💧 Jiménez: el saqueo del agua, la impunidad de los poderosos y la injusticia hacia la gente
HISTORIASMX. – En Jiménez, Chihuahua, el agua ya no es un derecho: es un lujo que depende de quién eres y cuánto poder tienes. Mientras la mayoría de la población sobrevive con un servicio intermitente, de mala calidad y cargado de contaminantes peligrosos como arsénico y plomo, los nogaleros han saqueado sin freno el acuífero Jiménez–Camargo, perforando indiscriminadamente —y muchas veces de manera ilegal— hasta dejarlo sin reservas, según los propios datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
El resultado es una tragedia silenciosa: un acuífero agotado, uno de los más contaminados del país y una población que consume agua que no es apta para el consumo humano. Y lo más indignante: las autoridades lo saben, pero prefieren mirar hacia otro lado.
El doble estándar de la JMAS y el abuso hacia los ciudadanos
La Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) se encarga de distribuir este líquido contaminado a los hogares de Jiménez, mientras se muestra implacable para cortar el servicio a quien no lo paga. Y aquí surge una pregunta legítima:
¿Por qué deberíamos pagar por agua que no es segura, cuando otros la extraen y lucran con ella sin consecuencias?
Los nogaleros —los grandes beneficiarios del saqueo— han perforado pozos a discreción, algunos con permisos, otros sin ellos. Han bombeado día y noche durante décadas hasta llevar el acuífero a la sobreexplotación crítica. Sin embargo, cuando la Comisión Federal de Electricidad intenta cortarles la energía por no pagar, se organizan “protestas” disfrazadas de defensa legítima para seguir operando sin liquidar su deuda. Y nadie los toca.
Conagua, JCAS y JMAS: la cadena de omisiones
La Conagua es la autoridad federal encargada de vigilar y regular el uso de los recursos hídricos. La Junta Central de Agua y Saneamiento del Estado (JCAS) y la JMAS dicen que la sobreexplotación del acuífero “no es su competencia”, pero esa es una excusa pobre y peligrosa.
La gestión del agua no puede compartimentarse como si fuera un rompecabezas con piezas aisladas: si el acuífero está en crisis, es deber de todos los organismos implicados actuar coordinadamente para protegerlo. La omisión de la JMAS y la JCAS no es solo negligencia, es complicidad pasiva en la destrucción de la principal fuente de agua de Jiménez.
El costo humano y ambiental
El agua contaminada con metales pesados no solo arruina la salud a largo plazo: provoca cáncer, daños neurológicos, problemas renales y afecta el desarrollo infantil. La sobreexplotación del acuífero también mata al campo de pequeña escala y destruye ecosistemas locales.
Paradójicamente, mientras los nogales crecen verdes y frondosos gracias a riegos abundantes, los hogares reciben agua turbia, limitada y peligrosa. El desequilibrio es brutal y refleja una verdad incómoda: en Jiménez, la tierra vale más que la gente.
Lo que tendría que pasar (y no pasa)
- Auditoría hídrica independiente: identificar todos los pozos ilegales y clausurarlos.
- Medición y cobro real del agua agrícola: que los nogaleros paguen lo que consumen y no más subsidios encubiertos.
- Plan de descontaminación urgente: aplicar tecnologías para potabilizar el agua antes de distribuirla a la población.
- Revisión legal: establecer sanciones reales por sobreexplotar y contaminar el acuífero.
- Participación ciudadana: consejos ciudadanos que vigilen la gestión del agua.
Un llamado a la dignidad
El agua de Jiménez no se acabó por sequías inevitables ni por mala suerte: se acabó porque unos pocos decidieron lucrar a costa de todos, con el permiso tácito de las autoridades. Y mientras eso no se diga con todas sus letras, el saqueo seguirá y el pueblo pagará, no solo con dinero, sino con su salud y su futuro.
Es hora de dejar de aceptar la narrativa de que “no hay agua” y empezar a señalar con nombre y apellido a quienes sí la tienen… y se la robaron.
Por: Gorki Belisario.