El nogal pecanero tiene precisamente esa característica. Documentos técnicos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos advertían desde hace más de dos décadas que un árbol nuevo puede necesitar alrededor de siete años para comenzar a producir.
HISTORIASMX. – En los valles agrícolas de Jiménez, Camargo, Delicias, Saucillo, Aldama y otras regiones productoras de Chihuahua, la nuez pecanera es mucho más que una mercancía. Detrás de cada kilogramo hay árboles que necesitan años para entrar en producción, pozos, electricidad, fertilizantes, jornales, horas de riego y una apuesta económica que no puede abandonarse de un ciclo agrícola a otro. Cuando falta agua, cuando el invierno no acumula suficiente frío o cuando el mercado internacional cambia de rumbo, el golpe no termina con una mala cosecha: puede permanecer durante varios años dentro del huerto.
El nogal pecanero tiene precisamente esa característica. Documentos técnicos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos advertían desde hace más de dos décadas que un árbol nuevo puede necesitar alrededor de siete años para comenzar a producir y cerca de una década para alcanzar una etapa altamente productiva. Aquellos mismos informes ya señalaban para Chihuahua problemas que hoy parecen extraordinariamente actuales: dependencia del bombeo, sequías, bajos niveles en La Boquilla, insuficiencia de horas frío y costos crecientes de producción.
En septiembre de 2026, mientras Chihuahua comienza a mirar nuevamente hacia la cosecha, el sector llega golpeado por el ciclo anterior. La perspectiva ha mejorado en algunas zonas gracias al retorno de agua de riego y a mejores condiciones de los árboles, pero el mercado de la nuez sigue atrapado entre tres fuerzas: la disponibilidad de agua, el costo de producir y la enorme dependencia de los mercados internacionales.
Chihuahua, el gigante mexicano de la nuez.
México se consolidó durante las últimas décadas entre los mayores productores mundiales de nuez pecanera, y Chihuahua es el corazón de esa industria. Datos de la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera indican que en 2023 el país produjo alrededor de 165 mil toneladas, de las cuales Chihuahua aportó aproximadamente 99 mil toneladas, además de concentrar más de 100 mil hectáreas dedicadas al cultivo.
Para 2024, el Panorama Agroalimentario de Chihuahua reportó 103 mil 272 toneladas de nuez producidas en el estado, con un valor cercano a los 7 mil 865 millones de pesos. Más de la mitad de las cosechas se concentraban en municipios como Jiménez, Camargo, Chihuahua, Aldama, Buenaventura y Saucillo. Chihuahua aportaba alrededor de seis de cada diez toneladas producidas en México.
La expansión no ocurrió de la noche a la mañana. Según cifras históricas de SADER-SIAP, Chihuahua produjo 96 mil 305 toneladas en 2018; 102 mil 538 en 2019; 101 mil 736 en 2020; 79 mil 668 en 2021, y 106 mil 129 toneladas en 2022. La secuencia muestra algo esencial para entender este mercado: la producción del nogal no crece en línea recta. Está sometida a ciclos biológicos, disponibilidad de agua, temperatura, plagas y alternancia productiva.
Estudios científicos sobre la evolución del cultivo en Chihuahua ya habían documentado esa transformación. En 2018 el estado registraba más de 75 mil hectáreas plantadas y cerca de 54 mil cosechadas, con rendimientos superiores al promedio nacional. Los investigadores advertían, sin embargo, que el crecimiento de la superficie debía acompañarse de una planeación territorial e hídrica de largo plazo, diversificación comercial y generación de valor agregado.
Es decir, el éxito de la nuez chihuahuense llevaba incorporada una advertencia: podía crecer la superficie más rápido que la seguridad hídrica que la sostiene.
2025: el año en que las estadísticas cuentan historias diferentes.
Hablar de la cosecha de 2025 exige especial cuidado.
