La presencia de estos materiales contribuye a sustentar la hipótesis arqueológica de que algunos de estos pueblos habrían migrado hacia el norte, cruzando parte del municipio de Jiménez en su tránsito estacional.
HISTORIASMX. – En la región suroeste del municipio de Jiménez, Chihuahua, dentro de un paisaje semidesértico que durante siglos ha permanecido casi intacto, sobreviven en silencio los restos de una de las ocupaciones humanas más arcaicas del norte de México. Bajo la protección natural de sierras bajas y formaciones volcánicas, se localizan evidencias materiales que permiten reconstruir fragmentos de la vida cotidiana, tecnológica y ritual de grupos nómadas cazadores recolectores que transitaron este territorio durante miles de años.

Este conjunto de vestigios—integrado por fragmentos de cuentas ornamentales, núcleos de talla, preformas para flechas y restos de ocre rojo—corresponde con notable precisión a las prácticas culturales de grupos con fuerte presencia histórica en el estado vecino de Coahuila, particularmente los irritilas, una de las comunidades nómadas más documentadas del Bolsón de Mapimí.
La presencia de estos materiales contribuye a sustentar la hipótesis arqueológica de que algunos de estos pueblos habrían migrado hacia el norte, cruzando parte del municipio de Jiménez en su tránsito estacional.
Cuentas Decorativas y Adornos Corporales: Evidencia de Identidad y Rito
Entre los vestigios recuperados, una de las piezas más representativas es un artefacto lítico circular de color blanco, identificado como malacate. Aunque en otras regiones de Mesoamérica este término se asocia a objetos textiles, entre los grupos nómadas del norte funcionaba principalmente como adorno corporal, frecuentemente portado en colgantes para la cabeza o el cuello.
Justificación técnica.
Los hallazgos antropológicos en Coahuila, Durango y el sur de Chihuahua indican que el uso de ornamentación en poblaciones nómadas cumplía tres funciones principales:

- Identidad grupal: las cuentas y discos líticos permitían distinguir a una banda, clan o familia nómada.
- Rito y cosmología: podían emplearse en ceremonias o como resguardo espiritual.
- Intercambio social: algunos adornos formaban parte de redes de trueque intergrupal.
El diseño circular y la perforación del malacate reflejan una manufactura controlada mediante abrasión y percusión fina, técnica común en el norte árido. La elaboración de estas cuentas requiere tiempo, precisión y un conocimiento específico de la dureza del material, lo que evidencia que los artesanos nómadas poseían habilidades complejas pese a su movilidad constante.
Este tipo de ornamento, asociado recurrentemente a grupos de amplia presencia en Coahuila, refuerza la hipótesis de la movilidad hacia el territorio de Jiménez.
El Ocre Rojo: Tecnología del Color y Símbolo Ritual en el Desierto.
A un costado del malacate se localiza un fragmento de almagré, una piedra de tonalidad rojiza derivada de óxido de hierro, utilizada por los pueblos nómadas para la elaboración de pigmentos. Este mineral era de alto valor simbólico y utilitario, y jugó un papel central en las prácticas culturales del desierto.
Justificación técnica del uso del ocre (almagré).
Investigaciones en contextos arqueológicos del Bolsón de Mapimí y del norte de Coahuila señalan que el ocre rojo cumplía varias funciones:
- Pintura corporal, aplicada con fines rituales o marcadores de identidad.
- Pigmento para pinturas rupestres, extendido sobre roca mediante agua, grasa animal o resina vegetal.
- Teñido de fibras vegetales, utilizadas en redes o prendas de uso ceremonial.
- Teñido y preservación de cueros, práctica común entre grupos cazadores recolectores.
La presencia de almagré en la región suroeste de Jiménez resulta particularmente relevante porque no existen yacimientos registrados en la zona, lo que sugiere que fue transportado desde lugares externos, probablemente desde Coahuila.
Este hecho confirma movilidad, intercambio y continuidad cultural entre las tribus del Bolsón de Mapimí y las rutas que cruzan Jiménez hacia el norte.
Industria Lítica: Evidencia de Cacería y Vida Nómada.
Rodeando el almagré y el malacate se encuentran materiales de talla lítica esenciales para la vida diaria de grupos cazadores recolectores:

- Un núcleo, utilizado para golpear y desprender lascas mediante percusión controlada.
- Dos preformas, piezas intermedias en proceso de convertirse en puntas de proyectil.
La ausencia de morteros o superficies de molienda confirma que el sitio no corresponde a un asentamiento agrícola, sino a un punto de actividad temporal relacionado principalmente con:
- la cacería,
- el tránsito migratorio,
- la observación del terreno, y
- posiblemente actividades rituales.
El material lítico coincide con el hallado en zonas ocupadas por los irritilas, cuyas rutas de movilidad abarcaron Coahuila, Durango y parte de Chihuahua.
Contexto Arqueológico del Sitio.
Los objetos descritos provienen del área donde se encuentran más de veinte petrograbados arcaicos, atribuidos por su estilo, técnica y ubicación a grupos nómadas del desierto.
La relación directa entre:
- las herramientas líticas,
- los pigmentos,
- las cuentas decorativas y
- las representaciones en piedra,
permite comprender que el sitio era un punto estratégico: un refugio, un observatorio natural y un espacio de actividad simbólica para estos pueblos arcaicos.
La profundización sobre los petrograbados se desarrollará en la segunda entrega de este reportaje.
El Observatorio del Desierto: Cosmología, Fauna y Vida Ritual en los Petrograbados Arcaicos de Jiménez.
En las mismas tierras donde se localizaron restos de cuentas, pigmentos y herramientas líticas, emerge un conjunto excepcional de petrograbados arcaicos tallados sobre roca volcánica. Estas manifestaciones, cuya antigüedad es difícil de precisar pero que se vinculan a periodos muy arcaicos previos a cualquier desarrollo agrícola regional, constituyen uno de los hallazgos rupestres más significativos del sur de Chihuahua.

