Peñoles: el sitio arqueológico perdido de los tobosos en el sur de Chihuahua.

Peñoles —no confundir con el sitio homónimo de Durango— es un batolito volcánico convertido en refugio, observatorio, aldea y santuario. Un laberinto pétreo en el que aún susurran historias de resistencia, exterminio y desplazamiento indígena. Un sitio que, pese a su relevancia arqueológica, sigue siendo prácticamente desconocido fuera de la región.

HISTORIASMX. – En lo profundo del Suroeste de Chihuahua, entre pasadizos naturales, túneles oscuros y formaciones rocosas que parecen suspendidas por obra de la naturaleza, se encuentra uno de los sitios arqueológicos más grandes, complejos y enigmáticos asociados a la tribu de los tobosos, un pueblo de cazadores recolectores cuya presencia dominó la región entre Jiménez, Parral y Villa Coronado durante los siglos prehispánicos y coloniales.

Fotografía: HISTORIASMX

Peñoles —no confundir con el sitio homónimo de Durango— es un batolito volcánico convertido en refugio, observatorio, aldea y santuario. Un laberinto pétreo en el que aún susurran historias de resistencia, exterminio y desplazamiento indígena. Un sitio que, pese a su relevancia arqueológica, sigue siendo prácticamente desconocido fuera de la región.

Este reportaje reconstruye su pasado, describe su entorno y expone los hallazgos que lo convierten en el enclave toboso más importante registrado hasta hoy.

LA ÚLTIMA ALDEA TOBOSA.

Un asentamiento construido bajo enormes rocas volcánicas

Para entender Peñoles hay que imaginar una comunidad entera viviendo bajo techumbres naturales: gigantescas rocas redondeadas de color café muy claro, equilibradas de forma tan caprichosa que parecen desafiar la gravedad.

Las casas, más de 21 habitaciones, no fueron construidas desde cero: los tobosos cerraron las oquedades entre el suelo y las piedras volcánicas con muros de mampostería rústica. Ahí formaron sus viviendas, muchos de ellos cuartos únicos conectados por túneles estrechos excavados a mano.

Este tipo de arquitectura —adaptada al relieve, al estilo de los Panales en Durango— ofrece pistas sobre la urgencia de refugio:

  • protección ante ataques enemigos
  • control del territorio desde las alturas
  • camuflaje natural entre los peñascos
  • retención de humedad, vital para una agricultura incipiente

Las casas son conocidas por la población local como Casas de Apaches, aunque investigaciones recientes muestran que fueron construidas por tobosos petroagrícolas, un grupo prehispánico y virreinal que ocupó el sitio entre 1450 d.C. y 1664.

UN PAISAJE QUE HABLA.

Las formaciones rocosas: Las Cachuchas, La Gallina y el Recinto del Túnel

Peñoles no es solo un asentamiento: es un escenario natural de gran belleza. Entre sus formaciones más conocidas se encuentran:

  • Las Cachuchas, símbolo del sitio, una serie de rocas redondeadas como sombreros superpuestos.
  • La Gallina, un monolito con silueta animal que domina el pedregal.
  • El Recinto 9, La Casa del Túnel, célebre por fotografías históricas tomadas en la década de 1940, cuando aún conservaba su estado original.

Los nombres —puestos por habitantes de la región— revelan la relación íntima entre la comunidad local y este paisaje.

El pie de Las Cachuchas marca uno de los puntos geográficos clave del sitio:

26° 47′ 07.6″ Lat N
105° 03′ 34.3″ Long O
Altitud: 1,604 msnm

Un punto donde la vegetación cambia notablemente: entre las piedras se observa más humedad retenida, lo que explica por qué los tobosos eligieron este batolito como lugar de asentamiento.

PRIMERAS NOTICIAS DE PEÑOLES.

De corrales indígenas a escenario de sacrificios coloniales

Los registros más antiguos proceden de 1633, cuando mineros españoles denunciaron la existencia de minas “cerca de los corrales de los indios”. Probablemente aludían a las estructuras circulares de piedra que aún pueden verse en los cerros.

Sin embargo, la descripción más poética proviene de un texto anónimo de 1840, que relata que los jefes indígenas del sitio fueron sacrificados en un cerro llamado El Matadero, mientras que el resto de la población fue repartida entre encomenderos. Un eco temprano de lo que sería el destino final de los tobosos.

Años más tarde, en la década de 1940, el explorador Deric Busbaum fotografió la célebre Casa del Túnel, pero tuvieron que pasar cincuenta años más para que el sitio recibiera atención formal del INAH.

Fue en 1989, gracias a una denuncia del profesor Manuel Valdez Durán, cuando el arqueólogo Arturo Guevara Sánchez documentó por primera vez el potencial del sitio. No obstante, los primeros estudios oficiales no comenzaron sino hasta 1998.

