La Rosa de Plata: tres décadas de fe, esfuerzo y unidad entre Parral y Jiménez

La ofrenda dedicada al Santo Cristo de Burgos cumple 30 años este 6 de agosto. Su historia reúne el trabajo de los Caballeros de Colón, la participación de corredores, familias y creyentes, así como el reconocimiento a mujeres y hombres que han contribuido a la vida de Ciudad Jiménez.

Investigación: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX

HISTORIASMX. – Por tres décadas, la Rosa de Plata ha recorrido caminos, calles y espacios religiosos hasta llegar a los pies del Santo Cristo de Burgos. Lo que comenzó como una iniciativa para fortalecer la unidad de una diócesis recién constituida se convirtió con el paso del tiempo en una de las expresiones de fe y participación comunitaria más representativas de Ciudad Jiménez y de la región sur del estado de Chihuahua.

Este 6 de agosto, en el marco de la celebración dedicada al santo patrono de Jiménez, la tradición cumple 30 años. Durante este periodo, la Rosa de Plata ha sido transportada por corredores, entregada por ciudadanos distinguidos y recibida por autoridades civiles y religiosas. También ha atravesado etapas complejas marcadas por la inseguridad y la pandemia, situaciones que obligaron a modificar su recorrido, pero no consiguieron interrumpir su significado.

De acuerdo con el testimonio de César Arango, la Rosa de Plata es una ofrenda de la Diócesis de Parral al Santo Cristo de Burgos. Su origen está relacionado con los primeros años de aquella jurisdicción eclesiástica, constituida en noviembre de 1994, y con el propósito de establecer vínculos de unidad entre las diferentes comunidades que comenzaban a formar parte de ella.

Una tradición nacida para unir a la diócesis.

La iniciativa fue impulsada durante la década de 1990 por José Andrés Corral Arredondo, primer obispo de la Diócesis de Parral, y por el entonces párroco de Jiménez, Esteban Fernández Aldana. Ambos buscaron crear un símbolo que representara la cercanía entre Parral, sede de la nueva diócesis, y Jiménez, considerada históricamente como la Puerta de Oro del Estado Grande.

Como parte de ese proyecto se ordenó la fabricación de una rosa de plata cuyas características no fueron elegidas al azar. Según la explicación de César Arango, cada uno de sus pétalos representa una colonia de la ciudad, mientras que sus hojas simbolizan las regiones por las cuales atravesaba la ofrenda durante su traslado desde Parral hasta Jiménez.

La pieza fue elaborada por un orfebre de Taxco, Guerrero, localidad reconocida por su trabajo artesanal con metales. Está fabricada en plata ley .925 y tiene un peso aproximado de un kilogramo con 200 gramos. Sin embargo, su importancia no se encuentra únicamente en el valor material de la pieza, sino en la representación colectiva construida alrededor de ella.

La unión de sus pétalos expresa, dentro de la tradición católica, la conformación de una comunidad integrada por diferentes personas y sectores. La rosa representa pureza y cercanía, pero también la posibilidad de que varias partes formen una sola figura. Bajo esa interpretación, la ofrenda se convirtió en un símbolo de la relación entre las comunidades de Parral y Jiménez.

Una carrera de relevos impulsada por la fe.

Durante muchos años, el traslado comenzó la madrugada del 6 de agosto en la Catedral de Parral. Aproximadamente a las cinco de la mañana, la Rosa de Plata era entregada por el deán, responsable principal del servicio litúrgico de la catedral, o por el propio obispo. A partir de ese momento iniciaba una carrera de relevos hasta Ciudad Jiménez.

Los participantes avanzaban por tramos de aproximadamente 700 metros o un kilómetro. En sus primeros años, la mayoría de los corredores pertenecía a los Caballeros de Colón y a sus familias. Posteriormente comenzaron a incorporarse deportistas, aficionados a la carrera pedestre y ciudadanos que deseaban formar parte de la celebración.

La actividad nunca se limitó a una competencia deportiva. Entre quienes recorrían la carretera también había personas que participaban por una manda, por agradecimiento o para pedir ayuda ante alguna necesidad física, espiritual o emocional. Cada corredor recibía la Rosa de Plata, avanzaba con ella durante una parte del trayecto y posteriormente la entregaba al siguiente participante.

