Entre 2020 y 2025, el nogal se bebió el equivalente a 519 mil albercas olímpicas en Jiménez.

Entre 2020 y 2025, el cultivo de nogal en el municipio de Jiménez demandó volúmenes de agua incompatibles con un acuífero que desde 2015 ya estaba oficialmente en déficit. Los datos técnicos muestran que el colapso hídrico no fue repentino ni inevitable, sino el resultado de una extracción sostenida ignorando advertencias científicas.

HISTORIASMX / Reportaje Especial. – El agotamiento del acuífero Jiménez-Camargo no puede entenderse como un fenómeno reciente ni atribuible únicamente a la sequía. Se trata de un proceso largo, documentado y previsible, cuya aceleración coincide con la permanencia —e incluso consolidación— de un modelo agrícola de alto consumo hídrico en una región con recarga natural limitada.

Desde el punto de vista hidrológico, el acuífero Jiménez-Camargo es un sistema frágil: se localiza en una zona de clima seco semicálido, con una precipitación media anual cercana a los 386 milímetros, alta evaporación y una infiltración naturalmente baja. Estas condiciones fueron descritas con precisión en el estudio técnico publicado por la Comisión Nacional del Agua en abril de 2015, donde se advirtió que la extracción de agua subterránea superaba ampliamente la recarga anual, generando un déficit estructural .

Aquel documento estableció que el acuífero recibía una recarga media anual aproximada de 173 millones de metros cúbicos, mientras que el volumen concesionado para extracción superaba los 300 millones de metros cúbicos. El resultado fue claro: no existía disponibilidad de agua, y el déficit anual rondaba los 140 millones de metros cúbicos. A pesar de ello, la dinámica productiva no se modificó.

El nogal y su demanda hídrica.

El nogal es uno de los cultivos más demandantes de agua en regiones áridas. Técnicamente, una sola hectárea de nogal requiere alrededor de 19 mil metros cúbicos de agua al año, lo que equivale a 19 millones de litros. En términos comparativos, esa cantidad bastaría para abastecer durante un año completo a más de 250 personas, considerando consumos domésticos promedio.

En el municipio de Jiménez, la superficie nogalera se mantuvo por encima de las once mil hectáreas durante el periodo 2020–2025, de acuerdo con registros oficiales de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Esta estabilidad superficial, lejos de ser una señal de equilibrio, implicó una extracción constante y masiva de agua subterránea, año tras año, en un acuífero que ya estaba sobreexplotado.

El consumo anual: cifras que explican el colapso.

En 2020, con 11 mil 400 hectáreas sembradas, el volumen de agua requerido para sostener las huertas fue de aproximadamente 216 millones de metros cúbicos. Dicho de otra forma, se extrajeron 216 mil millones de litros de agua en un solo año. Este volumen equivale a más de 86 mil albercas olímpicas llenas, considerando que cada alberca contiene 2.5 millones de litros.

Para 2021, la superficie aumentó ligeramente y el consumo hídrico ascendió a 218 millones de metros cúbicos, es decir, 218 mil millones de litros, una cantidad similar a vaciar 87 mil albercas olímpicas desde el subsuelo.

El pico se alcanzó en 2022, cuando la superficie nogalera llegó a 11 mil 592 hectáreas, demandando cerca de 220 millones de metros cúbicos de agua: 220 mil millones de litros, suficientes para llenar 88 mil albercas olímpicas en un solo ciclo agrícola.

Aunque en 2023 y 2024 la superficie disminuyó marginalmente, el consumo se mantuvo prácticamente igual: 216 millones de metros cúbicos anuales, lo que evidencia que el ajuste fue estadísticamente irrelevante frente al daño acumulado.

En 2025, aun con una reducción más visible a 11 mil 90 hectáreas, el consumo siguió siendo de 210 millones de metros cúbicos, equivalentes a 210 mil millones de litros.

Cinco años de extracción continua.