UN CAMINO DE TERRACERÍA Y UN MUNDO APARTE.

Cómo se llega al sitio

Para acceder a Peñoles, el visitante debe cruzar por rutas rurales:

  1. Desde Jiménez, tomar la carretera a Villa López.
  2. En la desviación hacia Iturralde (El Oriente), avanzar por terracería.
  3. Cruzar el río Florido —parte del año sin puente—.
  4. Continuar 6.5 km hasta que los cerros desnudos y volcánicos comienzan a rodearlo todo.

El paisaje se transforma: aparecen ocotillos, gobernadora, agaváceas y pequeñas gramíneas. Todo bajo un cielo abierto que revela el pedregal de Peñoles como un mar de rocas volcánicas.

UN SITIO SAQUEADO.

Excavaciones clandestinas y daños irreversibles

Muchos de los visitantes que llegaron al sitio durante el siglo XX dejaron tras de sí más que huellas: pozos de saqueo, destrucción de muros y fragmentación de estructuras.

El vandalismo arqueológico —empujado por la ignorancia, la curiosidad o la búsqueda de “tesoros”— ha ocasionado pérdidas incalculables. Muchos recintos muestran daños en sus paredes de adobe o en los túneles que conectaban las habitaciones.

LA IMPORTANCIA DE PEÑOLES.

El sitio toboso más grande de Chihuahua y del país

Peñoles no solo es grande: es el mayor asentamiento toboso registrado en México.

Aquí se documentaron:

  • 21 recintos habitacionales
  • túneles interconectados
  • morteros fijos y móviles
  • más de 14 paneles de arte rupestre con figuras zoomorfas, antropomorfas, abstractas y escenas coloniales (jinetes a caballo, sacerdotes, cruces evangelizadoras)

El sitio guarda evidencia de dos ocupaciones:

  1. Primera ocupación (ca. 1450 d.C.)
    Prehispánica, breve, probablemente agrícola.
  2. Segunda ocupación (ca. 1640–1664)
    Tobosos petroagrícolas en época virreinal, marcada por contacto forzado con exploradores, soldados y misioneros.

Entre ambos periodos, los tobosos pasaron de ser cazadores recolectores nómadas a un grupo que intentó —por necesidad o sobrevivencia— establecer asentamientos más prolongados.

UNA HISTORIA POR CONTAR.

Peñoles es, en pocas palabras, el eslabón perdido de los tobosos, el último lugar donde esta tribu dejó huellas claras antes de ser desplazada, esclavizada o exterminada por la expansión colonial española.

Hoy, pese a su valor arqueológico y cultural, el sitio continúa sin protección formal y expuesto a la degradación.

Arquitectura, arte rupestre y vida cotidiana en Peñoles.

Entrar a Peñoles no es simplemente explorar un sitio arqueológico: es caminar dentro de una aldea petrificada, donde cada roca, cada muro derruido y cada muestra de pigmento rojo o negro sobre el granito volcánico parece insistir en que aquí existió una comunidad organizada, activa y en plena transformación cultural.

En esta segunda parte del reportaje, describimos a detalle los 21 recintos, su función probable, la arquitectura adaptativa que emplearon los tobosos y los elementos de arte rupestre que, hasta hoy, permiten reconstruir fragmentos de su cosmovisión.

EL LABERINTO DE PIEDRA.

Las habitaciones bajo roca: arquitectura adaptada y silenciosa

La característica más sorprendente del sitio es su arquitectura “orgánica”, donde la roca natural sustituye techos, paredes y sombras. Los tobosos no tallaron grandes bloques ni construyeron complejos sistemas murarios: se aprovecharon del caos volcánico para moldear sus hogares.

Los arqueólogos clasificaron 21 recintos habitacionales, agrupados en tres zonas principales:

  1. Zona Central del Batolito
  2. Sector de Las Cachuchas
  3. Sector Sur y el Recinto del Túnel

Cada zona tiene particularidades, pero comparten un rasgo común: todas muestran cerramientos de piedra y restos de lodo que alguna vez funcionaron como sellos o pequeñas albarradas.

RECINTOS 1 AL 7.

La “primera línea” de viviendas al pie del conjunto rocoso

Los primeros siete recintos se ubican en la base del pedregal, donde el acceso es más sencillo. Aquí los tobosos construyeron:

  • muros bajos que cerraron las entradas naturales
  • espacios semicerrados unidos por pasos angostos
  • un sistema de habitaciones que probablemente alojó grupos familiares extensos

En esta zona los arqueólogos encontraron los primeros morteros de molienda, tanto fijos como portátiles, indicios directos de un uso más agrícola de lo que se creía para este grupo considerado históricamente “nómada”.

