Tres cuencas del Bolsón de Mapimí guardan una historia escrita con agua, minerales y evaporación. Su riqueza salina sostuvo rutas indígenas, alimentó la minería colonial de la plata y todavía define la vida de comunidades enteras. Sin embargo, la evidencia científica obliga a distinguir entre lagunas saladas, salmueras someras y acuíferos regionales: no toda el agua que existe bajo estas planicies es igualmente salina.
Por Gorki Rodríguez | HISTORIASMX
Investigación documental y periodística
HISTORIASMX. – Desde lejos, las planicies de Laguna de Palomas, Jaco y Salinas del Rey pueden parecer extensiones cubiertas de nieve. El blanco se prolonga sobre el horizonte, el sol rebota con una intensidad que obliga a cerrar los ojos y el viento levanta un polvo fino que se adhiere a la piel. Pero no es hielo. Es la huella mineral de miles de ciclos de lluvia, inundación, evaporación y sequía.
En Laguna de Palomas, municipio de Jiménez, el paisaje también tiene sonido: motores que bombean agua salobre, palas que rompen las costras, carretillas que avanzan entre las charcas y montículos de sal secándose bajo el sol. Durante un recorrido documentado por HISTORIASMX, Ceferino, trabajador de manos endurecidas por el oficio, resumió la relación de la comunidad con este recurso: “La sal es nuestra vida, nuestro pan”.
A cientos de kilómetros de cualquier costa, este conjunto de lagunas interiores forma lo que regionalmente se conoce como el Triángulo de la Sal, integrado por Laguna de Jaco, principalmente dentro del municipio de Camargo; Laguna de Palomas, en Jiménez, ambas en Chihuahua; y Salinas o Laguna del Rey, en los municipios coahuilenses de Ocampo y Sierra Mojada.
El nombre es útil para describir una región cultural y productiva, pero no corresponde a una unidad hidrogeológica oficialmente delimitada. La Comisión Nacional del Agua reconoce tres acuíferos diferentes: Laguna de Palomas, con 1,652 kilómetros cuadrados; Laguna de Jaco, con 1,058; y Laguna del Rey–Sierra Mojada, con 3,101.7. La suma de esas superficies tampoco representa el área de un triángulo, porque las poligonales administrativas abarcan sierras, valles y zonas de recarga mucho más extensas que las salinas visibles. Por ello no existe una superficie oficial única para el llamado Triángulo de la Sal.
El Bolsón de Mapimí: una inmensa cuenca sin salida.
Los tres vértices se encuentran dentro del Bolsón de Mapimí, una gran región del Desierto Chihuahuense compartida por Chihuahua, Coahuila y Durango. Su nombre describe una de sus características esenciales: es una enorme “bolsa” topográfica rodeada por sierras, formada por numerosas cuencas en las que el agua no encuentra una salida permanente hacia el mar.
A estas cuencas se les denomina endorreicas. Los arroyos que nacen en las montañas descienden durante tormentas extraordinarias, cruzan abanicos aluviales y terminan en depresiones interiores. Allí el agua forma lagunas temporales, se infiltra parcialmente o desaparece por evaporación. A diferencia de una cuenca abierta, ningún río se lleva de manera continua las sales disueltas hacia el océano.
El agua desaparece, pero los minerales permanecen.
Ese principio explica el paisaje. Cada lluvia desprende y disuelve pequeñas cantidades de calcio, sodio, magnesio, cloruros, sulfatos y carbonatos presentes en las rocas y los suelos. Los escurrimientos transportan esos compuestos hacia las zonas más bajas. Cuando la laguna se seca, las sales se concentran y cristalizan. El proceso se repite durante siglos y milenios, formando costras superficiales, depósitos lacustres, lentes de evaporitas y cuerpos de salmuera bajo las playas.
