Salaices, Chihuahua y el cierre de una escuela rural en 1969

En el viejo edificio de Salaices todavía parece caber el sonido de una corneta. Durante décadas, ese llamado ordenó el despertar de cientos de jóvenes: levantarse antes de las seis, tender las camas, formar en la explanada, barrer patios, acudir a clases, trabajar en los talleres o en el campo y estudiar hasta la noche. No eran hijos de familias privilegiadas. La procedencia campesina fue durante años una condición de ingreso. Para muchos, aquella beca, el internado y un lugar en el comedor constituían la única posibilidad real de cursar una carrera.

HISTORIASMX. – En agosto de 1969 ese mundo terminó de forma abrupta. La Escuela Normal Rural “Abraham González”, ubicada en Salaices, al sur de Chihuahua, dejó de formar maestros. Policías ocuparon las instalaciones, los alumnos que regresaban de vacaciones no pudieron entrar y quienes cursaban el ciclo profesional fueron enviados a la Normal Rural de J. Guadalupe Aguilera, Durango. En Ciudad Jiménez hubo manifestaciones y familias ferrocarrileras dieron comida y alojamiento a los inconformes. La resistencia duró alrededor de una semana. La decisión federal no cambió.1

La pregunta permanece más de medio siglo después: ¿por qué cerraron Salaices?

La respuesta documentada exige apartarse de dos simplificaciones. La primera consiste en aceptar sin reservas la versión oficial de que todo obedeció a una modernización pedagógica. La segunda reduce el hecho a una venganza directa y exclusiva por el movimiento estudiantil de 1968. Los archivos y estudios académicos muestran algo más complejo: hubo razones curriculares y administrativas discutibles, pero la reforma también fue utilizada para debilitar una red estudiantil autónoma, disciplinar los internados y disminuir la capacidad política de las normales rurales en uno de los momentos más autoritarios del Estado posrevolucionario.

Síntesis de los hallazgos.

DimensiónEvidencia documentadaLectura histórica
PedagógicaSeparación del ciclo secundario y del profesional; exigencia de secundaria terminada; creación de escuelas técnicas agropecuarias.Existió una reforma curricular real, aunque no explica por sí sola la eliminación de la función normalista en catorce planteles.
PolíticaVigilancia de la FECSM, ocupación policiaca, traslado de alumnos y reglas destinadas a debilitar las sociedades estudiantiles.La reorganización también sirvió para controlar una red campesina y estudiantil autónoma después de 1968.
SocialSalaices ofrecía internado, beca y formación profesional a hijos de campesinos; sus egresados trabajaban en comunidades aisladas.El cierre redujo una vía de movilidad social y desarticuló un centro educativo regional.

Una escuela nacida de la Revolución.

Salaices nació el 12 de enero de 1927 como Escuela Central Agrícola. Los expedientes citados por el investigador y egresado Ramón Gutiérrez Medrano describen un terreno cubierto de girasoles y una propiedad original de 673 hectáreas, reducida después a unas 350 por afectaciones destinadas a nuevos ejidos. El plantel comenzó a operar irregularmente; en 1932 alcanzó un funcionamiento más estable. Sus alumnos sembraban trigo y alfalfa, cuidaban animales y se preparaban en agricultura, horticultura, ganadería, industrias rurales, matemáticas, español, historia y civismo.2

La institución cambió con el proyecto educativo nacional. En 1933 se convirtió en Escuela Regional Campesina y alrededor de 1940 adoptó plenamente la función de Normal Rural. Entre 1935 y 1941 fue mixta; después recibió a los varones trasladados desde la Normal Ricardo Flores Magón, mientras las alumnas de Salaices fueron enviadas a aquel plantel. Con el tiempo, Flores Magón se asentaría en Saucillo y Salaices quedaría como internado masculino.2

No se trataba solamente de impartir asignaturas. Las normales rurales habían sido concebidas para llevar maestros a regiones en las que la pobreza, el aislamiento y la falta de servicios hacían inviable el modelo urbano. Salaices reunía a cerca de 300 alumnos y medio centenar de trabajadores. El estudio de Gutiérrez Medrano calcula que formó aproximadamente a 1,500 profesores a lo largo de su historia.2 Muchos fueron destinados a comunidades serranas o apartadas, donde el maestro también escribía solicitudes, promovía campañas sanitarias, organizaba actividades culturales y servía como interlocutor de campesinos frente a las autoridades.

