El Movimiento de Acción Revolucionaria nació de una pregunta que atravesó a una generación: qué hacer cuando la desigualdad persistía y la protesta encontraba como respuesta la represión. Sus integrantes buscaron formación en Corea del Norte, organizaron una estructura clandestina y proyectaron una revolución socialista. La persecución estatal, sus propias contradicciones y las distintas decisiones de sus militantes dieron lugar a una historia que todavía exige investigación, memoria y justicia.
Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila | HISTORIASMX
Una historia que no cabe en una fotografía policial.
HISTORIASMX. – En los archivos de la represión aparecen retratos, nombres verdaderos, seudónimos, declaraciones atribuidas a detenidos y documentos confiscados. En algunos casos los rostros están cubiertos; en otros, una leyenda mecanografiada identifica a la persona como integrante del Movimiento de Acción Revolucionaria, el MAR. Aquellos expedientes fueron elaborados para investigar y perseguir a una organización clandestina. Hoy permiten seguir parte de su trayectoria, pero también plantean una dificultad: conocer a sus protagonistas a través de los papeles producidos por las instituciones que los detuvieron. La documentación conservada sobre el MAR abarca formación ideológica, vigilancia, encarcelamientos y operaciones policiales durante diferentes etapas.
Reconstruir esa historia requiere escuchar también las preguntas que permanecieron en sus integrantes. Durante una presentación universitaria del documental Mujeres del MAR, Elda Nevárez recordó el dilema de prepararse para una lucha en la que podía ser necesario disparar contra otra persona. Su testimonio permite mirar una dimensión que los organigramas no explican: el conflicto entre la aspiración de construir una sociedad mejor y las consecuencias humanas de elegir las armas. El movimiento reunió proyectos políticos, decisiones personales y experiencias de represión; estudiarlo exige atender esas dimensiones sin sustituir la investigación por la condena automática o la celebración.
Antes de Tlatelolco: las raíces de la radicalización.
El MAR no puede explicarse únicamente como una reacción al 2 de octubre de 1968. La historiadora Verónica Oikión Solano sitúa sus antecedentes en procesos anteriores, particularmente en las luchas estudiantiles y políticas de Michoacán. Los conflictos universitarios de 1963 y 1966, la actuación de organizaciones comunistas y las disputas por la democratización de la enseñanza contribuyeron a formar a varios de sus futuros integrantes. La represión contra estudiantes y profesores alimentó la percepción de que las posibilidades de transformación institucional eran limitadas. Tlatelolco profundizó esa lectura, pero encontró inconformidades y redes políticas que ya estaban en formación.
Comprender esos antecedentes obliga a distinguir entre explicar una decisión y considerarla inevitable. No todas las personas reprimidas se incorporaron a la guerrilla, ni toda la izquierda compartió la opción armada. Dentro de ese campo existían debates sobre elecciones, organización obrera, lucha campesina y construcción partidista. La particularidad del MAR estuvo en convertir una interpretación de la realidad mexicana en un proyecto político-militar. Para sus promotores, la movilización social y la preparación revolucionaria debían formar parte de un mismo proceso; esa convicción orientaría después tanto sus esfuerzos organizativos como sus controversias internas.
Moscú: estudiantes que comenzaron a discutir otra vida para México.
Una parte fundamental de la historia transcurrió lejos del país. El estudio de Hernán Eduardo Confino, publicado en el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, reconstruye la llegada de estudiantes mexicanos a la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, en Moscú. Fabricio Gómez Souza viajó en 1963 para estudiar Economía; Salvador Castañeda llegó posteriormente para cursar Agronomía. Entre quienes participaron en aquel ambiente estuvieron también Alejandro López Murillo, Camilo Estrada Luviano, Leonardo Mendoza Sosa y otros jóvenes. Sus discusiones relacionaron la situación mexicana con Cuba, Vietnam y las luchas anticoloniales, y cuestionaron las estrategias de los partidos comunistas.
Por eso las fechas de origen necesitan contexto. Algunas reconstrucciones ubican la concepción del proyecto hacia 1966; otras destacan 1969 como momento de surgimiento organizativo. No necesariamente describen el mismo acontecimiento: una cosa es el inicio de las discusiones y otra la consolidación de reclutamiento, dirección y entrenamiento. La investigación de Oikión distingue precisamente una gestación teórica a mediados de los sesenta, mientras la síntesis de Archivos de la Resistencia sitúa su surgimiento en 1969. Una cronología responsable debe identificar qué proceso está fechando, en lugar de elegir un año y borrar los anteriores.
