¿Quién fue Armando Gaytán, «El Bigos»? La vida del chihuahuense que pasó de la guerrilla a la lucha por la verdad

Su historia comenzó en una familia de campo de Ignacio Zaragoza y atravesó el movimiento estudiantil de 1968, la formación revolucionaria en Corea del Norte, la clandestinidad y el cautiverio. Después participó en la política partidista, acompañó la búsqueda de desaparecidos y compartió sus recuerdos con nuevas generaciones. Reconstruir su vida permite conocer al hombre detrás del nombre que aparece en los archivos de la represión.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila | HISTORIASMX

El hombre que regresó al lugar de su cautiverio

En septiembre de 2022, Armando Otto Gaytán Saldívar volvió al Campo Militar Número 1. Habían transcurrido más de cuatro décadas desde el cautiverio que sufrió allí en 1979. Regresó como sobreviviente, acompañado por familiares de desaparecidos y personas que buscaban reconocer los espacios donde habían sido retenidas clandestinamente. Durante una conferencia posterior contó que, cuando estuvo encerrado, encontró escrito en la pared de su celda el nombre de su hermano desaparecido. Ese recuerdo reúne dos experiencias que marcaron su vida: la violencia que padeció directamente y la ausencia de Óscar Javier Gaytán Saldívar.

Armando murió en Chihuahua el 18 de octubre de 2026, a los 78 años, de acuerdo con la información publicada por La Jornada, que atribuyó a familiares y colectivos la noticia de su fallecimiento por un padecimiento cerebrovascular. El Comité ¡Eureka!, el Museo Casa de la Memoria Indómita y el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres lo recordaron por su calidez, su compromiso social y su aportación testimonial. Pero comprender quién fue exige recorrer algo más que sus últimos días: observar las distintas formas que tomó su participación política y reconocer que su vida continuó durante décadas después de salir de la prisión clandestina.

Una familia de campo en Ignacio Zaragoza.

Los orígenes familiares de Armando remiten a Ignacio Zaragoza, Chihuahua. En una entrevista publicada por El Sur en abril de 2024, su hermana Laura Elena describió una familia campesina de nueve hermanos, de recursos limitados y de tradición liberal y juarista. Esa referencia permite acercarse al ambiente del que procedían: una familia vinculada con el campo y con ideas políticas anteriores a la incorporación de sus integrantes a una organización revolucionaria. La militancia no apareció en una vida sin antecedentes; se desarrolló dentro de relaciones familiares y de una realidad regional que los hermanos conocían desde pequeños.

El historiador Jesús Vargas sitúa a los Gaytán Saldívar en un entorno de cacicazgo y destaca la influencia del padre en su formación. Sus investigaciones también relacionan a esta familia con los Gaytán de la región de Madera, involucrados en conflictos agrarios y en las organizaciones que antecedieron al asalto al cuartel de 1965. En esa genealogía estuvieron Salomón Gaytán Aguirre y Antonio Scobell Gaytán, muertos el 23 de septiembre de aquel año. Para Armando, aquellos nombres pertenecían a una historia cercana, atravesada por vínculos de parentesco, afectos y pérdidas.

El mismo trabajo de Vargas recuerda a Juan Antonio Gaytán Aguirre y Guadalupe Scobell Gaytán, muertos en Tesopaco en septiembre de 1968. Así, las experiencias que rodearon la juventud de Armando incluyeron una sucesión de acontecimientos violentos dentro de su propia familia. Reconocer ese contexto ayuda a comprender su formación sin convertirla en un destino inevitable: las circunstancias influyeron, pero su incorporación al MAR fue también una decisión política. Conviene, además, distinguir las organizaciones y los momentos históricos; compartir un apellido y una tradición de lucha no significa haber pertenecido al mismo grupo ni participado en los mismos hechos.

La radio y las primeras preguntas sobre el mundo.