La Normal era, por ello, una vía de movilidad social y una institución de intervención comunitaria. Un joven campesino podía salir de allí con empleo, identidad profesional y herramientas para comprender las desigualdades que había vivido desde niño. Esa combinación explica tanto el valor social del plantel como la desconfianza que llegó a despertar en el poder.

Disciplina, pobreza y conciencia política.

La vida cotidiana desmiente la caricatura de una escuela dominada únicamente por la agitación. El día comenzaba hacia las 5:30 y concluía alrededor de las 22:00. Había clases académicas, labores de aseo, prácticas agropecuarias, panadería, lavandería, carpintería, hojalatería, fragua, mecánica y encuadernación. También funcionaban orfeón, orquesta, estudiantina, clubes de oratoria, teatro, banda de guerra y equipos deportivos. Los futuros maestros realizaban prácticas en poblaciones rurales y aprendían a trabajar con recursos limitados.

El orden interno descansaba en un código disciplinario y en órganos de autogobierno. Existían comités de Aseo, Raciones y Honor y Justicia. La Sociedad de Alumnos “Corazón y Acero” elegía cada año a su comité ejecutivo. El nombre condensaba el ideal educativo: sensibilidad social y resistencia. La austeridad era constante. Las partidas para alimentación y recreación eran reducidas; cuando los jóvenes hacían huelga para exigir mejores raciones o condiciones de internado, pobladores cercanos solían apoyarles con alimentos.3

Junto a esa disciplina existía una formación política explícita. Salaices pertenecía a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) y participaba en la Federación de Estudiantes Chihuahuenses. El Comité de Orientación Política e Ideológica organizaba círculos de lectura y explicaba a los recién llegados la historia del normalismo rural, la estructura de sus organizaciones y los problemas nacionales. Se leían autores asociados con la educación colectiva, la literatura social y el marxismo.3

Esa educación no convertía automáticamente a todos los alumnos en militantes ni mucho menos en guerrilleros. Sí producía jóvenes acostumbrados a deliberar, votar, organizar comisiones, hablar en público y actuar colectivamente. En un régimen que toleraba la participación mientras permaneciera dentro de los canales corporativos del partido gobernante, una federación nacional con autonomía, internados, liderazgos propios y capacidad de huelga constituía un actor incómodo.

Chihuahua tierra, maestros y conflicto.

Para entender el cierre no basta mirar a la Ciudad de México en 1968. Chihuahua vivía desde años antes una fuerte confrontación agraria. Campesinos reclamaban reparto de tierras y denunciaban cacicazgos; estudiantes, maestros y ferrocarrileros participaron en movilizaciones y redes de solidaridad. Una investigación de Arianna Vega Hernández documenta que los normalistas apoyaron caravanas campesinas con difusión, víveres y presencia política. Las demandas educativas, laborales y agrarias comenzaron a encontrarse en las calles.4

El gobierno estatal de Práxedes Giner Durán interpretó muchas de esas protestas como problemas de orden público. En 1965, durante un conflicto magisterial, un comunicado oficial acusó a ciertos promotores de realizar una labor “disolvente y antipatriótica”. Hubo manifestaciones dispersadas con granaderos y gases. No era un desacuerdo pedagógico: era una disputa sobre quién podía organizarse, reclamar tierra, exigir plazas o cuestionar al gobierno.4

La relación con el asalto al cuartel de Madera, ocurrido el 23 de septiembre de 1965, debe explicarse con precisión. Varios participantes tenían formación normalista; Miguel Quiñones Pedroza, egresado de Salaices en 1963 y antiguo dirigente estudiantil nacional, murió en el ataque. Delegaciones de Salaices habían participado en un encuentro político en la sierra en 1963, aunque la postura que se les atribuye —educar éticamente a las masas antes de pensar en tomar el poder— no coincidía con la línea más radical. Estos hechos muestran vínculos individuales y políticos, pero no prueban que la Normal, como institución, hubiera organizado una insurrección.4

La distinción es fundamental. Convertir a toda una comunidad escolar en sospechosa por la militancia de algunos egresados fue parte del mecanismo con el que el Estado justificó la vigilancia y el control. La escuela formaba dirigentes porque enseñaba organización y porque sus estudiantes provenían de comunidades donde la desigualdad no era una teoría. Esa formación podía expresarse en docencia, sindicalismo, defensa agraria, política institucional o, de manera excepcional, en la vía armada.