La investigación multidisciplinaria Las playas del Desierto Chihuahuense identifica al Bolsón de Mapimí como una extensa depresión endorreica y señala que la salinidad regional proviene principalmente de la disolución de rocas sedimentarias: lutitas con yeso del Terciario, antiguas evaporitas del Pérmico-Triásico, calizas, dolomías y halita. En el Bolsón también intervienen los productos de alteración de rocas volcánicas.
No es simplemente un mar antiguo enterrado.
Una explicación frecuente sostiene que la sal existe porque en esta región hubo un mar. La idea contiene una parte de verdad, pero resulta incompleta si se interpreta como un océano que quedó atrapado intacto debajo del desierto.
Durante distintos periodos geológicos, especialmente en el Mesozoico, amplias zonas del actual norte de México estuvieron cubiertas por mares someros. En ellos se depositaron calizas, yesos, lutitas y otras rocas sedimentarias. Millones de años después, el levantamiento, plegamiento y fracturamiento de esas secuencias formó sierras y depresiones. Una fase tectónica extensiva posterior abrió fosas que fueron rellenadas con sedimentos continentales, materiales volcánicos y depósitos lacustres.
La provincia de Sierras y Llanuras del Norte nació de esa combinación de antiguos ambientes marinos, actividad tectónica, volcanismo, erosión y sedimentación. Por eso las sales actuales no deben imaginarse únicamente como restos de agua marina inmóvil. Son minerales liberados de distintas rocas, transportados por el agua y reconcentrados una y otra vez en cuencas cerradas.
En el entorno de Laguna del Rey, por ejemplo, CONAGUA documenta la presencia de la Formación La Virgen, integrada por capas de yeso y caliza. En Jaco aparecen calizas cretácicas, riolitas, basaltos, andesitas, depósitos lacustres, dunas yesosas y materiales evaporíticos. En Palomas, el acuífero se aloja en aluviones, conglomerados y rocas volcánicas fracturadas, sobre secuencias carbonatadas más profundas.
La geología proporciona los ingredientes; el agua los moviliza; la cuenca los retiene; el sol los concentra.
La gran fábrica natural: poca lluvia y demasiada evaporación.
El segundo factor decisivo es el clima. En Laguna de Palomas, CONAGUA calculó una precipitación media anual de aproximadamente 324 milímetros, frente a una evaporación potencial de 1,821 milímetros. En Jaco, la lluvia media fue estimada en 342.8 milímetros y la evaporación potencial en 1,821.5. Es decir, la capacidad atmosférica para retirar agua supera más de cinco veces lo que normalmente aporta la lluvia.
Para Laguna del Rey–Sierra Mojada, estudios técnicos publicados en el Diario Oficial han calculado alrededor de 250 milímetros de precipitación y hasta 2,500 milímetros de evaporación potencial: una relación cercana a diez contra uno.
Cuando ocurre una tormenta, los arroyos conducen agua y sedimentos hacia el fondo del bolsón. Durante algunos días o semanas aparece una lámina de agua. Luego comienza la evaporación. Al disminuir el volumen, aumenta la concentración mineral. Primero precipitan algunos carbonatos y yesos; después, si la concentración continúa, aparecen cloruros y sulfatos más solubles. La composición final depende de las rocas de la cuenca, la temperatura, la profundidad de la salmuera y la duración del periodo seco.
El estudio de los lagos salinos mexicanos publicado por Javier Alcocer y U. T. Hammer identificó en Jaco cloruro de sodio, sulfato de sodio y sulfato de calcio; en Palomas, cloruro de sodio, yeso y carbonato de calcio; y en Laguna del Rey, sulfato de calcio, cloruro y sulfato de sodio.
Existe además un movimiento menos visible. Cuando una salmuera somera se encuentra cerca de la superficie, el agua asciende por los poros del suelo mediante capilaridad. Al llegar arriba se evapora y deja una película blanca de cristales. El viento puede romperla y transportar las partículas hacia dunas, bordos y planicies cercanas. Así, la sal no sólo llega por escurrimiento: también puede ascender desde niveles poco profundos.
Laguna de Jaco: una laguna salada sobre un acuífero que no puede considerarse completamente salino.