El sistema de relevos permitía que el esfuerzo fuera compartido. Ninguna persona realizaba por sí sola todo el recorrido, de la misma manera en que ninguna comunidad puede sostenerse únicamente con el trabajo de uno de sus integrantes. La carrera adquirió así un sentido colectivo: cada tramo era diferente, pero todos conducían hacia un mismo destino, el templo del Santo Cristo de Burgos.

Durante años, la Rosa de Plata recorrió la distancia completa entre Parral y Jiménez. Su llegada era esperada como parte de las actividades religiosas del 6 de agosto, fecha central de las celebraciones patronales. La participación de familias, corredores y creyentes fue consolidando una tradición que logró mantenerse durante tres décadas.

Los cambios provocados por la violencia y la pandemia.

La continuidad del recorrido enfrentó dificultades relacionadas con las condiciones sociales y sanitarias de la región. César Arango señaló que la violencia vinculada con el crimen organizado y, posteriormente, la pandemia de COVID-19 disminuyeron la realización de actividades colectivas como la carrera de relevos.

Ante estas circunstancias, el traslado original desde Parral tuvo que transformarse. En la actualidad, la Rosa de Plata es llevada por diferentes puntos de Ciudad Jiménez, donde se exhibe y se transporta en alto para que la población pueda observarla y acompañar su paso.

Aunque el trayecto se modificó, el acto central conserva su esencia: llevar la ofrenda hasta el templo del Santo Cristo de Burgos. La adaptación permitió mantener la celebración dentro de nuevas condiciones y evitar que desapareciera una práctica construida por varias generaciones.

La transformación también demuestra que las tradiciones no permanecen necesariamente de manera idéntica. Algunas sobreviven porque son capaces de adaptarse sin perder el significado que les dio origen. En el caso de la Rosa de Plata, el recorrido puede ser distinto, pero continúa representando la fe, el esfuerzo compartido y la unidad de la comunidad.

El papel de los Caballeros de Colón.

La custodia de la pieza se encuentra a cargo de los Caballeros de Colón, una organización vinculada con la Iglesia católica. En Ciudad Jiménez, el Consejo 11751 ha desempeñado un papel central en la organización de las actividades, el resguardo de la Rosa de Plata y la conservación de la tradición.

La agrupación cuenta con una estructura interna encabezada por sus autoridades, entre ellas el Gran Caballero, responsable de coordinar las acciones del consejo. Desde el comienzo de la carrera, sus integrantes participaron en los relevos y promovieron la incorporación de familias y habitantes de la ciudad.

Arango situó la presencia de los Caballeros de Colón dentro de un contexto histórico más amplio. Recordó su intervención en favor de la paz durante el periodo de la Guerra Cristera, cuando la aplicación de la llamada Ley Calles provocó la suspensión del culto público y el cierre de templos en distintas partes del país.

Esta referencia tiene un significado particular para Jiménez por la presencia histórica de Pedro de Jesús Maldonado, quien fue párroco en la ciudad y posteriormente fue reconocido como santo por la Iglesia católica. Para César Arango, estos antecedentes explican parte del compromiso que los Caballeros de Colón han mantenido con las actividades religiosas y comunitarias del municipio.

Cada año, la organización impulsa acciones encaminadas a conservar la ceremonia y garantizar que la Rosa de Plata llegue nuevamente a los pies del Santo Cristo de Burgos. Su participación no se reduce a la custodia física de la pieza, sino que incluye la coordinación de quienes intervienen en el recorrido y la entrega.

Un privilegio para ciudadanos distinguidos.

Uno de los momentos más representativos de la celebración ocurre durante el último tramo. Cada año se concede a una persona vinculada con Ciudad Jiménez el privilegio de llevar y entregar la Rosa de Plata. La distinción reconoce trayectorias personales, aportaciones a la comunidad o acontecimientos significativos en la vida de quienes son elegidos.

César Arango recordó que recibió este reconocimiento después de su consagración diaconal por la Diócesis de la Tarahumara. Hace cuatro años, la Rosa le fue entregada en el Santuario de Guadalupe, punto desde el cual recorrió el último tramo hasta la entrada del templo del Santo Cristo de Burgos para presentarla ante el obispo.

A lo largo de los años también han participado ciudadanos de diferentes ámbitos. Arango mencionó al doctor Mendoza, al señor Bañuelos, al cronista de la ciudad Octavio Fernández y a Alejandro Carrejo, además de maestros, médicos y otras personas reconocidas por la comunidad.