Qué quería transformar el MAR.
El objetivo del MAR era impulsar una revolución socialista en México mediante una organización político-militar. El informe histórico de la fiscalía especial sobre los movimientos sociales y políticos del pasado recupera sus planteamientos acerca de la articulación entre trabajadores del campo y la ciudad, la dirección colectiva y la coordinación con otras organizaciones. Su proyecto incluía guerrilla urbana y rural, y atribuía a la acción revolucionaria una capacidad para desarrollar conciencia y agrupar apoyos. Era una apuesta que vinculaba la iniciativa de una organización relativamente pequeña con la expectativa de una movilización popular de mayor alcance.
La importancia concedida a las ideas aparece en los materiales conservados por el Estado. Un conjunto catalogado como documentos capturados al MAR contiene un escrito organizado alrededor de introducción, materialismo dialéctico y materialismo histórico. Su registro forma parte del fondo de la Secretaría de la Defensa Nacional y muestra que la preparación no se reducía al manejo de armas: incluía una interpretación de la sociedad y de cómo cambiarla. La presencia de esos textos permite estudiar el lenguaje político del movimiento, aunque conocer sus lecturas no basta para determinar cómo cada militante las comprendió o aplicó.
Por qué Corea del Norte.
La búsqueda de respaldo internacional condujo a los promotores del MAR a diferentes representaciones diplomáticas. Según la reconstrucción de Confino, Cuba rechazó apoyar el proyecto por su relación con México; las gestiones con otros países tampoco produjeron el resultado esperado. Finalmente, Corea del Norte ofreció recursos y condiciones para la instrucción de los mexicanos. El acuerdo debe situarse dentro de las relaciones internacionales de la Guerra Fría, sin confundir el origen mexicano de las inconformidades con el apoyo extranjero recibido para desarrollar una estrategia revolucionaria.
Oikión documenta que 53 integrantes viajaron a Corea del Norte en tres contingentes, principalmente durante 1969 y 1970. La experiencia combinó preparación política y militar y reunió personas que, en varios casos, se conocían por amistad o militancia previa. El dato también permite dimensionar el proyecto: recibir entrenamiento internacional no significaba disponer de un ejército numeroso ni de una base social consolidada dentro de México. El desafío posterior consistía en convertir aquella formación en organización, vínculos y capacidad de intervención en condiciones muy distintas de las existentes en el país asiático.
Las mujeres y sus propias decisiones.
La historia del MAR incluye a Elda Nevárez, Herminia Gómez, Esperanza Rangel, Marisol Orozco y Elia Hernández, cuyas experiencias fueron recuperadas por el documental Mujeres del MAR, de Mario Corona Payán. Sus testimonios permiten observar cómo la militancia atravesó también expectativas sobre el hogar, el amor, la familia y la autonomía. En la cobertura universitaria de su presentación aparecen mujeres que asumían responsabilidades políticas y militares y que discutían qué vida querían construir. Escucharlas amplía la historia de una organización que durante mucho tiempo fue representada principalmente mediante dirigentes, detenciones y operaciones.
El reportaje de El País sobre la película identifica a esas cinco protagonistas y sitúa sus viajes de formación en el escenario internacional de los sesenta y setenta. Incorporar sus biografías permite preguntar por responsabilidades concretas, relaciones internas y consecuencias de la clandestinidad, además de reconocer su presencia. La participación de mujeres en una organización revolucionaria abre un campo de investigación que no puede resolverse suponiendo, de antemano, igualdad completa o subordinación uniforme: requiere examinar sus experiencias y los cambios que ellas mismas reconocieron en sus vidas.
La organización y el problema del financiamiento.
El proyecto clandestino necesitaba recursos para sostener alojamiento, desplazamientos, formación y propaganda. Los expedientes de 1971 atribuyen a integrantes del MAR asaltos bancarios en distintos estados y describen estructura, materiales incautados y relaciones organizativas. Para los militantes, determinadas acciones de obtención de recursos eran presentadas como expropiaciones; las autoridades las clasificaban como delitos. Esa diferencia de lenguaje forma parte del conflicto político, pero no elimina la necesidad de investigar cada hecho por separado: quién participó, qué ocurrió y cuáles fueron sus consecuencias, sin aceptar indiscriminadamente las imputaciones policiales.
