Armando Otto Gaytán Saldívar: del MAR a la lucha por una memoria que no desaparece

La trayectoria del chihuahuense conocido como “El Bigos” atraviesa la militancia revolucionaria, la desaparición forzada, la búsqueda de su hermano y la defensa de la memoria histórica. Expedientes de la represión, testimonios y estudios permiten reconstruir parte de una vida que desborda las etiquetas policiales con las que fue registrada.

Por Gorki Rodríguez | HISTORIASMX

Una despedida que devuelve preguntas al presente

HISTORIASMX. – Armando Otto Gaytán Saldívar murió en Chihuahua el domingo 18 de octubre de 2026. Tenía 78 años. La información publicada por La Jornada, atribuida a familiares y colectivos, señala que su fallecimiento se debió a un padecimiento cerebrovascular. Su despedida reunió expresiones del Comité ¡Eureka!, del Museo Casa de la Memoria Indómita y de organizaciones defensoras de derechos humanos. En esos mensajes apareció una dimensión indispensable para entenderlo: además del antiguo militante del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), fue un sobreviviente que compartió su experiencia para ayudar a esclarecer la violencia política de Estado.

Su nombre también permanece en una documentación producida desde el extremo opuesto de esa memoria: los archivos de los organismos que persiguieron a las organizaciones insurgentes. La Biblioteca Digital de los Archivos de la Represión conserva la ficha de una declaración que la Dirección Federal de Seguridad le atribuyó el 14 de abril de 1979. Allí aparece identificado como Armando Gaytán Saldívar, alias “El Bigos”. El contraste entre esos papeles y los testimonios posteriores plantea una pregunta central para reconstruir su historia: cómo conocer a una persona cuando una parte de los documentos disponibles fue elaborada por las instituciones que la mantuvieron cautiva.

Los Gaytán y las raíces de una inconformidad.

La trayectoria de Armando estuvo vinculada con una historia familiar de participación política en Chihuahua. El historiador Jesús Vargas documentó que los hermanos Gaytán Saldívar crecieron en Ignacio Zaragoza, en un entorno marcado por el cacicazgo y por el ejemplo de compromiso social de su padre. La relación con sus familiares de la región de Madera acercó a esa generación a los conflictos agrarios y a las luchas que precedieron al levantamiento de 1965. Dentro de esa memoria familiar estuvieron Salomón Gaytán Aguirre y Antonio Scobell Gaytán, muertos durante el asalto al cuartel de Madera del 23 de septiembre.

Esa procedencia ayuda a entender que su incorporación a la militancia tuvo antecedentes locales y familiares, además de influencias ideológicas internacionales. Vargas relaciona la formación política de los hermanos con las experiencias de sus mayores, las desigualdades de su entorno y las muertes que atravesaron a la familia. También recuerda a Juan Antonio Gaytán Aguirre y Guadalupe Scobell Gaytán, muertos en Tesopaco en septiembre de 1968. La historia de Armando se inscribe, por tanto, en una continuidad de inconformidades y pérdidas que debe estudiarse con atención a sus circunstancias concretas, sin confundir las distintas organizaciones en las que participaron sus familiares.

Chihuahua dentro del mapa internacional del MAR.

El Movimiento de Acción Revolucionaria formó parte de las organizaciones mexicanas que optaron por la lucha armada durante las décadas de 1960 y 1970. Su historia estuvo conectada con la circulación internacional de estudiantes, ideas y proyectos revolucionarios. El investigador Hernán Eduardo Confino estudió esa dimensión en un artículo publicado en 2024 por el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Su trabajo examina cómo los antiguos militantes reconstruyeron sus experiencias y situaron el surgimiento del MAR dentro de la radicalización política internacional de aquellos años. Esa perspectiva permite observar al movimiento dentro de un escenario más amplio que el de sus operaciones en México.

Para reconstruir la participación chihuahuense existe, además, un antecedente testimonial publicado por HISTORIASMX. En ese trabajo, basado en entrevistas con antiguos integrantes, se ubica a Armando entre los participantes del tercer contingente que viajó a Corea del Norte para recibir formación político-militar, entre finales de 1969 y principios de 1970. La reconstrucción menciona también a Herminia Gómez Carrasco, Juan Chávez de la Rocha y Elda Nevárez Flores, entre otros. Según esos testimonios, el reclutamiento regional tuvo como uno de sus contactos a Paulino Peña Peña, mientras Herminia contribuyó a establecer vínculos con quienes se incorporarían al proyecto.

