El CDP en Chihuahua: el movimiento popular que empujó la ciudad hacia sus colonias olvidadas

De la lucha estudiantil y obrera a la fundación de colonias populares, el Comité de Defensa Popular marcó una etapa decisiva en la expansión urbana de Chihuahua capital

HISTORIASMX. – La historia del Comité de Defensa Popular de Chihuahua, conocido como CDP, no puede entenderse únicamente como la historia de un grupo político. Fue, sobre todo, la expresión de una ciudad que crecía sin vivienda suficiente, sin servicios públicos para miles de familias migrantes y con una periferia cada vez más marcada por la desigualdad urbana.

El CDP surgió formalmente el 28 de enero de 1972 en la ciudad de Chihuahua, integrado por estudiantes, profesores, campesinos, obreros, desempleados y personas recién llegadas a la capital del estado. Su nacimiento ocurrió en un contexto de represión política, inconformidad social y organización popular tras los hechos violentos vinculados con la llamada “Operación Madera” de enero de ese mismo año.

Desde sus primeros días, el movimiento articuló demandas que antes estaban dispersas: defensa de detenidos políticos, apoyo a obreros, respaldo a campesinos, participación estudiantil y, de manera cada vez más fuerte, lucha por tierra urbana para familias pobres. En ese sentido, el CDP se convirtió en una de las organizaciones urbano-populares más importantes del norte de México. Estudios académicos sobre el crecimiento urbano en Chihuahua señalan que el CDP logró agrupar sindicatos, colonias de posesionarios, estudiantes, profesores y grupos campesinos, convirtiéndose en una dirección política efectiva de un movimiento de masas que nació en la capital y después se ramificó hacia otras ciudades del estado.

La ciudad que crecía sin lugar para los pobres.

Durante las décadas de 1960 y 1970, Chihuahua capital recibió población proveniente del campo, de comunidades rurales y de sectores empobrecidos que buscaban empleo, educación y mejores condiciones de vida. Pero la ciudad no estaba preparada para absorber esa expansión.

La falta de vivienda accesible, la concentración de tierra urbana en pocas manos, la ausencia de infraestructura y la incapacidad de los gobiernos para responder a la demanda social crearon el terreno perfecto para el surgimiento de colonias populares. En investigaciones sobre el desarrollo urbano de Chihuahua y Ciudad Juárez se señala que el éxito de organizaciones como el CDP debe entenderse por las serias carencias de la población: falta de servicios públicos, falta de acceso al mercado formal de vivienda, acaparamiento de tierra y rápido crecimiento demográfico.

En ese contexto, la lucha por un lote no era solamente una acción política. Para miles de familias era la única posibilidad real de construir patrimonio. La periferia se convirtió en el escenario donde se disputaba el derecho a vivir en la ciudad.

La colonia Francisco Villa: el antecedente decisivo.

Antes de la fundación formal del CDP, la colonia Francisco Villa ya había marcado un precedente. Su origen se relaciona con la ocupación de terrenos en la salida norte de la ciudad de Chihuahua el 17 de junio de 1968, cuando familias sin vivienda comenzaron a instalarse en un espacio que después se volvería emblemático para el movimiento urbano popular.

La Francisco Villa no fue sólo una colonia: fue una escuela política. Allí se aprendieron formas de organización vecinal, defensa territorial, presión pública y negociación con autoridades. Cuando el CDP nació en 1972, la experiencia de la Francisco Villa ya mostraba que las colonias populares podían convertirse en una fuerza social organizada.

Tomar tierra para obligar al gobierno a reconocerla.

El método del CDP fue polémico, pero efectivo: ocupar terrenos, repartir lotes, organizar a los colonos y presionar al gobierno para obtener regularización, agua, luz, drenaje, escuelas y transporte. Desde una visión institucional, esas acciones fueron consideradas invasiones o “paracaidismo”. Desde la mirada de los colonos, fueron una estrategia de supervivencia ante un mercado urbano que los excluía.

La literatura académica describe que el CDP fincó parte de su poder en una política agresiva de presión masiva, mediante la cual imponía “situaciones de hecho” al gobierno para arrancarle concesiones políticas y urbanas. Sus principales demandas eran la tenencia de la tierra, servicios básicos, escuelas, agua, drenaje y electricidad en colonias populares.

Así, el CDP no sólo fundaba colonias; obligaba al Estado a reconocer lo que ya existía en la realidad. Primero llegaban las familias, después los jacales, luego la organización, más tarde la presión pública y finalmente la regularización parcial o total.

Las colonias que cambiaron el mapa de Chihuahua.

En Chihuahua capital, el CDP influyó en la formación y consolidación de varias colonias populares. Entre las más citadas por crónicas locales se encuentran 17 de Junio, 2 de Octubre, CDP, Cumbres del Sur, Cerro de la Cruz, Chulavista y Deportistas, entre otras.