Laguna de Jaco ocupa uno de los paisajes más aislados del sureste de Chihuahua. El acuífero 0852 abarca 1,058 kilómetros cuadrados; la mayor parte se encuentra en Camargo y una fracción menor en Jiménez. El área forma un bolsón tectónico rodeado por sierras y depósitos volcánicos.
CONAGUA describe a la laguna como “totalmente salada”. En su parte baja predominan sedimentos lacustres y eólicos intercalados con evaporitas. En superficie, las arenas finas, limos y arcillas presentan costras de sal. Sin embargo, el mismo estudio establece una distinción fundamental: las lagunas temporales son alimentadas por escurrimientos de lluvia y, dentro del modelo hidrogeológico disponible, no están conectadas directamente con el acuífero regional.
El acuífero profundo es libre y se recarga principalmente en las sierras del suroeste. El agua se infiltra a través de calizas, basaltos y riolitas fracturadas, para después desplazarse hacia el noreste. El único aprovechamiento en el que se obtuvieron parámetros fisicoquímicos durante el estudio de 2010 registró 390 miligramos por litro de sólidos disueltos y una conductividad de 660 microsiemens por centímetro. Ese resultado corresponde a agua dulce mineralizada, no a una salmuera.
El dato no demuestra que toda el agua de Jaco tenga la misma calidad: una sola muestra es insuficiente para caracterizar 1,058 kilómetros cuadrados. Pero sí demuestra que sería incorrecto llamar salino a todo el acuífero basándose únicamente en la blancura de la laguna.
Las salmueras históricamente explotadas en Jaco corresponden a depósitos superficiales o someros mucho más concentrados. El perfil minero de la sal elaborado por autoridades federales ha descrito brinas con entre 23 y 30 por ciento de sales de sodio, dominadas por cloruro de sodio. Esa concentración no debe extrapolarse al sistema acuífero regional.
CONAGUA estima una recarga de 16 millones de metros cúbicos anuales y, con derechos de extracción registrados por 3.066 millones, calculó una disponibilidad administrativa de 12.933 millones de metros cúbicos al año. El cálculo utiliza información del Registro Público de Derechos de Agua con corte al 30 de diciembre de 2022. La existencia de volumen disponible en papel no garantiza que toda esa agua sea potable, homogénea, económicamente accesible o ambientalmente prescindible.
Laguna de Palomas: agua salobre, sal ejidal y un balance que exige atención.
El acuífero Laguna de Palomas, clave 0848, se encuentra completamente dentro del municipio de Jiménez. Es un sistema libre alojado en materiales granulares, conglomerados y rocas volcánicas permeables. Antes de que el bombeo modificara el flujo subterráneo, el agua se desplazaba desde las sierras circundantes hacia la depresión de Laguna de Palomas.
Aquí la relación entre acuífero y salina es más evidente. En algunos pozos medidos durante 2010, CONAGUA registró un promedio de 2,365 miligramos por litro de sólidos disueltos, pH de 7.9 y conductividad de 3,900 microsiemens por centímetro. Se trata de agua salobre o considerablemente mineralizada, aunque muy lejos de las concentraciones que pueden alcanzarse en las charcas de producción.
La diferencia es importante: una salmuera de 150 gramos por litro contiene más de 60 veces los sólidos disueltos registrados como promedio en aquellos pozos. Las concentraciones extremas pertenecen a sectores someros, canales, charcas o cuerpos salinos específicos; no representan automáticamente la calidad de todo el acuífero.
La salina de Palomas tiene además una historia comunitaria. Las antiguas Planillas de Navarro y Salinas de Carrillo fueron incorporadas a grandes circuitos empresariales desde finales del siglo XIX. La historiadora Ursula Ewald documentó que las Salinas del Peñón Blanco adquirieron terrenos en Palomas en 1898. La llegada del ferrocarril aumentó su valor porque permitió transportar sal para alimentación, ganadería y beneficio de minerales.
