La sal del Bolsón de Mapimí: el mineral olvidado que alimentó la plata de Parral

Cuando en 1631 surgió el Real de San José del Parral, el norte novohispano cambió. Diez años después, Parral ya era considerado el centro minero más opulento de la Nueva Vizcaya. Ese auge multiplicó la necesidad de abastecer con sal a las haciendas de beneficio por azogue.

HISTORIASMX.– Mucho antes de que el desierto fuera visto como vacío, el Bolsón de Mapimí fue una región estratégica para la economía colonial del norte novohispano. Su valor no estaba únicamente en las minas, sino en un recurso menos brillante, pero indispensable: la sal.

La historiadora Chantal Cramaussel, en un estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, señala que el recurso más cotizado del Bolsón era precisamente la sal. En esa región de cuencas cerradas, donde ríos como el Nazas, el Aguanaval y múltiples arroyos se secaban durante el estiaje, se acumulaban grandes cantidades de sal, conocida también en documentos coloniales como “sal-tierra”.

La sal: un recurso vital para la minería.

En la época colonial, la sal no solo servía para el consumo humano y animal. Su importancia mayor estaba en la minería, porque era un ingrediente indispensable para el beneficio de la plata por amalgamación con mercurio, proceso utilizado en las haciendas de beneficio más productivas.

El llamado beneficio de patio consistía en triturar el mineral de plata hasta convertirlo en polvo, mezclarlo con agua, sal, mercurio y otros compuestos, y dejar que la reacción química permitiera separar la plata. Estudios sobre la minería colonial explican que esta técnica sustituyó ampliamente a la fundición porque era más barata y permitió procesar enormes cantidades de mineral durante la época colonial.

Parral y la demanda de sal.

Cuando en 1631 surgió el Real de San José del Parral, el norte novohispano cambió. Diez años después, Parral ya era considerado el centro minero más opulento de la Nueva Vizcaya. Ese auge multiplicó la necesidad de abastecer con sal a las haciendas de beneficio por azogue.

Al principio se intentó llevar sal desde Culiacán y Chiametla, por caminos difíciles hacia la cuenca del río Florido, pero el flete encarecía el producto y no alcanzaba para cubrir la demanda de los mineros parralenses.

El Bolsón de Mapimí como proveedor estratégico.

La presión minera llevó a buscar salinas más cercanas. En 1639, el minero de Parral Diego Galiano encontró una salina que, según Cramaussel, probablemente correspondía a la actual laguna de Jaco. Los españoles la llamaron Santa María de los Tobosos, y tomaron posesión de la salina y de tierras cercanas donde había ojos de agua.

El hallazgo era estratégico: permitía reducir la dependencia de la sal traída desde regiones lejanas y abastecer con mayor facilidad a Parral. El propio gobernador Bravo de la Serna informó al virrey que el descubrimiento era especialmente útil porque evitaba traer sal desde Chiametla, lo que confirma su importancia para el beneficio de la plata.

Indígenas salineros y presión colonial.

El uso colonial de la sal no puede separarse del conflicto con los pueblos originarios. La sal del Bolsón ya era aprovechada desde tiempos prehispánicos como bien de intercambio. Pero con el auge de Parral, los españoles comenzaron a ejercer mayor presión sobre los pueblos locales para que recogieran y trasladaran sal hacia el centro minero.

Cramaussel plantea que la primera gran rebelión indígena del Bolsón, ocurrida entre 1642 y 1646, probablemente estuvo relacionada con esa creciente presión sobre salineros y tobosos para llevar mayores cantidades de sal a Parral.

¿Cuánta sal se usaba para beneficiar plata?

La magnitud del consumo era considerable. De acuerdo con la referencia citada por Cramaussel sobre la minería de San José del Parral, para beneficiar por mercurio cada quintal de mineral se añadían entre 2.5 y 5 libras de sal.

Esto significa que la sal era parte esencial de la cadena productiva minera. Sin sal, el beneficio por azogue se complicaba; sin beneficio, la plata no podía separarse de manera rentable; y sin plata, Parral no habría alcanzado el peso económico que tuvo en la Nueva Vizcaya.

Mapimí: riqueza, frontera y violencia.

El poblamiento colonial de Mapimí fue difícil. Otro estudio de Cramaussel y Celso Carrillo Valdez explica que el asentamiento colonial se ubicaba en una de las zonas más conflictivas del septentrión novohispano, donde grupos indígenas resistieron por décadas el avance español. El presidio de Mapimí se fundó en 1711 como parte del esfuerzo por controlar esa frontera y proteger intereses mineros y comerciales.

La región no era un “desierto vacío”. Era un territorio habitado, disputado y estratégico. La sal, el agua, las rutas y las minas convirtieron al Bolsón en una pieza clave para el avance colonial.

Conclusión periodística.

La historia de la plata de Parral no puede contarse solo desde las minas. También debe contarse desde el desierto.

Desde las salinas.

Desde las rutas de carga.

Desde los pueblos indígenas presionados para abastecer una economía minera que enriqueció a españoles, comerciantes y autoridades coloniales.

La sal del Bolsón de Mapimí fue un recurso silencioso, pero indispensable. No brillaba como la plata, pero sin ella la plata difícilmente habría sostenido el auge de Parral.

Parral fue ciudad de plata, sí. Pero parte de esa plata nació también de la sal del desierto.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX

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