Estos asentamientos no nacieron como fraccionamientos planeados desde un escritorio. Muchos surgieron desde la necesidad, el hacinamiento, la pobreza y la presión de familias que no tenían otra alternativa. Las calles, los servicios y la infraestructura llegaron tarde, muchas veces después de años de lucha.

Por eso, hablar del CDP es hablar también de la transformación física de Chihuahua. La ciudad formal se vio obligada a reconocer a la ciudad real: aquella que se extendía en cerros, laderas, periferias y terrenos sin servicios.

Más que vivienda: una estructura de poder popular.

El CDP no se limitó a repartir terrenos. Con el tiempo construyó una estructura social amplia, organizada por sectores: colonos, vendedores ambulantes, transportistas, maestros, estudiantes, amas de casa y pequeños comerciantes. En los años ochenta, esa organización comenzó a perfilarse como fuerza político-electoral.

Su influencia fue tal que distintas administraciones municipales tuvieron que responder a esa nueva realidad. En varias ciudades del estado, los gobiernos buscaron crear mecanismos alternos de participación vecinal para contener o competir con las organizaciones populares. En Ciudad Juárez, por ejemplo, estudios sobre participación ciudadana señalan que los comités vecinales impulsados desde gobiernos municipales panistas fueron una forma de articular demandas de colonias populares al margen de grupos afines al CDP y otras organizaciones.

Esto muestra que el CDP no sólo fundó colonias: también obligó a los gobiernos a modificar sus formas de relación con la periferia urbana.

Entre la lucha social y el clientelismo.

La historia del CDP tiene luces y sombras. Para miles de familias, representó la posibilidad de obtener un terreno, construir una casa y exigir servicios. Para otros sectores, fue una organización que utilizó la necesidad social como base de control político.

El movimiento fue acusado en distintos momentos de operar mediante presión, corporativismo, grupos de choque y alianzas políticas contradictorias. Estudios sobre movimientos urbanos en Chihuahua señalan que el CDP llegó a reproducir mecanismos corporativos de control similares a los del PRI, aunque desde una posición no institucional y de confrontación.

Esa contradicción es central para entenderlo. El CDP nació como una organización de lucha popular, pero con el paso de los años también se convirtió en estructura política. Su fuerza provenía de los colonos, pero su dirigencia acumuló poder mediante la gestión de terrenos, servicios, permisos y representación.

El paso hacia la política electoral.

Con el tiempo, el CDP dejó de ser sólo un movimiento social y se convirtió también en una fuerza política. En 1989 obtuvo registro como partido estatal y participó en procesos electorales locales. Más tarde, su historia se conectó con el surgimiento y consolidación del Partido del Trabajo en Chihuahua.

Este tránsito refleja un fenómeno común en los movimientos populares mexicanos del siglo XX: nacen desde la calle, crecen desde la necesidad, negocian con el poder y terminan entrando al sistema político que originalmente cuestionaban.

La herencia urbana del CDP.

Hoy muchas colonias que alguna vez fueron vistas como asentamientos irregulares forman parte del tejido urbano de Chihuahua. Tienen escuelas, calles, rutas de transporte, comercios, iglesias, centros comunitarios y generaciones completas que nacieron allí.

Pero esa normalidad urbana no debe borrar su origen. Detrás de esas colonias hubo familias que vivieron sin agua, sin drenaje, sin electricidad, sin pavimento y con miedo al desalojo. Hubo mujeres que cargaron cubetas, hombres que levantaron cuartos de madera y cartón, niños que crecieron entre polvo, carencias y organización comunitaria.

La ciudad de Chihuahua no se expandió únicamente por decisiones de planeación. También creció por presión popular. El CDP fue una de las fuerzas que empujó esa expansión desde abajo.

Conclusión.

El movimiento del CDP en Chihuahua fue hijo de una época marcada por migración, pobreza urbana, represión política, crecimiento desordenado y ausencia de vivienda popular. Su historia no puede contarse sólo como invasión de terrenos ni tampoco únicamente como lucha heroica.

Fue ambas cosas: una respuesta social legítima ante la exclusión urbana y, al mismo tiempo, una estructura política que acumuló poder sobre la necesidad de los pobres.

Su mayor influencia está escrita en el mapa de la ciudad. Colonias enteras de Chihuahua capital existen porque miles de familias organizadas decidieron ocupar un lugar que el mercado y el gobierno les habían negado.

A medio siglo de distancia, la pregunta sigue vigente: ¿cuántas colonias populares de Chihuahua nacieron no porque el Estado planeara la ciudad, sino porque los pobres tuvieron que conquistarla?

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX

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