Tres estudios técnicos de CONAGUA revelan que el municipio de Jiménez se encuentra sobre una región hídrica fragmentada, frágil y presionada por la extracción agrícola, donde el acuífero Jiménez-Camargo presenta un déficit severo y Laguna de Palomas muestra señales de agotamiento operativo
HISTORIASMX. – El municipio de Jiménez no descansa sobre un solo cuerpo de agua subterránea. Bajo su territorio convergen tres sistemas hidrogeológicos distintos: Jiménez-Camargo, Laguna de Palomas y Escalón. Cada uno tiene características propias, límites administrativos diferentes, condiciones geológicas particulares y niveles de presión distintos. Sin embargo, los tres forman parte de una misma realidad regional: el agua subterránea del sur de Chihuahua se ha convertido en el recurso más disputado, más vulnerable y más determinante para el futuro del campo, la industria, los pueblos y los ecosistemas.
Los estudios técnicos actualizados por CONAGUA en 2024 permiten observar con mayor claridad el tamaño del problema. El acuífero Jiménez-Camargo, el más grande y estratégico para la región, presenta un déficit anual de 167.37 millones de metros cúbicos. Esto significa que la extracción registrada supera por mucho la recarga natural estimada. En términos simples, se está sacando más agua de la que el sistema puede reponer. No se trata de una advertencia futura, sino de una condición actual de sobreexplotación documentada.
El acuífero Laguna de Palomas, ubicado completamente dentro del municipio de Jiménez, aparece en el cálculo oficial con una disponibilidad muy reducida de apenas 1.28 millones de metros cúbicos anuales. No obstante, el propio estudio técnico expone una señal más grave: el censo de campo calculó una extracción total de 63.3 millones de metros cúbicos anuales, casi toda para uso agrícola, mientras que la recarga total media anual fue estimada en 23.1 millones de metros cúbicos. Esa diferencia arrojó una pérdida de almacenamiento de 40.2 millones de metros cúbicos por año, lo que indica que el acuífero funciona bajo una presión mucho mayor a la que su disponibilidad legal podría sugerir.
El acuífero Escalón, por su parte, muestra una disponibilidad oficial de 2.40 millones de metros cúbicos anuales. Aunque no presenta un déficit comparable al de Jiménez-Camargo, tampoco puede considerarse una reserva abundante. Su recarga total es de apenas 15.7 millones de metros cúbicos anuales, y el estudio advierte que la presencia de sales y la baja conductividad hidráulica hacen que esta región tenga poco interés para la extracción intensiva de agua subterránea. En otras palabras, Escalón tiene agua limitada y además presenta condiciones naturales que restringen su aprovechamiento.
Jiménez-Camargo: el acuífero en déficit severo.
El acuífero Jiménez-Camargo, identificado por CONAGUA con la clave 0832, es el sistema de mayor extensión entre los tres. Cubre una superficie de 9,948.39 kilómetros cuadrados en la porción sur del estado de Chihuahua. Geopolíticamente abarca los municipios de San Francisco de Conchos, Camargo, Allende, Jiménez, López, Coronado y Matamoros. Su importancia regional es enorme porque sostiene buena parte de la actividad agrícola, ganadera y urbana del corredor centro-sur del estado.
El estudio técnico establece que su recarga total media anual es de 174.9 millones de metros cúbicos, todos considerados como recarga natural. Esa recarga proviene principalmente de la infiltración de lluvia en sierras y planicies, dentro de una zona donde predominan condiciones áridas y semiáridas. Sin embargo, frente a esa recarga, el volumen de extracción de aguas subterráneas registrado por el REPDA asciende a 336.77 millones de metros cúbicos anuales. A esto se suma una descarga natural comprometida de 5.5 millones de metros cúbicos, asociada a salidas por manantiales.
El resultado del balance es contundente: -167.37 millones de metros cúbicos anuales. Ese número no es un simple dato administrativo. Es la medida del desequilibrio hídrico. Significa que el acuífero se encuentra sometido a una extracción que rebasa ampliamente su capacidad de renovación. En términos periodísticos, el acuífero Jiménez-Camargo es el corazón hídrico sobreexplotado de la región.
