La crisis hídrica en Hidalgo del Parral, Chihuahua, revela un problema que va mucho más allá de la falta de lluvias. La presión sobre las reservas subterráneas, la disminución del almacenamiento en la presa Parral, las dificultades de infraestructura y la dependencia de antiguas fuentes mineras mantienen a miles de hogares bajo un sistema de suministro restringido. Estudios científicos y documentos oficiales advierten sobre la necesidad de replantear el aprovechamiento del agua en una de las ciudades más importantes del sur del estado.
Por Gorki Rodríguez / HISTORIASMX
HISTORIASMX.– Hidalgo del Parral, Chihuahua. Durante décadas, el agua que sostiene a la antigua ciudad minera ha llegado desde pozos profundos, escurrimientos superficiales y sistemas de captación vinculados incluso con las minas que forman parte de su historia. Sin embargo, detrás de las tuberías, los depósitos y las plantas potabilizadoras existe una realidad que los estudios hidrogeológicos y las estadísticas oficiales permiten dimensionar: Parral enfrenta una crisis que no puede explicarse únicamente por la falta de lluvias.
El problema está relacionado con un desequilibrio entre la disponibilidad natural de agua y los volúmenes comprometidos para su aprovechamiento, combinado con dificultades para conducir, tratar y distribuir el recurso a la población.
La evidencia científica aparece en la Actualización de la Disponibilidad Media Anual de Agua en el Acuífero Parral-Valle del Verano (0834), publicada por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en 2024, con información del Registro Público de Derechos de Agua al 30 de diciembre de 2022.
El documento establece que el acuífero recibe una recarga media estimada de 26.7 millones de metros cúbicos al año, mientras que el volumen considerado para el cálculo administrativo de extracción alcanza aproximadamente 47.43 millones de metros cúbicos anuales.
La diferencia es negativa.
El resultado representa un déficit administrativo de aproximadamente 20.74 millones de metros cúbicos anuales, equivalentes a más de 20 mil 700 millones de litros.
Esta cifra no significa necesariamente que se estén extrayendo físicamente 20.74 millones de metros cúbicos por encima de la recarga cada año. El indicador corresponde al balance oficial de disponibilidad para nuevas concesiones y utiliza volúmenes registrados administrativamente.
Sin embargo, confirma una situación preocupante: las reservas subterráneas consideradas dentro del balance no cuentan con disponibilidad adicional para autorizar nuevas extracciones.
En una región donde el crecimiento urbano y las actividades económicas requieren un abastecimiento constante, esta condición representa un desafío para el futuro.
El agua subterránea: la crisis que comienza debajo de Parral
El acuífero Parral-Valle del Verano, identificado oficialmente con la clave 0834, se extiende por aproximadamente 1,620 kilómetros cuadrados.
Su delimitación comprende la totalidad del municipio de Santa Bárbara y partes de Hidalgo del Parral, Allende, Matamoros, San Francisco del Oro y Huejotitán.
No se trata únicamente del agua localizada debajo de la ciudad de Parral, sino de un sistema hidrogeológico regional que atraviesa distintas formaciones rocosas y territorios municipales.
El acuífero constituye una reserva estratégica para las actividades domésticas, industriales, mineras y agropecuarias del sur de Chihuahua.
El agua subterránea se origina parcialmente cuando una fracción de las precipitaciones logra infiltrarse en el terreno, atravesar las formaciones geológicas y acumularse o desplazarse por los poros y fracturas de las rocas.
En una región semiárida, este proceso enfrenta limitaciones naturales.
Buena parte del agua de lluvia retorna a la atmósfera mediante la evaporación y la transpiración vegetal, mientras otra fracción circula como escurrimiento superficial.
De acuerdo con los estudios hidrogeológicos de CONAGUA, el acuífero Parral-Valle del Verano presenta una precipitación media anual aproximada de 456.7 milímetros y una evaporación potencial estimada en 2,085 milímetros anuales.
La evaporación potencial es un indicador de la demanda atmosférica de agua y no debe confundirse con la cantidad real que se evapora.
Estas condiciones reflejan las limitaciones climáticas que enfrenta la región para recuperar sus reservas de agua.
La recarga subterránea depende de la intensidad y distribución de las lluvias, la capacidad de infiltración del suelo, las características de las rocas y los procesos hidrológicos que se desarrollan durante distintos periodos.
Por ello, perforar nuevos pozos no significa generar agua adicional.
La extracción representa el aprovechamiento de un recurso que depende de procesos naturales de renovación y almacenamiento.
Los números de CONAGUA: de la disponibilidad al déficit
Uno de los elementos más relevantes para comprender la crisis es la evolución del balance oficial del acuífero.
