Aunque los indicadores oficiales muestran una recuperación de la actividad económica durante 2026, millones de consumidores y pequeños negocios pueden seguir percibiendo una circulación limitada del dinero. El bajo crecimiento acumulado, la debilidad del consumo, la inversión y la incertidumbre comercial ayudan a explicar por qué la recuperación económica no necesariamente se refleja de inmediato en los bolsillos de las familias.
HISTORIASMX.– ¿Por qué parece que el dinero ya no circula como antes? ¿Por qué algunos establecimientos registran menos clientes, las familias piensan dos veces antes de comprar y los comerciantes sienten que las ventas avanzan lentamente? ¿Está México atravesando una crisis económica o se trata de un periodo de desaceleración?
Las respuestas requieren analizar más allá del precio del dólar, la inflación o los anuncios oficiales sobre crecimiento económico.
Una investigación basada en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Banco de México, Fondo Monetario Internacional (FMI), Secretaría de Hacienda y estudios económicos privados permite identificar una situación compleja: México no presenta, con la información disponible, las características de un colapso económico generalizado, pero sí arrastra un periodo de crecimiento débil cuyos efectos pueden seguir sintiéndose en el comercio, la inversión y los presupuestos familiares.
La distinción es importante. Una economía puede estar creciendo y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para generar suficientes oportunidades, aumentar el ingreso disponible de los hogares y distribuir los beneficios de la recuperación entre distintos sectores y regiones.
Una economía que crece, pero arrastra años de debilidad
Para comprender lo que sucede en México durante 2026 es necesario observar primero el comportamiento de 2025.
De acuerdo con los datos utilizados por el Fondo Monetario Internacional en su evaluación del 2 de octubre de 2026, la economía mexicana registró un crecimiento anual de apenas 0.5% durante 2025.
En términos económicos, se trata de una expansión muy limitada.
Aunque el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó, el crecimiento fue insuficiente para producir una sensación generalizada de prosperidad. Además, la inversión registró una contracción estimada del 6.3% durante ese año, mientras que el consumo creció solamente 1.1%.
Para 2026, el FMI proyectó una expansión económica de 1.5% y para 2027 estimó un crecimiento de 1.8%. Son previsiones que apuntan a una recuperación gradual, pero todavía moderada.
Esto significa que el país no necesariamente está produciendo menos bienes y servicios que el año anterior, sino que durante un periodo prolongado su actividad económica ha aumentado lentamente.
Esa diferencia permite explicar uno de los principales contrastes de la economía mexicana: los indicadores nacionales pueden mejorar sin que todos los sectores productivos experimenten inmediatamente una recuperación de sus ingresos.
Los datos más recientes: la economía sí muestra señales de recuperación
El dato más reciente del PIB introduce un elemento fundamental para comprender la situación actual.
El 30 de octubre de 2026, el INEGI dio a conocer su estimación oportuna del tercer trimestre. La economía mexicana aumentó 0.9% respecto al trimestre anterior y 3.2% en comparación anual.
El resultado representa una recuperación significativa frente a la debilidad de 2025. Según el análisis de México, ¿Cómo Vamos?, durante los primeros nueve meses de 2026 el crecimiento acumulado habría alcanzado 1.9% respecto al mismo periodo del año anterior.
Durante el tercer trimestre, las actividades terciarias, donde se encuentran el comercio y los servicios, aumentaron 1.1% trimestral; las industriales, 0.8%, mientras que las actividades primarias, relacionadas con el campo, disminuyeron 0.4%.
Estos resultados obligan a descartar una interpretación simplista de que toda la economía está paralizada.
Sin embargo, tampoco significan que las dificultades económicas hayan desaparecido.
Los datos agregados reúnen la actividad de industrias exportadoras, empresas tecnológicas, establecimientos comerciales, servicios financieros, actividades agropecuarias y negocios familiares. El crecimiento de un sector puede compensar estadísticamente la debilidad de otro.
Por ello, una mejoría del PIB nacional no garantiza que una tienda de abarrotes, una ferretería, un taller mecánico o un pequeño restaurante estén vendiendo más.
¿Por qué se siente que no hay dinero? El consumo explica parte del problema
Uno de los indicadores más importantes para comprender la percepción de lentitud económica es el consumo privado.
Este indicador mide el gasto de los hogares en productos y servicios y permite observar qué tanto dinamismo existe en las compras que sostienen una parte fundamental del comercio nacional.