En agosto de aquel año, el Gobierno de Chihuahua difundió una expectativa de 112 mil 900 toneladas, equivalentes a aproximadamente 61 por ciento de la producción mexicana esperada. Era una proyección previa al cierre del ciclo, basada en el potencial productivo de los huertos.
La realidad reportada posteriormente por representantes de los productores fue muy distinta. Alejandro Licón, presidente del Sistema Producto Nuez, declaró en febrero de 2026 que Chihuahua habría cerrado el ciclo con apenas 48 mil a 50 mil toneladas, prácticamente la mitad del volumen del año previo. El dirigente atribuyó la caída principalmente a la sequía y a las limitaciones de agua.
En la región centro-sur del estado, productores habían advertido desde finales de 2025 que la cancelación del ciclo de riego dejaría pérdidas superiores a 25 mil toneladas respecto de un año normal y afectaciones económicas por más de 2 mil millones de pesos. En numerosos huertos sobrevivieron comercialmente aquellos que disponían de pozos profundos, mientras otros tuvieron que privilegiar la supervivencia del árbol sobre la producción de nuez.
Sin embargo, aquí aparece una discrepancia que debe quedar asentada. Reportes difundidos en agosto de 2026 con información atribuida al CIES y SIAP colocaron la producción de Chihuahua correspondiente a 2025 en aproximadamente 105 mil 300 toneladas, una cifra radicalmente diferente de las estimaciones del sector productivo.
No es una diferencia menor. Una cifra describe un año cercano a la normalidad; la otra, una crisis de proporciones históricas.
Hasta que los registros de SIAP por municipio, modalidad hídrica, superficie cosechada y ciclo agrícola sean conciliados con las cifras de cosecha comercial reportadas por el sector, lo periodísticamente correcto es no presentar ninguna de las dos cantidades como una verdad indiscutible. La discrepancia podría obedecer a diferencias en cortes estadísticos, metodologías o estimaciones administrativas, pero establecer la causa requiere una aclaración formal de las instituciones responsables.
Lo que sí está ampliamente documentado es el impacto económico y fisiológico de la escasez de agua. Durante marzo de 2026 representantes de productores estimaban pérdidas cercanas a mil 440 millones de pesos y advertían que determinados huertos podían necesitar más de un ciclo para recuperar su capacidad después del estrés hídrico. Los costos de operación se situaban, dependiendo de las condiciones y tecnificación del huerto, entre aproximadamente 45 mil y 100 mil pesos por hectárea.
2026: una cosecha que intenta recuperarse.
El panorama de 2026 es menos crítico, pero todavía está lejos de ser sencillo.
Durante el XXIX Día del Nogalero, celebrado del 2 al 4 de septiembre de 2026 en Delicias, productores, investigadores, proveedores y comercializadores volvieron a colocar en el centro de la discusión la disponibilidad de agua, la tecnificación y los mercados. El encuentro reunió conferencias técnicas, espacios científicos, maquinaria, proveedores y mesas comerciales, reflejo del peso económico que ha adquirido el cultivo.
Álvaro Mesta Orendain, representante del Consejo Mexicano de la Nuez —COMENUEZ—, situó la expectativa nacional para 2026 alrededor de 113 mil toneladas, de las cuales Chihuahua podría aportar aproximadamente 66 mil toneladas. El cálculo todavía era preliminar a principios de septiembre y el organismo continuaba recabando información de las distintas regiones productoras.
Otros reportes surgidos durante las mismas jornadas colocaron la previsión estatal cerca de 66 mil 550 toneladas. Lo verdaderamente relevante es que las expectativas del sector permanecen considerablemente por debajo de los niveles superiores a 100 mil toneladas registrados en varios años de la última década.
En Camargo, productores reportaban durante agosto una perspectiva más favorable gracias a la disponibilidad de riego procedente de La Boquilla. Los precios mencionados entonces rondaban entre 80 y 90 pesos por kilogramo para nuez fina, mientras las variedades criollas se encontraban aproximadamente entre 40 y 45 pesos. Son referencias regionales, no una cotización única estatal, pero muestran la enorme diferencia que puede producir la calidad del producto.