Uno de los recuerdos más reveladores sobre su formación aparece en el estudio de Hernán Eduardo Confino, publicado en 2024 por el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Al recuperar su intervención en los Diálogos por la Verdad de Chihuahua, el investigador refiere cómo Armando recordó las noticias del triunfo de la Revolución cubana en 1959 y el interés por escuchar Radio Habana. En su evocación, aquellas transmisiones fueron una de las primeras oportunidades para pensar críticamente lo que ocurría fuera de su entorno inmediato. La política también llegaba a su vida por la radio, mediante noticias y conversaciones que abrían preguntas sobre la desigualdad.

Otro componente del ambiente intelectual de Ignacio Zaragoza fue el médico Raúl Peña. En una entrevista acerca de su libro sobre Armando, Jesús Vargas explicó que Peña contribuyó a difundir pensamiento crítico en la localidad. El autor recuperó esa influencia mediante el testimonio de Deyanira, hija del médico, junto con las voces de Armando y de sus hermanas Laura y Patricia. Esta reconstrucción amplía la mirada sobre su formación: además de los acontecimientos armados, hubo personas, conversaciones y ejemplos de servicio que ayudaron a dar contenido a las aspiraciones de cambio de aquella generación.

Un joven del movimiento de 1968.

La participación de Armando en el movimiento de 1968 está referida por su hermana Laura Elena. En la entrevista de El Sur, ella señaló que su hermano había sido detenido y que por esa razón no estuvo en la masacre del 2 de octubre. El dato permite situarlo dentro de la movilización estudiantil y, al mismo tiempo, evitar una confusión: haber participado en el movimiento no equivale a haber estado presente en Tlatelolco durante la matanza. Para reconstruir aquella etapa con mayor precisión todavía hacen falta documentos que permitan establecer las circunstancias y fechas de esa detención.

La relación entre aquella experiencia y su posterior militancia aparece también en la reconstrucción biográfica de Jesús Vargas, quien vincula su juventud con la represión de 1968 y con el viaje que lo llevó a la Unión Soviética y a Corea del Norte. Es una etapa decisiva porque muestra a un joven que pasó de la inconformidad a la preparación para una organización político-militar. Sin embargo, las fuentes disponibles no permiten reconstruir de manera completa su escolaridad ni establecer aquí una institución o carrera específica. Una biografía rigurosa debe conservar esos espacios pendientes, en lugar de llenarlos con datos de otros militantes.

El viaje a Corea del Norte y la incorporación al MAR.

El Movimiento de Acción Revolucionaria estuvo vinculado con redes internacionales de formación política y militar. Una investigación previa de HISTORIASMX, basada en entrevistas con antiguos integrantes, sitúa a Armando dentro del tercer contingente que viajó a Corea del Norte entre finales de 1969 y principios de 1970. Entre los chihuahuenses de ese grupo se menciona a Herminia Gómez Carrasco, Juan Chávez de la Rocha y Elda Nevárez Flores. Esa reconstrucción identifica a Paulino Peña Peña como uno de los contactos regionales y refiere la participación de Herminia en el acercamiento con quienes se incorporarían al proyecto.

En el mismo trabajo, Armando describió un trayecto realizado en pequeños grupos, con escalas por Alemania, Moscú e Irkutsk antes de llegar a Corea del Norte. Para quienes habían crecido en localidades de Chihuahua, aquella experiencia significó entrar en contacto directo con un proyecto revolucionario de alcance internacional. Años después, al recordar su estancia, Armando destacó también la formación ética y la importancia que atribuía a la honestidad, la rectitud y los principios. El estudio de Confino recupera esa valoración como parte de la manera en que interpretó su propia militancia desde el presente.

«El Bigos» y los años de clandestinidad.

