Rellano, el punto ferroviario de Jiménez donde la Revolución cambió de rumbo

Su importancia provenía del ferrocarril. Una antigua guía para viajeros que describía el trayecto ferroviario por el norte de México mencionaba la secuencia de las estaciones de Rellano, Corralitos y Dolores antes de llegar a Jiménez.

HISTORIASMX. – La revisión de archivos militares, publicaciones de la UNAM, documentos del INEHRM, registros del Archivo General de la Nación, cartografía histórica, prensa de 1912 y estudios académicos permite establecer algo fundamental: Rellano no fue escenario de una sola batalla, sino de dos grandes enfrentamientos en 1912. En el primero, el 24 de marzo, los orozquistas derrotaron al Ejército Federal de Francisco I. Madero; en el segundo, librado el 22 y 23 de mayo, las fuerzas gubernamentales de Victoriano Huerta derrotaron a Pascual Orozco. En apenas dos meses, aquel pequeño punto ferroviario del municipio de Jiménez pasó de simbolizar la fortaleza de una rebelión a marcar el comienzo de su derrota.

Un lugar pequeño que entró en la historia nacional.

Hoy el nombre de Rellano puede pasar inadvertido entre la inmensidad del sur de Chihuahua. Sin embargo, documentalmente no existe duda de su relación con Jiménez. El catálogo geográfico del INEGI registra a Rellano como localidad del municipio de Jiménez, Chihuahua, mientras que el histórico Diccionario de historia, geografía y biografía chihuahuenses, de Francisco R. Almada, lo identifica expresamente como una estación perteneciente al entonces municipio y distrito judicial de Jiménez.

Su importancia provenía del ferrocarril. Una antigua guía para viajeros que describía el trayecto ferroviario por el norte de México mencionaba la secuencia de las estaciones de Rellano, Corralitos y Dolores antes de llegar a Jiménez. No se trataba, por tanto, de un punto aislado: formaba parte del corredor ferroviario que conectaba el centro del país con Chihuahua y la frontera. En una guerra como la Revolución mexicana, controlar aquellas vías significaba trasladar hombres, artillería, alimentos, caballos, municiones y comunicaciones.

Ese detalle ayuda a comprender por qué dos ejércitos se enfrentaron allí. Rellano era una puerta ferroviaria hacia Ciudad Jiménez y, más adelante, hacia Chihuahua. Quien dominara el corredor podía abrir o cerrar el camino hacia el corazón del estado.

Pascual Orozco: de héroe maderista a enemigo de Madero.

Para entender lo ocurrido en Rellano hay que regresar apenas un año. Pascual Orozco había sido uno de los principales jefes militares de la revolución que en 1911 contribuyó a derribar a Porfirio Díaz. Su participación en la toma de Ciudad Juárez le otorgó enorme prestigio en Chihuahua. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos señala que Orozco se convirtió rápidamente en uno de los dirigentes revolucionarios con mayor capacidad de convocatoria y que terminó rebelándose contra Francisco I. Madero en marzo de 1912.

Explicar aquella ruptura exclusivamente como producto de la ambición personal de Orozco sería simplificar demasiado el proceso. El historiador Michael C. Meyer, autor de uno de los estudios académicos más importantes sobre el personaje, advierte precisamente contra esas interpretaciones. Su investigación concluye que las causas del orozquismo fueron múltiples: existían resentimientos personales y políticos, inconformidad entre antiguos revolucionarios, demandas sociales insatisfechas, oposición al gobierno maderista y, al mismo tiempo, apoyo económico de sectores conservadores y de la élite chihuahuense.

La composición del movimiento también fue contradictoria. El historiador Pedro Salmerón documenta la presencia entre los colorados de campesinos, antiguos revolucionarios, sectores populares, vazquistas, simpatizantes magonistas y personajes pertenecientes a familias acomodadas de Chihuahua y La Laguna. Precisamente esa diversidad permitió que el orozquismo creciera con enorme rapidez, aunque también encerraba profundas contradicciones internas.

El 25 de marzo de 1912 aparecería formalmente el Plan de la Empacadora, que desconocía al gobierno de Madero y planteaba reformas políticas, agrarias y laborales. Entre otras cosas, abordaba la devolución y distribución de tierras, el pago de salarios en moneda efectiva y la desaparición de prácticas asociadas con las tiendas de raya. Pero cuando ese documento fue divulgado, la rebelión ya había demostrado militarmente su capacidad en el desierto de Jiménez.

