Pese a precipitaciones aisladas, el Monitor de Sequía confirma afectaciones en municipios del sur del estado; rancheros reportan mortandad de ganado y pérdidas económicas.
HISTORIASMX. – En el sur de Chihuahua, la sequía sigue marcando la vida en el campo. Aunque la segunda quincena de julio trajo algunas lluvias puntuales, los datos oficiales confirman que la recuperación hídrica es apenas un respiro momentáneo.

El Monitor de Sequía de México, con corte al 31 de julio de 2025, muestra que el 35.8 % de los municipios chihuahuenses padecen condiciones de sequía moderada a excepcional (D1–D4), y que el sur del estado concentra focos críticos que amenazan directamente la producción ganadera.
Lluvias insuficientes y sequía persistente
De acuerdo con el informe de la CONAGUA, durante la última quincena de julio se redujo ligeramente la superficie estatal con sequía, pero Chihuahua aún presenta 16.1 % de su territorio en sequía moderada (D1), 9.8 % en sequía severa (D2), 9.0 % en sequía extrema (D3) y 4.5 % en sequía excepcional (D4). Municipios del sur como Camargo, Jiménez, Allende, Coronado y López aparecen dentro de estas categorías más graves.
El patrón de precipitación ha sido irregular: las lluvias asociadas a ondas tropicales y canales de baja presión beneficiaron a zonas puntuales del estado, pero no alcanzaron para recargar los agostaderos ni para restituir la humedad necesaria en los suelos de pastoreo. Los periodos secos posteriores han acelerado nuevamente el estrés hídrico en praderas y potreros.
La crisis ganadera: vacas que no sobreviven
La sequía no solo es una cifra técnica: en el campo se traduce en pastos secos, aguajes agotados y ganado debilitado. Entre los municipios de Camargo y Jiménez, ganaderos reportan la muerte de al menos 50 cabezas de ganado en las últimas semanas. Las causas son múltiples: falta de forraje, calor extremo y recorridos más largos para encontrar agua.

A pesar de la magnitud del problema, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) no cuenta con un estimado oficial actualizado sobre la mortandad, lo que deja un vacío de información para dimensionar la crisis y canalizar apoyos de manera oportuna. “La vaca que no aguanta, se muere en el campo y muchas veces ni se levanta el cuerpo. Es pura pérdida”, lamenta un productor de Jiménez.
Impacto económico y social
La pérdida de ganado representa un doble golpe: económico para los productores —que ven disminuir su hato y con ello su capital— y alimentario para la región, donde la ganadería es una de las principales fuentes de carne y leche. Además, la muerte de animales sin un manejo sanitario adecuado plantea riesgos ambientales y de salud pública, especialmente en zonas rurales sin infraestructura para disposición segura de cadáveres.
La falta de lluvias suficientes también ha encarecido la alimentación suplementaria. Pacas de alfalfa, grano y suplementos minerales han incrementado su precio debido a la alta demanda y a la baja disponibilidad en el mercado regional.
Un problema cíclico que se agrava
El sur de Chihuahua es parte del Desierto Chihuahuense, una región naturalmente árida, pero que en los últimos años ha experimentado una frecuencia creciente de sequías extremas. El Monitor de Sequía revela que, aunque en mayo el estado llegó a tener más de 49 % de su territorio en sequía, la reducción actual no significa una recuperación real: las lluvias han sido aisladas, sin continuidad, y el déficit acumulado de humedad persiste.

Expertos advierten que, de no implementarse medidas urgentes como mejor manejo de agostaderos, uso eficiente del agua y planes de contingencia ganadera, la pérdida de cabezas podría duplicarse hacia finales de la temporada seca.
El sur de Chihuahua en resistencia
Los datos oficiales y la voz del campo coinciden: la crisis ganadera en el sur de Chihuahua está lejos de terminar.

Las lluvias de julio fueron un alivio breve, pero la sequía sigue marcando la pauta. Sin un plan integral que combine información precisa, apoyos inmediatos y estrategias a largo plazo, el ciclo de pérdidas seguirá repitiéndose cada año, dejando a las comunidades rurales cada vez más vulnerables.
Por: Gorki Rodríguez.