Parral bajo el polvo de su historia: el legado invisible de los jales mineros

Agua, suelo y aire frente a siglos de extracción de plata, plomo, cobre y zinc

Investigación especial | HISTORIASMX – Gorki Belisario Rodríguez Ávila
Periodismo del Norte, Periodismo con Carácter

HISTORIASMX. – En Hidalgo del Parral, la minería no es únicamente un capítulo del pasado. Está en el origen de la ciudad, en sus túneles, en sus cerros, en la memoria de generaciones de trabajadores y también en enormes extensiones de residuos finamente triturados que permanecen expuestas al viento, la lluvia y el crecimiento urbano.

Son los jales: remanentes del procesamiento de minerales que pueden contener sulfuros, arsénico, plomo, cadmio, cobre, zinc y otros elementos. No todos se comportan de la misma manera ni representan idéntico peligro, pero los estudios disponibles coinciden en un punto: los antiguos depósitos de Parral requieren vigilancia, control físico, caracterización actualizada y remediación permanente.

La evidencia científica encontrada confirma contaminación y degradación en los propios depósitos de jales, concentraciones importantes de metales en diferentes zonas del material y mecanismos capaces de dispersarlo hacia suelo, arroyos y polvo atmosférico. También se documentaron anomalías de hierro en fuentes de abastecimiento de agua.

Sin embargo, la información pública disponible no permite afirmar científicamente que todo el acuífero de Parral, toda la red de agua potable o el aire de la ciudad estén contaminados por los jales. Para sostener una declaración semejante serían indispensables redes modernas de monitoreo, pozos testigo, estaciones atmosféricas, análisis de polvo domiciliario y estudios epidemiológicos que actualmente no aparecen de manera completa y accesible.

La ausencia de esa información no significa ausencia de riesgo. Significa que la población vive en medio de una incertidumbre ambiental que las autoridades deben resolver con datos públicos.

Una ciudad construida alrededor de una mina.

La historia de Parral quedó marcada desde el siglo XVII por la explotación de plata y minerales asociados. La mina La Prieta trabajó y acumuló residuos durante siglos. Un estudio publicado en 2020 en la Revista Internacional de Contaminación Ambiental señala que la presa de jales asociada a esta mina tiene una antigüedad estimada superior a 300 años.

A diferencia de una instalación moderna, buena parte de estos residuos se depositó antes de que México contara con normas específicas para caracterizar, construir, operar y cerrar presas de jales.

Investigadores que trabajaron directamente en La Prieta reportaron aproximadamente 84 hectáreas de jales abandonados y sin tratamiento en el centro de la ciudad. La dimensión resulta especialmente delicada porque no se trata de un depósito aislado en el desierto: está integrado al espacio urbano y expuesto a personas, viviendas, caminos, corrientes intermitentes y actividades recreativas o económicas.

El estudio describe un terreno degradado, con dificultades para regenerarse por sí mismo y susceptible a la erosión hídrica y eólica. Esta última puede levantar la fracción fina del jal y transportarla como polvo.

La minería histórica creó riqueza, empleos e identidad. También dejó un pasivo que continúa reaccionando con el ambiente mucho después de que terminó la explotación original.

¿Qué contienen los jales?

Un jal no es tierra común. Es roca triturada después de extraer de ella la fracción económicamente aprovechable. Puede conservar minerales residuales, reactivos del proceso y partículas extremadamente finas.

En La Prieta, diferentes investigaciones han buscado identificar:

  • Arsénico.
  • Plomo.
  • Cadmio.
  • Cobre.
  • Cromo.
  • Zinc.
  • Mercurio.
  • Antimonio.
  • Bario.
  • Sulfuros y sulfatos.
  • Minerales capaces de producir o neutralizar acidez.

Su presencia total no determina, por sí sola, el nivel de riesgo. Hay que establecer en qué forma química se encuentran, qué cantidad puede movilizarse, si son solubles, si pueden adherirse al polvo respirable y qué tan accesibles resultan para el organismo humano.

Esta diferencia es fundamental: un metal atrapado en una estructura mineral estable no se comporta igual que otro soluble, respirable o disponible para ingresar al cuerpo.

Un trabajo desarrollado por investigadores del Instituto Tecnológico de Parral y del CIMAV advirtió que los jales estudiados presentaban contenidos importantes de metales y que algunos contaminantes podían ser bioaccesibles. Posteriormente, investigaciones de la UNAM analizaron el suelo, la movilidad de los elementos y el potencial de drenaje ácido.

La amenaza química: el drenaje ácido de mina.

