La región no se encuentra sobre el límite de grandes placas tectónicas, pero tampoco es una tierra completamente inmóvil. Fallas antiguas, bloques hundidos, actividad volcánica reciente en términos geológicos y sismos históricos revelan un subsuelo más complejo de lo que parece.
HISTORIASMX. – A primera vista, el municipio de Jiménez parece una extensa planicie desértica: campos agrícolas, mezquitales, antiguas lagunas y serranías aisladas que se levantan sobre el horizonte. Sin embargo, bajo ese paisaje aparentemente estable existe una arquitectura geológica construida durante millones de años mediante plegamientos, volcanismo, erosión y fracturamiento de la corteza terrestre.
Las sierras que rodean los valles no aparecieron por casualidad. Muchas son bloques de roca levantados o inclinados, separados por depresiones que posteriormente se rellenaron con gravas, arenas, limos y arcillas. En distintos puntos, esos cambios fueron controlados por fallas geológicas: planos de debilidad a lo largo de los cuales dos bloques de la corteza se desplazaron uno respecto del otro.
La cartografía oficial confirma la existencia de fallas dentro del amplio territorio municipal de Jiménez y en la región que se prolonga hacia Camargo, López, Coronado, Allende, Parral, Santa Bárbara, San Francisco del Oro y el norte de Durango. No obstante, existe una diferencia fundamental entre encontrar una falla dibujada en un mapa y demostrar que esa estructura permanece activa y puede producir un terremoto.
Esa distinción resulta indispensable para informar sin alarmismo.
Jiménez, entre sierras, cuencas y antiguos mares.
El municipio de Jiménez ocupa una superficie excepcionalmente extensa: alrededor de 4.3 por ciento del territorio de Chihuahua. El relieve pertenece casi totalmente a la provincia fisiográfica de Sierras y Llanuras del Norte y se divide entre las subprovincias de Llanuras y Sierras Volcánicas y el Bolsón de Mapimí.
Esta configuración explica la sucesión característica de montañas aisladas, bajadas, abanicos aluviales, bolsones cerrados y planicies desérticas. Es la expresión superficial de una corteza dividida en bloques.
El compendio municipal de INEGI establece que 64 por ciento de la superficie de Jiménez corresponde a materiales del Cuaternario, principalmente sedimentos recientes acumulados en las zonas bajas. Otro 17.2 por ciento pertenece al Cretácico, 13.7 por ciento al Neógeno y proporciones menores al Terciario y Paleógeno.
El suelo aluvial representa aproximadamente 61.5 por ciento del municipio. En contraste, las sierras exponen calizas, conglomerados, areniscas, rocas volcánicas e intrusivas. Las calizas cretácicas recuerdan una etapa mucho más antigua, cuando parte del actual norte de México estuvo cubierta por mares poco profundos. Las rocas volcánicas, por su parte, registran episodios posteriores de ascenso de magma y adelgazamiento de la corteza.
En el mapa geológico municipal, INEGI representa varias fallas asociadas principalmente con las serranías y afloramientos rocosos del territorio. Sin embargo, la escala 1:250,000 permite reconocer estructuras regionales, no determinar con precisión si una falla pasa bajo una vivienda, una calle o un predio particular. Para eso se necesitan levantamientos geológicos y geofísicos de mayor detalle.
Una región estirada desde hace millones de años.
Jiménez se encuentra dentro del dominio geológico conocido como Cuencas y Sierras, equivalente regional de la provincia Basin and Range de Norteamérica. Su rasgo principal es una corteza que fue sometida a extensión: en vez de comprimirse, comenzó a estirarse y fragmentarse.
Cuando la corteza se estira, algunos bloques bajan y forman depresiones tectónicas —grábenes o fosas—, mientras otros permanecen elevados y dan origen a pilares tectónicos u horsts. Con el tiempo, las depresiones reciben enormes cantidades de sedimentos procedentes de la erosión de las montañas.
Este proceso produjo muchas de las llanuras actuales del centro y oriente de Chihuahua. Las fallas predominantes son de tipo normal: estructuras en las que uno de los bloques desciende respecto del otro debido a la extensión de la corteza.
Investigadores de la Universidad Autónoma de Chihuahua, la UNAM y otras instituciones sitúan el comienzo de esta etapa extensiva hacia el Oligoceno tardío, hace aproximadamente 25 millones de años, con una fase particularmente importante durante el Mioceno. Los autores advierten que algunos sectores podrían conservar deformación tectónica, posiblemente relacionada con la prolongación meridional del Rift del Río Grande. Sin embargo, también reconocen la necesidad de mayor monitoreo para identificar qué estructuras mantienen actividad reciente.
La forma del paisaje aporta pistas. Frentes montañosos abruptos, facetas triangulares, cauces desviados, manantiales alineados y cambios repentinos de pendiente pueden revelar antiguas zonas de movimiento. Pero ninguno de esos rasgos, por sí solo, demuestra que una falla esté activa en la actualidad.