En 2015, un estudio técnico publicado en el Diario Oficial de la Federación señalaba que Parral-Valle del Verano todavía contaba con una disponibilidad administrativa positiva de aproximadamente 3.54 millones de metros cúbicos anuales para nuevas concesiones.
La recarga media estimada era de 26.7 millones de metros cúbicos al año.
El volumen considerado para los derechos de extracción era de aproximadamente 23.16 millones de metros cúbicos.
Sin embargo, la actualización de 2024 presenta una situación diferente.
Aunque la recarga media anual permanece estimada en 26.7 millones de metros cúbicos, el volumen comprometido en el cálculo administrativo aumentó hasta aproximadamente 47.43 millones de metros cúbicos.
El balance resultante es negativo, con un déficit de 20.74 millones de metros cúbicos anuales.
Entre ambos documentos, el cambio en la disponibilidad calculada equivale a aproximadamente 24.28 millones de metros cúbicos.
Esta comparación refleja un deterioro importante en el balance administrativo del recurso.
No obstante, desde una perspectiva científica, debe distinguirse entre el volumen amparado por derechos de extracción y el volumen de agua realmente bombeado.
Los registros administrativos no sustituyen las mediciones directas realizadas en pozos ni permiten establecer, por sí mismos, cuánto ha disminuido físicamente el almacenamiento subterráneo durante el periodo.
Para conocer la magnitud real del desequilibrio es indispensable contar con mediciones actualizadas de extracción, niveles piezométricos y evolución de las reservas.
A pesar de esta precisión, el resultado oficial tiene una implicación fundamental: el acuífero no dispone de un margen administrativo para nuevas concesiones.
Se trata de una limitación estructural que debe considerarse en cualquier proyecto de crecimiento urbano, industrial o agropecuario.
La presa Parral: una recuperación insuficiente
La crisis hídrica no se encuentra exclusivamente debajo de la superficie terrestre.
También se manifiesta en los cuerpos de agua que históricamente han contribuido al abastecimiento de la ciudad.
Durante octubre de 2026, la presa Parral continuó presentando condiciones de almacenamiento insuficientes para recuperar completamente su aprovechamiento habitual.
El 26 de octubre, información difundida a partir de declaraciones de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento señaló que el embalse registraba aproximadamente 17.88% de su capacidad.
Aunque las precipitaciones recientes permitieron cierta recuperación, el volumen almacenado todavía resultaba insuficiente para normalizar las operaciones.
De acuerdo con la información técnica difundida, se requería una recuperación adicional cercana a 900 millones de litros para alcanzar condiciones operativas adecuadas.
La planta potabilizadora, que en condiciones normales puede recibir hasta 132 litros por segundo, estaba recibiendo aproximadamente entre 48 y 50 litros por segundo desde fuentes alternas, principalmente La Esmeralda.
Estas cifras evidencian las restricciones que enfrenta el sistema de abastecimiento.
Sin embargo, desde el punto de vista hidrológico, es necesario diferenciar entre la cantidad de agua almacenada y el volumen efectivamente disponible para su aprovechamiento.
Una presa puede contener agua y, al mismo tiempo, no contar con las condiciones necesarias para alimentar adecuadamente las obras de captación.
La ubicación de las tomas, los niveles mínimos de operación, las condiciones de bombeo y la calidad del agua influyen directamente en su aprovechamiento.
Por ello, una temporada de lluvias no necesariamente significa el final de una crisis hídrica.
La recuperación del abastecimiento depende de que los embalses alcancen niveles suficientes y de que la infraestructura permita conducir y potabilizar el recurso.
La ciencia documenta el impacto social de la escasez
Una investigación académica publicada el 18 de agosto de 2025 en la revista Vértice Universitario permite comprender las consecuencias de la crisis en los hogares de Parral.
El estudio, titulado Un estudio del agua en el Municipio de Hidalgo del Parral, Chihuahua, fue desarrollado por Adanelly Ávila Arce, Javier Martínez Morales y David de Jesús González Milán, investigadores vinculados con la Universidad Autónoma de Chihuahua.
Los investigadores analizaron las condiciones del abastecimiento mediante 500 encuestas aplicadas a hogares, con una muestra estratificada por Áreas Geoestadísticas Básicas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Los resultados revelaron problemas de continuidad en el suministro, afectaciones económicas y percepciones desfavorables sobre la calidad del servicio.
El estudio identificó que 34.4% de los hogares calificaba la continuidad del suministro como pésima o deficiente.
Otro 22.5% la consideraba regular.