La tensión entre preparación y arraigo social es una de las preguntas centrales sobre el MAR. Una investigación publicada en 2026 por la revista Pares, basada en una comparación de testimonios de militantes formados en China y Corea del Norte, señala la expectativa de aplicar en México los conocimientos adquiridos en aquellos países. En el caso del MAR, la persecución frustró una parte importante de esos planes. Esa distancia entre lo proyectado y lo realizado obliga a estudiar sus capacidades concretas, en lugar de medir al movimiento únicamente por la magnitud de sus aspiraciones o por la alarma que produjo su descubrimiento.
Febrero y marzo de 1971: el golpe que alteró el proyecto.
El informe histórico conservado en el National Security Archive sitúa un momento decisivo el 20 de febrero de 1971, cuando fueron detenidos Fabricio Gómez Souza, Ángel Bravo Cisneros y Ramón Cardona Medel en Xalapa, Veracruz. Las capturas fueron seguidas por otras detenciones y por interrogatorios mediante tortura, que proporcionaron información para ampliar la persecución. La secuencia desarticuló parte de la dirección y comprometió las posibilidades de desplegar el proyecto original. No fue simplemente un cambio de nombres en la organización: se perdieron contactos, espacios de formación y capacidad para actuar conforme a los planes previos. nsarchive2.gwu.edu
El 15 de marzo, la Procuraduría General de la República hizo pública la captura de 19 personas. El expediente correspondiente conserva información del boletín de prensa y de la consignación. Sus páginas presentan la interpretación oficial sobre el origen, los vínculos internacionales y las actividades del grupo. La fecha es importante porque permite distinguir las detenciones de febrero del anuncio público de marzo. También recuerda una precaución básica: la presentación ante los medios documenta lo que el gobierno afirmó, mientras la comprobación de cada acusación requiere otras fuentes y una revisión de los procedimientos.
La disputa por lo que contaban los periódicos.
La prensa se convirtió en un escenario fundamental del conflicto. El archivo conserva recortes de numerosos diarios que relacionaban personas detenidas con el MAR y con otros grupos armados, reproducían información policial e incluían retratos hablados. Un conjunto de 1971 reúne publicaciones de Excélsior, El Universal, La Prensa, El Día y otros medios. Su lectura permite investigar qué información circulaba, quién la proporcionaba y cómo se establecían asociaciones entre detenidos, organizaciones y delitos. No basta con encontrar una noticia para darla por corroborada; también importa reconstruir su fuente y su contexto de producción.
La investigación historiográfica reciente ha vuelto sobre ese problema. El libro de Francisco Robles Gil Martínez del Río, ¿Qué iba a ser de ti después de las tormentas de fuego y acero?, publicado por la Universidad Iberoamericana en 2025, propone estudiar al MAR mediante archivos, memorias y representaciones, con una mirada crítica sobre la forma en que se ha narrado su pasado. Esa perspectiva resulta útil para el periodismo: permite examinar tanto la versión gubernamental como las reconstrucciones posteriores, atendiendo sus evidencias, omisiones y propósitos, sin convertir ninguna de ellas en una explicación definitiva por su sola procedencia.
Lecumberri: la lucha dentro de la prisión.
La prisión abrió otra etapa. Un oficio del 29 de septiembre de 1971, conservado en los archivos de la DFS, registra a 23 hombres vinculados con el MAR dentro de la Cárcel Preventiva del Distrito Federal y señala que realizaban una huelga de hambre. Entre los nombres aparecen Fabricio Gómez Souza, Alejandro López Murillo, Salvador Castañeda, Fernando Pineda y otros integrantes. El documento muestra que el encarcelamiento no terminó con toda forma de organización: las demandas, la convivencia y las acciones colectivas continuaron dentro del penal, bajo vigilancia de las autoridades.
La persecución tampoco desaparecía necesariamente con la liberación. Un informe de la DFS fechado el 11 de agosto de 1977 registra la salida de siete integrantes y evalúa su supuesta peligrosidad a partir de ideología, entrenamiento y actividades atribuidas. Ese expediente impide reducir todas las liberaciones a un mismo momento o mecanismo y muestra la persistencia de una mirada de seguridad sobre quienes salían de prisión. Para reconstruir las trayectorias personales hay que identificar fechas y circunstancias particulares; el tránsito de un preso a la vida pública no significaba que el aparato de vigilancia hubiera dejado de seguirlo.
Alianzas y rupturas: por qué el MAR no fue siempre el mismo.