La presencia de ceniza fina, acumulada en algunas oquedades, sugiere el uso de fogones múltiples. Esto puede indicar que, durante la ocupación virreinal, los tobosos permanecieron periodos más largos en el sitio.

LOS RECINTOS ENTRE ROCAS.

De la Casa de la Bajo Roca al sistema de pasadizos

Los recintos del 8 al 12 se caracterizan por encontrarse literalmente incrustados entre rocas gigantes. Las techumbres pétreas muestran un desgaste que indica cientos de años de escurrimiento pluvial y hollín acumulado por fogatas internas.

Lo más notable en esta zona es un pasadizo estrecho que conecta dos viviendas por debajo de una roca caída. Este túnel —recientemente documentado— es un ejemplo claro de ingeniería adaptativa:

  • mantiene la temperatura estable
  • permite ocultar movimientos dentro del asentamiento
  • funcionaba como vía segura hacia un refugio más interno

Muchos pueblos nómadas no dedicaban tiempo a estas construcciones; los tobosos de Peñoles sí lo hicieron, lo que confirma la teoría del periodo de sedentarización forzada.

EL RECINTO DEL TÚNEL.

El corazón del sitio — y el más fotografiado de la historia

El recinto 9, conocido como La Casa del Túnel, fue la estructura más divulgada en la década de 1940 cuando el explorador Deric Busbaum la fotografió aún intacta.

Se trata de una formación donde dos enormes rocas forman un corredor natural que los tobosos cerraron parcialmente con muros. Esto generó un:

  • paso estrecho y controlado
  • refugio profundo casi a nivel de caverna
  • espacio ritual sugerido por la presencia de pigmentos y marcas de humo negro

Hasta hace pocos años, la estructura aún conservaba parte de su muro vertical original, con bloques acomodados en forma rústica y un pequeño vano de acceso.

Hoy, el deterioro es evidente: piedras desplazadas, saqueos y desprendimientos naturales han alterado la imagen que conocieron los investigadores de mediados del siglo XX.

Aún así, es el centro simbólico del asentamiento.

EL ARTE RUPESTRE DEL PEDREGAL.

Jinetes, cruces, figuras humanas y animales: un mural colonial indígena a cielo abierto

Peñoles contiene al menos 14 paneles de arte rupestre, distribuidos entre túneles, techos y muros naturales. Destacan cuatro motivos recurrentes:

1. Figuras humanas estilizadas

Con brazos alzados, torsos triangulares y piernas delgadas, similares al estilo Gran Mogollón pero más esquemático.

2. Cruces con brazos iguales

Representan el periodo colonial inicial, cuando los misioneros trataban de evangelizar a los tobosos. Algunas cruces aparecen junto a figuras humanas, quizás simbolizando el choque cultural.

3. Jinetes a caballo

Uno de los elementos más reveladores.
Los tobosos fueron uno de los primeros grupos en usar caballos robados para huir, atacar o migrar entre Parral, Mapimí y Coahuila. Las pinturas de Peñoles muestran caballos con proporción alargada y jinetes esquemáticos con lanzas.

4. Zoomorfos y figuras serpenteantes

Posiblemente relacionadas con rituales de cacería o con el mundo acuático subterráneo, recurrente en cosmovisiones del norte de México.

MORTEROS Y VIDA COTIDIANA.

El registro de la molienda: evidencia de agricultura incipiente

A diferencia de otros grupos nómadas del norte, los tobosos de Peñoles utilizaban:

  • morteros fijos excavados en la roca volcánica
  • morteros móviles dispersos entre los recintos
  • metates rústicos para granos pequeños y semillas recolectadas

Esto indica que, aunque su base era recolectora y cinegética, en Peñoles se practicó una proto-agricultura, quizá orientada al aprovechamiento de:

  • gramíneas locales
  • amaranto silvestre
  • agave
  • raíces y bulbos

Los arqueólogos sugieren que, por la humedad retenida en las grietas del batolito, pudo ser un punto ideal para resguardar semillas y alimentos recolectados en temporada.

LA VIDA EN LA ALDEA.

Organización interna, defensa y sobrevivencia

Toda la estructura del sitio apunta a un patrón de vida centrado en:

  • pequeñas familias extensas compartiendo recintos
  • refugios internos para proteger a niños y mujeres en caso de ataque
  • puntos altos como puestos de vigilancia
  • circulación interna controlada mediante túneles y pasos de un solo cuerpo

Peñoles no era un sitio ceremonial: era una comunidad funcional, viva, vulnerable, adaptada para resistir en tiempos de guerra constante contra exploradores, mineros y soldados españoles durante el siglo XVII.

La sensación al recorrerlo es clara: los tobosos aquí no estaban escondidos por tradición, sino por necesidad.

Por: Gorki Rodríguez / Laboratorio de Periodismo-HISTORIASMX.

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