El alias «El Bigos» está documentado en la ficha de una declaración que la Dirección Federal de Seguridad atribuyó a Armando el 14 de abril de 1979. La Biblioteca Digital de los Archivos de la Represión describe un conjunto de ocho fojas con información personal, referencias al MAR y señalamientos sobre actividades y relaciones entre organizaciones. La propia catalogación advierte que el documento carece de firma. Por eso, sirve para identificar cómo fue registrado por el aparato de seguridad, pero sus imputaciones no deben convertirse automáticamente en hechos comprobados ni en una confesión voluntaria.

Esa precaución es particularmente importante al narrar su vida. Los expedientes policiales fueron elaborados para vigilar, perseguir e interrogar, mientras los testimonios posteriores respondieron a otras circunstancias y propósitos. El nombre clandestino permite seguir parte de su rastro documental, aunque todavía no se ha establecido con una fuente suficientemente sólida el origen del apodo. Tampoco basta un expediente para asignarle acciones específicas. Su militancia en el MAR está ampliamente referida; reconstruir cada responsabilidad exige contrastes adicionales que permitan separar la participación política reconocida de los señalamientos producidos bajo custodia.

La desaparición de Javier y el golpe de 1979.

Antes de ser desaparecido él mismo, Armando ya tenía a un hermano cuya detención permanecía sin esclarecer. Óscar Javier Gaytán Saldívar fue detenido el 4 de septiembre de 1974. Su ausencia vinculó a la familia con la búsqueda de desaparecidos y con el Comité ¡Eureka!. Una denuncia publicada por esa organización en 2007 recordó que las gestiones familiares se realizaban mediante el comité y señaló que Armando y sus parientes formaban parte de él. Esa relación permite entender por qué, para Armando, la exigencia de verdad fue a la vez una causa colectiva y una necesidad profundamente familiar.

El 9 de abril de 1979, Armando fue detenido en Torreón, Coahuila, según la misma denuncia. La represión de aquellos días alcanzó también a otras personas de su entorno político y familiar. Su hermana Laura fue capturada en Morelia tres días después y trasladada al Campo Militar Número 1; en su testimonio posterior relató que permaneció desaparecida hasta julio. Los tiempos de cautiverio de ambos fueron distintos. Para la familia, aquel periodo reunió nuevas detenciones con la búsqueda que ya sostenían por Javier, multiplicando la incertidumbre sobre el paradero y la supervivencia de sus integrantes.

Los meses en el Campo Militar Número 1.

Al hablar públicamente en 2022, Armando describió una celda de aproximadamente 1.80 por tres metros, sin luz solar y sin convivencia con otras personas. También relató el hallazgo del nombre de su hermano en una pared. La crónica que recoge sus palabras permite acercarse al aislamiento que padeció y a la dimensión familiar de ese recuerdo. Encontrar una inscripción no establece por sí mismo qué ocurrió después con Javier; su importancia testimonial consiste en señalar una huella que, según Armando, estaba allí y que debía incorporarse a la investigación sobre los desaparecidos.

Mientras permanecía bajo custodia clandestina, otras voces denunciaban su desaparición. El testimonio de Bertha Alicia López García de Zazueta, fechado el 31 de agosto de 1979, incluyó a Armando entre las personas que afirmaba haber visto durante su propio cautiverio. Su nombre aparece junto con los de Jesús Humberto Zazueta Aguilar y Alejandro Peñaloza García. Es un testimonio cercano a los acontecimientos, producido cuando las familias todavía reclamaban información. Su valor reside en aportar referencias sobre personas vistas vivas, frente al ocultamiento de su detención y la incertidumbre que rodeaba sus destinos.

Recuperar la libertad y volver ante los demás.

Armando salió del Campo Militar Número 1 en diciembre de 1979. Una versión del informe histórico de la fiscalía especial, conservada en el National Security Archive, sitúa su liberación el día 15, fecha que coincide con la denuncia posterior del Comité ¡Eureka!. Una nota de la recopilación testimonial de Bertha Alicia señala el 14. La diferencia documental no altera lo fundamental: recuperó la libertad después de más de ocho meses de cautiverio. Mantener visible esa discrepancia permite precisar el alcance de las fuentes sin repetir duraciones de nueve o diez meses como si todas fueran equivalentes.