Después del golpe de 1971, distintos militantes buscaron reconstruir vínculos y coordinarse con otras organizaciones. La relación con el Grupo 23 de Septiembre dio lugar al MAR-23 de Septiembre, dentro de un proceso que también estuvo atravesado por diferencias. La síntesis de Archivos de la Resistencia distingue esa experiencia de la posterior Liga Comunista 23 de Septiembre y señala que algunos militantes se incorporaron a ella mientras otros no lo hicieron. Compartir una parte del recorrido no convirtió a todos en integrantes de una sola estructura permanente.
Una fuente especialmente valiosa para entender esas divergencias es el escrito que el MAR dirigió al Grupo 23 de Septiembre el 1 de diciembre de 1972. Su ficha describe la explicación de la ruptura del compromiso de trabajar fusionados y una defensa de principios como dirección colectiva, responsabilidad individual, crítica, autocrítica y relación con las masas. El texto también contiene descalificaciones hacia la contraparte, que deben leerse como parte de una polémica. El documento acredita que había disputas profundas sobre organización y conducción; sus juicios sobre el otro grupo no pueden adoptarse como descripción neutral.
Una historia nacional hecha de experiencias regionales.
El MAR tuvo conexiones con distintos territorios, aunque esas relaciones no implicaban la misma presencia o capacidad en cada lugar. En Chihuahua, testimonios publicados por HISTORIASMX vinculan a Armando Gaytán, Herminia Gómez, Juan Chávez y Elda Nevárez con el reclutamiento y la formación en Corea del Norte. Las entrevistas relacionan su participación con contactos personales y con experiencias políticas regionales. Esa escala permite mirar cómo un proyecto internacional se construía también mediante amistades, familias, compañeros de estudio y decisiones tomadas en localidades mexicanas concretas.
Baja California aporta otra trayectoria. El estudio de Marco Antonio Morales Tejeda sobre las guerrillas de los setenta recupera el caso de Martha Maldonado, vinculada con el MAR y posteriormente con otras experiencias políticas. Su recorrido muestra que las vidas de los antiguos militantes no siguieron una salida uniforme: hubo clandestinidad, exilio, rupturas y participación institucional. Una historia nacional necesita comparar esas trayectorias sin suponer que lo ocurrido en un estado puede extenderse automáticamente a todos. La diversidad regional fue parte de la existencia del movimiento y también de sus transformaciones posteriores.
La represión que alcanzó a las familias.
La violencia estatal no se limitó a quienes participaban directamente en una organización armada. El informe de la CNDH sobre violencia política de Estado registra detenciones y desapariciones de integrantes del MAR y de familiares, entre ellos miembros de la familia Guzmán Cruz en Michoacán. Su cronología diferencia personas vinculadas con la militancia de otras ajenas a la actividad guerrillera. Esa distinción es indispensable para comprender el alcance de la represión: el parentesco podía convertirse en un motivo de persecución y el daño extenderse a hogares completos, incluidos menores de edad.
Las consecuencias de esas desapariciones han llegado hasta el presente. Una convocatoria del Consejo Supremo Indígena de Michoacán, difundida por el Congreso Nacional Indígena en julio de 2026, volvió a exigir justicia por José de Jesús Guzmán Jiménez y sus hijos. La persistencia de esos reclamos muestra que la historia del MAR también forma parte de la memoria de comunidades y familias que continúan buscando respuestas. Para ellas, el paso de las décadas no convierte la desaparición en un episodio concluido ni sustituye la obligación de esclarecer qué ocurrió.
Torreón, 1979: un nuevo ciclo de detenciones.
Los documentos de abril de 1979 muestran que la persecución y las conexiones entre antiguos militantes continuaron después de las primeras capturas. Un informe de la DFS relata la detención de Alejandro Peñaloza García y la operación desplegada alrededor de una reunión en Torreón. El expediente menciona interrogatorios, detenciones y muertes, pero debe leerse como una versión policial de los hechos. Su contenido permite identificar personas y seguir operaciones para contrastarlas con otras evidencias; no autoriza a asumir como voluntarias o verdaderas todas las declaraciones que atribuye a quienes estaban detenidos.
Frente a ese registro está el testimonio de Bertha Alicia López García de Zazueta, fechado el 31 de agosto de 1979. En su denuncia nombró a personas que afirmaba haber visto durante el cautiverio, entre ellas Armando Gaytán, Jesús Humberto Zazueta y Alejandro Peñaloza. Su declaración permite seguir otra dimensión de aquellos meses: la búsqueda de los detenidos y la aportación de indicios sobre su supervivencia. El contraste entre informes operativos y testimonios revela por qué la investigación debe atender tanto lo que las autoridades escribieron sobre sus actuaciones como lo que las personas detenidas pudieron contar después.