1968 y el miedo a una organización nacional.

Las normales rurales respaldaron de distintas maneras al movimiento estudiantil de 1968 y repudiaron la represión. En Salaices, testimonios recogidos por investigadores recuerdan que el Ejército intentó impedir el paso de alumnos hacia Ciudad Jiménez, pero algunos cruzaron un río crecido para repartir información y contrarrestar la versión oficial de los acontecimientos.4

El 2 de octubre de 1968 dejó al descubierto hasta dónde podía llegar el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz para contener la protesta. Después de Tlatelolco, la reforma de las normales rurales se desarrolló bajo la misma atmósfera: vigilancia de organizaciones estudiantiles, anticomunismo de Guerra Fría, prensa que presentaba a los dirigentes como amenaza y autoridades preocupadas por la posibilidad de que la inconformidad urbana se conectara con campesinos y maestros.

Carla Irina Villanueva, investigadora de la Universidad de Notre Dame, revisó documentos de la SEP, archivos escolares, prensa y expedientes de la Dirección Federal de Seguridad. Su conclusión es contundente: la reforma de 1969 tuvo motivaciones políticas, fue impulsada por la ansiedad que generaba la movilización estudiantil y contó con la participación de la SEP en una campaña de vigilancia y deslegitimación de la FECSM. No solo se reorganizaron planteles; se golpearon las estructuras internas que hacían posible una coordinación estudiantil nacional.5

Aquí aparece el centro de la historia: Salaices no cayó sola. En 1969 existían 29 normales rurales. La reforma conservó 15 como planteles profesionales y convirtió las otras 14 en escuelas técnicas agropecuarias de nivel secundario. Salaices quedó en el segundo grupo. En Chihuahua sobrevivió como Normal Rural el plantel Ricardo Flores Magón de Saucillo; en Durango continuó Aguilera, adonde fueron canalizados los salaicinos del ciclo profesional.56

La razón oficial separar edades y profesionalizar la carrera.

La SEP sostuvo que la secundaria y la formación profesional perseguían objetivos distintos. Hasta entonces, un mismo internado podía reunir adolescentes que cursaban secundaria con jóvenes mayores que estudiaban para maestro. Las autoridades argumentaron que la convivencia de edades diferentes generaba problemas pedagógicos, administrativos e incluso morales. Separar ciclos permitiría, según el discurso oficial, mejorar la enseñanza, ampliar la educación técnica agropecuaria y exigir secundaria terminada a quienes aspiraran a la carrera normalista.6

Ese cambio tenía una lógica educativa atendible. Visto desde la estructura actual del sistema, pedir secundaria concluida antes de iniciar la preparación docente parece razonable. La reforma prometía además becas, talleres y laboratorios para las nuevas secundarias técnicas. Sería inexacto afirmar que no existía ningún debate curricular o que cada elemento del proyecto fue inventado únicamente para reprimir.

Pero una reforma puede poseer una justificación técnica y, al mismo tiempo, perseguir un objetivo político. La pregunta no es solo si convenía separar los ciclos, sino por qué esa separación exigía extinguir la función normalista de catorce planteles; por qué se ejecutó durante las vacaciones; por qué hubo presencia policiaca; por qué se dispersó a los estudiantes; y por qué la reorganización buscó limitar las sociedades de alumnos y someter su actividad a nuevas reglas de disciplina.

El Consejo Nacional Técnico de la Educación aprobó formalmente la reforma el 29 de julio de 1969, aunque investigaciones históricas señalan que la SEP había comenzado a instrumentarla antes. El 22 de julio ya se anunciaban transformaciones y durante agosto la Dirección General de Enseñanza Normal difundió documentos como Más y mejor educación para los campesinos de México. La operación se presentó como reorganización y no como castigo. Sus métodos, sin embargo, revelan que el gobierno esperaba resistencia.56

En muchos testimonios se habla de un “decreto” de cierre. La expresión refleja que los alumnos enfrentaron una orden definitiva contra la cual no tuvieron recurso efectivo. No obstante, el rastro documental disponible conduce con mayor claridad a acuerdos de política educativa y disposiciones administrativas de la SEP y del Consejo Nacional Técnico que a un decreto presidencial individualizado y publicado con ese título. La precisión no reduce la responsabilidad del gobierno federal; evita convertir la memoria en una afirmación jurídica que aún requiere localizar el instrumento exacto.