La estructura geológica del acuífero ayuda a entender su funcionamiento. CONAGUA lo define como un acuífero principalmente libre en su porción superior, alojado en sedimentos aluviales, conglomerados y materiales de granulometría variable. En su porción inferior puede presentar condiciones confinadas o semiconfinadas dentro de rocas volcánicas fracturadas como basaltos, tobas, riolitas e ignimbritas. También se reconoce la existencia de calizas profundas con potencial acuífero, aunque no han sido exploradas de manera suficiente.
Este acuífero está asociado a la subprovincia del Bolsón de Mapimí, a las Llanuras y Sierras Volcánicas y a las Sierras y Llanuras de Durango. Es un territorio de valles, llanuras aluviales, depósitos lacustres, sierras plegadas y materiales volcánicos. En este paisaje, la lluvia es escasa, la evaporación es alta y la recarga depende de procesos lentos, dispersos y vulnerables.
La gravedad del caso Jiménez-Camargo radica en que sobre este acuífero se ha construido un modelo productivo de alta demanda hídrica. Cultivos como nogal, alfalfa, chile, cebolla y otros aprovechamientos agrícolas han aumentado la presión sobre una fuente subterránea que ya no presenta disponibilidad real. El déficit no sólo compromete la producción futura: también amenaza la calidad del agua, incrementa los costos de bombeo, profundiza los pozos y puede acelerar procesos de deterioro ambiental.
Laguna de Palomas: disponibilidad mínima y señales de abatimiento.
El acuífero Laguna de Palomas, clave 0848, se ubica en el límite suroriental del estado de Chihuahua y cubre aproximadamente 1,652 kilómetros cuadrados. A diferencia de Jiménez-Camargo, este acuífero se localiza completamente dentro del municipio de Jiménez, lo que lo convierte en una pieza central para entender la presión hídrica del oriente y sureste municipal.
Limita al norte con Rancho Dentón y Rancho La Gloria, al oeste con Escalón, al este con Laguna El Rey y al sur con Ceballos, en el estado de Durango. Su ubicación lo coloca dentro de una región de cuencas cerradas, lagunas intermitentes y depresiones topográficas donde el agua no fluye hacia el mar, sino que se acumula temporalmente y se pierde por evaporación.
El estudio de CONAGUA estima una recarga total media anual de 23.1 millones de metros cúbicos. Esa recarga se compone de entradas subterráneas horizontales, recarga vertical por lluvia y retornos de riego. Oficialmente, el volumen de extracción registrado en REPDA es de 21.82 millones de metros cúbicos anuales, sin descarga natural comprometida, lo que arroja una disponibilidad legal de 1.28 millones de metros cúbicos anuales.
Pero el propio documento revela una diferencia crucial entre la disponibilidad administrativa y la realidad observada en campo. El censo de aprovechamientos realizado en 2010 identificó 79 aprovechamientos, de los cuales 35 estaban activos, 32 inactivos y 12 abandonados. El volumen de extracción total calculado fue de 63.3 millones de metros cúbicos anuales, de los cuales 99.8 por ciento se destinaba al uso agrícola. Al comparar esa extracción de campo con la recarga total de 23.1 millones de metros cúbicos, el balance arrojó un cambio de almacenamiento negativo de 40.2 millones de metros cúbicos por año.
Ese dato es fundamental. Aunque la disponibilidad oficial calculada con base en REPDA aparece ligeramente positiva, el balance hidrogeológico de campo muestra una extracción muy superior a la recarga. Por ello, Laguna de Palomas debe interpretarse como un acuífero en condición crítica o altamente presionada. No se puede hablar de abundancia cuando la disponibilidad legal es mínima y el estudio técnico muestra pérdida de almacenamiento.
El acuífero es de tipo libre, alojado en depósitos sedimentarios granulares no consolidados, conglomerados y materiales interdigitados con rocas volcánicas permeables. En las zonas bajas, donde se localiza la Laguna de Palomas, predominan depósitos lacustres. Las fronteras laterales no son completamente impermeables, pues están formadas por rocas calcáreas y volcánicas permeables, lo que permite dinámicas de flujo subterráneo vinculadas a sierras y zonas de recarga.
