Litio bajo la sal: la antigua pista geológica que coloca a Jiménez en el mapa del “oro blanco”, pero que todavía no prueba un yacimiento

Esa diferencia resulta fundamental para Jiménez. La transición energética mundial convirtió al litio en uno de los minerales estratégicos más buscados del planeta, pero la palabra “litio” puede provocar expectativas económicas mucho antes de que la geología permita sostenerlas.

HISTORIASMX. – En el extremo suroriental de Chihuahua, donde las planicies desérticas terminan por confundirse con una costra blanca de sales, existe desde hace más de cuatro décadas una pista geológica que hoy adquiere una dimensión distinta. Documentos técnicos retomados por el Servicio Geológico Mexicano colocan expresamente a Laguna Palomas, municipio de Jiménez, entre las manifestaciones de litio asociadas a salmueras registradas en el estado de Chihuahua. El dato existe y es oficial; sin embargo, entre detectar litio y demostrar la existencia de una reserva económicamente explotable hay todavía una distancia científica considerable.

Esa diferencia resulta fundamental para Jiménez. La transición energética mundial convirtió al litio en uno de los minerales estratégicos más buscados del planeta, pero la palabra “litio” puede provocar expectativas económicas mucho antes de que la geología permita sostenerlas. La información pública disponible permite afirmar que sí existe una manifestación histórica documentada de litio en salmueras en Jiménez; no permite afirmar, hasta ahora, que el municipio posea una mina, una reserva certificada o un yacimiento comercial de litio.

Una pista científica que se remonta a 1982.

La evidencia más importante localizada durante esta investigación aparece en la presentación técnica “Depósitos de Litio en México”, elaborada por el Servicio Geológico Mexicano y presentada en noviembre de 2020 por Flor de María Harp Iturribarría. En el apartado denominado Salmueras en el estado de Chihuahua, el documento identifica cuatro sitios: Laguna de Palomas, en Ascensión; La Unión, en Aldama; Laguna Mexicanos, en Cusihuiriachi; y, de manera expresa, “Laguna Palomas — Jiménez”.

El SGM no presenta esa localidad como un descubrimiento reciente. La fuente técnica que acompaña el mapa remite a trabajos realizados por Gasca Durán, Rubinovich Kogan, Triay Cisneros y Alonso Quiroz en 1982, dentro de las investigaciones que desarrollaba el entonces Consejo de Recursos Minerales sobre litio contenido en salmueras. Es decir, la posibilidad geológica de encontrar litio en esta parte del municipio de Jiménez fue detectada décadas antes de que el mineral se convirtiera en símbolo de baterías, automóviles eléctricos y almacenamiento energético.

La referencia histórica corresponde al proyecto conocido como “Litio en Salmueras”, desarrollado dentro de los trabajos de investigación aplicada del Consejo de Recursos Minerales. El documento primario completo de 1982 no apareció entre los materiales públicos digitalizados que pudieron verificarse durante esta investigación, por lo que todavía falta recuperar sus análisis de laboratorio, coordenadas de muestreo, profundidad, método analítico y concentraciones específicas correspondientes a la localidad de Jiménez. Esta ausencia documental es importante: impide transformar una referencia cartográfica de “manifestación” en una cuantificación moderna del recurso.

La presencia de Jiménez en esa cartografía fue posteriormente recogida incluso en documentación legislativa federal. Un estudio del Instituto Belisario Domínguez del Senado sobre la regulación del litio incluyó a Jiménez, Chihuahua, entre los municipios relacionados con ocurrencias de litio en salmueras, citando precisamente la información del Servicio Geológico Mexicano.

El dato de 136 ppm y una confusión que debe aclararse.

Dentro de la misma presentación del SGM aparece otra tabla que merece especial atención. Bajo el título de anomalías en sedimentos figura una localidad denominada únicamente “Laguna Palomas, Chihuahua”, donde fueron reportados 136 partes por millón de litio en sedimentos. La tabla también registra aproximadamente 33,000 ppm de magnesio, 16,800 ppm de potasio y 106,260 ppm de B₂O₃, óxido de boro.