En la década de 1970, la explotación pasó a manos ejidales. Desde entonces, más de un centenar de familias han mantenido una producción basada en charcas, planillas, bombas, bordos de tierra y cosecha manual. La lluvia representa una contradicción: es necesaria para alimentar el sistema, pero una tormenta en plena cristalización diluye la salmuera, arrastra lodo y puede destruir semanas de trabajo.
La situación del agua merece una lectura cuidadosa. La actualización de CONAGUA reporta una recarga media de 23.1 millones de metros cúbicos anuales y un volumen de extracción registrado de 21.821 millones, lo que deja una disponibilidad de apenas 1.279 millones. Sin embargo, dentro del mismo documento, el balance elaborado con información de campo de 2010 estimó una extracción efectiva de 63.3 millones de metros cúbicos y una pérdida de almacenamiento de 40.2 millones.
Las cifras proceden de años y metodologías distintas —una corresponde a un balance de campo y otra a volúmenes administrativos registrados—, por lo que no pueden compararse como si fueran mediciones simultáneas. No obstante, su enorme diferencia constituye una señal de alerta y evidencia la necesidad de actualizar el censo de pozos, la piezometría y la medición directa de las extracciones.
Salinas del Rey: sal artesanal junto a un gigante químico.
El tercer vértice se encuentra en Coahuila. El acuífero Laguna del Rey–Sierra Mojada abarca 3,101.7 kilómetros cuadrados. Las planicies están cubiertas por materiales aluviales y eólicos, mientras que en las sierras aparecen calizas, lutitas, yesos, conglomerados y rocas volcánicas.
Bajo la playa de Laguna del Rey existe un depósito evaporítico diferente de un acuífero regional convencional. Un estudio minero de Pedro Sánchez-Mejorada lo describió como un cuerpo lenticular poroso compuesto principalmente por glauberita, un sulfato de sodio y calcio, y blödita, un sulfato de sodio y magnesio. Los espacios entre los cristales contienen una salmuera rica en sodio, magnesio, sulfato y cloro.
El Servicio Geológico Mexicano también ha documentado glauberita, blödita, mirabilita y halita. La explotación industrial no consiste simplemente en recoger una costra blanca. Se inyecta agua o salmuera para disolver selectivamente los minerales, se bombea la solución y se procesa para obtener sulfato de sodio y productos de magnesio.
Química del Rey comenzó operaciones en 1962. La empresa reporta una capacidad instalada de 780 mil toneladas anuales de sulfato de sodio y una producción de 733,345 toneladas durante 2025, además de sulfato y óxido de magnesio. El sulfato de sodio se utiliza principalmente en detergentes, vidrio, papel, textiles y procesos químicos.
A pocos kilómetros de la planta industrial permanece otra realidad. En Salinas del Rey, pequeños productores bombean agua salada hacia vasos evaporadores y cosechan el cloruro de sodio con pala, carretilla y trabajo familiar. Reportajes de campo han documentado alrededor de 70 propietarios y decenas de trabajadores dependientes de esta actividad, aunque no existe un padrón público actualizado.
Víctor Quiroz describió el proceso en cuatro palabras: “A pura pala y carretilla”. La sal más limpia puede destinarse a ciertos usos industriales o alimentarios después de cumplir los tratamientos correspondientes; las calidades inferiores se comercializan para ganado, curtidurías y otros procesos. La intermediación, el costo del transporte y la falta de maquinaria reducen el ingreso que permanece en la comunidad.
La paradoja es profunda: en algunos hogares se necesita comprar agua para beber, mientras debajo de la tierra existe agua suficiente para fabricar toneladas de sal.
El balance oficial del acuífero regional es menos favorable. CONAGUA estima una recarga de 15 millones de metros cúbicos anuales y derechos de extracción por 16.032 millones. El déficit resultante es de 1.032 millones de metros cúbicos al año. Esto significa que el volumen registrado supera la recarga calculada y que parte de la extracción ocurre a costa del almacenamiento subterráneo.