Por qué Salaices fue una de las sacrificadas.

No se ha localizado una resolución pública que enumere, plantel por plantel, una evaluación técnica transparente que explique por qué Salaices debía perder su ciclo profesional y Saucillo conservarlo. Esa ausencia es reveladora. Los criterios pudieron incluir distribución regional, concentración de estudiantes y capacidad institucional, pero la documentación histórica demuestra que las autoridades también evaluaron el comportamiento político, la organización interna y el entorno social de las normales.

Salaices reunía varias características incómodas: una Sociedad de Alumnos fuerte; pertenencia activa a la FECSM; redes con estudiantes, maestros, campesinos y ferrocarrileros; memoria de huelgas; respaldo al movimiento de 1968; y egresados presentes en las luchas agrarias de Chihuahua. No es posible sostener con rigor que una sola de ellas produjo automáticamente la clausura. Sí puede afirmarse que el perfil político del plantel encajaba en aquello que el gobierno buscaba contener.

El cierre fue, por tanto, una selección dentro de una política nacional. La “modernización” reorganizó niveles educativos; el autoritarismo decidió cómo hacerla, qué instituciones desaparecer y cómo neutralizar la protesta. Salaices fue vulnerable no porque careciera de función social, sino porque su función excedía el salón de clases: convertía a hijos de campesinos en profesionales con voz pública y organización colectiva.

Agosto de 1969 una escuela ocupada.

Ramón Gutiérrez Medrano ingresó a Salaices en 1964. Cuando volvió de vacaciones en agosto de 1969, la policía estatal le impidió pasar desde el crucero. Los alumnos recibieron la noticia fuera de su propia escuela. Maestros y egresados les indicaron que regresaran a Ciudad Jiménez, donde encontrarían apoyo para comer y dormir.7

Ferrocarrileros, campesinos y personas vinculadas a la izquierda local les abrieron sus casas. Hubo marchas diarias en la plaza. Agentes de Gobernación seguían a los estudiantes y les advertían que, si no aceptaban el traslado a Aguilera, podían perder la beca. En Villa López fueron detenidos el profesor Manuel Valdez Durán y varios jóvenes que difundían volantes sobre el cierre. En Salaices, mujeres de la comunidad también protestaron.7

La resistencia fue desigual. Los estudiantes del ciclo profesional intentaron revertir la medida; los menores que cursaban secundaria podían continuar en las instalaciones ya transformadas. Parte del personal docente apoyó la inconformidad y otra parte guardó distancia, quizá por temor o porque consideró imposible enfrentar al aparato estatal. Después de una semana, los jóvenes emprendieron el traslado a Durango.

No fue únicamente un cambio de domicilio. Aguilera recibió grupos ya formados, bandas de guerra, músicos, deportistas y organizaciones que tuvieron que fusionarse. Los salaicinos habían construido amistades, jerarquías y rutinas durante años. Para algunos faltaba solo una parte de la carrera. De pronto fueron convertidos en huéspedes de otra colectividad. El daño más difícil de medir fue emocional: perder la escuela sin despedirse, aceptar que la autoridad podía borrar una identidad institucional y continuar estudiando bajo la amenaza de perder la beca.

El cierre que no vació inmediatamente el edificio.

Conviene aclarar otra confusión frecuente: en 1969 se cerró la Normal Rural, no todo servicio educativo en el inmueble. El plantel fue convertido en Escuela Técnica Agropecuaria y mantuvo un internado de secundaria. Documentos del Congreso de Chihuahua y testimonios de exalumnos señalan que esa etapa llegó hasta 1985. El casco histórico comenzó después un prolongado deterioro, aunque el conjunto no quedó totalmente inactivo: en 1992 inició allí un programa piloto que en 1994 se convirtió oficialmente en el Centro de Investigación para los Recursos Naturales.811

Esta diferencia permite entender la estrategia gubernamental. El Estado podía afirmar que no abandonaba a la juventud campesina porque conservaba educación secundaria agropecuaria. Pero quitaba a Salaices su nivel profesional, dispersaba a los futuros maestros y rompía su vínculo orgánico con la FECSM. El inmueble seguía abierto; la institución política y pedagógica que lo había definido dejaba de existir.

La herida social.