Los más de veinte grabados se distribuyen en tres montículos principales que conforman un mosaico cultural relacionado con la caza, la observación astronómica y la vida en el desierto.
Un Valle Protegido: Geografía que Sostuvo la Vida.
El sitio se encuentra a 1,546 metros sobre el nivel del mar, dentro de un valle rodeado completamente por sierras bajas que actúan como un anillo natural. Esta configuración geográfica crea un microambiente que conserva humedad y atrae fauna, particularmente venados y tortugas del bolsón.

La presencia histórica de estas especies, representadas en varios petrograbados, indica que el valle funcionó como:
- zona de cacería,
- punto de observación del entorno,
- posible refugio temporal, y
- lugar de significado ritual para los grupos nómadas.
La semejanza estilística entre los grabados de este sitio y los de Parras de la Fuente, Coahuila, refuerza la hipótesis de que pertenecen a las mismas tradiciones culturales.
Montículo I – La Trinchera: Cacería y Simbología Animal.
En el primer montículo se localizan restos de pequeñas trincheras de piedra, posiblemente utilizadas como refugios o parapetos durante cacerías. A su alrededor se han identificado herramientas líticas como raspadores, navajas y puntas fracturadas.

Representaciones rupestres destacadas
- Venados, tallados con astas bien definidas.
- Figuras humanas estilizadas, en claras escenas de caza.
- Círculos concéntricos, posiblemente relacionados con marcas solares o tiempos de desplazamiento.
- Tortugas del bolsón, símbolo recurrente de longevidad y de estrecho vínculo con el desierto del Mapimí.
El desgaste de las figuras por viento y arena indica siglos de exposición natural.
Montículo II – El Observatorio: Registro Solar y Cosmología Arcaica.
Considerado el punto más simbólico del sitio, el segundo montículo coincide con la trayectoria del sol entre las sierras al atardecer. Aquí se ubica un petrograbado monumental de más de un metro de altura, compuesto por:
- espirales solares,
- curvas que replican el relieve montañoso,
- líneas en zigzag que parecen marcar un cañón visual,
- círculos radiantes en distintas posiciones.
El diseño sugiere que los nómadas utilizaron el paisaje como marco de observación astronómica, interpretando la posición solar y los ciclos de luz como parte de su movilidad estacional.

La composición apunta a una comprensión simbólica del firmamento, basada en observación directa y conocimiento empírico del entorno.
Montículo III – La Bóveda Celeste: Geometría del Firmamento.
El tercer montículo contiene más de 25 círculos concéntricos grabados en una sola superficie. Entre ellos resaltan ocho círculos agrupados en pares, divididos por una línea longitudinal.
Esta distribución ha sido interpretada como:
- registro de cuerpos celestes,
- secuencias del movimiento solar,
- o representación conceptual del cielo nocturno.
La región, con niveles extremadamente bajos de contaminación lumínica, permite observar el firmamento con gran claridad, condición ideal para grupos dedicados a interpretar el cielo como guía temporal y espiritual.
Petrograbado de La Ocultación: El Sol Detrás de las Sierras.
Otro grabado notable representa la cadena montañosa del horizonte y el sol ocultándose detrás de ella, identificado por círculos concéntricos.

Este diseño coincide visualmente con el atardecer real del sitio, lo que indica una intención clara de registrar el comportamiento del astro.
La repetición de este motivo sugiere que los ciclos del sol tenían valor:
- ritual,
- simbólico,
- ecológico,
- y práctico para la orientación territorial.
Continuidad Cultural del Norte de México.
Las espirales presentes en el sitio son idénticas a las encontradas en diversas localidades de Coahuila, Durango y Nuevo León. Esta continuidad estilística evidencia que los pueblos nómadas del desierto compartían símbolos, técnicas y conocimientos, lo que demuestra una red cultural más amplia de lo que se creía.
Protección y Conservación del Sitio.
Por motivos de conservación y debido al riesgo de saqueo, no se revelará la ubicación exacta de estos petrograbados. Las autoridades locales han expresado su compromiso con la protección del patrimonio.
El alcalde de Jiménez, Francisco Muñoz, afirmó:

“Estos grabados son parte de nuestra memoria más antigua; debemos garantizar que sigan intactos y protegidos.”
El comandante de Protección Civil, Guillermo Chacón, añadió:
“Es increíble que tengamos esto en nuestro municipio… debemos conservarlo.”
Un Conjunto Rupestre de Valor Excepcional.
El sitio arqueológico del suroeste de Jiménez representa un testimonio excepcional de:
- la movilidad de los pueblos nómadas del desierto,
- su tecnología lítica,
- su manejo del color y el simbolismo,
- su visión del cosmos, y
- su relación profunda con la fauna y el paisaje.
La preservación de este conjunto rupestre es esencial para comprender la historia humana del norte de México y revelar la complejidad cultural de quienes caminaron el desierto mucho antes de la historia documentada.