Uno de los procesos más preocupantes en los residuos mineros es el drenaje ácido. Ocurre cuando minerales sulfurados —como la pirita— entran en contacto con oxígeno y agua. La reacción produce acidez y puede facilitar que ciertos metales pasen del residuo al agua.

El proceso puede continuar durante décadas o siglos.

En el estudio de La Prieta se analizaron seis muestras conservadas de campañas anteriores. Los jales mostraron inicialmente un pH ligeramente alcalino, entre 7.8 y 8.4, debido en parte a la presencia de carbonatos capaces de neutralizar la acidez.

No obstante, al aplicar las pruebas previstas en la NOM-141-SEMARNAT-2003, los investigadores concluyeron que tres muestras —HP2, HP3 y HP5— eran potencialmente generadoras de drenaje ácido, mientras las demás no presentaron esa clasificación.

Esto significa que el depósito no es químicamente uniforme. Existen sectores con diferentes composiciones y comportamientos.

El mismo estudio encontró que la movilidad evaluada de arsénico, cadmio y plomo no superó los límites utilizados para clasificar residuos mineros peligrosos. Los autores consideraron que minerales como calcita y dolomita podían retener o inmovilizar parte de estos elementos.

Pero esa conclusión tiene límites:

  • Se refiere a muestras y pruebas específicas, no a la totalidad de las 84 hectáreas.
  • Evaluó movilidad bajo condiciones controladas.
  • No reemplaza un monitoreo prolongado de aguas subterráneas.
  • No excluye dispersión de partículas por viento.
  • No elimina la posibilidad de cambios químicos futuros.
  • Tres muestras sí mostraron potencial de generación ácida.

Por ello, afirmar que “los jales son inocuos” sería tan incorrecto como asegurar, sin un monitoreo integral, que ya contaminaron todo el acuífero.

El suelo: la evidencia más directa.

El suelo es el primer receptor de la contaminación minera. Sobre él cae el polvo; por él circulan los escurrimientos y en él pueden acumularse partículas durante años.

La tesis de maestría de Luis Adrián Barraza Torres, realizada en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, evaluó arsénico, plomo y mercurio en la zona de La Prieta. Sus resultados se convirtieron en referencia para investigaciones posteriores sobre el riesgo ambiental del depósito.

Los estudios describen tres clases o sectores de residuos —jales nuevos, blancos y rojos— y documentan diferencias mineralógicas. Esto ayuda a explicar por qué algunas muestras pueden generar acidez y otras conservar una mayor capacidad neutralizante.

En términos ambientales, los principales procesos son:

  1. Deposición directa: el jal permanece como suelo artificial, pobre en materia orgánica y con condiciones adversas para el crecimiento vegetal.
  2. Erosión eólica: las partículas finas se desprenden de superficies secas y sin vegetación.
  3. Erosión hídrica: la lluvia abre canales, arrastra sedimentos y deposita material en zonas bajas.
  4. Transferencia biológica: plantas y organismos pueden entrar en contacto con metales; según la especie, estos pueden quedar retenidos en las raíces o trasladarse a tallos y hojas.
  5. Contacto humano: el polvo puede adherirse a manos, calzado, ropa, patios y objetos, especialmente en zonas próximas.

El estudio de fitoestabilización publicado en 2022 no se habría planteado si el sitio pudiera recuperarse sin intervención. Los investigadores ensayaron especies vegetales nativas y combinaciones de composta y zeolita precisamente para inmovilizar contaminantes, reducir la erosión y limitar su migración.

Entre las plantas evaluadas se encontraban pastos nativos, Atriplex canescens y sotol. Algunas mostraron capacidad para retener elementos en las raíces sin trasladarlos en igual proporción a su parte aérea. Este comportamiento resulta útil para una cobertura vegetal controlada, aunque no equivale a retirar los metales del sitio.

La fitoestabilización funciona como una barrera viva: fija el suelo y disminuye el polvo. Requiere, sin embargo, mantenimiento, selección cuidadosa de especies y vigilancia para evitar pastoreo o consumo de vegetación contaminada.

Agua superficial: la lluvia puede mover lo que parecía inmóvil.

La región de Parral presenta un clima semiárido, pero las lluvias estivales pueden ser intensas. En un depósito desprovisto de cobertura, pocos eventos fuertes bastan para transportar sedimentos.

La investigación sobre drenaje ácido identificó dos corrientes intermitentes próximas a los jales, activas principalmente durante la temporada de lluvias. Los autores reconocieron que esos cauces pueden provocar arrastre de material.