La pérdida tuvo efectos en varias escalas. Para las familias campesinas del norte significó una opción menos de educación profesional con internado y beca. Para la región sur de Chihuahua implicó la desaparición de un centro cultural, deportivo y pedagógico que proyectaba actividades hacia las comunidades. Para el normalismo rural nacional representó una reducción cercana a la mitad de sus planteles y una ruptura de sus redes de organización.

También cambió el tipo de maestro disponible para el campo. La formación de Salaices combinaba pedagogía, trabajo manual, agricultura, disciplina, arte y deliberación política. Podía ser rígida, ideologizada y conflictiva, pero respondía a un territorio donde enseñar exigía mucho más que repetir un programa. El maestro rural debía vivir lejos de las ciudades, comprender las labores agrícolas y ganarse la confianza de poblaciones históricamente olvidadas.

La clausura tampoco eliminó la protesta. Los egresados trasladaron su experiencia a escuelas, sindicatos, movimientos sociales, cargos públicos y organizaciones comunitarias. La identidad salaicina sobrevivió precisamente porque la decisión de 1969 impidió que hubiera nuevas generaciones. La memoria se volvió una forma de resistencia: libros, reuniones, testimonios, archivos personales y una asociación civil fundada en 2004 conservaron lo que el plantel ya no podía transmitir de manera cotidiana.9

El edificio como prueba material.

En diciembre de 2024, exalumnos denunciaron que el casco histórico seguía abandonado. De acuerdo con información publicada por La Jornada, la asociación de egresados había recuperado la antigua enfermería para convertirla en biblioteca y espacio de lectura.10 La SEP informa, por su parte, que el Centro de Investigación para los Recursos Naturales ocupa parte de las antiguas instalaciones y dispone de campos experimentales, laboratorios e invernaderos. Ambos datos pueden coexistir: existe actividad científica en el conjunto, mientras el edificio central que concentra la memoria arquitectónica requiere conservación.11

El deterioro no es un asunto de nostalgia arquitectónica. El edificio es una fuente histórica: sus dormitorios hablan del internado; los talleres, del aprendizaje práctico; el comedor, de la vida colectiva; la explanada, de las ceremonias, asambleas y protestas. Dejarlo caer equivale a perder evidencia física de uno de los experimentos educativos más ambiciosos del México posrevolucionario.

Recuperarlo no obliga a idealizar todo lo ocurrido allí. Una política seria de memoria debería documentar tanto sus logros como la dureza de la disciplina, las carencias, las tensiones ideológicas y los conflictos con el Estado. Podría albergar un centro de investigación sobre educación rural, un archivo oral, un museo de sitio, una institución de educación superior o una combinación de estos usos. Lo esencial es evitar que el abandono concluya materialmente el trabajo iniciado por la clausura.

Entonces, por qué la cerraron.

La Normal Rural de Salaices fue cerrada porque el gobierno federal decidió reorganizar en 1969 el sistema normal rural, separar la secundaria de la carrera docente y concentrar la formación profesional en quince escuelas. Esa es la causa administrativa inmediata.

Pero la forma, el momento y el alcance de la decisión no pueden comprenderse sin la política. El gobierno de Díaz Ordaz veía a la FECSM y a las sociedades de alumnos como focos de agitación en plena Guerra Fría; las normales habían apoyado luchas estudiantiles, magisteriales y campesinas; Chihuahua cargaba con la memoria de Madera y con años de conflicto agrario; Salaices poseía una organización estudiantil capaz de enlazarse con ferrocarrileros, maestros y comunidades. La reforma ofreció el instrumento para desarticular esa fuerza sin declarar abiertamente que se castigaba la disidencia.

No fue solo una represalia por 1968 ni solo una mejora académica. Fue una reforma pedagógica atravesada por un cálculo de control político. El Estado separó edades y niveles, pero también separó colectivos; trasladó alumnos, pero también deshizo liderazgos; mantuvo edificios, pero extinguió identidades institucionales.

Salaices incomodaba por lo que había conseguido: que jóvenes pobres del campo accedieran a libros, oficio, tribuna y conciencia de su dignidad. La corneta que sonaba antes del amanecer no convocaba únicamente a formar filas. Llamaba a una vida colectiva en la que un hijo de campesinos podía convertirse en maestro y regresar a otra comunidad convencido de que la pobreza no era destino natural.

Por eso el cierre todavía importa. No es una disputa enterrada en 1969, sino una pregunta vigente sobre el país: ¿qué ocurre cuando la educación enseña a los sectores excluidos no solo a leer el mundo, sino también a organizarse para transformarlo?

