sergio Antonio Corona Páez, Las salinas de Home | Documentación de 1603–1605 sobre salinas de Nueva Vizcaya |
| Cramaussel y Carrillo Valdez, Juan Mapos | Resistencia indígena, cautiverio y conflictos coloniales |
| Archivo Histórico de Parral, Fondo Colonial | Guía de 8,934 expedientes para investigación primaria |
| La cadena del mercurio en la Monarquía Hispánica | Historia y aspectos técnicos de la amalgamación |
| Rodrigo Gordoa de la Huerta, 2026 | Economía, fiscalidad y circulación de plata en Parral durante el siglo XVII |
| HISTORIASMX, 3 de noviembre de 2023 | Antecedente periodístico sobre el abastecimiento regional de sal |
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