El municipio tiene fallas cartografiadas, pero falta conocer su edad.
La carta geológico-minera Ciudad Camargo G13-2, elaborada por el entonces Consejo de Recursos Minerales —hoy Servicio Geológico Mexicano—, cubre buena parte del centro-sur y sureste de Chihuahua, incluyendo sectores de Camargo, Jiménez y municipios vecinos.
El documento integra información de campo, imágenes satelitales, litología, secciones geológicas, estructuras, yacimientos y fallas a escala regional. En conjunto muestra que el territorio está dividido por estructuras con orientaciones predominantemente noroeste-sureste, norte-sur y, localmente, noreste-suroeste.
Estas fallas no tienen necesariamente la misma edad ni el mismo comportamiento. Algunas se originaron durante episodios de compresión que plegaron las rocas sedimentarias; otras aparecieron o fueron reactivadas cuando la corteza comenzó a extenderse. Muchas pueden llevar millones de años sin desplazamiento apreciable.
El mapa oficial constituye un inventario geológico, no un catálogo de fallas activas. Una estructura cartografiada se considera geológicamente comprobada cuando se reconoce mediante contactos desplazados, escarpes, datos de campo o interpretación geofísica. Para clasificarla como activa sería necesario demostrar que tuvo movimiento durante el Cuaternario reciente y, de manera ideal, encontrar sedimentos jóvenes desplazados o actividad sísmica asociada.
La carta cubre 21 mil 890 kilómetros cuadrados y reconoce en la zona el contacto entre unidades de los terrenos geológicos Parral y Sierra Madre. Su elaboración incluyó interpretación satelital y trabajo de campo, aunque su escala no sustituye un atlas municipal de riesgo.
Camargo: fallas, volcanes y una corteza que se abrió.
Al norte de Jiménez aparece uno de los elementos geológicos más importantes de la región: el campo volcánico de Camargo. Está compuesto por centenares de centros eruptivos, principalmente conos de escoria y derrames basálticos.
Las investigaciones sitúan su actividad entre aproximadamente 4.7 millones y 90 mil años antes del presente. Aunque 90 mil años representa un periodo enorme para la vida humana, geológicamente se considera relativamente reciente.
El campo volcánico se desarrolló en una zona de acomodación tectónica: al norte predominan bloques inclinados en una dirección y, hacia otro sector, la inclinación cambia. Esa transición se encuentra controlada por fallas normales. La relación entre fracturamiento y volcanismo es lógica: las fallas pueden funcionar como rutas de ascenso para el magma.
Entre las estructuras descritas en estudios especializados aparecen las fallas Las Borregas, El Milagro y Las Hormigas, relacionadas con la configuración del campo volcánico. Esto no significa que los volcanes de Camargo estén próximos a entrar en erupción. Actualmente no existe evidencia pública de una crisis volcánica, deformación acelerada, emisión anormal de gases o sismicidad magmática que indique una erupción inminente.
Su importancia es histórica y científica: demuestra que el subsuelo regional estuvo sometido a extensión, fracturamiento y ascenso de magma durante el Plioceno y el Pleistoceno.
La posible prolongación de la falla de San Marcos.
Una de las grandes estructuras regionales del norte de México es la falla de San Marcos, estudiada principalmente en Coahuila. Se trata de una falla antigua que experimentó diferentes episodios de movimiento y reactivación.
Trabajos geológicos han propuesto, a partir de modelos digitales del terreno y lineamientos regionales, que la estructura podría prolongarse debajo del campo volcánico de Camargo y continuar hacia el oeste de algunas serranías. Esta interpretación es relevante porque muestra que las fronteras administrativas no corresponden con los sistemas geológicos: una falla puede atravesar varios estados y quedar parcialmente sepultada bajo sedimentos o rocas volcánicas.
Sin embargo, hablar de una prolongación inferida no equivale a afirmar que existe una ruptura superficial continua o activa desde Coahuila hasta Camargo o Jiménez. Parte del trazo permanece cubierta, por lo que su interpretación depende de datos magnéticos, gravimétricos, geomorfológicos y estructurales.
Parral: la advertencia escrita por un terremoto.
La evidencia más clara de que el sur de Chihuahua puede producir sismos importantes se encuentra en la historia de Hidalgo del Parral.
El 1 de noviembre de 1928 ocurrió un terremoto en las cercanías de Parral. Las estimaciones históricas le asignan una magnitud aproximada de 6.3 a 6.5, aunque existe incertidumbre porque la red instrumental de la época era limitada.
El análisis de sus efectos y de su fuente indica que estuvo relacionado con un sistema de fallas normales de orientación aproximada noroeste-sureste, localizado en el borde oriental de la Sierra Madre Occidental. Los parámetros estudiados sugieren extensión de la corteza en dirección noreste-suroeste.