En conjunto, 56.9% de los hogares encuestados situó este aspecto del servicio entre regular y pésimo.
La investigación también documentó colonias donde el agua se suministraba cada tercer o cuarto día.
En algunas zonas, los periodos sin recibir el recurso podían prolongarse hasta 15 días.
Esta situación demuestra que la crisis hídrica no afecta de manera uniforme a toda la población.
Mientras algunos sectores pueden disponer de mayor continuidad, otros dependen de horarios restringidos y de la capacidad de las familias para almacenar agua.
El problema adquiere una dimensión social cuando los hogares deben modificar sus actividades domésticas, reducir el consumo o destinar recursos económicos adicionales para enfrentar la escasez.
La investigación identificó un consumo mensual promedio de aproximadamente 13.5 metros cúbicos por hogar y un pago medio cercano a 378 pesos mensuales.
Esto representa un gasto anual aproximado de 4,536 pesos por vivienda, si se mantiene ese promedio durante doce meses.
Sin embargo, el gasto puede aumentar cuando las familias necesitan adquirir agua embotellada, instalar depósitos adicionales o recurrir a otros sistemas de almacenamiento.
En consecuencia, la escasez puede afectar con mayor intensidad a los hogares que cuentan con menos recursos económicos para adaptarse a las interrupciones del servicio.
El derecho al agua no depende únicamente de que exista una red de distribución.
También requiere que el recurso llegue con suficiente continuidad, calidad y accesibilidad económica.
La minería y el abastecimiento: una relación histórica
Hidalgo del Parral es una ciudad cuya identidad y desarrollo económico están profundamente relacionados con la minería.
Desde el periodo colonial, la explotación de minerales impulsó el crecimiento urbano, el establecimiento de asentamientos y el desarrollo de infraestructura.
Con el paso del tiempo, diversas instalaciones mineras también adquirieron importancia para el aprovechamiento del agua.
Parte del sistema de abastecimiento de Parral ha dependido de captaciones relacionadas con antiguas minas y sistemas subterráneos.
Entre las fuentes mencionadas en informes institucionales se encuentran La Esmeralda, Veta Colorada y La Recompensa, además de otros sistemas de captación.
En 2023, la Junta Central de Agua y Saneamiento del Estado de Chihuahua informó sobre trabajos de rehabilitación en la fuente Mina La Esmeralda.
Las acciones permitieron incrementar su capacidad de extracción de aproximadamente 44 a 95 litros por segundo, de acuerdo con la información institucional difundida.
Sin embargo, la dependencia de estas fuentes implica desafíos técnicos.
Durante julio de 2026 se reportó una disminución considerable de la captación de agua en Veta Colorada, situación que afectó el abastecimiento en sectores como El Quijote, Parral Vive y Santa Elena.
La reducción del caudal obligó a modificar las condiciones de operación de los equipos de bombeo.
Desde el punto de vista hidrogeológico, las galerías mineras pueden interceptar sistemas de fracturas por los que circula agua subterránea.
Estas estructuras pueden funcionar como espacios de acumulación o captación.
Pero las minas no producen agua nueva.
Los volúmenes disponibles dependen de las condiciones geológicas, la recarga, la conectividad de las formaciones y la intensidad de extracción.
Por ello, una disminución de los niveles puede afectar la capacidad de abastecimiento.
¿Existe riesgo de contaminación por la actividad minera?
La relación histórica entre minería y agua también plantea una necesidad permanente de vigilancia sobre la calidad del recurso.
En determinadas condiciones geológicas, el contacto prolongado del agua con minerales puede modificar sus características químicas.
Entre los elementos que requieren vigilancia, dependiendo de las características de cada fuente, se encuentran el arsénico, plomo, hierro, manganeso y otros metales o metaloides.
No obstante, la presencia de actividad minera no demuestra automáticamente que el agua suministrada a la población esté contaminada.
Para establecer esa condición se requieren análisis de laboratorio recientes, representativos y realizados conforme a las normas sanitarias aplicables.
La evaluación debe considerar las características de cada fuente, los tratamientos utilizados y los resultados obtenidos en la red de distribución.
En este contexto, la transparencia de los estudios de calidad del agua resulta indispensable para brindar certidumbre a la población.
El cambio climático y la sequía: factores que agravan la vulnerabilidad hídrica
La región sur de Chihuahua se encuentra expuesta a una elevada variabilidad climática, característica de las zonas semiáridas del norte de México.
Los periodos prolongados de precipitaciones inferiores a lo habitual pueden afectar los escurrimientos superficiales, disminuir el almacenamiento de las presas y limitar la recarga de los acuíferos.