El estudio Los indicios relegados sobre los destinos finales de los desaparecidos de larga data en México recupera una entrevista realizada a Armando en octubre de 2023. Allí se refiere que, tras su liberación, acudió a la casa de Rosario Ibarra y que su apariencia reflejaba las condiciones sufridas durante el encierro. La investigación utiliza ese episodio para examinar las huellas del cautiverio en los sobrevivientes. El regreso a la libertad tuvo una dimensión corporal y cotidiana: volver a presentarse ante otras personas después del aislamiento, el deterioro y la violencia padecida.

La vida política después de la guerrilla.

Una parte menos conocida de su biografía está documentada fuera de los archivos represivos. El expediente SG-JDC-4/2010 del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación identifica a Armando Otto Gaytán Saldívar como candidato a la presidencia del Comité Ejecutivo Municipal del PRD en Chihuahua. Junto con Rafael Alonso Robles Robles, candidato a la secretaría general, impugnó una resolución sobre la elección interna. El 10 de marzo de 2010, la Sala Guadalajara ordenó anular la elección y convocar a un proceso extraordinario. El registro acredita su participación en esa contienda; no demuestra que después haya ocupado el cargo.

Su intervención en la vida partidista aparece nuevamente en el expediente SG-JDC-2159/2012, donde figura entre los promoventes de impugnaciones relacionadas con decisiones y procedimientos internos del PRD en Chihuahua. Estos documentos amplían la respuesta a quién fue: un antiguo militante armado que posteriormente participó en mecanismos electorales, disputas organizativas y recursos institucionales. No permiten atribuirle por sí solos una explicación personal sobre ese tránsito, pero sí acreditan que su actividad política continuó por otras vías. Reducir su trayectoria a los años setenta dejaría fuera décadas de participación posteriores al cautiverio.

Una relación duradera con quienes buscaban a los desaparecidos.

La hemeroteca también conserva rastros de su pertenencia a una comunidad de búsqueda y acompañamiento. En octubre de 2019, su nombre aparece entre quienes suscribieron un mensaje del Comité ¡Eureka! por el fallecimiento de Esperanza Galoz. El texto recuerda el dolor de las familias y reafirma la continuidad de la búsqueda. Aunque una firma colectiva no permite reconstruir todas sus tareas dentro de la organización, sí documenta su presencia en esa red de solidaridad, muchos años después de haber recuperado la libertad. Su relación con los desaparecidos no quedó encerrada en el recuerdo de 1979.

En junio de 2021 volvió a figurar entre los firmantes de una carta pública de ¡Eureka! que reclamaba al gobierno federal investigaciones efectivas y respuestas sobre los desaparecidos políticos. El documento cuestionaba la falta de resultados y exigía compromisos concretos. Esta evidencia permite reconocer una postura que conservó frente a gobiernos posteriores: las expectativas de cambio convivían con la exigencia de rendición de cuentas. Armando participó en expresiones colectivas que no daban por satisfecha la demanda de verdad con reuniones, promesas o reconocimientos públicos.

Un regreso difícil y una memoria cuidadosa.

Durante las inspecciones de 2022, Armando reconoció también los límites de su recuerdo. La cobertura de La Jornada señala que intentó localizar el sótano donde había estado encerrado, pero no encontró indicios suficientes para identificarlo. En otro edificio, un paisaje le resultó familiar, aunque aclaró que eso no le permitía afirmar que se tratara del mismo espacio. Esa cautela es significativa: aportó lo que recordaba y distinguió entre una asociación de la memoria y una identificación concluyente. Su participación ofrecía indicios que debían examinarse con documentación y trabajo pericial.