De acuerdo con el INEGI, durante julio de 2026 el consumo privado no registró crecimiento respecto al mes anterior. En su comparación anual aumentó 1.1%.
Dentro del consumo nacional de ese mes, la adquisición de bienes disminuyó 0.2% mensual, mientras que los servicios avanzaron 0.2%.
Estas cifras muestran que, al menos durante ese periodo, el gasto de los consumidores avanzaba con poca fuerza.
Aunque existe una recuperación posterior en algunos indicadores, el antecedente ayuda a explicar por qué parte del comercio puede experimentar una situación distinta de la presentada por las cifras generales del PIB.
Cuando las familias reducen o posponen determinadas compras, los efectos pueden extenderse a distintos sectores.
Una persona que decide reparar sus zapatos en lugar de comprar nuevos reduce su gasto en el comercio de calzado. Una familia que pospone la compra de muebles disminuye la demanda de productos duraderos. Un propietario que retrasa una remodelación afecta indirectamente a proveedores de materiales, transportistas y trabajadores de la construcción.
Son ejemplos de cómo las decisiones individuales de gasto pueden repercutir en cadenas productivas completas.
No obstante, estos mecanismos no demuestran que todos los hogares mexicanos estén reduciendo sus compras. Para establecer esa conclusión sería necesario analizar el consumo por región, nivel de ingreso y tipo de producto.
La inflación disminuye, pero los precios no regresan a los niveles anteriores
Otra de las principales razones detrás de la percepción de que el dinero alcanza menos se encuentra en el comportamiento acumulado de los precios.
Durante septiembre de 2026, la inflación anual en México se ubicó en 3.45%, de acuerdo con el INEGI. En septiembre de 2025 había sido de 3.76%.
El descenso representa una moderación en el ritmo de aumento de los precios, pero no significa que los productos hayan recuperado sus costos anteriores.
Esta distinción es esencial.
Cuando la inflación baja de niveles elevados a 3.45%, significa que, en promedio, los precios continúan aumentando, aunque a un ritmo más lento.
Un producto que costaba 100 pesos antes de un periodo de inflación elevada puede seguir costando considerablemente más, incluso cuando la inflación anual vuelva a niveles moderados.
De esa manera, las familias pueden percibir una pérdida de capacidad de compra acumulada, especialmente cuando sus ingresos no han aumentado al mismo ritmo que el costo de sus necesidades particulares.
También debe considerarse que la inflación general es un promedio nacional. Los gastos concretos de una familia pueden evolucionar de manera distinta dependiendo de cuánto destine a alimentos, vivienda, transporte, educación y servicios.
Por ello, una inflación controlada no necesariamente equivale a una recuperación inmediata de la capacidad de consumo de todos los hogares.
La inversión: uno de los factores decisivos para explicar la lentitud económica
La inversión es un componente central del funcionamiento económico porque permite ampliar negocios, construir instalaciones, adquirir maquinaria, modernizar procesos y aumentar la capacidad productiva.
Cuando las empresas posponen inversiones importantes, sus decisiones pueden afectar la contratación de trabajadores, la compra de materiales y la demanda de servicios profesionales.
El Fondo Monetario Internacional identificó que la inversión mexicana se contrajo 6.3% durante 2025, mientras que para 2026 anticipó un crecimiento de apenas 0.3% en su evaluación publicada el 2 de octubre.
Sin embargo, los indicadores mensuales más recientes también muestran señales positivas.
El INEGI reportó que durante julio de 2026 la inversión fija bruta aumentó 1.4% respecto a junio y 6.0% frente al mismo mes de 2025.
Esto indica que existen esfuerzos de recuperación, aunque todavía debe evaluarse si son suficientes para compensar los periodos anteriores de debilidad.
La incertidumbre comercial y regulatoria es uno de los elementos mencionados por distintos organismos económicos como factor que influye en las decisiones de inversión.
Una empresa puede contar con recursos para ampliar su producción, pero retrasar el proyecto hasta tener mayor claridad sobre sus costos, la demanda futura o las condiciones del comercio internacional.
Cuando muchas empresas adoptan decisiones similares, el resultado puede ser una reducción temporal del ritmo de inversión y de la actividad relacionada con nuevos proyectos.
Estados Unidos y el T-MEC: una economía estrechamente vinculada al exterior
México mantiene una profunda integración productiva con Estados Unidos.