El precio no está solamente en el peso: está dentro de la cáscara.
Una de las particularidades del mercado de la nuez pecanera es que un kilogramo no necesariamente vale lo mismo que otro kilogramo. El comprador observa tamaño, humedad, color, porcentaje de almendra, daños, rendimiento y calidad.
Los boletines comerciales de COMENUEZ publicados a comienzos de 2026 mostraban operaciones y ofertas en Chihuahua alrededor de 4.25 a 4.50 dólares por punto, dependiendo de región, calidad y condiciones de pago. En Jiménez y Camargo se reportaban operaciones cercanas a 4.25–4.40 dólares; Delicias registraba referencias que alcanzaban 4.50 dólares en determinadas condiciones.
El llamado “precio por punto” refleja el rendimiento de almendra que puede obtenerse de la nuez. Por ello, un productor no solamente necesita producir toneladas: necesita llenar correctamente la nuez. Un árbol estresado por falta de agua puede conservar frutos, pero producir una almendra más pequeña, menos llena o de menor calidad comercial.
Esa relación ayuda a explicar por qué el ingreso de un agricultor puede caer incluso sin perder toda su cosecha.
Los antecedentes muestran además una volatilidad considerable. Datos históricos del SIAP indican que durante 2021 el precio medio rural de la nuez en Chihuahua llegó alrededor de 110 pesos por kilogramo, mientras en 2022 cayó aproximadamente a 60 pesos. A pesar de que en 2022 se produjo mucho más volumen, el valor estatal bajó de alrededor de 8 mil 763 millones de pesos en 2021 a unos 6 mil 368 millones en 2022.
Es una de las paradojas fundamentales del negocio: una gran cosecha puede derrumbar el precio y una cosecha pequeña puede elevarlo, pero no necesariamente compensar las toneladas perdidas.
El pequeño productor juega con menos cartas.
Una investigación académica sobre producción y comercialización realizada en Jiménez, la Comarca Lagunera y Hermosillo identificó desde hace años otro problema estructural: los productores pequeños suelen tener menor capacidad de negociación.
El estudio encontró diferencias en tamaño de huertos, infraestructura, asistencia técnica y condiciones de comercialización. Jiménez destacaba por una presencia importante de empresas comercializadoras y procesadoras, pero los productores de menor escala podían enfrentar desventajas relacionadas con volumen, calidad, información de precios y capacidad para esperar mejores condiciones antes de vender. Los autores recomendaban fortalecer organización, financiamiento, capacitación y transparencia del mercado.
Para una gran empresa agrícola puede ser posible almacenar producto, seleccionar compradores o esperar algunas semanas. Para una familia que necesita cubrir inmediatamente electricidad, trabajadores, fertilizantes o créditos, la cosecha puede convertirse rápidamente en efectivo necesario para sobrevivir.
Ahí es donde el mercado deja de ser una gráfica.
Detrás de un precio de 80 o 90 pesos por kilogramo se encuentra el productor que pasó meses pagando energía para extraer agua; el trabajador que cosechó; la familia que depende de unas cuantas hectáreas; y el árbol que tendrá que volver a producir el año siguiente aun cuando no haya recuperado completamente el vigor perdido.
Estados Unidos sigue siendo el gran mercado.
La industria de la nuez pecanera de México y Estados Unidos funciona, en buena medida, como un mismo sistema norteamericano.
Una investigación sobre competitividad elaborada por especialistas mexicanos encontró que históricamente alrededor de 80 por ciento de las exportaciones mexicanas de pecana han tenido como destino Estados Unidos, y recomendaba diversificar mercados y desarrollar productos con mayor valor agregado para reducir esa dependencia.