En esa misma investigación, Armando relató un recorrido realizado en pequeños grupos y con escalas por Alemania, Moscú e Irkutsk antes de llegar a Corea del Norte. El dato muestra la distancia entre el origen regional de aquellos jóvenes y la dimensión internacional que adquirió su militancia. Sin embargo, la cronología de su incorporación todavía presenta diferencias entre relatos: algunas reconstrucciones familiares la sitúan después de la entrada de su hermano Javier al MAR en 1971, mientras el testimonio publicado lo coloca antes en el circuito de formación. Establecer una fecha definitiva requiere contrastar entrevistas originales, documentación de viaje y otros registros, sin resolver la diferencia por simple repetición de una versión.

Abril de 1979: la detención y el encierro clandestino.

Uno de los episodios mejor documentados de su trayectoria es la detención del 9 de abril de 1979 en Torreón, Coahuila. Una denuncia del Comité ¡Eureka!, publicada en El Correo Ilustrado de La Jornada el 28 de octubre de 2007, señala que Armando fue detenido y desaparecido ese día, recluido en los sótanos del Campo Militar Número 1 y liberado en diciembre del mismo año. Se trata de una denuncia pública de la organización a la que pertenecían él y su familia, una fuente que permite seguir tanto la memoria de su cautiverio como la continuidad de sus vínculos con quienes buscaban a los desaparecidos.

Su presencia bajo custodia también aparece en el testimonio de Bertha Alicia López García de Zazueta, fechado el 31 de agosto de 1979 y reproducido en una recopilación de denuncias. Al enumerar a las personas que había visto durante su cautiverio, Bertha incluyó a Armando Gaytán Saldívar junto con Jesús Humberto Zazueta Aguilar y Alejandro Peñaloza García, entre otros. El valor de esa declaración reside en su cercanía temporal con los hechos: mientras las familias denunciaban desapariciones, una sobreviviente proporcionaba nombres de personas que afirmaba haber visto vivas dentro del sistema de reclusión clandestina.

El expediente policial y los límites de sus afirmaciones.

La documentación atribuida a Armando por la DFS exige una lectura particularmente cuidadosa. Su ficha describe ocho fojas: seis mecanografiadas y dos con reproducciones fotográficas. Según la catalogación, el documento contiene información personal y referencias a la incorporación al MAR, así como señalamientos sobre acciones y contactos de distintas organizaciones. Pero la propia descripción advierte un elemento decisivo: el documento no cuenta con ninguna firma. Su existencia acredita que la policía produjo y conservó un registro atribuido a él; no permite asumir automáticamente que cada afirmación asentada fuera voluntaria, exacta o comprobada.

La necesidad de esa precaución se refuerza al revisar un reporte de la misma DFS sobre las actividades del comité de familiares del 31 de agosto de 1979. Los agentes registraron una conferencia en la que Bertha Alicia denunció secuestro y torturas, relató su paso por el Campo Militar Número 1 y señaló amenazas posteriores a su liberación. Así, los archivos contienen tanto las versiones policiales sobre los perseguidos como el seguimiento de las denuncias contra los organismos represivos. Para una investigación periodística, ambas dimensiones deben examinarse juntas, preservando la atribución de los testimonios y evitando convertir el lenguaje de inteligencia en una sentencia histórica.

Las familias que se negaron a aceptar el silencio.

Mientras Armando permanecía cautivo, su nombre circulaba en las acciones de denuncia. Un informe de la DFS sobre una conferencia del comité, realizada el 10 de agosto de 1979, registra la lectura de un escrito procedente de Torreón que denunciaba su desaparición junto con las de otras personas. El encuentro incluía discusiones sobre una huelga de hambre, solidaridad de distintos sectores y mecanismos para atraer atención internacional. Esos registros permiten reconocer una parte esencial de la historia: las familias y sus acompañantes construyeron una presencia pública para personas cuya detención no estaba siendo reconocida por las autoridades.

La fecha exacta de su liberación presenta una diferencia documental que conviene conservar a la vista. La denuncia de ¡Eureka! publicada en 2007 señala el 15 de diciembre de 1979; una nota incorporada a la recopilación testimonial de Bertha Alicia establece el 14 de diciembre. Ambas fuentes coinciden en el mes, el año y la salida del Campo Militar Número 1, pero difieren por un día. Por ello, la formulación más firme con los materiales consultados es que Armando recuperó la libertad a mediados de diciembre de 1979, después de más de ocho meses de cautiverio.

Salir con vida y recordar a quienes seguían desaparecidos.

La recuperación de la libertad no borró las consecuencias del encierro. El estudio Los indicios relegados sobre los destinos finales de los desaparecidos de larga data en México recupera una entrevista realizada a Armando en octubre de 2023. Allí se refiere que, después de ser liberado, acudió a la casa de Rosario Ibarra y que su apariencia reflejaba las condiciones sufridas durante la reclusión. El episodio, recogido por la investigación, permite acercarse al costo humano del cautiverio sin reducirlo a una cifra de meses: salir significaba también regresar ante los demás con las huellas físicas de lo ocurrido.