Las exportaciones manufactureras, las cadenas de suministro automotrices, la industria electrónica y numerosas actividades industriales dependen de las condiciones comerciales entre ambos países.
Por ello, cualquier incertidumbre relacionada con aranceles, reglas comerciales o el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) puede modificar las expectativas empresariales.
El FMI señaló en octubre que la incertidumbre externa continúa siendo uno de los principales factores que limitan el crecimiento mexicano.
En contraste, la Secretaría de Hacienda destacó que las exportaciones mexicanas registraron un importante dinamismo durante el tercer trimestre de 2026, especialmente en manufacturas no automotrices y equipo de cómputo.
Ambas observaciones pueden coexistir.
Las empresas exportadoras pueden experimentar un periodo favorable mientras otros establecimientos, más dependientes del consumo interno, mantienen una recuperación limitada.
Además, las exportaciones concentradas en determinados sectores industriales no necesariamente producen el mismo beneficio inmediato en todas las regiones del país.
Esta diferencia resulta relevante para estados del norte, como Chihuahua, donde conviven actividades manufactureras orientadas al mercado estadounidense, agricultura, ganadería, comercio regional y pequeñas empresas de servicios.
El comportamiento económico de cada municipio depende, entre otros factores, del peso que tienen esas actividades dentro de su estructura productiva.
El empleo: tener trabajo no siempre significa contar con estabilidad económica
Uno de los elementos que parecen contradecir la percepción de dificultades económicas es la baja tasa de desempleo.
Durante septiembre de 2026, el INEGI registró una tasa de desocupación de 2.8%, inferior al 3.0% observado en septiembre de 2025.
Sin embargo, también informó que la población económicamente activa fue de 61.7 millones de personas, aproximadamente 359 mil menos que un año antes.
La participación económica descendió de 59.6% a 58.5% entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026.
Estos indicadores muestran por qué una tasa de desempleo reducida no basta para evaluar la calidad del mercado laboral.
En México, una proporción importante de las personas ocupadas desarrolla sus actividades en condiciones de informalidad.
Durante el segundo trimestre de 2026, la informalidad laboral alcanzó 55.1% de la población ocupada, según los indicadores de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
Esto puede significar que una persona obtiene ingresos mediante alguna actividad económica, pero no necesariamente dispone de prestaciones, seguridad social, estabilidad contractual o ingresos suficientes para responder a sus necesidades.
También existen trabajadores que, aun teniendo empleo, necesitan buscar actividades complementarias para incrementar sus ingresos.
Por ello, evaluar el bienestar económico nacional requiere considerar no solamente cuántas personas trabajan, sino también cuánto ganan, qué estabilidad tienen y qué capacidad real de compra les proporcionan sus ingresos.
La paradoja mexicana: indicadores positivos y negocios que todavía enfrentan dificultades
El comportamiento económico de 2026 muestra un contraste entre los datos de producción y la experiencia cotidiana de distintos sectores comerciales.
Mientras la Secretaría de Hacienda informó que la economía extendió su recuperación durante el tercer trimestre, análisis del sector financiero advirtieron que el consumo todavía presentaba debilidades.
El 20 de octubre, por ejemplo, un análisis de Barclays difundido por El Economista señaló que la recuperación del consumo no se había consolidado y que la evolución de las ventas en establecimientos comparables continuaba mostrando dificultades.
Por otra parte, BBVA Research revisó al alza su pronóstico de crecimiento económico para 2026, hasta 1.4%, en su informe actualizado de octubre, al identificar mejores perspectivas para el consumo y la inversión.
Estos diagnósticos no son necesariamente contradictorios. Reflejan que la economía puede mostrar una recuperación agregada mientras persisten diferencias importantes entre sectores.
Para los pequeños negocios, las dificultades pueden manifestarse de distintas maneras: menores volúmenes de venta, clientes que priorizan productos esenciales, aumentos de costos operativos, menor disponibilidad de efectivo y decisiones de inversión aplazadas.
No obstante, para determinar cuánto han cambiado efectivamente las ventas de pequeños establecimientos sería necesario analizar estadísticas sectoriales y levantar información directa entre comerciantes.
La percepción de una economía lenta constituye un punto de partida válido para investigar, pero necesita contrastarse con evidencia cuantitativa.
Chihuahua y el norte del país: ¿por qué la recuperación podría sentirse de manera diferente?
En el norte de México, la actividad económica presenta características que pueden hacer que sus ciclos sean distintos de los del promedio nacional.