De los campamentos indígenas a la minería colonial.
La sal formaba parte de la vida del Bolsón de Mapimí mucho antes de la llegada de empresas y ferrocarriles. La historiadora Chantal Cramaussel documenta que grupos seminómadas establecían campamentos estacionales cerca de Jaco y de las antiguas Salinas del Machete —actuales Salinas del Rey— para recoger sal y aprovechar los ojos de agua cercanos.
Estos grupos se desplazaban entre los ríos Bravo, Conchos, Florido y Nazas, utilizando las lagunas y aguajes como puntos de orientación y abastecimiento. Cazaban venados, conejos y bisontes; recolectaban mezquite, encino y sotol; practicaban una agricultura limitada y recogían sal para consumo e intercambio.
Los documentos coloniales emplearon nombres como tobosos, cocoyomes, cabezas, acoclames y “salineros”. Cramaussel advierte que “salineros” funcionaba en muchos casos como una denominación genérica para quienes recogían sal, no necesariamente como el nombre preciso de una sola etnia.
La situación cambió después del descubrimiento de las minas de San José del Parral en 1631. La bonanza multiplicó la producción de plata y aumentó la demanda de cloruro de sodio, indispensable para el método de amalgamación. Desde Parral, los españoles se internaron hacia el oriente para localizar salinas. Los indígenas fueron obligados a recoger cantidades mayores para abastecer las haciendas de beneficio. La apropiación del recurso y el trabajo forzado contribuyeron al conflicto entre los pueblos del Bolsón y el régimen colonial.
La sal del desierto no sólo sazonaba alimentos. Fue un reactivo esencial para separar la plata del mineral, mover recuas, sostener reales mineros y conectar territorios que las autoridades coloniales consideraban remotos. Detrás de aquella riqueza también existieron despojo, explotación laboral y violencia.
Durante su recorrido por el Bolsón entre 1846 y 1847, el médico y explorador Adolphus Wislizenus mencionó las lagunas de Palomas y “Jacque”, probablemente Jaco. Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, la construcción de vías férreas convirtió las salinas interiores en propiedades estratégicas. Palomas fue incorporada a los circuitos empresariales en 1898; Jaco fue adquirida por Salinas of Mexico en 1930; y Salinas del Rey, S.A., consolidó terrenos en el norte de Laguna del Rey durante la misma época.
Lagunas que parecen muertas, pero no lo están.
Las playas salinas suelen describirse como terrenos estériles. La realidad ecológica es más compleja. En los bordes crecen plantas halófitas y yesófilas adaptadas a concentraciones minerales que destruirían a la mayoría de los cultivos: zacatón alcalino, toboso, saladillo, chamizo y algunos mezquites.
Cuando llegan lluvias suficientes, las depresiones se llenan y aparecen comunidades temporales de invertebrados. Algunos organismos sobreviven a los años secos mediante huevos, quistes o fases resistentes enterradas en el sedimento. Al volver el agua, reanudan su ciclo. La investigación en Laguna de Palomas documentó macroinvertebrados acuáticos y organismos adaptados a fluctuaciones extremas de salinidad, entre ellos especies del género Artemia.
La distribución de la vegetación permite leer la química del terreno. Las zonas más salinas permanecen desnudas; después aparecen plantas altamente tolerantes; finalmente, en suelos menos concentrados, se establecen pastos, mezquites y matorral. No es una superficie uniforme: existen gradientes de humedad, salinidad, yeso y profundidad del agua subterránea.
Modificar los bordos, desviar los escurrimientos, bombear intensamente o alterar el nivel de las salmueras puede cambiar esos gradientes. La conservación no implica prohibir toda actividad productiva, sino entender que las planicies salinas también son ecosistemas y que su funcionamiento depende del agua que llega desde las sierras.
El vacío de información debajo de la costra.