El movimiento fue sentido en una región extensa. Se reportaron daños en construcciones de Parral y desprendimientos de cantera y afectaciones en edificios históricos de la ciudad de Chihuahua. El evento demuestra que, aunque la frecuencia sísmica sea considerablemente menor que en la costa del Pacífico, el interior continental no está exento de terremotos.
El estudio encabezado por especialistas de la UACH señala que la longitud, profundidad y complejidad de la ruptura de 1928 son comparables con otros eventos de magnitud semejante ocurridos en el oeste de Estados Unidos. También menciona un sismo de magnitud 4.1 registrado en 1984 a unos 50 kilómetros de la zona del evento histórico.
Más recientemente, en diciembre de 2023, el Servicio Sismológico Nacional registró un movimiento de magnitud 3.6 a unos 45 kilómetros al suroeste de Parral, con epicentro en San Bernardo, Durango, y una profundidad reportada de 2.3 kilómetros. Protección Civil no documentó daños y el movimiento fue imperceptible para buena parte de la población.
La sismicidad de Santa Bárbara, San Francisco del Oro y el norte de Durango confirma que el entorno de Parral mantiene actividad de baja magnitud. No obstante, cada enjambre o microsismo debe estudiarse antes de atribuirlo a una falla determinada. La proximidad entre epicentro y una estructura cartografiada no constituye, por sí misma, prueba de causalidad.
¿Qué significa para la ciudad de Jiménez?
Hasta la información pública revisada, no existe evidencia suficiente para afirmar que una falla activa conocida atraviese la mancha urbana de Ciudad Jiménez. Tampoco se encontró un estudio paleosismológico municipal que determine la fecha del último movimiento de cada estructura representada en los mapas.
Esto no significa que el riesgo sea cero. Significa que el conocimiento disponible todavía es insuficiente para hacer afirmaciones más precisas.
La cabecera municipal se asienta principalmente sobre sedimentos aluviales cuaternarios. Estos materiales pueden comportarse de manera distinta a la roca firme durante un terremoto. Dependiendo de su espesor, grado de compactación, contenido de agua y composición, pueden amplificar determinadas ondas sísmicas.
En zonas con arenas sueltas y saturadas también puede existir susceptibilidad a licuefacción, aunque este fenómeno no debe darse por hecho sin estudios geotécnicos. En una región árida y con niveles de agua subterránea variables, la evaluación tendría que realizarse sitio por sitio.
La distancia también cuenta. Un sismo en Parral, Santa Bárbara, Camargo, Naica o el norte de Durango podría sentirse en Jiménez, aunque no se origine dentro del municipio. El movimiento registrado en septiembre de 2013, con epicentro al suroeste de Delicias, fue percibido en Camargo, Jiménez, Parral y otras localidades del centro-sur de Chihuahua.
Fallas, grietas y hundimientos no son lo mismo.
Uno de los errores más frecuentes consiste en llamar “falla geológica” a cualquier grieta que aparece en una carretera, una vivienda o un terreno agrícola.
Una falla tectónica implica desplazamiento de bloques de roca por esfuerzos de la corteza. Una fractura es una ruptura sin desplazamiento claramente observable. Una grieta superficial, en cambio, puede originarse por desecación del suelo, deficiencias constructivas, fugas de agua, rellenos mal compactados, erosión, raíces, variaciones térmicas o hundimiento diferencial.
En los valles agrícolas existe otro fenómeno que merece vigilancia: la subsidencia asociada con la extracción intensiva de agua subterránea. Cuando disminuye la presión del agua en ciertos acuíferos, los sedimentos finos pueden compactarse y provocar descensos graduales del terreno. Este proceso puede generar grietas o reactivar planos de debilidad muy superficiales, pero no es idéntico a una falla tectónica profunda.
En Jiménez, donde existe una prolongada presión sobre el acuífero, resultaría razonable instalar estaciones de nivelación y equipos GPS de alta precisión para detectar movimientos verticales. Sin embargo, sería incorrecto atribuir una grieta concreta a la sobreexplotación sin mediciones topográficas, análisis del subsuelo y evidencia geotécnica.
Las fallas también conducen y bloquean el agua.
Las fallas no son únicamente una fuente potencial de sismos. También influyen en el movimiento del agua subterránea.
Una fractura abierta puede aumentar la permeabilidad de una roca y servir como conducto. Por el contrario, si el plano está relleno con arcilla, minerales o roca triturada, puede funcionar como barrera y separar compartimentos dentro del acuífero.
Los especialistas han señalado la relación entre fallas y manantiales termales en Chihuahua. Entre los ejemplos regionales aparecen San Diego de Alcalá, Camargo y Jiménez. El agua puede descender a profundidad a través de fracturas, calentarse por el gradiente natural de la Tierra y volver a la superficie mediante zonas permeables.
