El sotol que cruzó la frontera: Texas destila una planta del desierto, pero México reclama el derecho al nombre

La planta crece a ambos lados del río Bravo, pero la bebida está protegida en México como Denominación de Origen. Mientras los productores de Chihuahua, Coahuila y Durango sostienen que ningún destilado texano debería llamarse sotol, la legislación estadounidense todavía permite utilizar esa palabra.

Por Gorki Rodríguez | HISTORIASMX
Investigación documental y periodística

HISTORIASMX. – En el desierto no existen líneas fronterizas. El sotol crece sobre laderas pedregosas, entre pastizales, matorrales y suelos calizos que se extienden desde Chihuahua, Coahuila y Durango hasta el oeste de Texas, Nuevo México y Arizona. La planta no reconoce aduanas ni tratados comerciales. Sus semillas viajan con el viento, sus raíces se aferran a la tierra seca y sus hojas permanecen verdes durante los meses más duros.

La frontera aparece después, cuando el corazón de la planta es cortado, cocido, fermentado, destilado y convertido en una botella.

En México, esa botella únicamente puede llamarse legalmente “Sotol” si fue elaborada dentro de los estados de Chihuahua, Coahuila o Durango, con materias primas originarias de esa zona y bajo las disposiciones de la Norma Oficial Mexicana. En Estados Unidos, sin embargo, todavía no existe una norma federal que reserve el nombre exclusivamente para México. Esa diferencia ha permitido el nacimiento de una industria texana que produce y comercializa bebidas identificadas como “Texas Sotol”.

El resultado es una disputa económica, jurídica y cultural: ¿el sotol pertenece al territorio donde nació su tradición comercial o también puede pertenecer a cualquier región donde crezca naturalmente la planta?

Una precisión necesaria: Texas sí puede producirlo actualmente.

La afirmación de que Texas “no puede producir sotol” necesita una precisión fundamental. Actualmente, las empresas texanas sí pueden destilar Dasylirion y vender el producto con la palabra “sotol” dentro de Estados Unidos. Lo que no pueden obtener es la certificación de la Denominación de Origen mexicana ni presentarlo como un sotol elaborado conforme a la NOM-159-SCFI-2004.

Tampoco podrían introducirlo legalmente al mercado mexicano con el nombre “Sotol”, porque las leyes de México reservan esa denominación para los productores autorizados de Chihuahua, Coahuila y Durango.

En otras palabras: Texas puede fabricar una bebida de Dasylirion y, bajo la regulación estadounidense vigente, llamarla sotol. Pero para México esa bebida no es un Sotol con Denominación de Origen, independientemente de su calidad, del tipo de planta utilizado o de la semejanza de su proceso.

La diferencia puede resumirse así:

PreguntaMéxicoEstados Unidos
¿El nombre “Sotol” está protegido?Sí, como Denominación de OrigenNo está reservado todavía como producto exclusivo de México
¿Dónde puede producirse el Sotol certificado?Chihuahua, Coahuila y DurangoNo existe una zona federal delimitada para “sotol”
¿Texas puede destilar Dasylirion?El producto texano no puede obtener la DO mexicanaSí, con los permisos ordinarios para producir bebidas alcohólicas
¿Puede llamarlo “Texas Sotol”?No en el mercado mexicanoActualmente sí en Estados Unidos
¿El T-MEC resolvió el conflicto?NoSolamente ordenó iniciar un proceso de consideración

No es agave ni cactus: la planta detrás de la controversia.

El sotol se obtiene de plantas del género Dasylirion. Aunque su forma recuerda al maguey, botánicamente no es un agave y tampoco es un cactus. Las clasificaciones modernas lo colocan en la familia Asparagaceae, dentro de un grupo diferente al género Agave.

El Servicio Forestal de Estados Unidos documenta que Dasylirion wheeleri, una de las especies más utilizadas, se distribuye desde el oeste de Texas hasta Arizona, Nuevo México y el norte de México. Crece principalmente sobre laderas rocosas o de grava, entre aproximadamente 914 y 1,524 metros sobre el nivel del mar, y puede reproducirse mediante semillas o retoños que surgen de su base.

En Texas también crece Dasylirion texanum, especie empleada por Desert Door, la principal empresa estadounidense de esta bebida. La parte aprovechada es el tallo central o corazón, conocido popularmente como piña, donde la planta almacena carbohidratos.

Para liberar esos azúcares es necesaria una cocción prolongada. Después, el corazón cocido se tritura o prensa, se mezcla con agua, se fermenta y finalmente se destila. El principio técnico es semejante al del mezcal, aunque la materia prima es distinta.