Ese último número requiere una advertencia periodística: 106,260 ppm no es la concentración de litio. Corresponde al óxido de boro consignado en otra columna de la tabla. El litio registrado es de 136 ppm. Confundir las columnas multiplicaría de manera extraordinaria la concentración aparente y podría generar una imagen completamente equivocada sobre el potencial mineral del lugar.

Existe además un segundo problema. El propio SGM identifica dos localidades distintas llamadas Laguna Palomas en Chihuahua: una en el municipio de Ascensión y otra en Jiménez. La tabla de 136 ppm solamente dice “Laguna Palomas, Chih.” y no proporciona en esa página el municipio ni las coordenadas de la muestra. Por esa razón, con la información pública revisada no resulta científicamente correcto adjudicar automáticamente esos 136 ppm a Laguna Palomas de Jiménez.

Esto conduce a una distinción esencial. Hay evidencia documental clara de que Laguna Palomas-Jiménez fue reconocida como una manifestación de litio asociada a salmueras; existe además una concentración de 136 ppm de litio reportada en sedimentos de una “Laguna Palomas” de Chihuahua, pero todavía hace falta localizar la ficha o informe original para demostrar que ambas referencias corresponden exactamente al mismo sitio.

Detectar litio no significa encontrar una mina.

En exploración minera las palabras tienen peso. Una manifestación significa que un elemento fue identificado en un contexto geológico determinado. Un recurso mineral exige información mucho más extensa sobre volumen, concentración, distribución espacial, continuidad y características geológicas. Una reserva, a su vez, requiere demostrar que una parte del recurso puede explotarse económica y técnicamente bajo determinadas condiciones.

Por eso encontrar litio en una muestra de salmuera, sedimento o arcilla no permite por sí mismo calcular cuántas toneladas existen bajo una cuenca. Para lograrlo sería necesario desarrollar campañas sistemáticas de muestreo, hidrogeoquímica, geofísica, perforaciones, análisis a distintas profundidades y modelación tridimensional, además de determinar la relación entre litio y otros elementos como magnesio, sodio, potasio, calcio y boro.

El propio Programa Institucional de Litio para México 2026-2030, publicado oficialmente en julio de 2026, reconoce que México necesita precisamente avanzar en la identificación, caracterización y evaluación de sus recursos. Entre sus objetivos se encuentran consolidar la exploración, verificar áreas en superficie y subsuelo, mejorar la información geológica, desarrollar modelos de recursos y realizar evaluaciones preliminares de viabilidad técnica y económica.

La existencia de esas etapas demuestra por qué resulta prematuro hablar de una futura “mina de litio de Jiménez”. Antes tendría que conocerse cuánto litio existe realmente, en qué medio se encuentra, cómo está distribuido, qué tan complejo es separarlo del resto de los componentes de la salmuera y cuánto costaría hacerlo.

¿Por qué Laguna de Palomas tiene sentido geológico?

La presencia de una señal de litio en esta región no es geológicamente absurda. Laguna de Palomas forma parte de un ambiente desértico y endorreico: el agua que llega a estas depresiones no desemboca normalmente en el mar, sino que permanece dentro de la propia cuenca y se pierde principalmente mediante evaporación. Durante grandes periodos de tiempo, estos procesos pueden favorecer la concentración de sales y elementos disueltos.

La cuenca se localiza en el ámbito del Bolsón de Mapimí, una extensa región árida caracterizada por depresiones internas, antiguos lagos y superficies salinas. Investigaciones geográficas y ambientales sobre la región describen precisamente sistemas endorreicos donde la fuerte evaporación y la acumulación progresiva de sales dieron origen a lagunas efímeras, playas salinas y suelos con altas concentraciones de sales.

El SGM clasifica las salmueras continentales entre los ambientes capaces de alojar litio. Pero las concentraciones son extremadamente variables entre una cuenca y otra y dependen de la geología de las rocas circundantes, fuentes hidrotermales, tiempo de residencia del agua, evaporación, interacción agua-roca y evolución química de la cuenca. Por ello, compartir características visuales con un salar productor de Sudamérica no significa que Laguna de Palomas tenga automáticamente un potencial comparable.

En otras palabras, la geología explica por qué vale la pena investigar, pero todavía no responde si existe un recurso comercial.

Agua extremadamente salina en pleno desierto.

La dimensión humana del asunto comienza precisamente con el agua. En agosto de 2026, un trabajo de campo divulgado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez documentó observaciones cerca de Laguna de Palomas y Estación Carrillo. El investigador Víctor Salas señaló que uno de los pozos estudiados presentaba agua extremadamente salina y que las mediciones realizadas alcanzaban concentraciones superiores a 35 gramos de sales por litro, comparable o superior a la salinidad media oceánica. Se trata de una observación localizada y no de una caracterización completa de todo el acuífero, pero ilustra el ambiente hidroquímico extraordinario de la zona.

Para las comunidades de Carrillo, estas sales tampoco son una abstracción científica. Durante décadas la extracción de sal ha formado parte del paisaje productivo local: charcas de evaporación, costras blancas y pequeñas acumulaciones de mineral son parte de una relación mucho más antigua entre la población y la química de esta cuenca.

Ahora el litio introduce una nueva pregunta: ¿qué otros elementos permanecen disueltos en esas aguas y sedimentos y en qué cantidades?

Responderla requiere una campaña hidrogeoquímica moderna. No basta con saber que el agua es salada; una eventual evaluación de litio necesitaría conocer concentraciones en miligramos por litro a diferentes profundidades y épocas del año, composición completa de la salmuera y relaciones químicas fundamentales para determinar si algún proceso de separación sería técnicamente viable.

El problema del agua vuelve mucho más delicada cualquier explotación.

Existe otro elemento que no puede separarse de la discusión. La actualización hidrogeológica de CONAGUA señala que el acuífero Laguna de Palomas se encuentra completamente dentro del municipio de Jiménez. La dependencia describe una zona de clima muy seco, con precipitaciones reducidas y evaporación potencial extraordinariamente elevada; para la estación Escalón reporta alrededor de 324 milímetros de precipitación media anual frente a aproximadamente 1,821 milímetros de evaporación potencial.

El estudio hidrogeológico advierte además que la explotación del agua subterránea ha modificado el patrón natural de flujo. Originalmente el movimiento del agua se dirigía hacia Laguna de Palomas, mientras que la concentración de aprovechamientos produjo conos de abatimiento y alteraciones en la configuración piezométrica. Durante el trabajo utilizado para construir el modelo hidrogeológico fueron identificadas profundidades al nivel estático que iban aproximadamente de 30 metros en algunos sectores a entre 60 y 80 metros en áreas con mayor concentración de pozos.

CONAGUA reporta también que el principal uso del agua subterránea es agrícola y que el territorio se encuentra sujeto a disposiciones de veda para nuevos aprovechamientos. En su cálculo administrativo de disponibilidad, utilizando como referencia los títulos inscritos en REPDA con fecha de corte del 30 de diciembre de 2022, estimó una recarga de 23.1 millones de metros cúbicos anuales, un volumen de extracción concesionado de aproximadamente 21.82 millones y una disponibilidad media anual de apenas 1.28 millones de metros cúbicos. La fecha de corte debe subrayarse: no representa una medición instantánea de la condición del acuífero en septiembre de 2026.

Paradójicamente, el documento reconoce otra carencia de información que vuelve todavía más pertinente una investigación del litio: CONAGUA señala que no se dispone de una campaña integral de muestreo hidrogeoquímico para todo el acuífero. Las mediciones de campo de 2010 reportaron, para los sitios revisados, sólidos disueltos totales promedio cercanos a 2,365 miligramos por litro y conductividades elevadas, pero esos datos no constituyen una caracterización específica de litio.

Extraer litio de salmueras tampoco es simplemente “sacar agua”.

La tecnología internacional ha avanzado hacia sistemas conocidos como extracción directa de litio, o DLE por sus siglas en inglés. En lugar de evaporar enormes cantidades de salmuera durante meses o años, estos procesos intentan separar selectivamente el litio mediante adsorbentes, membranas, intercambio iónico, solventes u otros métodos químicos.

Pero la literatura científica advierte que la palabra “directa” no significa automáticamente “sin impacto”. Una revisión publicada en Nature Reviews Earth & Environment explica que los consumos de agua dulce, energía, reactivos y los efectos hidrogeológicos dependen fuertemente de cada salar y de la tecnología utilizada. Los investigadores insisten en que es necesario construir modelos hidrogeológicos específicos para cada cuenca y evitar trasladar conclusiones de un salar a otro.

Ese punto resulta especialmente sensible para Jiménez. Una hipotética explotación debería demostrar primero que la extracción de salmuera no alteraría de manera inaceptable los sistemas subterráneos, los manantiales, la agricultura, los ecosistemas o la química de Laguna de Palomas. En una región donde el agua constituye desde hace décadas uno de los principales factores limitantes del desarrollo, cualquier proyecto debería estudiar simultáneamente mineral y acuífero.

Jiménez no aparece todavía como un proyecto avanzado.

México desarrolló entre 2021 y 2022 una campaña nacional de reconocimiento de litio a través del Servicio Geológico Mexicano. La Cuenta Pública federal registra trabajos para identificar decenas de localidades y posteriormente seleccionar áreas de mayor interés para estudios más detallados.

La información pública revisada no permitió localizar para Laguna Palomas-Jiménez resultados equivalentes a una campaña moderna de perforación, una estimación de recursos, un modelo geológico tridimensional, pruebas metalúrgicas o un estudio de factibilidad. Tampoco apareció un documento público de LitioMx que declare a Jiménez como depósito económicamente viable.

Esto no invalida aquella señal de 1982. Significa algo distinto: la pista histórica parece no haber recorrido públicamente todas las etapas necesarias para convertirse en un proyecto mineral demostrado.

Una reconstrucción basada en información obtenida vía transparencia sobre los trabajos más recientes del SGM colocó los puntos de prospección de Chihuahua principalmente en otras áreas del estado, entre ellas localidades de Ahumada, Aldama y la región Cusihuiriachi-Carichí. Esa información refuerza la necesidad de preguntar directamente al Servicio Geológico Mexicano si Laguna Palomas-Jiménez fue remuestreada durante campañas posteriores y, si lo fue, cuáles fueron sus resultados.

México posee litio, pero las cifras nacionales no son las de Jiménez.

El Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS, incluye actualmente a México entre los países que cuentan con recursos identificados de litio. En su Mineral Commodity Summaries 2026 estima alrededor de 1.7 millones de toneladas de litio contenido en recursos medidos e indicados a escala nacional.

Pero esa cifra no puede trasladarse a Chihuahua ni mucho menos a Jiménez. Es una estimación correspondiente a todo México y engloba proyectos y tipos de depósito diferentes. Usarla como si fueran “1.7 millones de toneladas bajo Jiménez” sería metodológicamente incorrecto.

El desafío científico es precisamente pasar del mapa general a una evaluación local: determinar concentración, extensión, espesor, volumen de salmuera, recuperación tecnológica y eventual tonelaje de litio contenido. Ninguno de esos parámetros aparece acreditado públicamente para Laguna Palomas-Jiménez en la documentación verificada.

¿Quién podría explotar ese litio?

Además de las dudas geológicas, desde 2022 cambió radicalmente el marco jurídico mexicano. La legislación declaró al litio patrimonio de la Nación y estableció que no se otorgarán concesiones, licencias, contratos, permisos o autorizaciones mineras ordinarias para su explotación por particulares. La exploración, explotación, beneficio y aprovechamiento del mineral quedaron reservados al Estado.

Para esa tarea fue creado el organismo público Litio para México, LitioMx, facultado para desarrollar investigación geológica, explorar, reconocer áreas con posibles reservas y administrar la cadena de valor. El Servicio Geológico Mexicano actúa como brazo técnico para apoyar la identificación y evaluación de las áreas con potencial.

Esto significa que, aun si futuros estudios demostraran un recurso importante en Jiménez, el camino jurídico y económico sería muy diferente al de una mina metálica convencional concesionada a una compañía privada.

El rostro humano detrás de una posible riqueza mineral.

La historia más importante no estaría únicamente debajo del suelo. Estaría en las comunidades situadas encima de él.

Para quienes viven entre Carrillo, las salinas y las extensas planicies del desierto, el agua y la sal no son conceptos de laboratorio. Han determinado formas de trabajo, agricultura, aislamiento y supervivencia. Cualquier nueva riqueza mineral tendría que confrontarse con una realidad regional donde cada metro cúbico de agua importa.

