Periodismo en Chihuahua: entre la impunidad y el olvido.

En Chihuahua, el periodismo también se escribe con sangre. El pasado 8 de septiembre, Día Internacional del Periodismo, pasó desapercibido para el Gobierno del Estado, la Fiscalía y los alcaldes de los 67 municipios, un silencio que refleja el abandono y la falta de compromiso con una profesión que en México se ejerce entre amenazas, impunidad y memoria de quienes, como Miroslava Breach, entregaron su vida por la verdad.

HISTORIASMX. – El 8 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Periodismo. En muchos países, esa fecha se aprovecha para reflexionar sobre el papel de los comunicadores en la sociedad, para recordar a quienes han caído en el cumplimiento de su labor y para trazar rutas de protección en una profesión que debería ser pilar de toda democracia.

En Chihuahua, sin embargo, la jornada pasó desapercibida. El Gobierno del Estado no emitió un solo mensaje, la Fiscalía General no hizo referencia alguna a la violencia que enfrentan los periodistas, y los alcaldes de los 67 municipios permanecieron en un silencio absoluto. Ni una ceremonia, ni una declaración, ni un recordatorio de que en esta tierra el periodismo también se escribe con sangre.

Ese olvido institucional no es una simple omisión. Es, en los hechos, un mensaje político: el periodismo no es prioridad. Y en un país donde ejercer esta profesión puede costar la vida, la indiferencia oficial se convierte en otra forma de violencia.

México: país sin guerra, pero con periodistas en la mira

El periodismo en México se ejerce en medio de la amenaza. Reportes de organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) colocan a nuestro país como uno de los más peligrosos del mundo para los comunicadores, a la par de naciones que atraviesan conflictos armados.

No se trata solo de cifras: se trata de vidas. Se trata de periodistas asesinados por documentar el avance del crimen organizado, por exhibir redes de corrupción política, o por atreverse a escribir sobre lo que “no se debe tocar”. El silencio no es una opción para ellos, y sin embargo, la respuesta del Estado suele ser tibia, burocrática y tardía.

En Chihuahua, la memoria de la periodista Miroslava Breach Velducea, asesinada en 2017 por sus investigaciones sobre narcotráfico y política, sigue siendo una herida abierta. Su caso se convirtió en símbolo de la impunidad: uno de los crímenes más sonados, investigado con lupa internacional, pero aún marcado por la falta de justicia plena.

¿De qué sirve un Día Internacional del Periodismo si, a ocho años de aquel crimen, las autoridades no se atreven siquiera a informar sobre avances reales en la investigación?

El silencio de Chihuahua el 8 de septiembre

Lo ocurrido el pasado 8 de septiembre en Chihuahua no fue casual. No hubo mensajes de aliento a los comunicadores, ni homenajes a quienes han caído, ni compromisos de nuevas medidas de protección.

Ese vacío institucional tiene implicaciones profundas:

  • Envía la señal de que el periodismo no importa.
  • Reproduce la impunidad simbólica. Si no hay memoria ni reconocimiento, se normaliza la violencia.
  • Rompe el vínculo con la sociedad. Porque al callar, el gobierno también minimiza el derecho ciudadano a estar informado.

Más que un olvido, fue una renuncia política a reconocer la importancia de la prensa libre.

Periodismo y precariedad: otra forma de violencia

La violencia contra periodistas en Chihuahua no se expresa solo en amenazas o asesinatos. Existe otra forma menos visible pero igual corrosiva: la precariedad laboral.

Muchos reporteros en municipios pequeños trabajan sin contrato, sin seguridad social, sin salarios dignos y, lo más grave, sin protección alguna cuando enfrentan amenazas. Dependen de ingresos mínimos, a veces de convenios con autoridades locales que condicionan la publicidad oficial, lo que limita la independencia y los convierte en blanco fácil.

Hablar de protección al periodismo no es únicamente instalar botones de pánico o asignar escoltas: también es garantizar condiciones laborales que no obliguen al periodista a elegir entre sobrevivir o callar.

Propuestas urgentes para Chihuahua

Frente a este panorama, el Estado no puede permanecer indiferente. Chihuahua necesita, de manera urgente, mecanismos claros y eficaces para proteger a su prensa:

  1. Fortalecer el Mecanismo Estatal de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos, con presupuesto propio, autonomía técnica y una junta supervisora conformada por sociedad civil.
  2. Crear una Unidad Especializada en la Fiscalía General dedicada a investigar delitos contra periodistas, con protocolos específicos y plazos definidos para resultados.
  3. Establecer un Observatorio Ciudadano del Periodismo, integrado por universidades, organizaciones sociales y medios independientes, que supervise tanto el trabajo del mecanismo de protección como las investigaciones judiciales.
  4. Impulsar programas de capacitación en seguridad física y digital, especialmente en municipios rurales donde los periodistas son más vulnerables y menos visibles.
  5. Garantizar transparencia en la asignación de publicidad oficial, para que no sea utilizada como herramienta de control político.
  6. Reconocer legalmente al periodismo como actividad de interés público, lo que obligaría a los tres niveles de gobierno a rendir cuentas periódicamente sobre las condiciones de quienes ejercen esta labor.

La deuda con Miroslava y con todos los periodistas

Cada vez que las autoridades callan, el nombre de Miroslava Breach resuena como un recordatorio incómodo. Su asesinato no fue solo un ataque personal: fue un mensaje para toda la prensa. Y mientras no se resuelva con justicia plena, cada periodista en Chihuahua seguirá trabajando bajo la sombra de esa impunidad.

No se trata de un caso aislado. Detrás de cada reportero agredido, de cada medio presionado, hay una ciudadanía entera privada de su derecho a estar informada. Proteger al periodismo no es un favor a quienes escriben o reportean: es un deber democrático, porque sin prensa libre no hay ciudadanía plena ni gobiernos legítimos.

Conclusión: los silencios que también matan

El 8 de septiembre de 2025 pasará a la historia en Chihuahua como un día vacío. Mientras en otras partes del mundo se recordaba la importancia de la prensa, aquí se eligió el silencio. Ese silencio institucional no es neutro: también es violencia.

Las autoridades deben entender que ignorar al periodismo es un lujo que la democracia no puede permitirse. Porque cuando callan los periodistas, lo que se impone es la mentira, el miedo y el poder sin contrapesos.

Proteger a quienes informan es, al final, proteger a toda la sociedad. Y en Chihuahua, esa deuda sigue pendiente. Una deuda que no se paga con discursos, sino con justicia, compromiso y acciones concretas.

Por: Gorki Rodríguez.

Volver arriba