En noviembre de 2024, la Universidad Autónoma de Guerrero reconoció a Armando y a su hermana Laura Elena por su valor civil y trayectoria como luchadores sociales, según la cobertura de la ceremonia. Fue un reconocimiento distinto de los grados honoris causa entregados a otras personas durante el mismo acto. El hecho forma parte de la última etapa de su vida pública, cuando su experiencia era recuperada en espacios universitarios y de memoria. El antiguo nombre de los expedientes de seguridad aparecía ahora dentro de conversaciones sobre derechos humanos, historia y responsabilidad social.

Lo que todavía quería para el pueblo trabajador.

En los Diálogos por la Verdad del 10 de junio de 2023, realizados en Chihuahua, Armando expresó con claridad que su horizonte político seguía abierto. La cobertura de Raíchali, publicada también por Pie de Página, recogió su inconformidad con los alcances de la transformación que observaba en el país y su deseo de aprovechar los espacios democráticos para organizar a la sociedad. No se limitó a recordar el pasado: habló de las posibilidades del presente y del futuro de los trabajadores. En esa intervención dijo: “yo quiero más para el pueblo de México, yo quiero más para el pueblo trabajador”.

Esa declaración aporta una respuesta especialmente directa sobre sus convicciones. Permite observar una continuidad entre sus aspiraciones de juventud y su participación social posterior, aunque las formas de lucha hubieran cambiado. También muestra una voz propia, capaz de formular demandas frente a un gobierno con el que podía compartir expectativas. Para entender al Armando de sus últimos años, esa intervención resulta tan relevante como sus antecedentes guerrilleros: conservaba el interés por las condiciones de vida de los trabajadores y consideraba insuficiente que la memoria se difundiera sin traducirse en organización y cambios sociales.

El amigo, el profesor y la persona que compartió su historia.

Para quien firma este reportaje, Armando fue compañero, amigo y profesor. Su aportación resultó fundamental durante la investigación de licenciatura Descubriendo al Movimiento de Acción Revolucionaria: la guerra sucia en México a través de los medios de comunicación. El trabajo buscó localizar a protagonistas de acontecimientos narrados por la prensa, escuchar sus experiencias y confrontarlas con las versiones publicadas. Armando contribuyó a ese proceso mediante su testimonio y su disposición para compartir recuerdos, ayudando a examinar contradicciones y a formular preguntas sobre la representación periodística del MAR.

Ese encuentro personal permite reconocer una dimensión que los registros institucionales apenas alcanzan a mostrar: la relación de confianza que se construye cuando alguien acepta narrar su vida ante otra generación. Para mí, su recuerdo está ligado también a ese aprendizaje. Escucharlo implicaba asumir una responsabilidad frente a sus palabras, contrastarlas y procurar que el resultado conservara la humanidad de quienes aparecían en las noticias. Su contribución permanece en aquella investigación y en una manera de entender el periodismo como un trabajo que requiere documentos, preguntas y atención a las personas.

Quién fue Armando Gaytán.

Los materiales consultados permiten reconocer a un hombre formado en el campo chihuahuense, influido por una historia familiar de participación política, vinculado con el movimiento de 1968 y con la experiencia internacional del MAR. Fue detenido, sobrevivió al encierro clandestino y continuó participando en la vida pública. Los documentos electorales, las cartas colectivas y sus intervenciones testimoniales muestran etapas diferentes de esa continuidad. Su vida no terminó cuando dejó atrás la clandestinidad: siguió tomando posición, recurriendo a instituciones, acompañando exigencias de búsqueda y hablando de las aspiraciones que conservaba para México.

Armando Gaytán dejó una historia que merece seguir investigándose con rigor y sensibilidad. Hay aspectos personales todavía insuficientemente documentados, pero también una voz pública que permite conocer sus preocupaciones y convicciones. En quienes lo trataron queda, además, el recuerdo del amigo y del maestro. Despedir a «El Bigos» significa reconocer esas dimensiones juntas: al militante que tomó decisiones en una época de confrontación, al sobreviviente que pudo contar lo ocurrido y al hombre que siguió esperando y exigiendo una vida mejor para el pueblo trabajador.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba