¿Y las utilidades de los periodistas? La pregunta incómoda que pocos se atreven a hacer en los medios de Chihuahua

Mientras llega el reparto de utilidades, surge una interrogante que rara vez aparece en las portadas: ¿los periodistas y trabajadores de los medios de comunicación están recibiendo lo que les corresponde por ley?

HISTORIASMX. Cada año, entre mayo y junio, miles de trabajadores en México esperan el reparto de utilidades, una prestación laboral establecida en la Constitución y regulada por la Ley Federal del Trabajo. Empleados de fábricas, comercios, empresas de servicios y diversos sectores económicos reciben o esperan recibir una parte de las ganancias generadas por las compañías para las que laboran.

Sin embargo, existe un sector donde pocas veces se habla públicamente del tema: los medios de comunicación.

En Chihuahua, donde operan periódicos, radiodifusoras, portales digitales, empresas de comunicación y grupos mediáticos que durante décadas han recibido importantes ingresos por publicidad comercial e institucional, la pregunta comienza a surgir entre reporteros, fotógrafos, camarógrafos, diseñadores y personal administrativo:

¿Cuánto recibirán de utilidades este año?

Una pregunta que casi nunca llega a la redacción.

Resulta llamativo que mientras los medios cuestionan constantemente a gobiernos, empresas y organismos públicos sobre transparencia, rendición de cuentas y uso de recursos, pocas veces se conoce información clara sobre las utilidades generadas dentro de las propias empresas periodísticas.

Muchos trabajadores de prensa desconocen si la empresa donde laboran reportó ganancias, si existe obligación de repartir utilidades o cómo fue realizado el cálculo correspondiente.

En algunos casos, los empleados reciben cantidades simbólicas que difícilmente reflejan la dimensión económica de organizaciones que mantienen operaciones permanentes, infraestructura, equipos de producción, oficinas, plataformas digitales y amplias plantillas laborales.

La falta de información genera dudas legítimas entre quienes diariamente producen contenidos, cubren hechos de riesgo, realizan transmisiones en vivo, toman fotografías, editan videos y mantienen en funcionamiento a las empresas informativas.

Los contratos de publicidad gubernamental.

Otro aspecto que alimenta el debate es el relacionado con la publicidad oficial.

Durante años, gobiernos estatales, municipales y organismos públicos han destinado millones de pesos a campañas de difusión institucional en medios de comunicación.

Aunque la contratación de publicidad oficial es una práctica legal, diversos sectores cuestionan si los beneficios económicos obtenidos por algunas empresas periodísticas se reflejan realmente en mejores condiciones laborales para quienes generan la información.

La pregunta es sencilla:

Si existen ingresos importantes por publicidad gubernamental, publicidad comercial, suscripciones, convenios y otros servicios, ¿por qué muchos trabajadores de prensa continúan enfrentando salarios bajos, precariedad laboral y escasa certeza respecto al reparto de utilidades?

El silencio dentro de la industria.

Históricamente, los periodistas han sido una de las profesiones más activas al momento de exigir transparencia a terceros.

Sin embargo, cuando las preguntas apuntan hacia las propias empresas de comunicación, suele prevalecer el silencio.

Son pocos los medios que hacen públicos sus estados financieros, el monto de sus ingresos anuales o la manera en que distribuyen sus ganancias.

Tampoco es común observar comunicados internos donde se explique detalladamente a los trabajadores si hubo utilidades, cómo se calcularon y cuál fue el criterio utilizado para el reparto.

Esta situación provoca que muchos empleados simplemente acepten la información proporcionada por la empresa sin contar con herramientas suficientes para verificarla.

¿Ya protestaron los periodistas?

La pregunta puede parecer incómoda, pero resulta pertinente.

En un estado donde los medios suelen encabezar coberturas sobre conflictos laborales, manifestaciones sindicales y reclamos por derechos de los trabajadores, llama la atención que pocas veces se observan movilizaciones de periodistas exigiendo transparencia sobre sus propias prestaciones laborales.

¿Ya preguntaron cuánto generó la empresa para la que trabajan?

¿Ya solicitaron información sobre el cálculo de utilidades?

¿Ya verificaron si la empresa reportó ganancias ante las autoridades fiscales?

¿Ya exigieron mecanismos de transparencia internos?

Para muchos trabajadores de la prensa, estas preguntas siguen sin respuesta.

La precarización del periodismo.

El debate sobre las utilidades también abre una discusión más profunda sobre las condiciones laborales del gremio.

Diversos estudios nacionales han documentado que una parte importante de los periodistas mexicanos enfrenta bajos salarios, ausencia de contratos formales, falta de seguridad social y esquemas de trabajo que dificultan el acceso pleno a derechos laborales.

En algunos casos, reporteros y colaboradores trabajan mediante honorarios o esquemas externos que limitan el acceso a prestaciones como aguinaldo, vacaciones, reparto de utilidades o indemnizaciones.

Por ello, el tema no se reduce únicamente a cuánto dinero se reparte, sino también a cuántos trabajadores realmente tienen la posibilidad legal de acceder a este beneficio.

Transparencia que también debe aplicarse hacia adentro.

La transparencia no debería ser una exigencia exclusiva para gobiernos y organismos públicos.

Las empresas periodísticas, especialmente aquellas que viven de informar a la sociedad y de fiscalizar el uso de recursos públicos, también enfrentan un desafío ético relacionado con la apertura de información hacia sus propios trabajadores.

Conocer si hubo ganancias, cómo se calcularon las utilidades y cuál fue el criterio utilizado para su distribución no debería considerarse un privilegio, sino parte del derecho de los empleados a conocer la situación de la empresa donde laboran.

Una reflexión necesaria.

Mientras avanza la temporada de reparto de utilidades en México, miles de periodistas continúan cubriendo conferencias, accidentes, procesos judiciales, sesiones de cabildo, campañas políticas y hechos de interés público.

Pero quizá una de las historias menos contadas se encuentra dentro de sus propias redacciones.

Porque antes de preguntar cuánto ganaron otros, también vale la pena preguntarse cuánto ganó la empresa para la que se trabaja, cuánto corresponde legalmente a los trabajadores y qué tan transparente es el proceso mediante el cual se informa sobre esas utilidades.

Al final, la rendición de cuentas no debería detenerse en la puerta de una sala de redacción. También debería formar parte de la cultura interna de los propios medios de comunicación.

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