El agua que corre sobre una presa de jales puede movilizar contaminantes de dos formas:

  • Disueltos, cuando las condiciones químicas permiten su liberación.
  • Unidos a partículas, como sedimento contaminado.

La segunda ruta suele pasar inadvertida. Un análisis exclusivo del agua filtrada puede mostrar poca concentración disuelta mientras el sedimento transporta una carga mucho mayor.

El artículo de 2020 reproduce datos de un punto de confluencia entre río y arroyo, pero presenta inconsistencias entre las unidades impresas y su descripción como “bajas concentraciones”. Por responsabilidad periodística, esos números no deben interpretarse como concentraciones comprobadas en agua potable sin revisar las hojas originales de laboratorio.

Esta anomalía editorial refuerza la necesidad de publicar las bases de datos, coordenadas, unidades, límites de detección y certificados de laboratorio.

¿Están contaminados los acuíferos?

Ésta es la pregunta más importante y también la que exige mayor cautela.

Los jales pueden representar una fuente potencial de contaminación subterránea si el agua atraviesa el depósito, moviliza elementos y encuentra rutas hacia formaciones acuíferas. Pero para demostrar que un acuífero está contaminado por una fuente determinada se necesita establecer:

  • Dirección del flujo subterráneo.
  • Profundidad del nivel freático.
  • Permeabilidad de suelos y rocas.
  • Pozos ubicados aguas arriba y aguas abajo del depósito.
  • Evolución de las concentraciones a lo largo del tiempo.
  • Firma geoquímica que permita distinguir contaminación minera de concentraciones naturales.
  • Condiciones de construcción y sellado de cada pozo.

La investigación localizada no ofrece una red piezométrica y geoquímica suficientemente amplia para atribuir una contaminación general del acuífero a La Prieta.

Además, varios elementos —entre ellos arsénico, hierro y manganeso— pueden encontrarse naturalmente en formaciones geológicas mineralizadas. Identificar su presencia no basta para atribuirla automáticamente a los jales.

Esto no libera de responsabilidad a la actividad minera. Obliga a realizar una investigación hidrogeológica capaz de separar la contribución natural de la antropogénica.

Agua para consumo: hierro elevado en fuentes de abastecimiento.

Un estudio publicado en 2022 analizó agua de las principales fuentes de abastecimiento de Hidalgo del Parral. Las muestras fueron seleccionadas con base en la sectorización de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento y se analizaron mediante espectrometría de emisión óptica con plasma acoplado inductivamente y absorción atómica.

Se determinaron plomo, arsénico, cromo, cadmio, zinc, hierro, cobre y calcio.

El hallazgo más claro fue la detección de concentraciones anómalas de hierro en efluentes identificados como:

  • Planta Potabilizadora Parral: hasta 20.8 mg/L.
  • Veta Colorada: hasta 21.225 mg/L.
  • Mezcla Vesper–Recompensa: hasta 14.975 mg/L.

Las cifras corresponden a los puntos y etapas reportados por el estudio y no deben trasladarse automáticamente al agua que llega a cada domicilio. Es necesario distinguir entre agua cruda, efluente de una fuente, agua tratada y agua distribuida.

La infraestructura de Parral utiliza también agua procedente de minas. La planta Veta Colorada reporta como fuente la propia mina, mientras que otra instalación puede tratar agua de Arbolito, Cabadeña, La Presa y La Esmeralda. Esa estrategia ayuda al abastecimiento de una ciudad con estrés hídrico, pero demanda tratamiento robusto y monitoreo continuo.

La NOM-127-SSA1-2021 establece límites de calidad para agua destinada a uso y consumo humano. Por tanto, las autoridades deben informar no solamente lo que contiene el agua cruda, sino la calidad posterior al tratamiento y en las tomas domiciliarias.

El estudio de 2022 es una señal de atención, no una prueba de que todas las viviendas reciban agua con 20 miligramos de hierro por litro. Para saberlo se requieren resultados actuales, desglosados por fuente, tanque, sector y domicilio.

Aire: el riesgo que vuela, pero casi no se mide.

En un depósito seco, fino y sin cobertura, el viento puede convertirse en una vía de exposición.

El estudio de La Prieta señaló que no existían barreras suficientes para mitigar la dispersión. También describió vientos predominantes y reconoció que no podía descartarse el arrastre de partículas hacia la ciudad.