Sumados, los volúmenes extraídos entre 2020 y 2025 alcanzan aproximadamente 1 mil 298 millones de metros cúbicos de agua, es decir, 1 billón 298 mil millones de litros. Esta cantidad permitiría llenar más de 519 mil albercas olímpicas.

Todo ese volumen fue extraído de un acuífero que, desde el punto de vista legal y técnico, ya no tenía agua disponible.

Pozos ilegales, abatimientos y la paradoja productiva: cuando el modelo nogalero terminó secando su propia industria.

Sobreexplotación, pozos y colapso productivo: la factura del modelo nogalero.

Si el estudio de 2015 marcó el punto de advertencia, la actualización técnica publicada en 2024 confirma que no hubo corrección del rumbo. El acuífero Jiménez-Camargo no recuperó disponibilidad; por el contrario, los abatimientos se profundizaron, consolidando un déficit permanente. En términos hidrogeológicos, el sistema entró en una fase de agotamiento progresivo, donde cada metro adicional de bombeo agravó la pérdida colectiva.

Los estudios técnicos describen con claridad el fenómeno: el descenso sostenido del nivel estático obligó a profundizar pozos, incrementó los costos energéticos y dejó fuera de operación a norias y manantiales someros. La descarga natural comprometida —manantiales y aportes ecológicos— prácticamente desapareció.

La extracción que no aparece en los registros.

A este escenario se sumó un factor crítico: la extracción ilegal de agua. La perforación de pozos sin concesión, así como el bombeo por encima de los volúmenes autorizados, amplificó el impacto real sobre el acuífero. Aunque estos volúmenes no siempre aparecen reflejados en los registros administrativos, sí se manifiestan en los niveles piezométricos, que continuaron descendiendo año con año.

La diferencia entre extracción legal y extracción real explica por qué el colapso fue más rápido de lo que incluso los estudios oficiales anticipaban.

La paradoja nogalera: riqueza que se secó a sí misma.

El resultado es una paradoja productiva. El mismo modelo que durante años generó bonanza económica terminó destruyendo su base material. En el municipio de Jiménez hoy existen más de 2 mil hectáreas de nogales secos, árboles muertos por estrés hídrico, huertas abandonadas y pérdidas millonarias.

La sobreexplotación del acuífero no solo dañó al medio ambiente; afectó directamente a los propios productores, demostrando que ningún cultivo puede sostenerse indefinidamente cuando depende de un recurso finito extraído sin límite.

Un daño ecológico que no se mide en toneladas.

Más allá de la producción, el agotamiento del acuífero alteró procesos ecológicos profundos. La desaparición de manantiales, la pérdida de humedad edáfica, la salinización de suelos y la afectación a la vegetación nativa forman parte de un daño que no se refleja en las estadísticas agrícolas, pero que compromete la viabilidad futura del territorio.

En términos ambientales, el acuífero funcionaba como un soporte invisible de ecosistemas y actividades humanas. Al vaciarlo, se rompió ese equilibrio.

La omisión como política no escrita.

Durante más de una década, ninguna autoridad detuvo la expansión agrícola, revisó a fondo las concesiones ni aplicó una estrategia de reconversión productiva. La omisión institucional permitió que la extracción continuara aun cuando los datos técnicos indicaban que el límite ya había sido rebasado.

El colapso hídrico de Jiménez no fue un error técnico: fue una decisión política por omisión.U

Un acuífero agotado como advertencia.

El acuífero Jiménez-Camargo no se secó por la sequía. Se secó porque se extrajo más agua de la que la naturaleza podía reponer, año tras año, sin correcciones estructurales.

Lo ocurrido en Jiménez es una advertencia para todo el desierto chihuahuense:
ningún modelo económico es viable si destruye la fuente que lo sostiene.

Por: Laboratorio de Periodismo / HISTORIASMX-Gorki Rodríguez.

Volver arriba