Estos grabados no solo representan eventos celestes y astrofísicos observados desde el valle, sino que integran escenas de cacería, figuras humanas y animales, además de símbolos geométricos que podrían aludir al movimiento del sol, la bóveda celeste y la relación espiritual de estos pueblos con su entorno.
HISTORIASMX. – En un valle remoto del municipio de Jiménez, Chihuahua, dentro de terrenos de propiedad privada cuya ubicación se resguarda por motivos de conservación, fue identificado un conjunto de más de veinte petrograbados de origen arcaico asociados al registro del cielo, la fauna y el entorno natural del desierto. Las tallas fueron realizadas sobre roca ígnea mediante técnicas de percusión y desgaste, atribuidas a grupos nómadas cazadores y recolectores que transitaron el norte de México en tiempos anteriores al desarrollo agrícola regional, probablemente vinculados a pueblos que habitaron el Bolsón de Mapimí.
Estos grabados no solo representan eventos celestes y astrofísicos observados desde el valle, sino que integran escenas de cacería, figuras humanas y animales, además de símbolos geométricos que podrían aludir al movimiento del sol, la bóveda celeste y la relación espiritual de estos pueblos con su entorno.
La ubicación exacta no será revelada como una medida preventiva de resguardo arqueológico, debido a que el sitio se encuentra en un espacio vulnerable a saqueo, vandalismo y deterioro humano.
Un valle protegido por sierras: geografía del sitio.
El sitio se emplaza a una altitud aproximada de 1,546 metros sobre el nivel del mar, en un valle contenido por sierras de baja altura que lo rodean en un arco de 360 grados. Esta condición geográfica genera un microambiente que protege el área de los vientos del altiplano, conservando humedad y creando condiciones más favorables para asentamientos temporales.
Las formaciones rocosas emergen en círculos naturales, compuestas por roca volcánica endurecida, ideal como soporte para grabado y como parapeto natural. La geomorfología del sitio sugiere la probable existencia histórica de un manantial cercano, ya que la acumulación de humedad y la concentración de especies de fauna lo convierten en un punto estratégico para grupos nómadas dedicados a la caza.
Este territorio se encuentra a escasos kilómetros de la frontera con Durango y próximo al ecosistema del Bolsón de Mapimí, una región clave históricamente habitada por grupos seminómadas.
Montículo I: La Trinchera — refugio, cacería y simbología animal.
En el primer montículo, denominado La Trinchera, se encuentran restos de muros de piedra utilizados como refugios contra el clima, así como fragmentos de herramientas de talla lítica como raspadores, puntas y restos de percusión, empleados para caza y defensa.
Fotografía: HISTORIASMX / Gorki Rodríguez
Sobre las rocas principales se observan petrograbados zoomorfos que representan venados, acompañados de figuras humanas estilizadas que conforman una posible escena de cacería. La presencia del venado no solo evidencia parte esencial de la dieta de estos pueblos nómadas, sino que introduce posibles vínculos rituales, al ser una especie asociada históricamente a lo sagrado, la fertilidad y los ciclos naturales en diversas culturas del norte de México.
La talla mayor mide aproximadamente 20 centímetros de alto por 35 de ancho, mostrando las astas del ciervo con un desgaste natural producto de siglos de exposición al viento y la arena del desierto.
A un costado de las representaciones de cacería aparecen círculos concéntricos, cuya disposición geométrica puede interpretarse como símbolos solares o marcadores temporales relacionados con los ciclos del día. En otras piedras se observan tallas que asemejan arbustos o plantas endémicas de la región, posiblemente con uso medicinal o utilitario para los grupos nómadas.
En la parte posterior de una de las piedras se observa la representación de una tortuga, lo cual es significativo debido a la cercanía territorial con el hábitat natural de la tortuga del bolsón, propia de la región del Mapimí, la cual pudo haber tenido valor simbólico o alimenticio.
Industria lítica: evidencia de una sociedad cazadora.
El sitio contiene restos dispersos de industria lítica, entre ellos:
puntas de flecha, utilizadas en caza mayor;
lascas y raspadores, empleados para desollar animales;
cuchillos de piedra, adecuados para desprender carne del hueso;
navajas primarias para corte y defensa.
No se identifican morteros ni superficies de molienda, por lo que el sitio no corresponde a una civilización agrícola ni de asentamiento permanente, sino a grupos de carácter nómada que recorrían el desierto siguiendo animales, rutas de agua y ciclos de estación.
Declaración oficial: conservación y protección del patrimonio.
Tras conocer el sitio, el alcalde municipal de Jiménez, Francisco Muñoz, destacó la importancia de preservar este patrimonio cultural:
“Estos grabados son parte de nuestra memoria más antigua; debemos garantizar que sigan intactos y protegidos. Es un patrimonio del municipio, pero sobre todo de la historia humana. Nuestro compromiso será impulsar medidas de conservación y evitar su deterioro.”
El comandante de Protección Civil y Bomberos, Guillermo Chacón, reforzó la postura institucional al señalar:
“Es increíble que tengamos esto en nuestro municipio, por lo que estos sitios al igual como los que hay en todo el municipio debemos de conservarlos y cuidarlos.”
Protección del sitio.