Cómo estudiar un archivo producido bajo la represión.
La declaración atribuida a Armando Gaytán del 14 de abril de 1979 ofrece un ejemplo de los límites documentales. La catalogación advierte que carece de firma y que incluye datos censurados. Acredita la existencia de un registro elaborado por la DFS, pero no demuestra por sí sola las condiciones en que fue producido ni la veracidad de todas sus afirmaciones. La misma precaución debe aplicarse a los documentos que describen a otros integrantes del MAR: nombres, fechas e imputaciones requieren contraste con testimonios independientes, expedientes judiciales y materiales de la propia organización.
El archivo permite además investigar la vigilancia de las denuncias. Un reporte de agosto de 1979 registra actividades del comité de familiares y el testimonio público de Bertha Alicia sobre detención, tortura y amenazas. Así, el aparato de seguridad reunía información sobre las personas perseguidas y sobre quienes reclamaban su aparición. Esta doble dimensión ayuda a comprender que los expedientes no son solamente depósitos de datos sobre la guerrilla: también conservan rastros de las prácticas de seguimiento, de las respuestas familiares y de la disputa por hacer visible lo ocurrido.
La memoria después de las armas.
Con el paso del tiempo, integrantes del MAR comenzaron a contar sus experiencias mediante libros, entrevistas, documentales y encuentros públicos. Fernando Pineda Ochoa publicó en 2003 En las profundidades del MAR: el oro no llegó de Moscú, una obra testimonial que forma parte de la bibliografía sobre el movimiento. La aparición de esas voces abrió posibilidades para conocer experiencias que los registros de inteligencia no explicaban, aunque la memoria también necesita contextualización: recordar décadas después implica seleccionar, interpretar y dar sentido a decisiones tomadas bajo otras circunstancias.
Los Diálogos por la Verdad de Chihuahua de junio de 2023 mostraron la diversidad de esas interpretaciones. La cobertura de Raíchali, publicada por Pie de Página, recoge intervenciones que reivindican la decisión de luchar y otras que subrayan los daños sufridos y las deudas de justicia. Armando Gaytán habló también de las expectativas que conservaba para el pueblo trabajador y de la necesidad de organización social. Los protagonistas no llegaban a esos espacios únicamente para recordar: discutían el significado de su experiencia y su relación con las posibilidades políticas del presente.
Qué permanece de aquella apuesta revolucionaria.
El MAR no consiguió la revolución socialista que proyectó. Parte de su estructura fue desarticulada tempranamente y las trayectorias posteriores incluyeron alianzas, rupturas, prisión, desaparición, exilio y distintas formas de participación política. Evaluarlo exige distinguir aspiraciones, acciones y resultados. Su historia permite preguntar por los límites de una estrategia que confiaba en la iniciativa armada, por las dificultades para construir arraigo social y por las consecuencias de una persecución estatal que rebasó a los militantes y alcanzó a sus familias. Ninguna de esas preguntas debe borrar a las personas concretas que estuvieron involucradas.
También queda una tarea de investigación. Los documentos de la organización, los expedientes represivos, las noticias y los testimonios no siempre coinciden, y sus diferencias son parte del problema histórico. Una reconstrucción profunda debe identificar quién produjo cada versión, bajo qué condiciones y con qué evidencias. El estudio historiográfico presentado en la Universidad Autónoma de Querétaro sobre la obra de Robles Gil insiste precisamente en comprender motivaciones, expectativas y experiencias, evitando reducir a los militantes a figuras sin capacidad de decisión. Ese enfoque permite acercarse al MAR con preguntas, antes que con un veredicto previamente escrito.
En los archivos quedan rostros, nombres y proyectos; fuera de ellos permanecen familias que buscan respuestas y personas que recuerdan a compañeros, maestros y amigos. Contar la historia del Movimiento de Acción Revolucionaria exige sostener esas dimensiones juntas. Investigar sus convicciones no obliga a justificar todas sus decisiones; examinar sus acciones tampoco permite minimizar la tortura o la desaparición. La profundidad de esta historia está en reconstruir cómo hombres y mujeres imaginaron un país distinto, qué hicieron para alcanzarlo y qué consecuencias dejó esa elección para ellos y para quienes los rodeaban.