Cronología esencial.

AñoHecho
1927Fundación como Escuela Central Agrícola.
1933Transformación en Escuela Regional Campesina.
1940Consolidación como Escuela Normal Rural.
1965Conflictos agrarios y magisteriales; un egresado de Salaices participa en el asalto al cuartel de Madera.
1968Normalistas apoyan el movimiento estudiantil y denuncian la represión.
1969La SEP aplica la reforma; Salaices deja de formar maestros y sus alumnos profesionales son trasladados a Aguilera.
1985Concluye el internado de la Escuela Técnica Agropecuaria que sustituyó a la Normal.
1994Se crea oficialmente el Centro de Investigación para los Recursos Naturales en parte del conjunto.
2024Exalumnos reiteran la denuncia por el deterioro del casco histórico.

Criterios de verificación.

Este reportaje contrasta historia académica, documentos citados de la SEP y del Archivo General de la Nación, testimonios de egresados, fuentes legislativas y periodismo. Los testimonios se emplean para reconstruir experiencias y deben distinguirse de los documentos administrativos. No se localizó en acceso abierto un decreto presidencial individual que, por sí solo, ordenara el cierre particular de Salaices; sí existe evidencia sólida de la reforma aprobada por el Consejo Nacional Técnico de la Educación e instrumentada por la SEP en julio y agosto de 1969.

Notas.

1. Ramón Gutiérrez Medrano, “La vida cotidiana en la Escuela Normal Rural de Salaices, Chihuahua”, 2014; y testimonio posterior del mismo autor sobre el cierre.

2. Gutiérrez Medrano, “La vida cotidiana”, pp. 37-40.

3. Gutiérrez Medrano, “La vida cotidiana”, pp. 38 y 44-45.

4. Arianna Vega Hernández, “La formación de estudiantes normalistas de Chihuahua y su participación en los movimientos agrarios de Chihuahua, México, durante la década de 1960”, 2023.

5. Carla Irina Villanueva, “To Disappear the Escuelas Normales Rurales”, The Americas, 2020.

6. Yessenia Flores Méndez, “Resistencia a la reforma educativa de 1969 en las Normales Rurales de México”, Signos Históricos, 2021.

7. Testimonio de Ramón Gutiérrez Medrano, reproducido por la Asociación de Exalumnos de Salaices y el Frente Nacional de Egresados Normalistas Rurales.

8. Congreso del Estado de Chihuahua, debate legislativo del 28 de marzo de 2006 sobre la conservación del edificio histórico.

9. Asociación de Exalumnos de la Escuela Normal Rural de Salaices, historia institucional y acta de fundación de la asociación, 2004.

10. Laura Poy Solano, “Acusan abandono de casco de Normal en Chihuahua pese a su valor cultural”, La Jornada, 8 de diciembre de 2024.

11. Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria y Ciencias del Mar, “Centro de Investigación para los Recursos Naturales”, Secretaría de Educación Pública.

Fuentes

Ramón Gutiérrez Medrano, “La vida cotidiana en la Escuela Normal Rural de Salaices, Chihuahua”, en Miradas históricas a la formación del profesorado en Chihuahua, 2014.

Arianna Vega Hernández, “La formación de estudiantes normalistas de Chihuahua y su participación en los movimientos agrarios durante la década de 1960”, 2023.

Carla Irina Villanueva, “To Disappear the Escuelas Normales Rurales: Political Anxieties, the Secretaría de Educación Pública, and Education Reform in Mexico in 1969”, The Americas, 2020.

Yessenia Flores Méndez, “Resistencia a la reforma educativa de 1969 en las Normales Rurales de México”, Signos Históricos, 2021.

Asociación de Exalumnos de la Escuela Normal Rural de Salaices, “Apuntes básicos de la fundación e historia de la escuela”.

Congreso del Estado de Chihuahua, “Debate legislativo del 28 de marzo de 2006 sobre la conservación del edificio histórico”.

Laura Poy Solano, “Acusan abandono de casco de Normal en Chihuahua pese a su valor cultural”, La Jornada, 8 de diciembre de 2024.

Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria y Ciencias del Mar, “Centro de Investigación para los Recursos Naturales”, Secretaría de Educación Pública.

Gorki Belisario Rodríguez Ávila
HISTORIASMX

Volver arriba