Operación Ranch Hand: la guerra química que continúa respirando en Vietnam

Más de medio siglo después de que los aviones estadounidenses dejaron de rociar millones de litros de herbicidas sobre selvas, cultivos y aldeas, la dioxina permanece en el suelo, entra en la cadena alimentaria y acompaña a familias enteras. Estados Unidos reconoce enfermedades entre sus veteranos y financia parcialmente la descontaminación de Vietnam, pero ningún mando militar ha sido juzgado por ordenar o ejecutar la operación.

Reportaje de investigación | HISTORIASMX
Periodismo del Norte, Periodismo con Carácter

Una guerra que no terminó en 1975.

HISTORIASMX. – En Bien Hoa, al noreste de la antigua Saigón, la guerra permanece enterrada.

No tiene la forma de una mina ni de una bomba sin explotar. Se encuentra adherida a partículas de tierra, acumulada en sedimentos y concentrada en la grasa de peces, patos y otros animales consumidos por las comunidades cercanas a la antigua base aérea.

Es la 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina, conocida como TCDD, uno de los contaminantes químicos más tóxicos estudiados por la ciencia.

Esta sustancia llegó a Vietnam como una impureza del Agente Naranja, el herbicida más empleado durante la Operación Ranch Hand, campaña ejecutada principalmente por la Fuerza Aérea de Estados Unidos entre enero de 1962 y enero de 1971.

La finalidad militar declarada era eliminar la vegetación que protegía a las fuerzas guerrilleras, despejar caminos, fronteras y perímetros de bases, y destruir cultivos que presuntamente alimentaban al Viet Cong y al Ejército de Vietnam del Norte.

Sin embargo, el producto cayó también sobre aldeas, parcelas, bosques, manglares, ríos y seres humanos.

La operación terminó hace más de 55 años. Sus consecuencias no.

“Ranch Hand”: convertir la vegetación en objetivo militar

La fumigación estadounidense surgió de la lógica contrainsurgente: si la selva protegía al enemigo, la selva debía ser eliminada; si la población rural podía suministrarle alimentos, los cultivos podían convertirse en objetivos.

El Gobierno de Vietnam del Sur solicitó la intervención estadounidense y Washington debatió la operación durante 1961. Existían dudas diplomáticas, científicas y jurídicas, especialmente sobre la destrucción de alimentos y la posibilidad de que los herbicidas fueran considerados armas químicas.

Pese a ello, la Casa Blanca autorizó el programa.

La Operación Ranch Hand comenzó formalmente en enero de 1962. Fue parte de un programa más amplio denominado Trail Dust. Los vuelos se realizaron principalmente con aeronaves de transporte Fairchild C-123 Provider, modificadas con tanques y sistemas capaces de liberar grandes volúmenes de herbicida en pocos minutos.

Una historia oficial publicada por la Fuerza Aérea estadounidense reconoce que, para cuando terminó el programa, se habían rociado aproximadamente 18 millones de galones de productos químicos. Revisiones posteriores, apoyadas en registros militares digitalizados, elevaron la estimación a cerca de 19 millones de galones —unos 72 millones de litros— de distintos herbicidas.

No todo era Agente Naranja. Estados Unidos utilizó mezclas identificadas mediante franjas de colores pintadas en sus barriles:

  • Agente Naranja: mezcla de los herbicidas 2,4-D y 2,4,5-T.
  • Agente Blanco: combinación de 2,4-D y picloram.
  • Agente Azul: compuesto con ácido cacodílico, utilizado especialmente contra cultivos.
  • Agentes Rosa, Verde y Púrpura: formulaciones usadas principalmente durante los primeros años.

El Agente Naranja fue el más empleado: fuentes estadounidenses calculan más de 11 millones de galones, alrededor de 42 millones de litros.

La reconstrucción publicada en 2003 por Jeanne Mager Stellman y colaboradores en la revista Nature estimó que entre 2.1 y 4.8 millones de personas pudieron encontrarse presentes en aldeas directamente alcanzadas por las fumigaciones. La cifra no equivale a casos comprobados de enfermedad, pero muestra la enorme dimensión de la población potencialmente expuesta.

El veneno no estaba solamente en el herbicida.

El Agente Naranja estaba formado por dos herbicidas fenoxi: 2,4-D y 2,4,5-T, mezclados aproximadamente en partes iguales.

El problema más grave procedía del proceso industrial para fabricar 2,4,5-T. Cuando la producción se realizaba rápidamente o con temperaturas inadecuadas, podía generarse TCDD como contaminante no deseado.

La TCDD:

  • Es soluble en grasas.
  • Puede acumularse en tejidos animales y humanos.
  • Se concentra progresivamente en la cadena alimentaria.
  • Se une al receptor celular de hidrocarburos aromáticos, conocido como AhR.
  • Puede alterar la expresión de genes relacionados con metabolismo, desarrollo, inmunidad y regulación hormonal.
  • Persiste durante años o décadas cuando queda protegida de la luz dentro del suelo y los sedimentos.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó la TCDD como carcinógeno para los seres humanos, Grupo 1. La evaluación se apoyó en estudios epidemiológicos, experimentales y mecanísticos.

Esto exige una precisión: que una sustancia sea carcinógena significa que puede causar cáncer; no quiere decir que toda persona expuesta desarrollará inevitablemente la enfermedad. El riesgo depende de la dosis, la vía de ingreso, la duración, la edad, las condiciones biológicas y otros factores.

Una fumigación por encima del uso agrícola ordinario.

Los herbicidas no fueron aplicados como se aplicarían normalmente en un campo agrícola.

Los aviones volaban a baja altura y liberaban el líquido formando franjas sobre el terreno. Algunas zonas recibieron aplicaciones repetidas. La concentración, las condiciones de exposición y la extensión territorial hicieron que la campaña fuera incomparable con un uso doméstico o agrícola controlado.

Las misiones se dirigieron principalmente a:

  • Selvas densas utilizadas como cobertura.
  • Márgenes de carreteras, canales y ríos.
  • Perímetros de bases militares.
  • Áreas cercanas a rutas de infiltración.
  • Manglares costeros.
  • Cultivos clasificados como fuentes de abastecimiento del enemigo.

La destrucción de cultivos tuvo una implicación particularmente grave: en una guerra irregular era difícil separar los alimentos destinados a los combatientes de aquellos necesarios para la población civil.

En términos militares, eliminar cosechas pretendía cortar suministros. En términos humanos, podía significar pérdida de alimento, desplazamiento, hambre y ruptura de las economías rurales.

Bosques que no volvieron a ser los mismos.

La operación no solamente eliminó hojas. Modificó ecosistemas completos.

La defoliación repetida mató árboles, degradó el suelo y favoreció la sustitución de bosques complejos por pastizales, matorrales y especies de menor valor ecológico. En ciertos lugares, las comunidades vegetales originales no lograron regenerarse.

Los manglares fueron especialmente vulnerables. Su destrucción redujo zonas de crianza para peces y crustáceos, protección natural contra tormentas, almacenamiento de carbono y sustento para comunidades costeras.

Una revisión científica publicada en 2021 señala efectos prolongados sobre la biodiversidad, los organismos del suelo, su fertilidad y funciones ambientales como el secuestro de carbono. También advierte que la atribución exacta sigue siendo compleja porque la fumigación coincidió con bombardeos, incendios, tala, desplazamientos y posteriores cambios en el uso del territorio.

La conclusión prudente no es que todo daño ambiental observado hoy se deba exclusivamente al Agente Naranja. Es que la fumigación constituyó una perturbación de enorme escala que, combinada con otras formas de guerra, redujo la capacidad de recuperación de numerosos ecosistemas.

De la tierra al plato.

La permanencia del peligro no es uniforme.

En muchas áreas fumigadas, el herbicida se degradó, dispersó o quedó en concentraciones relativamente bajas. Pero en antiguas instalaciones donde los barriles fueron almacenados, mezclados y cargados en aeronaves se produjeron derrames y acumulaciones mucho mayores.

Así surgieron los llamados puntos calientes de dioxina, entre ellos:

  • Bien Hoa.
  • Da Nang.
  • Phu Cat.

En estos lugares, la contaminación puede trasladarse mediante una cadena concreta:



flowchart TD
    A["Suelo contaminado"] --> B["Escurrimiento y sedimentos"]
    B --> C["Peces y animales acuáticos"]
    B --> D["Patos, gallinas y ganado"]
    C --> E["Consumo humano"]
    D --> E

La TCDD es lipofílica: tiende a concentrarse en grasa. Por ello, consumir de manera habitual peces, patos u otros animales criados en zonas contaminadas puede convertirse en una vía de exposición mucho tiempo después de que terminó la fumigación.

Investigaciones realizadas en comunidades próximas a las antiguas bases han encontrado perfiles de dioxinas compatibles con contaminación histórica por Agente Naranja en suelo, alimentos, sangre y leche materna. Un estudio de 2022 analizó muestras de leche materna y documentó patrones diferenciados en poblaciones cercanas a puntos calientes.

Estos hallazgos no demuestran por sí solos que cada enfermedad o discapacidad tenga origen en Ranch Hand. Sí confirman que, en determinadas zonas, la exposición ambiental no desapareció con el final de la guerra.

Las enfermedades reconocidas por Estados Unidos.

La evidencia epidemiológica acumulada durante décadas llevó al Gobierno estadounidense a establecer una presunción legal de exposición para numerosos veteranos.

En 1991, el Agent Orange Act ordenó revisar periódicamente la literatura científica y permitió reconocer enfermedades asociadas con los herbicidas empleados en Vietnam.

Actualmente, el Departamento de Asuntos de Veteranos considera presuntivamente relacionadas diversas enfermedades, entre ellas:

  • Amiloidosis AL.
  • Leucemias crónicas de células B.
  • Linfoma de Hodgkin.
  • Linfoma no Hodgkin.
  • Mieloma múltiple.
  • Cáncer de próstata.
  • Cánceres respiratorios.
  • Cáncer de vejiga.
  • Determinados sarcomas de tejidos blandos.
  • Diabetes mellitus tipo 2.
  • Cardiopatía isquémica.
  • Enfermedad de Parkinson y síndromes parkinsonianos.
  • Neuropatía periférica de aparición temprana.
  • Cloracné.
  • Porfiria cutánea tardía.
  • Hipertensión.
  • Gammapatía monoclonal de significado incierto.

El reconocimiento administrativo no significa que la ciencia haya probado exactamente el mismo grado de causalidad para todas ellas. La presunción permite que el veterano no tenga que reconstruir, décadas después, la dosis individual que recibió durante la guerra.

La revisión final de las Academias Nacionales, publicada en 2018, clasificó los resultados sanitarios según la solidez de la evidencia: asociación suficiente, limitada o sugestiva, inadecuada o insuficiente, y evidencia que sugiere ausencia de asociación. El informe destacó una asociación suficiente para ciertos padecimientos y distintos niveles de evidencia para otros.

Lo que sabemos y lo que todavía no puede afirmarse.

En el debate público suelen mezclarse cuatro afirmaciones distintas:

  1. La TCDD es tóxica y carcinógena. Esto está sólidamente establecido.
  2. Existieron exposiciones humanas y ambientales durante Ranch Hand. Está documentado mediante registros militares, reconstrucciones geográficas y mediciones biológicas.
  3. Algunas enfermedades aparecen con mayor frecuencia en grupos expuestos. Existe evidencia con distintos grados de solidez, suficiente para que Estados Unidos reconozca múltiples presunciones médicas.
  4. Cada discapacidad o malformación observada en descendientes fue causada individualmente por Agente Naranja. Esta afirmación requiere mayor cautela.

Los defectos congénitos pueden tener numerosas causas: genéticas, nutricionales, infecciosas, ambientales o desconocidas. Además, en Vietnam existen dificultades históricas para reconstruir dosis individuales, separar exposición paterna y materna, comparar poblaciones y controlar otros factores.

Hay estudios y metaanálisis que sugieren asociaciones entre exposición parental y algunos defectos, como espina bífida. Sin embargo, la evidencia sobre transmisión multigeneracional en seres humanos no es uniforme ni permite atribuir automáticamente todos los casos al Agente Naranja.

Esto no invalida el sufrimiento de las familias. Muestra la desventaja jurídica y científica de las víctimas: la sustancia está documentada, la exposición fue masiva y varias enfermedades son plausibles, pero probar décadas después la causalidad individual puede resultar prácticamente imposible.

Dos estándares para una misma sustancia.

Uno de los aspectos más controvertidos es el trato diferente otorgado a veteranos estadounidenses y víctimas vietnamitas.

Estados Unidos reconoce que determinados veteranos no deben demostrar cuánto herbicida recibieron. Basta con acreditar el servicio en lugares y periodos establecidos y padecer una enfermedad incluida en la lista presuntiva.

En cambio, las víctimas vietnamitas no cuentan con un mecanismo equivalente de indemnización estadounidense. Los programas en Vietnam se han presentado principalmente como:

  • Cooperación ambiental.
  • Ayuda humanitaria.
  • Asistencia a personas con discapacidad.
  • Reconstrucción de relaciones bilaterales.
  • Remediación de antiguas bases.

En términos políticos, Washington ha avanzado hacia el reconocimiento práctico del daño sin aceptar de manera expresa una responsabilidad jurídica general frente a todas las víctimas vietnamitas.

Es una distinción decisiva: ayudar no es lo mismo que indemnizar; descontaminar no equivale a admitir legalmente un crimen.

Bien Hoa: medio millón de metros cúbicos contaminados.

Da Nang fue uno de los primeros grandes proyectos bilaterales de limpieza. Después, la atención se concentró en Bien Hoa, considerado el mayor punto caliente pendiente.

Un acuerdo bilateral lanzado en 2018–2019 contempló un proyecto de cientos de millones de dólares. Los cálculos más recientes señalan que deberán manejarse aproximadamente 500,000 metros cúbicos de suelo y sedimentos contaminados.

El plan incluye:

  • Excavación de materiales.
  • Separación según niveles de contaminación.
  • Confinamiento seguro.
  • Tratamiento de los suelos con mayor concentración.
  • Control del escurrimiento.
  • Vigilancia ambiental.
  • Restricciones de uso de suelo.
  • Protección de trabajadores y comunidades.

En 2025, los recortes y la reestructuración de la ayuda exterior estadounidense provocaron una interrupción temporal y dudas sobre el futuro administrativo de los proyectos. La limpieza fue reactivada, pero persistió incertidumbre sobre su continuidad.

Para 2026, el plan de supervisión del inspector general estadounidense confirmó que el proyecto de Bien Hoa había sido transferido al Departamento de Estado y que se evaluaría su avance. El documento conserva como meta la remediación de cerca de 500,000 metros cúbicos y menciona un acuerdo bilateral de aproximadamente 450 millones de dólares.

Esto confirma que, en julio de 2026, la reparación ambiental permanece inconclusa.

¿Por qué ningún militar estadounidense ha sido juzgado?

La ausencia de procesos penales no se explica por una sola causa. Es resultado de varias barreras históricas, jurídicas y políticas superpuestas.

1. Estados Unidos sostuvo que eran herbicidas, no armas químicas.

Durante la guerra, Washington argumentó que los defoliantes estaban destinados a destruir vegetación y cultivos, no a envenenar seres humanos.

Esa interpretación permitía sostener que su uso no estaba prohibido por el Protocolo de Ginebra de 1925, que proscribía gases asfixiantes, venenosos y otros agentes químicos o bacteriológicos.

Documentos históricos muestran que funcionarios estadounidenses invocaron el precedente británico en Malasia y defendieron la idea de que los herbicidas no constituían guerra química prohibida. El Comité Internacional de la Cruz Roja registra esta posición estadounidense, aunque también documenta la evolución posterior de la norma internacional contra el uso bélico de herbicidas cuando causen efectos tóxicos, indiscriminados o ambientales graves.

La distinción sigue siendo controvertida. Un compuesto puede haberse empleado para matar plantas y, al mismo tiempo, provocar exposición tóxica humana previsible.

2. Estados Unidos ratificó tarde el Protocolo de Ginebra.

Estados Unidos firmó el Protocolo de Ginebra en 1925, pero el Senado no otorgó su consentimiento para la ratificación hasta 1974. El instrumento entró en vigor para el país en 1975, cuando la Operación Ranch Hand ya había terminado.

Eso no elimina automáticamente la discusión sobre derecho consuetudinario vigente durante los años sesenta. Pero hace más difícil construir una acusación penal basada directamente en una obligación convencional estadounidense.

Además, la interpretación oficial de Washington excluía herbicidas y agentes antidisturbios del alcance del protocolo.

3. Las prohibiciones posteriores no son retroactivas.

Las normas ambientales y químicas se reforzaron después de Vietnam.

Entre ellas se encuentran:

  • La Convención sobre Modificación Ambiental de 1976.
  • El Protocolo adicional I a los Convenios de Ginebra de 1977.
  • La Convención sobre Armas Químicas de 1993, vigente desde 1997.
  • El Estatuto de Roma de 1998, que creó la Corte Penal Internacional.

El principio de legalidad penal impide castigar retroactivamente una conducta mediante delitos o tribunales creados con posterioridad.

La Corte Penal Internacional comenzó a funcionar en 2002. No puede ejercer jurisdicción sobre actos cometidos entre 1961 y 1971. Además, Estados Unidos no es Estado parte del Estatuto de Roma.

Por ello, presentar hoy una denuncia ante la CPI por Ranch Hand no superaría la barrera temporal.

4. No existió un tribunal especial para Vietnam.

Después de la Segunda Guerra Mundial se crearon los tribunales de Núremberg y Tokio. Para la antigua Yugoslavia y Ruanda se constituyeron tribunales internacionales específicos.

Para Vietnam no hubo un tribunal con autoridad para investigar crímenes de todos los actores del conflicto.

Tampoco existió una derrota estadounidense acompañada de ocupación, entrega de archivos y procesamiento de sus dirigentes. Estados Unidos conservó plenamente sus instituciones, poder internacional y capacidad de definir jurídicamente su propia conducta.

La justicia penal internacional nunca ha operado al margen de las relaciones de poder.

5. El problema de demostrar responsabilidad penal individual.

Para condenar a un militar no basta con demostrar que una operación causó una catástrofe ambiental.

Una fiscalía tendría que identificar:

  • Quién autorizó una misión concreta.
  • Qué información poseía esa persona.
  • Qué daños anticipaba o aceptaba.
  • Qué norma penal vigente infringió.
  • Si pretendía afectar civiles o actuó con indiferencia jurídicamente punible.
  • Si existía una relación de mando efectiva.
  • Si el acusado podía impedir o castigar la conducta.

Ranch Hand fue una política aprobada por autoridades civiles y militares dentro de una cadena burocrática. Las decisiones se repartieron entre la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Pentágono, mandos regionales, la embajada y el Gobierno de Vietnam del Sur.

La responsabilidad dispersa facilita que cada participante alegue haber cumplido una función limitada dentro de una política legalmente autorizada.

6. Probar intención de envenenar es diferente de probar previsibilidad.

El objetivo reconocido era destruir vegetación y alimentos, no causar cáncer o malformaciones.

Esto no resuelve la discusión ética ni descarta otras posibles violaciones del derecho humanitario. Sin embargo, dificulta acusaciones que requieran demostrar una intención específica de emplear veneno contra la población.

La cuestión central sería otra: ¿qué sabían las autoridades sobre la toxicidad y en qué momento lo supieron?

Durante los años sesenta ya existían advertencias científicas sobre los posibles efectos ecológicos y reproductivos del 2,4,5-T. En 1969 se conocieron resultados experimentales sobre malformaciones en animales. En 1970, Estados Unidos restringió el uso doméstico de 2,4,5-T y la presión científica contribuyó a detener la fumigación.

Para una acusación penal, sin embargo, habría que demostrar no solamente que había señales de riesgo, sino que determinados responsables conocían consecuencias concretas, comprendían su gravedad y aun así actuaron dentro de los elementos de un delito reconocido entonces.

7. Inmunidad soberana y protección de contratistas.

Las demandas civiles también encontraron enormes obstáculos.

Veteranos estadounidenses demandaron a empresas fabricantes. El litigio terminó en 1984 con un acuerdo extrajudicial de 180 millones de dólares, sin reconocimiento de responsabilidad.

La responsabilidad directa del Gobierno estadounidense quedó protegida por doctrinas como:

  • Inmunidad soberana: limita las demandas contra el Estado sin su consentimiento.
  • Doctrina Feres: restringe reclamaciones de militares por lesiones relacionadas con el servicio.
  • Defensa del contratista gubernamental: puede proteger a empresas que fabricaron productos conforme a especificaciones oficiales y comunicaron los riesgos conocidos.

En 2004, víctimas vietnamitas demandaron a Dow Chemical, Monsanto y otras compañías en Nueva York. El tribunal desestimó el caso en 2005 al considerar, entre otras cuestiones, que el uso de herbicidas no estaba prohibido claramente por el derecho internacional aplicable en aquel momento y que las reclamaciones no cumplían los requisitos jurídicos invocados.

Una demanda posterior de la franco-vietnamita Tran To Nga contra fabricantes estadounidenses fue declarada inadmisible en Francia. En agosto de 2024, la Corte de Apelaciones de París confirmó la decisión basada en inmunidad jurisdiccional, al considerar que las empresas actuaron bajo órdenes del Gobierno estadounidense. La demandante anunció que recurriría ante la Corte de Casación.

Ninguno de estos procedimientos equivalió a un juicio penal contra los mandos militares.

8. El acuerdo de paz no creó un mecanismo de rendición de cuentas.

Los Acuerdos de Paz de París de 1973 no establecieron un tribunal para investigar la fumigación ni un fondo específico de reparación para las víctimas del Agente Naranja.

Después de la reunificación vietnamita en 1975, Estados Unidos y Vietnam permanecieron sin relaciones diplomáticas normales durante dos décadas. Washington normalizó relaciones con Hanoi hasta 1995.

Cuando comenzó la cooperación sobre dioxina, se estructuró deliberadamente bajo un enfoque humanitario y ambiental. Esta fórmula permitió avanzar sin que Estados Unidos aceptara formalmente una obligación de reparación derivada de responsabilidad internacional.

¿Fue Ranch Hand un crimen de guerra?

No existe una sentencia internacional que haya declarado penalmente culpables a los responsables de la Operación Ranch Hand.

Por lo tanto, desde un punto de vista jurídico estricto, no es correcto presentar como hecho judicial consumado que los mandos estadounidenses fueron condenados por guerra química, ecocidio o crímenes contra la humanidad.

Pero tampoco es correcto afirmar que el programa fue indiscutiblemente legal.

Su evaluación depende de cuestiones controvertidas:

  • Si los herbicidas tóxicos estaban comprendidos en la prohibición de venenos.
  • Si la destrucción de cultivos civiles violó los principios de distinción y necesidad militar.
  • Si los daños ambientales fueron desproporcionados.
  • Si las autoridades conocieron y desatendieron riesgos graves.
  • Si el programa atacó de hecho medios indispensables para la supervivencia civil.
  • Si existía en ese momento una norma consuetudinaria suficientemente precisa para generar responsabilidad penal individual.

En el lenguaje contemporáneo, numerosos juristas, científicos y activistas describen Ranch Hand como ecocidio. El término expresa con fuerza la destrucción extensa y duradera de ecosistemas, pero el ecocidio todavía no es un delito autónomo reconocido universalmente por la Corte Penal Internacional.

En síntesis: existen argumentos sólidos para considerar la operación una grave transgresión ambiental y humanitaria; lo que nunca existió fue un tribunal con jurisdicción, voluntad política y una norma penal indiscutida capaz de convertir esa condena histórica en sentencia.

La paradoja del reconocimiento estadounidense.

La política de Estados Unidos contiene una contradicción difícil de ignorar.

El país:

  • Reconoce presuntivamente numerosas enfermedades entre sus veteranos.
  • Amplió beneficios mediante el Agent Orange Act y la PACT Act.
  • Acepta que antiguas bases vietnamitas contienen dioxina procedente de los herbicidas.
  • Ha invertido cientos de millones de dólares en limpieza y asistencia.
  • Mantiene proyectos para retirar suelo contaminado.

Al mismo tiempo:

  • No ha creado un mecanismo general de indemnización para las víctimas vietnamitas.
  • No ha reconocido responsabilidad penal.
  • No ha sometido a investigación judicial a quienes diseñaron y autorizaron la campaña.
  • Presenta la cooperación como superación humanitaria de “legados de guerra”, no como reparación por un acto ilícito.

El lenguaje diplomático permite ayudar sin confesar; descontaminar sin indemnizar; reconocer la sustancia sin aceptar plenamente la responsabilidad.

Las víctimas atrapadas entre ciencia y derecho.

Para una familia que cuida a una persona con discapacidad severa, la diferencia entre “asociación estadística”, “presunción administrativa” y “causalidad individual” puede parecer una discusión distante.

Pero esa diferencia determina quién recibe atención, quién puede demandar y quién queda fuera.

Los veteranos estadounidenses obtuvieron una presunción porque el Congreso reconoció que reconstruir la exposición individual era casi imposible.

Las familias vietnamitas enfrentan precisamente esa imposibilidad:

  • No existe un registro médico completo desde los años sesenta.
  • Muchas personas no saben cuándo fueron fumigadas.
  • Las aldeas cambiaron o desaparecieron.
  • Los testigos murieron.
  • Las dosis no fueron medidas.
  • Las enfermedades pueden aparecer décadas después.
  • Las discapacidades tienen causas múltiples.
  • La población también sufrió hambre, infecciones, bombardeos y desplazamiento.

La falta de una prueba individual perfecta se convierte así en una segunda forma de abandono.

Reparar exige algo más que retirar tierra.

La limpieza de Bien Hoa es indispensable, pero no agota la deuda humana.

Una política integral necesitaría:

  • Garantizar la continuidad financiera de la descontaminación.
  • Vigilar alimentos, sedimentos, agua y tejidos humanos.
  • Ampliar la atención médica y rehabilitación.
  • Apoyar de manera permanente a cuidadores familiares.
  • Construir registros epidemiológicos independientes.
  • Identificar nuevos puntos calientes.
  • Publicar archivos militares e industriales todavía relevantes.
  • Establecer un fondo bilateral transparente para afectados.
  • Reconocer la desigualdad entre los beneficios otorgados a veteranos estadounidenses y la protección disponible para vietnamitas.
  • Preservar testimonios antes de que muera la generación directamente expuesta.
  • Sustituir el lenguaje ambiguo de “legado” por un reconocimiento histórico claro de las decisiones que originaron la contaminación.

La reparación no tiene que esperar a que cada familia demuestre una molécula inhalada hace seis décadas.

Una herida sin tribunal.

La Operación Ranch Hand fue diseñada para quitarle a la guerrilla la protección de la selva. Terminó retirando mucho más: bosques, cultivos, salud, seguridad alimentaria y futuro a comunidades que nunca tuvieron participación en las decisiones militares.

Los responsables no fueron juzgados porque Estados Unidos interpretó los herbicidas como instrumentos legales; porque las normas posteriores no operan retroactivamente; porque no se creó un tribunal para Vietnam; porque la inmunidad protegió al Estado y a sus contratistas; porque la responsabilidad quedó dispersa dentro de una estructura burocrática y, sobre todo, porque nunca existió suficiente voluntad política internacional para someter a una potencia vencedora de sí misma a un proceso penal.

Eso no equivale a inocencia.

Equivale a ausencia de juicio.

Más de medio siglo después, trabajadores con trajes protectores continúan excavando tierra contaminada en una antigua base estadounidense. Veteranos reciben atención por enfermedades que su propio Gobierno presume relacionadas con los herbicidas. Al otro lado del océano, familias vietnamitas siguen cuidando a personas con discapacidades mientras esperan un reconocimiento que no llegue solamente en forma de cooperación diplomática.

La guerra terminó oficialmente el 30 de abril de 1975.

Pero bajo la tierra de Bien Hoa, dentro de la cadena alimentaria y en la memoria de miles de familias, la Operación Ranch Hand todavía no ha terminado.

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