«Vendemos vacas para mantener a las otras”: la crisis que asfixia la GANADERÍA chihuahuense

Luis vende a un comprador local que a su vez exporta. Habla con orgullo de la carne que produce el norte de México: “Es carne de calidad, la de Sonora, la de Chihuahua. Los gringos quieren lo mejor. Y nuestra carne es distinta a la de otros estados”.

HISTORIASMX. – En Jiménez, Chihuahua, la ganadería ha sido durante décadas una de las actividades económicas y culturales más importantes. Sin embargo, hoy atraviesa una crisis que pone en duda su futuro. Entre el calor seco del agostadero y las cuentas que no cuadran, Luis Gutiérrez, ganadero de toda la vida, habla con franqueza de lo que significa resistir en tiempos de incertidumbre.

«Perdidas económicas, una túnel sin fondo… y en todo”, dice con un gesto cansado al referirse al cierre de la frontera con Estados Unidos. “No puedes vender ni un solo animal. Los becerros y las becerras sí los compran, pero son los acopiadores los que se los llevan, y a precios muy inferiores. Aquí en México no es costeable. Ellos los engordan y esperan a que abran la frontera, pero uno, el pequeño o mediano ganadero, es el que batalla”.

Recuerda que hace unos meses, cuando se reabrió por una semana el paso de ganado, la ilusión duró poco: “Todos quisieron llevar a la frontera; muchos se quedaron en el camino. Otro gasto para llevarlos, otro gasto para traerlos. Es un desgaste económico fuerte”.

Luis vende a un comprador local que a su vez exporta. Habla con orgullo de la carne que produce el norte de México: “Es carne de calidad, la de Sonora, la de Chihuahua. Los gringos quieren lo mejor. Y nuestra carne es distinta a la de otros estados”.

Pero la diferencia entre vender con la frontera abierta o cerrada es abismal. Antes, un becerro podía colocarse en 120 o 130 pesos el kilo; ahora, apenas en 100.Veinte pesos hacen la diferencia”, comenta. “Te sale tabla, prácticamente”.

La estrategia de sobrevivencia se resume en una frase que duele: “Vendemos vacas para mantener a las otras”. A veces suelta una o dos becerras, apenas lo indispensable, con tal de que las vacas no se enflaquen. “En realidad, uno está esperando un milagro”, admite.

La idea de abrir una carnicería propia no lo seduce. Reconoce que las grandes cadenas como SuKarne, Carnemar o Alsúper han desplazado al comercio local: “Varias carnicerías han cerrado porque es más fácil que la gente compre en esos gigantes. Acaparan todo”.

Cuando se le pregunta si la ganadería es rentable en 2025, no duda: “No, la verdad no. Siento que estoy en el negocio equivocado. Todo está caro… y es demasiado riesgo para tan poca ganancia. Imagínate que te caiga el gusano barrenador en tu rancho, truena todo”.

Luis también reflexiona sobre el relevo generacional. “Muchos jóvenes sí quieren, pero al ver que ya no es negocio, prefieren ser profesionistas. Aparte, el esfuerzo es demasiado. Te levantas a las seis y regresas a las doce de la noche. Y con tan poco margen, es demasiada friega para vivir de esto”.

Una crisis más amplia.

La voz de Luis resume lo que miles de ganaderos enfrentan en Chihuahua y en el norte del país. Sus palabras son eco de problemáticas que van más allá de su rancho.

El Cochliomyia hominivorax, conocido como gusano barrenador, ha reaparecido en México después de décadas. Hasta agosto de 2025, se habían confirmado más de 5,000 casos, concentrados en Chiapas y Tabasco, aunque bajo vigilancia en todo el país. En Chihuahua, el temor es constante: una infestación equivaldría a la ruina inmediata.

El cierre de la frontera con Estados Unidos, decretado para evitar la propagación, ha golpeado duramente. Se calcula una caída de 60% en las exportaciones y pérdidas por más de 400 millones de dólares. Para los pequeños y medianos productores, esto ha significado malvender su ganado o retenerlo con enormes costos.

En medio de esta tormenta, gigantes como SuKarne concentran la compra y el procesamiento de carne. Mientras la empresa presume eficiencia y exportación, los productores denuncian que se imponen precios desde arriba, sin margen de negociación para los más chicos.

A esto se suma el deterioro de los agostaderos. La sequía prolongada y el sobrepastoreo han agotado vastas extensiones. El resultado es un círculo vicioso: menos pasto, más dependencia de pacas y forraje comprado, más gastos que reducen la rentabilidad.

El dilema del campo.

Luis Gutiérrez no es el único que se pregunta si vale la pena seguir. Sus palabras son espejo de una actividad que resiste más por tradición y arraigo que por rentabilidad. “Uno está esperando un milagro”, repite.

La ganadería en Chihuahua, reconocida por su calidad y su historia, está en un punto de quiebre. Entre la amenaza del gusano barrenador, el cierre de la frontera, la concentración del mercado y la crisis ambiental de los agostaderos, el futuro depende de algo más que de la resistencia individual: se requieren soluciones colectivas y políticas públicas que reconozcan la magnitud del problema.

Mientras tanto, en los ranchos, la vida sigue. Cada amanecer, como dice Luis, empieza con el mismo ritual: levantarse al alba y regresar entrada la noche. Con la esperanza puesta en que la frontera se abra, en que el precio suba, en que el ganado resista. En que el milagro, algún día, llegue.

Por: Gorki Rodríguez.

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