Pese a su importancia económica e histórica, la información hidrogeológica sigue siendo limitada. En Jaco, CONAGUA reconoce que no existe una red piezométrica histórica completa y que la caracterización química se apoyó únicamente en un aprovechamiento. En Palomas se obtuvieron parámetros de algunos pozos, pero no se realizó un programa hidroquímico integral. En Laguna del Rey–Sierra Mojada tampoco existe información piezométrica suficiente para reconstruir con precisión el movimiento y la evolución del agua subterránea en toda la poligonal.
Esta carencia impide responder con certeza varias preguntas: ¿qué extensión tienen las salmueras someras?, ¿cómo se relacionan con los niveles de agua dulce o salobre?, ¿qué zonas reciben recarga moderna?, ¿cuánto volumen se extrae realmente?, ¿cómo ha cambiado el nivel subterráneo durante las últimas décadas?, ¿existe migración de agua salina hacia sectores de mejor calidad?
Responderlas exige una red permanente de monitoreo, análisis de iones mayoritarios y elementos traza, estudios isotópicos, medición directa del bombeo y perfiles geofísicos capaces de diferenciar agua dulce, salobre y salmuera. También se necesita separar públicamente los volúmenes destinados a agricultura, ganadería, producción artesanal de sal e industria química.
Tres territorios, una misma lección.
Jaco, Palomas y Salinas del Rey existen porque el desierto funciona como una gigantesca máquina de concentración. Las montañas aportan sedimentos y minerales; la lluvia los disuelve; los arroyos los transportan; las depresiones los atrapan; la evaporación retira el agua y el subsuelo conserva parte de la salmuera.
Pero los tres vértices no son idénticos.
Jaco posee una laguna extremadamente salada sobre un acuífero regional del que sólo se dispone de una muestra relativamente poco mineralizada. Palomas presenta agua subterránea salobre, una relación hidráulica más directa con la depresión y una tradición ejidal sostenida por más de cien familias. Laguna del Rey alberga un depósito evaporítico industrial de sulfatos y salmueras, salineros artesanales y un acuífero regional que oficialmente ya se encuentra en déficit.
Bajo la costra blanca se superponen distintas historias: la memoria geológica de antiguos mares, el movimiento lento del agua subterránea, los campamentos de pueblos originarios, el trabajo impuesto por la minería colonial, la expansión ferroviaria, las compañías extranjeras, el reparto ejidal, la industria química y las manos de quienes todavía levantan la sal con una pala.
El Triángulo de la Sal no es solamente una curiosidad del desierto. Es un territorio donde la abundancia mineral convive con la escasez de agua; donde una tormenta puede dar vida a la laguna y, al mismo tiempo, arruinar una cosecha; donde el subsuelo contiene riqueza, pero también límites.
La sal parece inagotable porque vuelve a cubrir la superficie. El agua que permite formarla, en cambio, no necesariamente lo es. Esa diferencia deberá estar en el centro de cualquier decisión sobre el futuro de Jaco, Palomas y Salinas del Rey.
Fuentes principales consultadas
- Comisión Nacional del Agua. Actualizaciones de disponibilidad de los acuíferos Laguna de Palomas 0848, Laguna de Jaco 0852 y Laguna del Rey–Sierra Mojada 0520.
- Grünberger, Olivier y colaboradores. Las playas del Desierto Chihuahuense.
- Alcocer, Javier y U. T. Hammer. Saline Lake Ecosystems of Mexico.
- Servicio Geológico Mexicano. Carta geológico-minera Ocampo y documentación técnica sobre Laguna del Rey.
- Sánchez-Mejorada, Pedro. The Evaporite Deposit of Laguna del Rey.
- Cramaussel, Chantal. “Indios de paz contra indios de guerra durante las campañas punitivas en el Bolsón de Mapimí”.
- Ewald, Úrsula. La industria salinera de México, 1560-1994. Fondo de Cultura Económica.
- Industrias Peñoles. Información operativa e histórica de Química del Rey.
- Archivo periodístico de HISTORIASMX sobre Laguna de Palomas y Salinas del Rey.