Ese trabajo recupera igualmente su testimonio sobre Juan Chávez Hoyos, Rufino Guzmán González y Valentín Fernández Zamora, a quienes afirmó haber visto en la cárcel clandestina del Campo Militar Número 1. Según el relato citado, posteriormente fueron retirados por hombres vestidos de civil y Armando no volvió a saber de ellos. Tales testimonios constituyen indicios para reconstruir recorridos de detención y sostener búsquedas; su alcance debe distinguirse de una conclusión definitiva sobre el destino final de las personas. Armando pudo contar lo que había presenciado, y esa posibilidad adquirió importancia para familias que continuaban esperando respuestas.

Javier: una ausencia dentro de la familia.

La desaparición también atravesó su vida como hermano. Óscar Javier Gaytán Saldívar fue detenido el 4 de septiembre de 1974 y su búsqueda permaneció vinculada con el Comité ¡Eureka!. La denuncia de 2007 relata que dos personas que se identificaron como agentes de la PGR acudieron a la casa de otro hermano, Pascual, para localizar a Armando con el argumento de tratar el asunto de los desaparecidos. El comité denunció esos hechos como hostigamiento y recordó que la familia había establecido sus canales de comunicación por medio de la organización. El documento muestra que el vínculo de Armando con la exigencia de verdad continuó mucho después de su liberación.

De la clandestinidad a la palabra pública.

En sus últimos años, la trayectoria de Armando encontró espacios de reconocimiento y discusión histórica. La cobertura de los Diálogos por la Verdad realizados en Chihuahua en junio de 2023 lo incluye entre los participantes, registrado como Otto Armando Gaytán Saldívar, una variación en el orden de sus nombres que también aparece en otras fuentes. Estos encuentros reunieron a sobrevivientes, familiares y activistas para recuperar experiencias de la represión. La presencia de antiguos militantes en esos espacios permitió que sus historias fueran escuchadas desde sus propias voces y confrontadas con los registros producidos durante la persecución.

En noviembre de 2024, la Universidad Autónoma de Guerrero reconoció a Armando y a su hermana Laura Elena por su valor civil y trayectoria como luchadores sociales, de acuerdo con la cobertura de la ceremonia. Ese reconocimiento debe distinguirse de los grados honoris causa otorgados a otras personas durante el mismo acto. Más allá de la distinción formal, el hecho expresa un cambio en los espacios desde los cuales se examinaba su vida: el nombre que había aparecido en expedientes de seguridad también era reconocido públicamente por su participación en la lucha social.

Un libro para comprender al hombre y a su generación.

En 2025, Jesús Vargas presentó Armando la utopía: Gaytán, el guerrillero del MAR, una obra dedicada a reconstruir su trayectoria. En una entrevista sobre el libro, el historiador explicó que buscaba comprender a aquella generación sin exaltar la violencia. También describió a Armando como un activista que continuaba interviniendo críticamente en el presente. Esa aproximación permite reconocer la continuidad de sus aspiraciones de justicia y transformación social, al tiempo que abre espacio para examinar las decisiones, los errores y las circunstancias de la experiencia revolucionaria. La investigación histórica puede atender esas convicciones sin renunciar a las preguntas difíciles sobre la lucha armada.

El amigo que también ayudó a investigar.

Para quien firma este reportaje, la memoria de Armando tiene además una dimensión personal y profesional. Fue compañero, amigo y profesor, y una fuente fundamental para la tesis de licenciatura Descubriendo al Movimiento de Acción Revolucionaria: la guerra sucia en México a través de los medios de comunicación. Aquella investigación buscó localizar a participantes de acontecimientos narrados por la prensa, escuchar sus testimonios y confrontarlos con las publicaciones de la época. Su aportación permitió cuestionar versiones y examinar contradicciones, como parte de un ejercicio periodístico que requiere contrastar la palabra de los protagonistas con documentos y otras evidencias.

Su fallecimiento deja la pérdida de una persona querida y la responsabilidad de preservar lo que compartió. Los materiales consultados permiten seguir parte de su recorrido: la militancia, el cautiverio, la relación con los familiares de desaparecidos y la participación posterior en espacios de memoria. Quedan aspectos por esclarecer, fechas por precisar y experiencias que requieren nuevas investigaciones. Conservar su voz implica asumir ese trabajo con rigor: escuchar al hombre que sobrevivió, estudiar los documentos que lo nombran y mantener abiertas las preguntas sobre quienes todavía faltan.

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