Primer Rellano: un ejército avanzando sobre los rieles.

El gobierno de Madero comprendió rápidamente el peligro. José González Salas, secretario de Guerra y Marina, pidió autorización para dirigir personalmente la campaña contra Orozco. Partió de la Ciudad de México y concentró tropas en Torreón antes de iniciar el avance hacia Chihuahua.

Aquí aparece una aparente contradicción documental respecto al número de soldados. Fuentes institucionales mencionan una División del Norte de aproximadamente 2,150 efectivos, mientras Meyer señala que, al sumarse en Torreón otras unidades que ya operaban en la región, las fuerzas disponibles se aproximaron a los 6,000 hombres. No necesariamente se contradicen: una cifra corresponde al núcleo organizado de la división y otra al conjunto de contingentes presentes en la campaña. Meyer advierte, además, que los cálculos de ambos ejércitos varían considerablemente y que es imposible establecer con absoluta certeza el número exacto de combatientes.

Las fuerzas gubernamentales estaban divididas en varias columnas. Entre los principales mandos aparecían González Salas, Aureliano Blanquet, Fernando Trucy Aubert y Joaquín Téllez. Del lado rebelde se encontraban Pascual Orozco, Emilio P. Campa y David de la Fuente.

Durante la tercera semana de marzo comenzaron las escaramuzas. Meyer fecha el encuentro principal desde el 23 de marzo; la documentación militar del INEHRM identifica formalmente el Combate de Rellano el 24 de marzo de 1912. Otro estudio del Archivo General de la Nación describe las operaciones entre el 23 y el 24. Por ello, periodísticamente lo más preciso es hablar de operaciones desarrolladas entre ambas fechas y reconocer el 24 de marzo como la fecha convencional de la primera batalla.

La “máquina loca”: cuando un ferrocarril se convirtió en arma.

El episodio que hizo legendario a Rellano comenzó cuando la artillería federal consiguió inicialmente hacer retroceder a una parte de los orozquistas hacia las elevaciones situadas al norte de la estación. González Salas creyó tener la iniciativa y ordenó avanzar sus trenes, abastecimientos y soldados para continuar el ataque.

Fue entonces cuando ocurrió una de las acciones más recordadas de la Revolución mexicana.

La versión popular suele atribuir directamente a Pascual Orozco la llamada “máquina loca”. Sin embargo, la reconstrucción de Michael Meyer, basada entre otras fuentes en documentación militar, identifica al general orozquista Emilio P. Campa como quien ordenó cargar una locomotora con dinamita y lanzarla sobre la vía contra los trenes federales. Es una precisión histórica importante: Orozco era el comandante supremo, pero la ejecución táctica de la maniobra habría correspondido a Campa.

La locomotora avanzó sin tripulación y terminó chocando contra el convoy gubernamental. Meyer registra como efecto inmediato de la explosión 22 soldados federales muertos y alrededor de 70 heridos, además de la destrucción de provisiones. Esos números corresponden específicamente al impacto de la locomotora y no deben confundirse con las bajas totales de toda la batalla, cuya cifra varía considerablemente entre fuentes.

El efecto psicológico pudo haber sido incluso más importante que el material. En medio de la explosión, humo, trenes dañados y desorden, la artillería orozquista comenzó a disparar contra las posiciones federales. Algunos soldados intentaron abandonar el campo y la disciplina empezó a romperse. Meyer registra que Aureliano Blanquet llegó a ordenar a las tropas leales disparar contra desertores.

Años después, al explicar la derrota ante una comisión, Blanquet resumiría el contraste táctico con una frase que pasó a la historiografía revolucionaria:

“Atacamos a la alemana y nos pegaron a la mexicana”.

La expresión condensaba la experiencia de un ejército profesional que intentaba aplicar procedimientos militares convencionales frente a combatientes irregulares capaces de utilizar el territorio, la movilidad ferroviaria, la dinamita y la sorpresa como armas.

La historiografía militar también señala un detalle todavía más inquietante: existe evidencia de que González Salas pudo haber recibido advertencias de un prisionero rebelde acerca del posible uso de la locomotora, pero no habría adoptado medidas suficientes para impedirla. Meyer cita diferentes testimonios y trabajos que coinciden en esa posibilidad.

El hombre derrotado detrás del general.

La historia de Rellano no termina con movimientos de caballería, explosivos o trenes.

José González Salas era un militar profesional y había dejado el despacho de Guerra para asumir personalmente la responsabilidad de combatir a Orozco. Cuando perdió comunicación con parte de sus fuerzas y comprendió que la situación se deterioraba, ordenó la retirada hacia Torreón.

Durante aquella retirada ocurrió la tragedia personal que convirtió Rellano en una herida política para el gobierno de Madero: González Salas se quitó la vida.

Incluso sobre el sitio exacto existen discrepancias históricas. Una noticia publicada el 26 de marzo de 1912 por el New-York Tribune, basada en despachos llegados desde México, ubicó el suicidio en Bermejillo. El Diccionario de Generales del INEHRM lo sitúa, en cambio, dentro de un vagón ferroviario en Corralitos. Las fuentes coinciden en lo esencial: ocurrió durante el repliegue hacia Torreón y estuvo directamente relacionado con el impacto moral de la derrota.

La propia versión gubernamental presentada después al Congreso intentó reducir las dimensiones militares del desastre. Madero informó que las bajas federales no habían superado el nueve por ciento y afirmó que la artillería había ocasionado fuertes pérdidas al enemigo. En ese relato oficial, González Salas habría interpretado erróneamente que parte de su artillería había caído en manos rebeldes y, convencido de una derrota mayor, se habría quitado la vida.

Ese contraste es revelador. Mientras el gobierno buscaba contener políticamente el daño, la prensa difundía versiones cada vez más alarmistas. Meyer documenta que circularon informaciones sobre un supuesto ejército de 14,000 hombres marchando hacia el centro de México, algo que considera falso. Incluso el embajador estadounidense Henry Lane Wilson llegó a creer que el gobierno de Madero podía caer.

Rellano, por tanto, fue también una batalla por la información.

La victoria que convirtió a Orozco en una amenaza nacional.

Después del primer Rellano, Pascual Orozco alcanzó probablemente el punto más alto de su poder militar. El propio Handbook of Texas, sustentado entre otros trabajos en la biografía de Meyer, describe aquella victoria como el momento culminante de la campaña orozquista.

Pero había un problema que no podía resolverse solamente con victorias: armas, municiones y abastecimiento.

Estados Unidos había decretado un embargo a la exportación de material militar hacia los rebeldes mexicanos. Orozco dependía enormemente de la frontera para conseguir armamento y parque. Meyer documenta que, conforme el embargo empezó a aplicarse con mayor eficacia, la capacidad militar orozquista comenzó a deteriorarse. Para mayo, el acceso a suministros desde El Paso estaba prácticamente cerrado.

Esta circunstancia permite comprender por qué el mismo campo de batalla que en marzo había favorecido a Orozco tendría un desenlace completamente diferente dos meses después.

Segundo Rellano: aparece Victoriano Huerta.

Tras el suicidio de González Salas, Madero necesitaba reconstruir rápidamente el Ejército del Norte. El hombre escogido fue Victoriano Huerta, antiguo general porfirista y militar profesional.

La ironía histórica resulta enorme: el hombre encargado de salvar en 1912 al gobierno de Francisco I. Madero sería precisamente quien lo derrocaría en febrero de 1913.

Huerta no repitió la precipitación de su antecesor. Organizó cuidadosamente sus fuerzas, incorporó unidades federales regulares y cuerpos de voluntarios y contó con una ventaja particularmente importante: artillería bien servida y abundante. Entre sus colaboradores destacó el coronel Guillermo Rubio Navarrete, especialista en artillería.

Francisco Villa también combatió entonces del lado del gobierno de Madero, subordinado a Huerta. Ese detalle permite dimensionar las extrañas alianzas de 1912: Villa y Huerta, enemigos mortales poco después, marchaban entonces en el mismo ejército contra Pascual Orozco.

Según Meyer, después de integrar las brigadas de voluntarios, Huerta disponía de poco más de 8,000 combatientes, mientras Orozco y sus subordinados reunieron una fuerza de magnitud semejante. La diferencia decisiva ya no estaba necesariamente en el número de hombres, sino en el abastecimiento y el poder de fuego.

22 y 23 de mayo: los cañones cambiaron la historia.

El segundo combate comenzó la mañana del 22 de mayo de 1912 en el mismo escenario donde el gobierno había sufrido su humillación dos meses antes.

Los orozquistas ocuparon las elevaciones y posiciones defensivas alrededor de Rellano. Pero esta vez se enfrentaban a un enemigo mejor organizado. La artillería de Rubio Navarrete castigó repetidamente las líneas rebeldes y la falta de municiones empezó a hacerse sentir entre las fuerzas de Orozco.

El combate continuó durante horas.

Un despacho de Huerta enviado el 23 de mayo señalaba que la lucha llevaba aproximadamente 20 horas y que todavía se combatía por las posiciones de las montañas de Rellano. A las 2:37 de la tarde, otro mensaje anunció que las fuerzas gubernamentales habían ocupado la última posición importante y que Rellano estaba finalmente en poder del gobierno.

La prensa contemporánea demuestra, sin embargo, hasta qué punto era difícil conocer en tiempo real quién estaba ganando. Periódicos estadounidenses publicados el 23 de mayo difundieron inicialmente despachos desde el frente rebelde según los cuales Orozco había resistido el ataque de Huerta. Otros reportes enviados casi simultáneamente aseguraban que la artillería federal estaba destrozando las posiciones orozquistas. La guerra de información acompañaba nuevamente a la guerra sobre el terreno.

Finalmente, la posición orozquista cedió.

El segundo Rellano no terminó inmediatamente con la rebelión, pero cambió su trayectoria. Meyer considera aquella derrota el comienzo de la declinación militar del orozquismo. Los rebeldes fueron empujados cada vez más hacia el norte, destruyendo vías, puentes y comunicaciones para ralentizar el avance gubernamental.

Rellano y Jiménez: territorio de una revolución sobre rieles.

La participación del ferrocarril no fue accidental. Una investigación académica publicada en Debates por la Historia y disponible en SciELO analiza cómo la Revolución mexicana transformó las vías férreas en infraestructura militar. Los trenes transportaban soldados y suministros, pero las vías también eran destruidas, reparadas, saboteadas o utilizadas como armas. La campaña orozquista constituye uno de los ejemplos más claros de esta nueva forma de guerra.

En Rellano esa lógica alcanzó una dimensión extraordinaria.

Primero, una locomotora cargada de explosivos contribuyó a derrotar a un ejército. Después, la capacidad del gobierno para reconstruir vías, sostener trenes militares, trasladar artillería y mantener el suministro permitió invertir el resultado.

Por eso Rellano debe comprenderse como algo más que una anécdota de la “máquina loca”. Fue una batalla logística.

En el desierto de Jiménez, el ferrocarril podía significar la diferencia entre comer o pasar hambre; entre recibir municiones o quedarse sin ellas; entre retirar heridos o abandonarlos; entre sostener una posición o emprender la retirada.

Francisco Villa, Huerta y otra historia vinculada con Jiménez.

La campaña dejó otra consecuencia histórica relacionada directamente con la región.

Después de combatir juntos contra Orozco, la relación entre Francisco Villa y Victoriano Huerta se deterioró rápidamente. Durante la campaña de Chihuahua, Huerta acusó a Villa de insubordinación y llegó a ordenar su fusilamiento. La ejecución fue suspendida y Villa terminó enviado prisionero a la Ciudad de México. El Atlas Histórico de la Revolución Mexicana del INEGI documenta el episodio inmediatamente después de describir los combates de Rellano y el avance hasta Jiménez. (INEGI)

El incidente parece menor frente a una batalla de miles de hombres, pero adquiere enorme importancia visto desde el futuro: Villa sobrevivió y terminaría convirtiéndose en uno de los mayores enemigos de Huerta.

La campaña de Rellano, por tanto, reunió temporalmente en un mismo territorio a figuras que meses más tarde ocuparían bandos completamente opuestos.

La gran paradoja de Rellano.

La primera batalla destruyó el prestigio de un general: José González Salas.

La segunda construyó el prestigio de otro: Victoriano Huerta.

Meyer subraya que Huerta comprendió rápidamente la importancia política de su victoria. Después de recuperar Rellano, pasó a ser visto como un héroe militar de alcance nacional. El Handbook of Texas también considera aquella batalla uno de los momentos que consolidaron su prestigio ante la opinión pública mexicana.

Menos de nueve meses después, durante la Decena Trágica, el mismo hombre que había defendido militarmente al gobierno maderista lo traicionaría, asumiría la Presidencia y quedaría asociado al asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez.

La ironía histórica resulta difícil de ignorar: en las llanuras de Rellano, el gobierno de Madero fortaleció al militar que finalmente contribuiría a destruirlo.

Las bajas: un dato que exige cautela.

Uno de los hallazgos más importantes de esta revisión es que no resulta responsable presentar como completamente ciertas algunas cifras de muertos que se repiten en publicaciones populares.

Para el primer combate existen cálculos enormemente diferentes. Meyer considera imposible precisar con seguridad el tamaño exacto de ambos ejércitos y documenta 22 muertos y 70 heridos federales específicamente por la explosión de la locomotora, no como balance final. El gobierno declaró posteriormente pérdidas inferiores al nueve por ciento de sus efectivos. Otras reconstrucciones elevan considerablemente el número de bajas.

Lo mismo ocurre en el segundo Rellano.

Las versiones de cada bando tendían a exagerar los daños ocasionados al adversario y reducir los propios. Meyer incluso dedica parte de su análisis a señalar la manipulación informativa de la campaña. Por ello, un reportaje históricamente riguroso debería evitar afirmar una cifra única de muertos sin explicar su procedencia.

Rellano: una historia que sigue esperando ser contada desde Jiménez.

Más de un siglo después, quizá el aspecto más significativo de Rellano sea la distancia que existe entre su importancia histórica y el conocimiento que actualmente se tiene de aquel lugar.

No estamos hablando de un episodio menor.

En aquella estación del municipio de Jiménez fueron derrotados, con apenas dos meses de diferencia, dos ejércitos distintos. Allí se utilizó uno de los recursos tácticos más célebres de la Revolución mexicana. Allí comenzó el derrumbe militar de la rebelión orozquista. Allí se fortaleció el prestigio de Victoriano Huerta. Y alrededor de aquella campaña coincidieron Pascual Orozco, Francisco Villa, José González Salas, Aureliano Blanquet, Emilio Campa, David de la Fuente y Guillermo Rubio Navarrete.

Rellano fue también escenario de historias menos visibles: soldados anónimos que viajaban hacinados en vagones; ferrocarrileros obligados a mantener funcionando una red convertida en objetivo militar; hombres que marchaban durante días por el desierto; heridos que debían ser evacuados sobre los mismos rieles por los que habían llegado; familias que recibían noticias fragmentarias procedentes de periódicos y telégrafos; y pequeños poblados situados entre dos ejércitos que no habían escogido convertirse en campos de batalla.

Esa dimensión humana corre el riesgo de desaparecer cuando la historia se reduce a nombres de generales.

Un paisaje aparentemente silencioso que decidió parte de la Revolución.

Rellano demuestra que la historia nacional también se decidió lejos de las capitales.

No hubo grandes edificios gubernamentales ni plazas monumentales. Hubo desierto, lomeríos, vías ferroviarias, locomotoras, dinamita y miles de hombres avanzando entre polvo y artillería.

El 24 de marzo de 1912, aquel paisaje favoreció a Pascual Orozco y hundió la carrera y la vida de José González Salas. El 22 y 23 de mayo, el mismo territorio presenció la revancha gubernamental de Victoriano Huerta y el comienzo del retroceso orozquista.

Por eso la Batalla de Rellano merece ocupar un lugar mucho más visible en la memoria histórica de Jiménez.

No únicamente porque allí combatieron personajes conocidos de la Revolución, sino porque el episodio muestra con extraordinaria claridad lo que aquella guerra significó: antiguos compañeros convertidos en enemigos; ejércitos que cambiaban de bando; tecnologías civiles transformadas en armas; información manipulada por los contendientes; ambiciones políticas mezcladas con auténticas demandas sociales; y hombres comunes pagando con la vida decisiones tomadas mucho más arriba.

Rellano no fue solamente una estación en el camino hacia Jiménez. Durante algunos días de 1912 fue uno de los lugares donde se decidió hacia dónde podía avanzar la Revolución mexicana.

Esta investigación permite sostener con bastante solidez una línea editorial para HISTORIASMX: presentar Rellano no sólo como la famosa batalla de la “máquina loca”, sino como dos enfrentamientos íntimamente ligados con Ciudad Jiménez, cuyo resultado tuvo consecuencias nacionales y cuyo análisis revela aspectos militares, ferroviarios, políticos y humanos poco conocidos de la Revolución Mexicana.

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