La expresión correcta es riesgo de contaminación atmosférica por polvo de jales, no contaminación comprobada de todo el aire urbano. Para demostrar la segunda se necesitarían estaciones y campañas que midieran:

  • PM10 y PM2.5.
  • Metales adheridos a las partículas.
  • Depósito de polvo en viviendas y escuelas.
  • Dirección y velocidad del viento.
  • Diferencias entre temporada seca y lluviosa.
  • Concentraciones antes y después de cubrir los jales.

Los servicios privados de calidad del aire disponibles para Parral se basan parcialmente en modelos satelitales. Pueden orientar sobre PM2.5 regional, pero no identifican la composición química del polvo ni permiten saber cuánto proviene de los jales, del tráfico, de incendios, de caminos sin pavimentar o de otras industrias.

Hasta encontrar una campaña instrumental específica, no existe base suficiente para cuantificar cuánto arsénico, plomo o cadmio respira la población de Parral.

Esa ausencia representa una de las principales lagunas de información ambiental.

La minería actual y el reprocesamiento de residuos.

El problema no se limita a los pasivos antiguos. La denominada Planta de Beneficio Parral y los proyectos de aprovechamiento o reprocesamiento de jales cuentan con antecedentes de evaluación ambiental y autorizaciones federales.

El reprocesamiento puede tener una doble lectura. Por una parte, permite recuperar minerales que quedaron en los residuos antiguos y potencialmente reducir o reubicar parte del pasivo. Por otra, remover jales históricos puede volver a suspender polvo, generar nuevos residuos, modificar drenajes y crear riesgos durante el transporte y redepósito.

Para que represente una mejora ambiental verificable, debe conocerse:

  • Cuánto material se retira.
  • Qué metales contiene.
  • Dónde se deposita el nuevo jal.
  • Qué sistema de impermeabilización tiene la presa receptora.
  • Cómo se capta y recircula el agua.
  • Qué controles existen contra polvo y escurrimientos.
  • Cuál es el plan de cierre.
  • Qué garantía financiera asegura la remediación.
  • Qué monitoreo independiente se realiza.

Documentos de Semarnat confirman trámites asociados con la Planta de Beneficio Parral y el depósito de residuos en una presa autorizada. Pero una autorización ambiental no significa impacto cero: establece condiciones que deben supervisarse y comprobarse.

Lo comprobado, lo probable y lo que falta demostrar.

Nivel de evidenciaConclusión
ComprobadoEn el centro de Parral existen extensos depósitos históricos de jales, estimados por investigadores en aproximadamente 84 hectáreas.
ComprobadoLos jales contienen metales y metaloides potencialmente tóxicos y presentan degradación física y ecológica.
ComprobadoTres de seis muestras analizadas fueron clasificadas como potencialmente generadoras de drenaje ácido.
ComprobadoExisten corrientes intermitentes capaces de arrastrar partículas durante las lluvias.
ComprobadoLa falta de cobertura favorece erosión eólica e hídrica.
ComprobadoUn estudio detectó concentraciones anómalas de hierro en varias fuentes o efluentes del sistema de abastecimiento.
ProbableEl polvo de los jales puede desplazarse hacia sectores urbanos.
Posible, pero no cuantificadoPartículas con metales pueden llegar a patios, viviendas, escuelas y vías respiratorias.
No demostrado de manera generalQue todo el acuífero de Parral esté contaminado por La Prieta.
No demostrado de manera generalQue toda el agua distribuida a la población incumpla la norma sanitaria.
No cuantificadoEl aporte específico de los jales a PM10 y PM2.5 en la ciudad.
No localizado en forma concluyenteUn estudio epidemiológico amplio que vincule enfermedades de la población con estos depósitos.

La dimensión humana

Detrás del lenguaje técnico hay una población que comparte territorio con un residuo heredado.

El polvo no pide permiso para cruzar una cerca. Puede entrar por una ventana, instalarse en un patio, adherirse al calzado o mezclarse con el suelo donde juegan los niños. Pero tampoco es responsable convertir cualquier enfermedad o capa de polvo en una prueba automática de intoxicación minera.

Las familias tienen derecho a algo más sólido que rumores o declaraciones tranquilizadoras: tienen derecho a datos.

Los grupos particularmente sensibles a la exposición a plomo y otros metales son niños, mujeres embarazadas, trabajadores y personas con exposición frecuente a polvo. El plomo afecta el sistema nervioso y puede provocar daños duraderos en el desarrollo infantil; en adultos se asocia con daño renal e hipertensión. El arsénico, bajo exposición crónica suficiente, se relaciona con lesiones cutáneas y distintos tipos de cáncer.