Una planta utilizada mucho antes de la frontera.

Los registros arqueológicos confirman que los pueblos originarios del actual norte de México y suroeste de Estados Unidos aprovecharon el sotol desde hace miles de años. Sin embargo, es importante distinguir entre el uso ancestral de la planta y la fabricación de una bebida destilada como la que actualmente conocemos.

En las cuevas y refugios rocosos del Bajo Pecos, en Texas, se han encontrado fibras, semillas y restos carbonizados de sotol. Los corazones eran cocidos durante 36 o 48 horas en hornos de tierra, machacados y convertidos en tortas que podían secarse y conservarse. Las hojas se utilizaban para fabricar canastas, cuerdas, tapetes y otros objetos.

La evidencia arqueológica demuestra, por tanto, un aprovechamiento indígena muy antiguo en ambos lados de la actual frontera. Pero no prueba por sí sola la existencia continua de una industria de destilación en Texas durante miles de años. La destilación de bebidas de Dasylirion es posterior al uso alimenticio y fermentativo de la planta y está históricamente mucho más documentada en el norte de México.

Esta distinción es esencial. Una cosa es compartir el ecosistema y la historia indígena de la planta; otra es demostrar una tradición ininterrumpida de maestros sotoleros, vinatas, técnicas familiares y comercialización del destilado.

El corazón mexicano de la bebida.

En Chihuahua, el sotol dejó de ser solamente una planta para convertirse en una expresión de identidad rural. En las vinatas familiares, el conocimiento pasó de padres a hijos: cómo identificar una planta madura, en qué temporada cortarla, cuánto tiempo cocerla, cuándo detener la fermentación y cómo separar las fracciones durante la destilación.

Durante buena parte del siglo XX, numerosos productores trabajaron en la clandestinidad. Las campañas antialcohólicas y la persecución de vinateros provocaron la destrucción de instalaciones y la desaparición de la producción de las estadísticas oficiales. El historiador Jesús Vargas describió ese periodo como una época en la que la persecución de los productores llegó a convertirse casi en un “deporte” para las autoridades de Chihuahua.

Ese pasado explica por qué la controversia con Texas genera una reacción tan profunda. Para muchas familias mexicanas, el sotol no es simplemente una categoría comercial: es una actividad que sobrevivió a la marginación, la persecución y décadas de desprecio social.

La Denominación de Origen de 2002.

El 8 de agosto de 2002, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial publicó la Declaración de Protección de la Denominación de Origen Sotol. La resolución estableció que el producto protegido es una bebida alcohólica originaria de todos los municipios de Chihuahua, Coahuila y Durango.

La declaratoria también determinó que el Estado mexicano es titular de la denominación y que su uso requiere autorización del IMPI. Uno de sus resolutivos ordenó buscar el reconocimiento y protección en el extranjero mediante la Secretaría de Relaciones Exteriores y los tratados internacionales.

La protección no se basa únicamente en una frontera administrativa. El documento relaciona la bebida con las condiciones de la Meseta Central: alturas de entre 1,000 y 2,000 metros, cuencas cerradas, prolongadas sequías, temperaturas extremas, suelos ricos en carbonato de calcio y vegetación xerófila.

Sin embargo, la declaratoria mexicana no incluyó las porciones estadounidenses del desierto chihuahuense, aunque compartan determinadas especies, climas y suelos.

Lo que exige la NOM-159.

La NOM-159-SCFI-2004 define al Sotol como una bebida regional producida con cabezas maduras de Dasylirion, cocidas o hidrolizadas, molidas, fermentadas y destiladas dentro de una fábrica ubicada en la zona de la Denominación de Origen.

La norma establece, entre otros requisitos:

  • Las plantas deben proceder de poblaciones naturales o cultivadas dentro de Chihuahua, Coahuila o Durango.
  • La fábrica debe localizarse dentro de la zona protegida.
  • El contenido alcohólico permitido es de 35 a 55 por ciento de alcohol por volumen.
  • El producto puede clasificarse como blanco, joven, reposado o añejo.
  • El Sotol común puede incorporar hasta 49 por ciento de azúcares distintos a los provenientes del Dasylirion.
  • Para utilizar la expresión “Sotol 100% puro”, todos los azúcares deben proceder de la planta y el producto debe envasarse dentro de la zona protegida.
  • Cada lote destinado a comercialización debe contar con certificación.