La calidad del agua también plantea alertas. El estudio reporta parámetros de campo con un promedio de 2,365 ppm de sólidos disueltos totales y una conductividad eléctrica de 3,900 μS/cm, valores que indican una mineralización elevada. Esto es congruente con un ambiente de cuenca cerrada, evaporación intensa y acumulación natural de sales.
Laguna de Palomas es, por lo tanto, un acuífero pequeño en comparación con Jiménez-Camargo, pero estratégico y delicado. Su territorio está completamente vedado, no cuenta con distrito de riego ni con COTAS constituido, y su principal uso del agua subterránea es agrícola. En una zona de evaporación potencial alta y precipitación limitada, cualquier expansión agrícola sin control puede acelerar la pérdida de almacenamiento y deteriorar aún más la calidad del agua.
Escalón: poca agua, sales y bajo potencial de explotación.
El acuífero Escalón, clave 0857, se localiza en la porción sur del estado de Chihuahua, en el límite con Durango, y cubre una superficie de 4,084 kilómetros cuadrados. La zona queda comprendida casi en su totalidad dentro del municipio de Jiménez, aunque también toca pequeñas porciones de Coronado y López. Su ubicación lo coloca como un acuífero de transición entre Jiménez-Camargo, Laguna de Palomas y Ceballos.
El estudio técnico de CONAGUA reporta una recarga total media anual de 15.7 millones de metros cúbicos. De ese volumen, la principal fuente de recarga se estima por flujo subterráneo, ya que la recarga por lluvia es prácticamente inapreciable. La salida natural comprometida hacia el acuífero de Ceballos se calcula en 8.0 millones de metros cúbicos anuales. El volumen de extracción registrado en REPDA es de 5.29 millones de metros cúbicos anuales, lo que deja una disponibilidad media anual de 2.40 millones de metros cúbicos.
A diferencia de Laguna de Palomas y Jiménez-Camargo, Escalón no aparece como un acuífero con déficit severo. Sin embargo, su disponibilidad tampoco representa una reserva importante. Se trata de un sistema de baja recarga, con condiciones naturales restrictivas y con presencia importante de sales. El estudio señala que la baja conductividad hidráulica de los terrenos y la abundancia de sales hacen que sea de poco interés extraer agua subterránea en esta región.
El acuífero se asienta sobre unidades de relleno del valle y alcanza algunas unidades ígneas con conductividades hidráulicas altas debido a su permeabilidad secundaria. Sus niveles de agua se ubican entre 30 y 90 metros de profundidad, aunque el documento reconoce que no existen datos procesados de piezometría suficientes para construir curvas de profundidad, elevación o evolución del nivel estático.
El censo de aprovechamientos reportó 53 obras, de las cuales 52 eran pozos agrícolas y una de uso doméstico. Las extracciones estimadas en campo fueron de 7.7 millones de metros cúbicos anuales, distribuidas entre uso agrícola e industrial o doméstico según el apartado del balance. Esa diferencia entre extracción de campo y volumen REPDA también muestra la necesidad de mejorar la medición, vigilancia y actualización de datos.
Fisiográficamente, Escalón pertenece a la Región Hidrológica 35, Cuencas Cerradas del Norte, y se ubica dentro del Bolsón de Mapimí, una zona de grandes llanuras parcialmente planas, pequeños cerros, lomeríos y sierras de mayor importancia. Su clima es muy seco y semicálido, con precipitaciones medias anuales entre 300 y 400 milímetros. Estas condiciones explican por qué la recarga por lluvia es tan reducida y por qué el sistema depende más del flujo subterráneo regional.
Tres acuíferos, una misma advertencia.
El balance conjunto revela que Jiménez se encuentra en una posición hídrica sumamente delicada. No se trata de un municipio con una sola fuente subterránea homogénea, sino de un territorio donde convergen acuíferos con comportamientos distintos. Jiménez-Camargo es el acuífero más grande y el más sobreexplotado. Laguna de Palomas es un acuífero completamente jimenense con disponibilidad oficial mínima y señales técnicas de pérdida de almacenamiento. Escalón conserva una disponibilidad reducida, pero con limitaciones naturales de salinidad, baja conductividad y baja recarga.
