16 años sirviendo esperanza: el comedor comunitario que alimenta cuerpos y corazones en Jiménez.

Fundado por la arquitecta Rosi Fuantos y Silvia Rebolloso, el comedor comunitario de Jiménez cumple 16 años brindando alimento y consuelo a cientos de personas cada día. Hoy, su permanencia depende del apoyo de la sociedad y los empresarios locales.

HISTORIASMX – Reportaje Especial. – En una pequeña casa sobre la calle Independencia, al sur de Ciudad Jiménez, el aroma a frijoles recién cocidos, arroz y guisos sencillos se mezcla con un murmullo cálido de gratitud. No hay manteles finos ni vajilla elegante, pero lo que abunda es algo más valioso: la solidaridad.
Aquí, desde hace 16 años, el comedor comunitario fundado por Silvia Rebolloso y la arquitecta Rosi Fuantos ha sido un refugio para quienes no tienen qué poner sobre la mesa.

El origen: un gesto que se convirtió en misión.

De acuerdo con Alicia Díaz, actual encargada del comedor, todo comenzó cuando un grupo de mujeres de Jiménez se reunió tras notar la creciente necesidad de alimento en familias de escasos recursos.
“Fue entre ellas la señora Rosi Fuantos y la señorita Silvia Rebolloso —cuenta Alicia—, ellas son las verdaderas fundadoras. Si falta algo, son las primeras en traerlo, muchas veces de su propia bolsa. Lo hacen con gusto, porque saben que esto es una obra de Dios.”

El comedor, ubicado en la calle Independencia número 1400, nació sin grandes apoyos institucionales. Con el paso de los años, la constancia, la fe y la empatía de las fundadoras lograron sostener un espacio que, hasta hoy, ha servido miles de platos a quienes más lo necesitan.

Alimentar la esperanza todos los días.

De lunes a viernes, entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde, el comedor recibe largas filas de personas que llegan con recipientes, platos o cacerolas. No hay requisitos ni discriminación: quien tiene hambre, come.

“En temporada baja atendemos unas 120 personas diarias, pero entre marzo y junio llegamos a 300 —explica Alicia—. A cada quien se le da su platillo completo. Muchos vienen con sus hijos o traen sus cazuelitas para llevar algo a casa.”

La rutina parece sencilla, pero detrás hay un enorme esfuerzo humano y económico. Los insumos, el gas, los utensilios, los condimentos… todo representa un gasto que, muchas veces, las propias fundadoras cubren de su bolsillo.

“Dios nos ha dado la mano”.

Pese a las dificultades, Alicia asegura que nunca les ha faltado comida. “Dios nos ha dado la mano —dice con una sonrisa—. Siempre alcanza, siempre hay para darle un taco más al que llega de último momento.”

Pero el milagro cotidiano necesita apoyo. “Ahorita sí necesitamos mucha ayuda —reconoce—. La señorita Silvia y la arquitecta Rosi ya han hecho demasiado. Ahora necesitamos que los empresarios, las autoridades y la gente de buen corazón nos echen la mano. Que se acuerden que aquí se alimenta a quienes más lo necesitan.”

El comedor acepta donaciones en especie o en efectivo: arroz, frijol, aceite, carne, verduras, utensilios o lo que pueda sumarse a la causa.

Historias que conmueven.

Entre los recuerdos que más han marcado a Alicia, hay uno que le cuesta narrar sin pausa. “Un día, una mujer vino con sus hijos a comer. Al terminar, me pidió comida para llevar. Me dijo que en su casa no tenían nada y que por las noches los niños le pedían de cenar y ella sólo lloraba. Ese día entendí que, para muchos, el plato que damos aquí es el único del día.”

Esa escena se repite en silencio, cada día. Rostros cansados que llegan con la esperanza de un bocado, y se van con algo más que alimento: se llevan un poco de dignidad y el consuelo de saber que todavía hay quien se preocupa por ellos.

Un llamado urgente.

El comedor comunitario de Jiménez no sólo representa un acto de asistencia social; es un símbolo de humanidad que resiste en medio de la indiferencia.
Hoy, más que nunca, necesita la colaboración del gobierno, los empresarios locales y la sociedad civil. Su permanencia no depende sólo de la fe o la voluntad de dos mujeres —Silvia Rebolloso y Rosi Fuantos—, sino del compromiso colectivo de quienes creen que una ciudad más justa se construye empezando por el plato del que menos tiene.

“Cada día que abrimos las puertas,” concluye Alicia, “es una bendición. Porque mientras haya comida que servir, hay esperanza que compartir.”

Ubicación:
Comedor Comunitario “Independencia”
📍 Calle Independencia #1400, a un costado del Parque Infantil, Ciudad Jiménez, Chihuahua.
🕓 Horario: Lunes a viernes, de 10:00 a 14:00 horas.

Por: Gorki Rodríguez – HISTORIASMX-LABP


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