El intercambio va mucho más allá de vender una nuez mexicana que termina directamente en la mesa estadounidense. Estados Unidos importa grandes cantidades de nuez mexicana con cáscara para procesamiento, quebrado, selección y posterior comercialización. Un análisis de Texas A&M sobre el comercio pecanero mostró que México representa prácticamente la totalidad de las importaciones estadounidenses de nuez pecana en varias categorías, evidenciando el nivel de integración de ambas industrias.
Esto convierte al mercado estadounidense en una ventaja logística para Chihuahua, pero también en una vulnerabilidad. Una desaceleración de la demanda, modificaciones comerciales, mayores inventarios o cambios en precios al otro lado de la frontera llegan rápidamente a Jiménez, Camargo o Delicias.
China abre otro frente de incertidumbre.
En 2026 apareció además un nuevo elemento comercial.
China inició el 25 de septiembre de 2025 una investigación antidumping sobre importaciones de nuez pecanera procedentes de México y Estados Unidos. El 11 de agosto de 2026 entraron en vigor medidas provisionales para los exportadores mexicanos, con depósitos o cuotas compensatorias de entre 17.8 y 51.6 por ciento, dependiendo de la empresa. La determinación definitiva se esperaba para el 25 de septiembre de 2026, por lo que, al 11 de septiembre, el procedimiento todavía no estaba concluido.
La Secretaría de Economía informó que las exportaciones mexicanas directas de pecana hacia China habían sumado 21.9 millones de dólares en 2024, aunque reconoció que el comercio real podría ser mayor debido a producto mexicano que primero entra a Estados Unidos y posteriormente se reexporta.
Para Chihuahua, algunos representantes del sector han relativizado el impacto directo debido a que buena parte de la nuez estatal se comercializa hacia Estados Unidos y otros mercados. Pero la investigación china importa incluso para quien nunca vende directamente a Asia: cualquier dificultad para colocar nuez mexicana o estadounidense en China puede incrementar oferta disponible en Norteamérica y ejercer presión sobre precios.
En un mercado integrado, una barrera comercial situada a miles de kilómetros puede terminar afectando la negociación de un productor en el centro-sur de Chihuahua.
El agua: la variable que decide todo.
Ninguna discusión sobre el futuro del nogal en Chihuahua puede separarse del agua.
Investigaciones de la UACH, INIFAP y otras instituciones han advertido durante años que la expansión del cultivo debe observarse junto con la disponibilidad real del recurso. El crecimiento de la superficie nogalera genera riqueza y empleo, pero también compromisos hídricos que duran décadas debido a la longevidad de los árboles.
La relación, sin embargo, requiere más precisión que simplemente clasificar al nogal como un cultivo “bueno” o “malo” por consumo de agua. Un estudio científico de 2024 sobre el Distrito de Riego 005 Delicias comparó eficiencia de uso de agua entre cultivos como alfalfa, chile, cacahuate y nogal. Para el pecanero encontró indicadores elevados de eficiencia respecto a evapotranspiración, aunque valores superiores al 100 por ciento sugerían también que determinados huertos estaban recibiendo menos agua de la requerida, es decir, trabajando bajo déficit hídrico.
Esa distinción es importante. Un árbol puede seguir vivo bajo riego insuficiente, pero sobrevivir no significa producir comercialmente de manera óptima.
En el sur de Chihuahua, un estudio sobre agua utilizada para irrigar huertos de nogal de la región Jiménez-Camargo encontró que la mayoría de las muestras analizadas podían emplearse agrícolamente, pero documentó problemas de salinidad y concentraciones elevadas de algunos elementos en determinados pozos. Los investigadores recomendaron seguimiento periódico de parámetros como conductividad eléctrica, arsénico, boro, plomo y níquel.
Así, el reto no consiste únicamente en saber cuánta agua existe, sino también qué calidad tiene, cuánto cuesta extraerla y durante cuánto tiempo puede sostenerse esa extracción.
Producir nuez en el desierto cuesta cada vez más.
El nogal chihuahuense es resultado de una agricultura altamente tecnificada desarrollada en un territorio naturalmente seco. Eso significa depender de infraestructura.