El patrón común es evidente: todos se ubican en ambientes áridos o semiáridos, todos dependen de recargas limitadas, todos están influidos por cuencas cerradas, todos presentan alguna forma de restricción administrativa o física, y en todos el uso agrícola aparece como factor dominante de presión.
La agricultura regional, especialmente aquella basada en cultivos de alta demanda hídrica, no puede seguir siendo analizada como si el agua subterránea fuera infinita. Los números oficiales muestran que al menos uno de los tres acuíferos ya opera en déficit severo, otro presenta una contradicción preocupante entre disponibilidad legal y extracción real de campo, y el tercero apenas ofrece una disponibilidad baja bajo condiciones naturales complejas.
El agua que se agota no sólo afecta al campo.
La crisis de los acuíferos no es únicamente un problema agrícola. También impacta el abastecimiento urbano, la calidad del agua, los ecosistemas, la salud pública, los costos de energía, la permanencia de comunidades rurales y la viabilidad económica del municipio. Cuando un acuífero se sobreexplota, los pozos deben perforarse más profundo, el agua puede salir con mayor carga de sales o contaminantes naturales, los pequeños productores quedan en desventaja frente a quienes tienen más capacidad económica y las generaciones futuras heredan un subsuelo empobrecido.
En Jiménez, la discusión sobre el agua debe dejar de limitarse a la apertura de pozos, permisos, concesiones o conflictos aislados. Lo que muestran estos tres estudios técnicos es la existencia de un problema estructural. El municipio se encuentra sobre una región hidrogeológica donde el agua disponible es limitada y donde el modelo de extracción actual ya superó la capacidad de recuperación en zonas clave.
Qué debe hacerse.
El primer paso es reconocer públicamente la gravedad del acuífero Jiménez-Camargo. Un déficit anual de 167.37 millones de metros cúbicos exige una revisión profunda de concesiones, cultivos, volúmenes reales de extracción y eficiencia de riego. No basta con hablar de tecnificación si la superficie agrícola continúa expandiéndose o si los cultivos elegidos demandan volúmenes que el acuífero ya no puede sostener.
El segundo paso es atender Laguna de Palomas como un caso de alerta. Aunque su disponibilidad oficial aparece positiva, el balance de campo muestra una pérdida de almacenamiento significativa. Esto obliga a revisar la diferencia entre los volúmenes inscritos en REPDA y las extracciones reales. Sin medición confiable, no puede haber gestión hídrica seria.
El tercer paso es no convertir Escalón en una reserva de emergencia sin comprender sus límites. Su disponibilidad es baja y su calidad puede estar condicionada por sales. Extraer más agua de un acuífero naturalmente limitado podría trasladar el problema de una zona a otra sin resolver la crisis de fondo.
Finalmente, Jiménez necesita una política hídrica municipal y regional basada en datos, no en intereses de corto plazo. Se requiere medición obligatoria, actualización de censos de pozos, vigilancia de extracciones, protección de zonas de recarga, reconversión productiva, límites a cultivos de alta demanda, tecnificación real y transparencia pública sobre concesiones.
Conclusión.
Los tres estudios de CONAGUA muestran que el agua subterránea en Jiménez ya no puede seguir siendo tratada como un recurso invisible. Bajo el municipio existen acuíferos con nombres, límites, balances y déficits. Uno de ellos, Jiménez-Camargo, se encuentra oficialmente en números rojos. Otro, Laguna de Palomas, presenta una disponibilidad mínima y una señal de abatimiento en su balance de campo. El tercero, Escalón, conserva una disponibilidad baja, pero bajo condiciones naturales de salinidad y poca recarga.
La conclusión es clara: Jiménez vive sobre una frontera hídrica crítica. El futuro del municipio dependerá de su capacidad para cambiar la manera en que extrae, cultiva, administra y defiende el agua subterránea.
Porque cuando un acuífero entra en déficit, no sólo se agota el agua. También se agota el margen de error de una región entera.