La Secretaría de Economía mantiene la NOM-159 como vigente y confirmó su continuidad durante la revisión sistemática realizada en 2024.

La consecuencia jurídica es directa: una empresa texana no puede cumplir la NOM porque su planta, fábrica o proceso se encuentran fuera del territorio autorizado. Aunque utilizara las mismas especies y copiara cada etapa artesanal, seguiría faltando el elemento geográfico.

Cómo produce Texas su propio destilado.

La empresa que convirtió el sotol texano en una categoría comercial visible fue Desert Door, fundada en 2017 y establecida en Driftwood, al suroeste de Austin.

La compañía afirma utilizar Dasylirion texanum recolectado en ranchos de Texas. Según su descripción del proceso, los trabajadores seleccionan plantas maduras, retiran el corazón y dejan parte de la estructura radicular para favorecer el rebrote. Las cabezas son trasladadas a la destilería, cocidas en hornos diseñados por la empresa y prensadas para extraer los azúcares.

El líquido se fermenta durante varios días con levaduras añadidas y después pasa por un alambique híbrido. Parte del destilado se embotella sin maduración y otra parte se conserva en barricas nuevas de roble blanco. Desert Door sostiene que no agrega azúcares, colorantes ni sabores artificiales.

A diferencia de muchas vinatas mexicanas, donde las cabezas se cuecen en hornos subterráneos, se muelen y fermentan con microorganismos ambientales, el proceso texano es más controlado e industrial. El resultado puede provenir de la misma clase de planta, pero no necesariamente reproduce los sabores, microorganismos, combustibles, aguas y técnicas familiares de las comunidades mexicanas.

Marfa Spirit Company representa otro modelo. Fundada en 2018 y abierta al público en 2021, se instaló en el extremo occidental de Texas. La empresa ha trabajado con plantas locales, pero también ha mantenido una colaboración con el maestro sotolero Jacobo Jáquez, de Janos, Chihuahua.

Reportajes publicados durante el desarrollo de la marca describieron un esquema en el que parte de la base provenía de Janos y era sometida a una destilación adicional y embotellado en Marfa, mientras la compañía realizaba pruebas con plantas texanas. Por ello, hablar de “sotol producido en Texas” puede abarcar operaciones distintas: desde bebidas completamente elaboradas con materia prima texana hasta productos fronterizos en los que intervienen productores mexicanos.

No existe una estadística federal pública que separe la producción texana de sotol como una categoría independiente. No obstante, el crecimiento comercial es visible. Desert Door anunció en 2025 un plan para ampliar su distribución desde 20 hasta 46 estados y Washington D. C., una expansión impensable cuando comenzó a destilar en 2017.

La grieta legal de Estados Unidos.

Estados Unidos reconoce a tequila y mezcal como productos distintivos de México. El Código de Regulaciones Federales establece que ambas bebidas deben ser elaboradas en territorio mexicano, conforme a las leyes mexicanas.

En la regulación federal actualizada al 6 de agosto de 2026 aparecen expresamente tequila y mezcal, pero no sotol.

Esto significa que el reconocimiento otorgado por México en 2002 no produjo automáticamente efectos en Estados Unidos. Las denominaciones e indicaciones geográficas necesitan protección dentro de cada jurisdicción, mediante tratados, reglamentos, marcas de certificación u otros instrumentos legales.

En 2018, Desert Door solicitó a la Oficina de Impuestos y Comercio de Alcohol y Tabaco —TTB— la creación de un estándar de identidad específico para sotol. En su resolución de 2022, la autoridad estadounidense determinó que el asunto requería una consulta pública separada y lo dejó para una posible regulación futura.

Hasta agosto de 2026, ese estándar federal no ha sido incorporado. Por ello, ninguna disposición nacional reserva todavía la palabra “sotol” exclusivamente para México.

Lo que realmente dice el T-MEC.

Durante la negociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, ambos gobiernos firmaron una carta paralela sobre bebidas destiladas.

México aceptó iniciar un procedimiento para considerar al American Rye Whiskey como producto distintivo de Estados Unidos. A cambio, Estados Unidos se comprometió a iniciar un proceso para considerar la prohibición de vender como bacanora, charanda o sotol cualquier bebida que no hubiera sido elaborada en México conforme a sus leyes.

Pero la carta contiene dos reservas decisivas: no crea por sí misma derechos sobre marcas o indicaciones geográficas y no prejuzga el resultado de los procedimientos.

Por tanto, el T-MEC no reconoció automáticamente la Denominación de Origen Sotol. Solamente obligó a Estados Unidos a considerar el asunto.

