Agua envenenada: arsénico y sobreexplotación la amenazan de Jiménez, Chihuahua.

La problemática no es reciente. Investigaciones científicas, estudios de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), trabajos del Centro de Investigación en Materiales Avanzados (CIMAV), la Universidad Autónoma de Chihuahua y publicaciones internacionales han documentado que el acuífero Jiménez-Camargo se encuentra entre los más sobreexplotados del país y forma parte de una región con presencia natural de arsénico en las aguas subterráneas.

Una crisis silenciosa bajo tierra.

HISTORIASMX. – En el subsuelo de Jiménez, Chihuahua, se desarrolla desde hace décadas una crisis ambiental y sanitaria que pocas veces ocupa las primeras planas. Mientras el municipio enfrenta una intensa extracción de agua para actividades agrícolas y urbanas, los acuíferos muestran señales cada vez más alarmantes: abatimiento de los niveles freáticos, deterioro de la calidad del agua y concentraciones elevadas de arsénico y flúor, elementos asociados con diversas enfermedades crónicas.

La problemática no es reciente. Investigaciones científicas, estudios de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), trabajos del Centro de Investigación en Materiales Avanzados (CIMAV), la Universidad Autónoma de Chihuahua y publicaciones internacionales han documentado que el acuífero Jiménez-Camargo se encuentra entre los más sobreexplotados del país y forma parte de una región con presencia natural de arsénico en las aguas subterráneas.

El agua de Jiménez proviene de un acuífero agotado.

El abastecimiento de agua en Jiménez depende principalmente del acuífero Jiménez-Camargo, identificado por Conagua con la clave 0832.

Los estudios oficiales muestran que este acuífero recibe una recarga natural promedio de 173.3 millones de metros cúbicos por año; sin embargo, las extracciones superan los 303 millones de metros cúbicos anuales, generando un déficit cercano a los 142 millones de metros cúbicos. En términos prácticos, se extrae mucho más de lo que la naturaleza es capaz de reponer.

La consecuencia inmediata es un descenso progresivo del nivel del agua subterránea. Conforme los pozos tienen que perforarse a mayores profundidades para mantener el suministro, también aumenta la posibilidad de extraer agua con mayor contenido de minerales y metales pesados.

¿De dónde proviene el arsénico?

A diferencia de otros contaminantes industriales, el arsénico presente en Jiménez tiene principalmente un origen geológico.

La región se encuentra dentro del Bolsón de Mapimí, una cuenca sedimentaria donde existen materiales volcánicos y depósitos minerales que contienen arsénico y flúor. Cuando el agua subterránea permanece largos periodos en contacto con estas rocas, los elementos se disuelven y pasan al acuífero.

Normalmente este proceso ocurre lentamente, pero la sobreexplotación modifica las condiciones hidroquímicas y obliga a bombear agua de zonas más profundas, donde las concentraciones son mayores. Investigadores del CIMAV y especialistas internacionales han señalado que el abatimiento de los acuíferos favorece la movilización de estos elementos tóxicos.

Jiménez entre las zonas con mayores concentraciones.

Diversos estudios científicos sobre aguas subterráneas de Chihuahua identifican al acuífero Jiménez-Camargo como uno de los más afectados por la presencia de arsénico y flúor.

Una revisión realizada por investigadores de la Universidad Autónoma de Chihuahua destaca que dentro del estado, el sistema Jiménez-Camargo figura entre los de mayor contenido de ambos elementos.

Incluso reportes periodísticos basados en información técnica señalaron desde 2017 que varios pozos de Jiménez presentaban algunas de las concentraciones más elevadas registradas en Chihuahua.

El problema aumenta con la extracción excesiva.

Especialistas han encontrado una relación directa entre la sobreexplotación de los acuíferos y el incremento de arsénico en el agua.

Al disminuir los niveles del subsuelo, el agua disponible circula por capas más profundas y antiguas, donde existe una mayor interacción con minerales arsenicales.

Investigaciones internacionales realizadas en Chihuahua concluyeron que el fenómeno no es exclusivo de una comunidad específica, sino de varios sistemas acuíferos del estado sometidos a estrés hídrico.

En otras palabras, mientras más se bombea, mayor es el riesgo de encontrar agua con concentraciones elevadas de contaminantes naturales.

Los efectos en la salud.

La Organización Mundial de la Salud considera al arsénico como uno de los contaminantes químicos más peligrosos presentes en el agua potable.

La exposición continua durante años puede provocar:

  • Cáncer de piel, pulmón, vejiga y riñón.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Daño hepático.
  • Alteraciones cardiovasculares.
  • Enfermedades renales.
  • Trastornos neurológicos.
  • Lesiones cutáneas.
  • Alteraciones en el desarrollo infantil.

El riesgo aumenta cuando el arsénico se combina con altas concentraciones de flúor, situación que ha sido ampliamente documentada en Chihuahua.

Más de una década de investigaciones.

Desde principios de los años 2000, científicos mexicanos y extranjeros han estudiado la presencia de arsénico en las aguas subterráneas de Chihuahua.

Investigadores del CIMAV analizaron las diferentes especies químicas de arsénico presentes en agua de consumo humano y señalaron la necesidad de comprender no sólo las concentraciones totales, sino las formas químicas del elemento, ya que algunas son considerablemente más tóxicas que otras.

En 2013, un estudio publicado en la revista Water, Air and Soil Pollution examinó la evolución de las concentraciones de arsénico y flúor en pozos del estado y encontró una persistencia del problema en sistemas aluviales similares al de Jiménez.

Posteriormente, una investigación de 2015 sobre más de mil habitantes de Chihuahua confirmó la exposición simultánea a arsénico y flúor a través del agua para consumo humano.

Agricultura intensiva y presión sobre el acuífero.

La agricultura es la principal consumidora del recurso hídrico en la región.

Cultivos de nogal, alfalfa, cebolla y chile demandan grandes volúmenes de agua subterránea. La expansión agrícola registrada durante las últimas décadas incrementó la perforación de pozos y las extracciones, profundizando el déficit del acuífero.

Conagua reconoce oficialmente que no existe disponibilidad de agua en el sistema Jiménez-Camargo y que cualquier extracción adicional agrava la situación.

Un problema que podría empeorar

Investigaciones recientes advierten que la combinación de sequías prolongadas, cambio climático y sobreexplotación puede incrementar todavía más las concentraciones de arsénico y otros elementos traza en las aguas subterráneas.

La disminución de las lluvias reduce la recarga natural, mientras la demanda agrícola continúa aumentando. Esto obliga a extraer agua de mayores profundidades, donde las condiciones geoquímicas favorecen una mayor concentración de contaminantes.

El desafío para las próximas décadas.

Jiménez enfrenta un doble problema.

Por una parte, la disponibilidad de agua disminuye año con año debido a la sobreexplotación del acuífero. Por otra, la calidad del recurso también se deteriora por la presencia de arsénico y flúor.

La crisis ya no puede entenderse únicamente como un problema de escasez. Se trata también de una emergencia de salud pública.

Los estudios científicos coinciden en que el arsénico no es un fenómeno pasajero ni una contaminación reciente. Forma parte de la geología regional. Sin embargo, la extracción desmedida está acelerando su presencia en el agua que consumen miles de habitantes.

Bajo la superficie de Jiménez existe una riqueza hídrica que tardó miles de años en formarse. Hoy, ese patrimonio natural se encuentra sometido a una presión histórica y, junto con el descenso del acuífero, emerge una amenaza invisible: un agua cada vez más escasa y, en algunos casos, cada vez más contaminada.

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