Esto describe peligros toxicológicos conocidos, pero no constituye un diagnóstico para los habitantes de Parral. Para conocer la exposición real serían necesarios estudios de sangre, orina o cabello diseñados con protocolos éticos, grupos de comparación y evaluación médica.

El derecho a la salud ambiental comienza por no confundir peligro con dosis, ni riesgo con enfermedad comprobada. Pero también exige no utilizar la falta de estudios como excusa para permanecer inmóviles.

¿Qué debería hacerse?

1. Crear un diagnóstico integral e independiente

La Prieta, La Esmeralda y los depósitos vinculados con plantas de beneficio deben incorporarse a un inventario georreferenciado que incluya superficie, volumen, estabilidad, composición y situación jurídica.

2. Instalar pozos de monitoreo

Se necesitan piezómetros aguas arriba, debajo y aguas abajo de los jales. Los análisis deben incluir arsénico, plomo, cadmio, mercurio, antimonio, bario, hierro, manganeso, cobre, zinc, sulfatos, conductividad, pH y sólidos disueltos.

3. Vigilar agua cruda y agua domiciliaria

La JMAS y las autoridades sanitarias deben publicar resultados mensuales diferenciando:

  • Fuente de extracción.
  • Entrada a planta.
  • Salida de planta.
  • Tanques de almacenamiento.
  • Sectores de distribución.
  • Tomas domiciliarias.

4. Monitorear el aire

Se requiere al menos una campaña anual completa con PM10, PM2.5 y análisis químico de filtros, reforzada durante la temporada seca y los días de viento.

5. Controlar inmediatamente el polvo

Mientras se concluyen los estudios deben aplicarse medidas preventivas: cobertura vegetal, estabilización superficial, control de tránsito, humectación técnica, barreras contra viento y manejo de canales pluviales.

6. Remediar por sectores

No todo el depósito exige la misma solución. Algunos puntos pueden requerir confinamiento; otros, recubrimiento o fitoestabilización. Los sectores altamente erosionados o cercanos a viviendas deben recibir prioridad.

7. Proteger a la población

Escuelas y colonias próximas deberían contar con muestreos de polvo y suelo. Si se detectan concentraciones relevantes, procederían estudios de exposición biológica bajo supervisión de Salud.

8. Transparentar permisos y cumplimiento

Semarnat, Profepa, Gobierno del Estado, municipio y empresas deben publicar autorizaciones, inspecciones, sanciones, monitoreos y planes de cierre en un expediente ambiental accesible.

Preguntas que continúan abiertas.

  • ¿Cuál es el volumen total actual de jales dentro del municipio?
  • ¿Quién es legalmente responsable de cada depósito?
  • ¿Cuántas hectáreas han sido remediadas y con qué resultados?
  • ¿Existen pozos de monitoreo alrededor de La Prieta?
  • ¿Qué calidad tiene el agua antes y después de cada potabilizadora?
  • ¿Se analizan metales en el polvo urbano?
  • ¿Cuáles son las colonias y escuelas con mayor proximidad?
  • ¿Qué ocurre con los sedimentos arrastrados durante las lluvias?
  • ¿Dónde terminan los nuevos residuos generados al reprocesar jales?
  • ¿Existe una garantía financiera para el cierre y mantenimiento a largo plazo?
  • ¿Se ha realizado vigilancia epidemiológica específica?

Conclusión: el costo pendiente de la riqueza mineral.

Parral nació de la minería. Negar esa historia sería negar una parte esencial de su identidad. Pero celebrarla sin examinar sus residuos dejaría incompleto el relato.

La ciencia disponible no demuestra una contaminación uniforme y generalizada de todo el acuífero, toda el agua potable y todo el aire de Hidalgo del Parral. Sí demuestra algo suficientemente serio: existe un pasivo minero extenso dentro de la ciudad, con metales potencialmente tóxicos, zonas capaces de generar drenaje ácido y condiciones favorables para la dispersión por agua y viento.

También existen señales de atención en fuentes de abastecimiento, particularmente por concentraciones anómalas de hierro, que obligan a transparentar la eficacia del tratamiento y la calidad final del agua domiciliaria.

El mayor vacío no está únicamente en la tierra gris de los jales. Está en la falta de un sistema público que conecte suelo, agua, aire y salud.

Parral no necesita una narrativa de alarma sin pruebas ni una tranquilidad construida sobre el silencio. Necesita mediciones, remediación, vigilancia independiente y participación ciudadana.

Durante siglos, la riqueza salió de las entrañas de la tierra. Ahora corresponde decidir quién asumirá el costo de reparar lo que quedó en la superficie.

Fuentes documentales principales

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