Desde los años noventa, reportes técnicos del USDA señalaban entre los principales costos de producción mexicana la electricidad, fertilizantes, mano de obra, agroquímicos y financiamiento. También advertían la enorme dependencia del riego y de los pozos.
Casi treinta años después, la ecuación se mantiene.
La electricidad necesaria para bombear agua, el mantenimiento de pozos, fertilización, control de plagas, maquinaria, jornales, combustible, poda, cosecha y procesamiento determinan el punto en que vender nuez deja utilidad o genera pérdidas.
Para 2026, productores y organizaciones también han advertido sobre mayor presión de insectos y problemas asociados con las condiciones climáticas, incluyendo horas frío insuficientes en determinadas zonas. COMENUEZ señaló durante septiembre que estos factores habían obligado a incrementar acciones de manejo y control.
El verdadero futuro puede estar después de romper la cáscara.
Durante décadas Chihuahua ha demostrado que sabe producir nuez. El siguiente desafío consiste en determinar cuánto valor de esa nuez permanece realmente en Chihuahua.
Las investigaciones sobre competitividad del sector han insistido en una estrategia: dejar de depender exclusivamente de la exportación de producto primario y avanzar hacia mayor transformación. Selección, quebrado, empaque, almacenamiento refrigerado, aceites, repostería, alimentos procesados, productos nutracéuticos y comercialización directa pueden multiplicar el valor de la almendra sin tener que incrementar indefinidamente la superficie plantada.
Es particularmente relevante en una región donde el agua es limitada. El crecimiento económico del sector no necesariamente debe significar sembrar más hectáreas. También puede significar obtener más ingreso de cada kilogramo y más empleo de cada metro cúbico utilizado.
La misma lógica puede fortalecer a municipios como Jiménez. El municipio no solo forma parte de una de las principales zonas productoras: históricamente ha desarrollado actividades de comercialización y procesamiento. Convertir esa experiencia en agroindustria con mayor valor agregado podría reducir la exposición de los productores al precio inmediato de la nuez con cáscara.
La nuez de 2026: entre la recuperación y la advertencia.
La cosecha de 2026 todavía no puede considerarse cerrada. Las aproximadamente 66 mil toneladas previstas para Chihuahua son una estimación sectorial, no el resultado definitivo del ciclo. Todavía faltan cosecha, clasificación, rendimientos reales de almendra, comportamiento del mercado y evolución de los precios.
Pero los últimos años ya dejan una enseñanza.
Chihuahua construyó en pocas décadas una de las industrias pecaneras más importantes del mundo. Generó miles de millones de pesos, especializó regiones completas y convirtió una nuez producida en el desierto en mercancía internacional.
También hizo más visible su fragilidad.
La sequía puede disminuir la producción. La falta de agua puede afectar al árbol durante más de un ciclo. Un exceso de oferta puede desplomar los precios. Una decisión comercial tomada en China puede alterar el mercado en América del Norte. El precio del dólar modifica las negociaciones y el costo de la electricidad puede decidir si resulta viable seguir extrayendo agua.
Para una familia nogalera de Chihuahua esas variables globales terminan reducidas a algo mucho más sencillo: que lo obtenido por la cosecha alcance para pagar el año que acaba de pasar y financiar el que comienza.
Dentro de cada cáscara viajan años de inversión, agua bombeada desde el subsuelo, horas de trabajo y la esperanza de que el siguiente invierno sea suficientemente frío, que las presas tengan agua y que el mercado pague lo necesario.
Por eso la discusión sobre la nuez no debería reducirse a celebrar que Chihuahua ocupa el primer lugar nacional.
El verdadero indicador de éxito será saber si puede conservar ese liderazgo sin comprometer el agua de las próximas generaciones, permitiendo que los pequeños productores permanezcan en el mercado y logrando que una mayor parte de la riqueza generada por la nuez se quede en las comunidades donde se cultiva.
Ese será el desafío que sobreviva incluso después de terminar la cosecha de 2026.