Peñoles: muros de granito, rutas internacionales y huellas de los antiguos.

En el municipio de Coronado, al sur del estado de Chihuahua, la Sierra de Peñoles se levanta como un territorio donde confluyen geología volcánica milenaria, turismo de aventura y rastros arqueológicos que exigen respeto y conservación. Un sitio único que narra, desde la piedra, la historia profunda del desierto.

HISTORIASMX – Reportaje Especial. – La Sierra de Peñoles no es un accidente menor en el paisaje del sur de Chihuahua. Es un conjunto de cerros de granito expuesto, modelados por el tiempo y la erosión, que rompen la monotonía del semidesierto y revelan un pasado geológico marcado por erupciones volcánicas ocurridas hace millones de años. Esta singularidad convierte a Peñoles en un referente natural que trasciende lo local y se posiciona como un espacio de valor estatal, nacional e internacional.

Desde lejos, las paredes pétreas dominan el horizonte. De cerca, el visitante descubre un entramado de grietas, muros naturales y pasadizos que forman laberintos de roca, capaces de orientar o desorientar según la luz del día. Nada en Peñoles es casual: cada fractura y cada domo cuentan una historia escrita por procesos geológicos lentos, profundos e implacables.

Granito volcánico: el origen que define a Peñoles.

Lo que distingue a la Sierra de Peñoles de otras elevaciones de la región es su composición. El granito, una roca ígnea formada por el enfriamiento lento del magma bajo la superficie terrestre, aflora aquí como testimonio de una intensa actividad volcánica antigua. Con el paso de millones de años, la erosión eliminó capas superiores, dejando al descubierto estas masas pétreas que hoy conforman muros verticales, cañadas estrechas y corredores naturales.

Esta condición geológica no solo define el paisaje, también explica su resistencia y su atractivo. Peñoles es, literalmente, una montaña que emergió desde las entrañas de la Tierra y quedó expuesta para ser leída en cada grieta.

Peñoles y el turismo de escalada.

En los últimos años, la Sierra de Peñoles se ha consolidado como un punto clave para la escalada libre en roca natural. Jóvenes y personas de todas las edades llegan atraídos por la calidad de sus muros, la variedad de rutas y la experiencia de escalar en un entorno completamente natural. No es raro encontrar campamentos instalados durante semanas, donde escaladores conviven con el paisaje bajo reglas implícitas de autosuficiencia y respeto al entorno.

Este posicionamiento turístico ha colocado a Peñoles en el mapa de la aventura, pero también ha incrementado la responsabilidad colectiva. El crecimiento del turismo sin conciencia representa un riesgo real para un ecosistema frágil y para vestigios culturales que no pueden ser reemplazados.

Vida vegetal entre la roca.

A pesar de la dureza del entorno, la vida se abre paso. Entre las grietas del granito crecen encinos de gran tamaño, árboles fundamentales para el equilibrio ecológico del sitio. Junto a ellos aparecen helechos y otras plantas que permanecen latentes durante la sequía y reviven con cada temporada de lluvias, transformando el paisaje árido en un escenario momentáneamente verde.

Estas especies no son decorativas: regulan la humedad, protegen el suelo y dan refugio a la fauna silvestre. Peñoles demuestra que incluso en la piedra más dura, la vida encuentra cómo permanecer.

El Laberinto: geografía que protege y guía.

Uno de los espacios más representativos de la sierra es conocido como “El Laberinto”, una formación natural de pasadizos y grietas que fue utilizada durante siglos como refugio. El recorrido inicia en la parte central de Peñoles, a unos mil 600 metros sobre el nivel del mar, avanzando por una brecha interrumpida por el cauce de un río que aún conserva humedad, vestigio de las lluvias recientes.

A partir de ahí, el trayecto continúa a pie entre arbustos espinosos y pastizales, flanqueados por cerros monumentales. Dos grandes encinos marcan la entrada a una enorme grieta: la señal inequívoca de haber llegado al recinto de “El Laberinto”.

Rastros arqueológicos: la huella de los Tobosos.

En una gran piedra que emerge del suelo aparecen tres morteros tallados, evidencia clara de la presencia de la tribu de los Tobosos. Estos instrumentos fueron utilizados para moler granos, procesar minerales para pigmentos y almacenar agua, actividades esenciales para la vida en el desierto.

Fotografía: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX

El avance hacia las pinturas rupestres se realiza entre roca fría y pasadizos semioscuros, iluminados apenas por la luz que entra desde lo alto. En el suelo se observan huellas de fauna, manchas de hollín dejadas por antiguas fogatas y señales inequívocas de ocupación humana prolongada.

Tras sortear vegetación alta, encinos y pequeñas escaladas, aparece la llamada “Señal de Tonatiuh”, indicio de la cercanía del arte rupestre. Las pinturas, entre las mejor conservadas de Peñoles, muestran triángulos entrelazados que representan el paisaje, la figura de un venado y la imagen de un corral, lo que sugiere prácticas de manejo del entorno y una profunda comprensión del territorio.

Metros adelante, un corral circular de piedra, ubicado estratégicamente bajo otro gran encino, refuerza la hipótesis de que este sitio fue una estancia prolongada y que las pinturas funcionaban como marcas de georreferenciación ancestral.

Preservar Peñoles: una responsabilidad colectiva.

La Sierra de Peñoles concentra valor geológico, ecológico, turístico y arqueológico en un solo espacio. Sin embargo, su permanencia depende de la conciencia de quienes la visitan. Cada pintura, cada mortero y cada muro antiguo es irrepetible.

Cuidar Peñoles implica no alterar sus formaciones, no tocar ni dañar sus vestigios y comprender que este paisaje no es solo un escenario de aventura, sino un archivo natural y cultural del sur de Chihuahua. Preservarlo es garantizar que la historia escrita en el granito siga siendo leída por las generaciones futuras.

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-Laboratorio de Periodismo.

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