Uno de los episodios más significativos ocurrió aproximadamente hace una década, cuando una persona con cuadriplejia se acercó en su silla de ruedas hasta el altar para entregar la Rosa de Plata. Su participación mostró que el privilegio no depende de la capacidad física ni de la pertenencia a un sector determinado, sino del sentido humano y comunitario atribuido a la ceremonia.

La entrega representa un reconocimiento, pero también una responsabilidad simbólica. La persona elegida no lleva la Rosa únicamente en nombre propio: durante ese momento representa a los corredores, a las familias participantes, a los Caballeros de Colón y a la comunidad que acompaña la celebración.

El padre Omar Porras realizará la entrega del aniversario.

Con motivo de los 30 años de la carrera, el privilegio de realizar la entrega fue concedido al padre Omar Porras Rodríguez, originario de Ciudad Jiménez y quien recientemente recibió la consagración sacerdotal.

De acuerdo con el procedimiento previsto para este aniversario, el padre Omar Porras llevará la Rosa de Plata y la entregará al presidente municipal de Jiménez, Francisco “Pancho” Muñoz. Posteriormente, el alcalde la pasará al obispo, quien continuará con ella hasta el altar del Santo Cristo de Burgos.

Una vez concluido el acto, la pieza será colocada dentro de una caja de cristal para su exhibición. Así terminará un nuevo recorrido que enlaza la participación ciudadana con la ceremonia religiosa y la presencia institucional.

La intervención de ciudadanos, sacerdotes, autoridades municipales y representantes de la diócesis expresa el carácter colectivo adquirido por la celebración. Aunque su origen y significado pertenecen a la tradición católica, la Rosa de Plata también se ha incorporado a la memoria pública y cultural de Jiménez.

Una ofrenda con significado universal dentro de la Iglesia.

La entrega de rosas elaboradas con metales preciosos forma parte de una tradición extendida dentro de la Iglesia católica. Según explicó César Arango, obispos, cardenales y pontífices han utilizado estas piezas como ofrendas dedicadas a imágenes religiosas, santuarios y catedrales.

Como referencia, Arango mencionó la entrega de una rosa de oro relacionada con el papa León XIV y la Virgen de la Almudena, en Madrid. Desde esta perspectiva, la Rosa de Plata de Jiménez se integra a una práctica religiosa en la cual la figura de la flor representa pureza, cercanía y unidad.

En el caso local, esta interpretación adquiere un sentido propio. Cada pétalo representa una parte de la ciudad y solamente mediante la unión de todos puede formarse la rosa completa. La pieza se convierte así en una representación material de la comunidad: diferentes colonias, familias, corredores e instituciones reunidas alrededor de un mismo símbolo.

Treinta años de una memoria compartida.

El trigésimo aniversario permite observar la dimensión alcanzada por una iniciativa que nació durante los primeros años de la Diócesis de Parral. Lo que inicialmente buscaba hermanar a Parral con Jiménez terminó por convocar a deportistas, creyentes, familias, médicos, maestros, cronistas, sacerdotes y autoridades.

La Rosa de Plata ha pasado de mano en mano durante 30 años. Ha sido transportada en relevos por carretera, llevada por las calles de la ciudad y colocada frente al altar del Santo Cristo de Burgos. Su recorrido ha cambiado, pero conserva el principio con el que fue concebido: unir a la comunidad mediante una responsabilidad compartida.

Más que una pieza de plata, la rosa concentra historias personales. En ella están representadas las mandas de quienes corrieron para pedir por una necesidad, el agradecimiento de quienes participaron por devoción, el esfuerzo de los organizadores y la memoria de quienes comenzaron la tradición.

Este 6 de agosto, cuando la Rosa de Plata llegue nuevamente al templo y sea colocada frente al Santo Cristo de Burgos, no solamente concluirá un recorrido ceremonial. También se cumplirán tres décadas de una práctica que ha logrado mantenerse frente a los cambios sociales, la inseguridad y la emergencia sanitaria.

Su permanencia confirma que las tradiciones se sostienen cuando una comunidad reconoce en ellas una parte de su historia. Durante 30 años, cada relevo, cada entrega y cada pétalo han contribuido a conservar una misma idea: la Rosa de Plata solamente está completa cuando todas sus partes permanecen unidas.

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