Por su relevancia histórica y vulnerabilidad, no se dará información precisa sobre su acceso. La prioridad es generar conciencia pública sobre la preservación del patrimonio arqueológico regional, evitando que estos testimonios se pierdan por saqueo o exploración irresponsable.
El Observatorio del Desierto: Cosmología, Ciclos Solares y Registro Celeste en los Petrograbados Arcaicos de Jiménez.
Entre formaciones circulares de roca ígnea levantadas de manera natural en medio del desierto de Jiménez, se localiza un conjunto de petrograbados arcaicos cuya orientación y contenido sugieren una conexión directa con la observación astronómica. Estas tallas, realizadas por pueblos nómadas cazadores y recolectores de la región, no solo registraron animales y escenas cotidianas, sino que plasmaron la relación entre la comunidad humana y el movimiento del sol, la bóveda celeste y los ciclos del paisaje natural.
El conjunto rupestre presenta simetrías, patrones circulares y figuras asociadas al desplazamiento de los astros, lo cual refuerza la idea de que estos grupos utilizaban el paisaje como referencia para interpretar fenómenos celestes que influían en la movilidad estacional, la caza y las actividades rituales.
Montículo II: El Observatorio — Mural astronómico del desierto.
El segundo montículo, conocido como El Observatorio, es una pieza fundamental dentro del sitio arqueológico. Ubicado detrás de una cordillera que presenta una depresión central, el lugar coincide con el punto donde el sol se oculta en el horizonte, generando un efecto lumínico entre cerros al atardecer.
El petrograbado principal, elaborado mediante percusión directa con piedra, alcanza aproximadamente un metro de alto por un metro y medio de ancho. En él convergen espirales, curvas y líneas que parecen relacionarse con:
el tránsito del sol hacia el ocaso,
la topografía circundante, y
posibles interpretaciones rituales del cielo.
Una espiral destaca como representación del sol, posicionada debajo de trazos que delinean la silueta de montañas. Sobre ellas se encuentra un segundo círculo radiante, lo que sugiere el mismo astro en dos posiciones distintas: visible y oculto detrás del relieve. A un costado, líneas en zigzag representan lo que podría interpretarse como un cañón visual alineado al atardecer, seguido de otra espiral asociada a nubes o irradiación solar.
Esta composición muestra un entendimiento visual de la astronomía desde la experiencia directa, sin instrumentos, utilizando la geografía como extensión de la observación humana.
La Bóveda Celeste: registro geométrico del firmamento.
El tercer montículo, considerado el más importante del sitio por su carga simbólica, presenta más de 25 círculos concéntricos grabados en una sola superficie. Entre ellos destaca una alineación de ocho círculos agrupados en pares y divididos por una línea central, lo que sugiere un patrón de registro repetitivo y deliberado.
La composición podría corresponder a:
observación de cuerpos celestes,
ciclos temporales asociados al movimiento solar,
o representación conceptual del firmamento nocturno.
Este símbolo cobra relevancia considerando que la región, parte del Bolsón de Mapimí, se caracteriza por tener una de las menores concentraciones de contaminación lumínica en el norte del país, lo cual permite la observación del cielo a simple vista con una claridad excepcional.
A pocos metros de este grabado se encuentran otras piedras alineadas con inscripciones similares, lo que sugiere que estas representaciones no eran aisladas, sino parte de un conjunto observacional más amplio.
Petrograbado de La Ocultación: el sol detrás de las sierras.
Otro petrograbado de importancia, cuya ubicación no se detalla para protegerlo, representa una cadena de cerros detrás de la cual se oculta el sol, identificado mediante círculos concéntricos. La escena contrasta visualmente con el atardecer real del sitio, lo que refuerza la interpretación astronómica del conjunto.
Esta repetición del sol detrás de montañas indica que la observación del ocaso pudo haber tenido valor ritual, simbólico o como referencia para decisiones prácticas como rutas de caza o desplazamiento estacional.
Continuidad simbólica del norte del país.
Las espirales registradas en el sitio coinciden estilísticamente con grabados hallados en diversas regiones del norte de México, documentados en áreas de Coahuila, Durango, Nuevo León y Chihuahua. Esta continuidad visual sugiere que la espiral pudo haber sido un símbolo compartido entre distintos grupos nómadas, posiblemente relacionado con energía solar, movimiento o ciclos naturales.
Responsabilidad histórica: preservar sin intervenir.
Debido al riesgo de saqueo, destrucción o alteración humana, no se revelarán detalles específicos sobre la ubicación, caminos de acceso o georreferencias del sitio. La finalidad es documentar su existencia y relevancia histórica sin comprometer su integridad física.
La administración municipal ha reiterado que los estudios arqueológicos deberán realizarse bajo protocolos científicos y legales, evitando visitas no autorizadas y cualquier acto que altere el patrimonio natural del lugar.
El conjunto rupestre del desierto de Jiménez constituye uno de los hallazgos más significativos en la región, no solo por su antigüedad, sino por la profundidad simbólica con que refleja la vida, la caza, la espiritualidad y el entendimiento del cosmos de los grupos humanos arcaicos que transitaron el norte de México. Su preservación es prioritaria para comprender mejor la ocupación nómada del altiplano y la cosmovisión asociada al paisaje desértico.