En Chihuahua, la industria manufacturera orientada a la exportación convive con una importante actividad agropecuaria, comercio, transporte, construcción y servicios.
En municipios como Jiménez, Camargo, Delicias y Parral, el movimiento económico también está vinculado con actividades agrícolas, ganaderas, comerciales y de servicios que pueden presentar variaciones estacionales.
Una cosecha con menores rendimientos, el aumento de costos productivos, problemas de disponibilidad de agua o una reducción en determinados proyectos de construcción pueden modificar la circulación de ingresos a escala local.
Cuando un productor agrícola disminuye sus gastos, por ejemplo, el efecto podría transmitirse a talleres mecánicos, proveedores de refacciones, transportistas y negocios de materiales.
De igual manera, una menor demanda de construcción puede afectar a trabajadores independientes y establecimientos que comercializan acero, cemento, herramientas y otros insumos.
Es importante precisar que estos son mecanismos económicos plausibles, no pruebas de que todos esos sectores estén actualmente en contracción en Chihuahua.
Para confirmar una desaceleración regional sería necesario analizar indicadores estatales, ventas comerciales, ocupación, producción agropecuaria y actividad industrial.
De hecho, el análisis de México, ¿Cómo Vamos?, publicado el 30 de octubre, identificó diferencias importantes entre entidades federativas durante el segundo trimestre de 2026, incluyendo estados con crecimiento notable y otros con contracciones económicas.
Esto confirma la necesidad de no interpretar el comportamiento nacional como si todas las regiones estuvieran atravesando las mismas condiciones.
¿Qué tendría que suceder para que la economía mexicana mejore de manera sostenida?
La recuperación económica no depende exclusivamente de que aumente el PIB.
Para que las mejoras se traduzcan en una mayor capacidad de consumo y mejores oportunidades productivas se requieren diversos elementos.
Uno de ellos es la recuperación sostenida de la inversión. La apertura y expansión de empresas puede generar demanda de trabajadores, servicios, materias primas y proveedores.
Otro es el fortalecimiento de los ingresos reales, es decir, que los aumentos salariales permitan adquirir más bienes y servicios después de considerar la inflación.
También resulta importante ampliar la productividad de las pequeñas y medianas empresas, mejorar las condiciones de financiamiento y reducir las barreras que dificultan su operación.
El Fondo Monetario Internacional ha señalado la necesidad de fortalecer la infraestructura, reducir incertidumbre y cargas regulatorias, mejorar la seguridad, combatir la corrupción y disminuir la informalidad laboral como parte de los esfuerzos para aumentar el potencial económico mexicano.
La evolución del comercio internacional y las decisiones de política económica también tendrán influencia sobre la capacidad de crecimiento del país durante los próximos años.
Entonces, ¿México está en crisis económica?
La evidencia examinada permite establecer una conclusión diferenciada.
México no se encuentra, de acuerdo con los indicadores nacionales disponibles al 2 de noviembre de 2026, en una recesión generalizada ni muestra señales de un colapso financiero.
Por el contrario, la estimación oportuna del tercer trimestre registra crecimiento económico y los indicadores de inversión muestran señales de recuperación.
Sin embargo, el país continúa enfrentando problemas estructurales de crecimiento, informalidad, productividad y desigualdad en la distribución de oportunidades económicas.
La inflación se ha moderado, pero ello no elimina los incrementos de precios acumulados. El desempleo permanece relativamente bajo, pero no todos los trabajos garantizan ingresos suficientes. La inversión comienza a recuperarse, aunque todavía enfrenta incertidumbres.
La recuperación del PIB tampoco implica que todas las actividades comerciales crezcan al mismo ritmo.
Así, la pregunta no es únicamente si México está creciendo, sino qué sectores reciben los beneficios del crecimiento, cuántos empleos de calidad se generan y en qué medida la mejoría económica llega a los hogares y pequeños establecimientos.
Las cifras recientes muestran que la economía mexicana ha ganado dinamismo durante 2026. El desafío es que esa recuperación se consolide y se traduzca en condiciones económicas favorables para una proporción más amplia de la población.
Porque, al final, para una familia o un comerciante, la situación económica no se mide solamente por el crecimiento del Producto Interno Bruto, sino también por su capacidad para cubrir gastos, mantener ingresos, ahorrar e invertir en el futuro.
Gorki Rodríguez / HISTORIASMX
Periodismo del Norte, Periodismo con Carácter.