La experiencia internacional demuestra también que encontrar un mineral estratégico puede generar expectativas de empleos, infraestructura y desarrollo antes de conocer si un proyecto es siquiera viable. Para Jiménez, quizá el mayor riesgo informativo sería declarar demasiado pronto que existe una “enorme reserva” y convertir una señal geoquímica en una promesa económica.

La oportunidad, en cambio, consiste en exigir ciencia.

Las preguntas que faltan responder.

Una investigación técnica definitiva sobre el litio de Jiménez debería buscar al menos estas respuestas:

  1. Recuperar el informe original de 1982 del proyecto Litio en Salmueras y conocer las coordenadas exactas de las muestras atribuidas a Laguna Palomas-Jiménez; determinar sus concentraciones de Li, Mg, K, Na, B y otros elementos, así como profundidad y método analítico. También debe esclarecerse definitivamente si la muestra de 136 ppm de Li en sedimentos corresponde a Jiménez o a la Laguna de Palomas situada en otra región de Chihuahua.
  2. Preguntar al SGM y a LitioMx si la localidad fue remuestreada entre 2021 y 2026, y solicitar resultados de geoquímica, geofísica, perforaciones o análisis de salmueras que todavía no hayan sido divulgados de manera accesible.
  3. Determinar la geometría del sistema, incluyendo profundidad, espesor, volumen y circulación de las salmueras. Sin estos parámetros no puede calcularse un recurso mineral.
  4. Realizar pruebas metalúrgicas para conocer si el litio podría recuperarse técnicamente. Una concentración de laboratorio no basta: importa la relación magnesio-litio, la presencia de boro y otros elementos, la química completa de la salmuera, porcentaje de recuperación, consumo energético, agua necesaria y costo por tonelada producida.
  5. Construir una línea base ambiental e hidrogeológica independiente antes de discutir una eventual explotación. El acuífero de Laguna de Palomas ya muestra presiones derivadas del aprovechamiento agrícola y un equilibrio hídrico limitado, por lo que cualquier extracción de salmuera tendría que estudiarse como parte del sistema completo y no como un depósito aislado.

Conclusión: sí hay litio detectado; no hay todavía una reserva demostrada.

La investigación documental permite establecer una conclusión mucho más precisa que los titulares que hablan genéricamente de “litio en Jiménez”.

Sí existe evidencia oficial de una manifestación histórica de litio en salmueras en Laguna Palomas, municipio de Jiménez. El Servicio Geológico Mexicano la reconoce expresamente y remonta la fuente técnica a trabajos realizados desde 1982. La inclusión posterior de Jiménez en documentación del Senado confirma que esa referencia forma parte del inventario público mexicano de ocurrencias de litio.

Pero no existe en la información pública localizada evidencia suficiente para afirmar que Jiménez posee una reserva certificada o un yacimiento de litio económicamente explotable. No apareció una estimación pública de tonelaje, perforaciones que definan continuidad, concentración representativa de la salmuera de Jiménez, estudio de recursos, prueba piloto de recuperación ni estudio de factibilidad.

Incluso una cifra que podría parecer espectacular requiere ser desmontada: los 106,260 ppm de la tabla del SGM corresponden a óxido de boro, no a litio. El valor de litio registrado en aquella muestra de sedimento es 136 ppm, y ni siquiera puede atribuirse todavía con absoluta certeza a Jiménez debido a la existencia de dos localidades homónimas en Chihuahua.

Por eso, el verdadero hallazgo periodístico no es que bajo Jiménez exista ya una mina esperando ser explotada. Es que hay una pista científica documentada durante más de cuarenta años que merece ser reabierta con herramientas modernas.

En aquellas planicies donde el sol convierte el agua en sal y donde generaciones han aprendido a vivir con la escasez hídrica, puede existir una historia mineral todavía incompleta. Saber si esa historia terminará siendo únicamente una anomalía geoquímica, un recurso estratégico o un yacimiento de importancia nacional dependerá de algo menos espectacular que los rumores, pero mucho más sólido: muestrear, perforar, medir, publicar y comprobar.

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