Además, durante la aprobación del tratado surgió una fuerte oposición política. Un informe de la Cámara de Representantes sostuvo que “sotol” era un nombre genérico utilizado para numerosas especies que crecen en los dos países y que reconocerlo como exclusivamente mexicano podía confundir al consumidor estadounidense. Esa posición favoreció a los productores de Texas.

¿Apropiación cultural o expresión legítima del mismo desierto?

Los productores mexicanos argumentan que Texas está aprovechando el prestigio de una bebida construida durante generaciones por comunidades que soportaron persecución, clandestinidad y pobreza. Temen que las empresas estadounidenses, con mayor acceso al capital y a las redes de distribución, terminen dominando el mercado internacional utilizando un nombre que México tardó décadas en proteger.

Para esta posición, el problema no es que Texas destile una planta local. Podría hacerlo y comercializarla como “destilado de cuchara del desierto” o “destilado de Dasylirion”. El conflicto comienza cuando utiliza la palabra “sotol”, porque esa palabra ya posee reputación, historia, reconocimiento y valor comercial.

Los empresarios texanos responden que “sotol” es simultáneamente el nombre de la bebida y el nombre común de una planta que crece naturalmente en su territorio. También señalan la evidencia arqueológica del aprovechamiento indígena de Dasylirion en Texas y defienden la posibilidad de crear una expresión propia vinculada al suelo texano.

Ambos argumentos contienen una parte de verdad. La planta y su aprovechamiento indígena son transfronterizos. La tradición comercial, familiar y cultural del destilado conocido actualmente como sotol está mucho más profundamente documentada en el norte de México.

El hecho de que una empresa estadounidense pueda utilizar legalmente el nombre no resuelve la pregunta ética sobre quién se beneficia de la historia asociada con él.

La sostenibilidad: otro terreno en disputa.

Desert Door promociona su producto como una bebida especialmente sustentable. La empresa asegura que recolecta selectivamente plantas maduras, conserva las raíces y evita el uso agrícola de riego, fertilizantes y pesticidas.

El Servicio Forestal estadounidense confirma que algunas especies de Dasylirion pueden rebrotar desde su base. Sin embargo, esa capacidad no demuestra por sí sola que cualquier escala de aprovechamiento comercial sea sostenible. La extracción de plantas maduras puede reducir la floración, la producción de semillas y la regeneración de una población si el ritmo de corte supera su recuperación.

Los estudios de ciclo de vida realizados para la producción mexicana muestran que el impacto no se limita a la recolección. También intervienen el transporte de las piñas, la leña empleada en la cocción, el agua, la fermentación, la destilación, el vidrio y el manejo del bagazo. Un análisis técnico publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems concluyó que todavía son necesarias mejores estrategias para reducir emisiones y aprovechar los residuos.

No se encontró un estudio independiente de ciclo de vida que compare directamente una botella texana con una mexicana. Por ello, expresiones como “el destilado más sustentable del mundo” deben entenderse como afirmaciones comerciales de la empresa, no como una conclusión científica demostrada.

Una botella entre dos sistemas legales.

La controversia del sotol muestra que una Denominación de Origen no es una barrera física alrededor de una planta. Es un instrumento jurídico que protege el vínculo entre un producto, un territorio y una comunidad. Su fuerza, sin embargo, termina donde otra jurisdicción decide no reconocerla.

Para México, el nombre pertenece a Chihuahua, Coahuila y Durango. Para la regulación estadounidense actual, todavía puede utilizarse para describir una bebida de Dasylirion producida en Texas.

Si Estados Unidos reconociera en el futuro al sotol como producto distintivo de México, las destilerías texanas no tendrían necesariamente que dejar de producir su bebida. Podrían continuar destilando la misma planta, pero tendrían que cambiar su denominación comercial: “destilado de Dasylirion”, “desert spoon spirit” u otro nombre que no invadiera la indicación mexicana.

Esa posibilidad revela el verdadero centro del conflicto. La batalla no es por la capacidad de fermentar y destilar una planta. Es por el nombre que aparece en la botella y por todo lo que ese nombre representa.

El desierto chihuahuense se extiende a ambos lados de la frontera. La planta también. Pero detrás de la palabra sotol existe una historia de comunidades rurales, hornos de tierra, vinatas perseguidas, conocimiento familiar y resistencia cultural.

Texas puede destilar una planta de su territorio. La pregunta pendiente es si también puede apropiarse del nombre con el que México convirtió esa planta en identidad.

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