La presencia de agua termal tampoco prueba por sí sola que una falla esté sísmicamente activa. Sí revela que el subsuelo se encuentra fracturado y que existe circulación profunda de fluidos.
En una región afectada por la escasez y sobreexplotación del agua, conocer esa arquitectura es esencial. Dos pozos separados por pocos kilómetros pueden mostrar niveles, temperaturas o composiciones químicas diferentes si una falla funciona como barrera entre ambos.
Un riesgo bajo no es un riesgo inexistente.
Chihuahua no posee la elevada actividad sísmica de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Colima o Baja California. Se encuentra lejos de la zona de subducción donde las placas de Cocos y Rivera se introducen bajo Norteamérica.
Pero el peligro sísmico no depende únicamente de los bordes de placas. Las fallas continentales pueden reactivarse por esfuerzos transmitidos a grandes distancias, por extensión regional o por reajustes internos de la corteza.
El sur de Chihuahua reúne tres evidencias que impiden considerarlo completamente estable:
- Sistemas de fallas regionales reconocidos en la cartografía geológica.
- Un terremoto histórico importante en Parral en 1928.
- Sismicidad instrumental menor y ocasional en Parral, Santa Bárbara, el centro-sur de Chihuahua y el norte de Durango.
La amenaza debe dimensionarse con serenidad. La existencia de fallas no significa que un gran terremoto sea inminente, y la ciencia todavía no puede predecir con día y hora cuándo ocurrirá un sismo. Lo que sí puede hacer es identificar zonas susceptibles, mejorar las construcciones y preparar a la población.
La deuda: un atlas geológico y geotécnico de escala municipal.
La principal carencia no es la falta absoluta de información, sino su escala. Los mapas de INEGI y el Servicio Geológico Mexicano son fundamentales para comprender la región, pero fueron elaborados principalmente a escalas de 1:250,000. A esa resolución, un centímetro en el mapa representa 2.5 kilómetros en el terreno.
Un atlas de riesgos útil para Ciudad Jiménez requeriría:
- Cartografía de fallas y lineamientos a escala urbana.
- Perfiles de resistividad eléctrica y estudios gravimétricos.
- Sondeos geotécnicos para conocer el espesor de los sedimentos.
- Monitoreo GPS e interferometría satelital para detectar subsidencia.
- Registro continuo de microsismos mediante estaciones locales.
- Estudios paleosismológicos en posibles escarpes cuaternarios.
- Evaluación de escuelas, hospitales, puentes, templos y edificios antiguos.
- Separación técnica entre fallamiento tectónico, hundimiento, erosión y daños estructurales.
También sería conveniente actualizar los reglamentos de construcción con parámetros sísmicos específicos para el sur del estado. Las viviendas de adobe, construcciones antiguas de mampostería y edificios modificados sin evaluación estructural suelen ser más vulnerables incluso ante movimientos moderados.
Aprender a vivir sobre una tierra dinámica.
Para los habitantes de Jiménez, las fallas permanecen casi siempre invisibles. No forman grandes grietas abiertas ni anuncian su presencia. Están sepultadas bajo sedimentos, bordean serranías o quedan registradas en cambios sutiles del relieve.
Sin embargo, son parte de la historia íntima del territorio. Ayudaron a levantar montañas, formar cuencas, guiar aguas termales y abrir caminos para antiguos magmas. También recuerdan que el desierto no es una superficie terminada, sino una estructura que continúa ajustándose lentamente.
La conclusión científica no debe ser el miedo. Debe ser la prevención.
Jiménez y el sur de Chihuahua presentan fallas geológicas comprobadas y antecedentes sísmicos que justifican mayor investigación. Al mismo tiempo, la evidencia disponible no permite afirmar que exista una falla activa atravesando la ciudad ni que un terremoto destructivo sea inminente.
Entre negar el riesgo y exagerarlo existe un camino responsable: estudiar el subsuelo, vigilar sus movimientos, construir mejor y convertir el conocimiento geológico en una herramienta de protección para la comunidad.
Fuentes principales consultadas.
- INEGI: Compendio de información geográfica municipal de Jiménez
- Servicio Geológico Mexicano: carta Ciudad Camargo G13-2
- SGM: ficha del informe geológico-minero Ciudad Camargo
- UACH–UNAM: Los sismos en Chihuahua y su peligro para la construcción
- Investigación sobre volcanismo y extensión en el campo de Camargo
- Gobierno de Chihuahua: registro sísmico cercano a Parral en 2023
Nota metodológica: la investigación distingue estructuras cartografiadas, fallas potencialmente activas y sismicidad instrumental. La coincidencia espacial entre una falla y un epicentro no demuestra causalidad sin estudios sismológicos y paleosísmicos específicos.