La investigación universitaria publicada en 2025 identificó una disminución considerable de las precipitaciones durante 2023.
Estos antecedentes permiten comprender cómo la sucesión de temporadas secas puede reducir la recuperación de las fuentes de abastecimiento.
El cambio climático representa un factor adicional de riesgo.
El incremento de las temperaturas puede elevar la demanda evaporativa de la atmósfera, modificar las necesidades hídricas de la vegetación y aumentar la presión sobre las reservas disponibles.
Sin embargo, es necesario distinguir entre sequía meteorológica, sequía hidrológica y escasez estructural.
La sequía meteorológica ocurre cuando las precipitaciones son inferiores a las condiciones habituales durante determinado periodo.
La sequía hidrológica se manifiesta mediante disminuciones en los caudales, los almacenamientos superficiales o las reservas de agua.
La escasez estructural aparece cuando las fuentes disponibles, la infraestructura o las condiciones de gestión resultan insuficientes para satisfacer la demanda.
En Hidalgo del Parral estos fenómenos pueden interactuar.
No obstante, sería científicamente incorrecto atribuir exclusivamente al cambio climático todos los problemas de abastecimiento documentados durante 2026.
También intervienen los volúmenes comprometidos para extracción, el funcionamiento de las redes, la disponibilidad de fuentes alternas y las decisiones operativas.
Las acciones necesarias para enfrentar cada una de estas causas son diferentes.
Por ello, cualquier estrategia integral de seguridad hídrica debe considerar tanto las condiciones naturales como los factores humanos.
Las fugas y la infraestructura: el agua que se pierde antes de llegar a los hogares
Otro componente fundamental de la crisis es la infraestructura encargada de conducir y distribuir el recurso.
La disponibilidad de agua en las fuentes de abastecimiento no garantiza que todo el volumen extraído llegue efectivamente a los consumidores.
Las fugas en tuberías, conexiones domiciliarias y redes de conducción pueden reducir la eficiencia del sistema.
En abril de 2026 se informó que las cuadrillas de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento realizaban entre siete y diez reparaciones de fugas diariamente, principalmente en tomas domiciliarias.
Durante algunos periodos se habían atendido hasta 150 reparaciones en lapsos de entre 15 y 20 días.
Estas cifras reflejan la necesidad constante de mantenimiento.
Sin embargo, el número de fugas reparadas no permite determinar por sí solo qué porcentaje del agua producida se pierde en la red.
Para conocer esa magnitud se requieren balances volumétricos, mediciones por sectores, registros de consumo y evaluaciones de pérdidas físicas y comerciales.
El diagnóstico resulta especialmente importante en una región donde las fuentes de abastecimiento enfrentan restricciones.
Incrementar la extracción sin mejorar la eficiencia de distribución puede elevar los costos operativos y aumentar la presión sobre las reservas.
En 2023, la Junta Central de Agua y Saneamiento anunció un programa de inversiones cercano a 42 millones de pesos para mejorar el abastecimiento de Hidalgo del Parral.
Entre las acciones contempladas se encontraban rehabilitaciones de infraestructura, equipamiento, sectorización, control de presiones y mejoramiento de sistemas de captación y tratamiento.
Sin embargo, el anuncio de una inversión no constituye por sí mismo evidencia de que todas las obras hayan concluido o de que los resultados proyectados se hayan alcanzado.
La evaluación requiere conocer los avances físicos, financieros y operativos, así como los incrementos reales de capacidad y continuidad del servicio.
Octubre de 2026: alrededor de 16 mil hogares continúan bajo suministro restringido
La crisis hídrica volvió a manifestarse durante los últimos días de octubre de 2026.
De acuerdo con información difundida el 26 de octubre, aproximadamente 16 mil domicilios permanecían bajo esquemas de tandeo debido a las restricciones de abastecimiento en la ciudad.
La Junta Municipal de Agua y Saneamiento mantuvo los programas de distribución por sectores ante las condiciones insuficientes de almacenamiento y captación.
La cifra no significa que todos los hogares permanezcan permanentemente sin agua.
Sin embargo, refleja que miles de viviendas dependen de un suministro programado, sujeto a restricciones y a las condiciones de operación del sistema hidráulico.
La falta de continuidad puede dificultar las actividades cotidianas y generar riesgos sanitarios cuando las familias no disponen de instalaciones adecuadas de almacenamiento.
También puede afectar a pequeños comercios, establecimientos de servicios y actividades que requieren un suministro constante.
Las consecuencias adquieren mayor relevancia si se considera que Parral funciona como un centro económico, educativo, comercial y de servicios para distintos municipios del sur de Chihuahua.
La seguridad hídrica, por lo tanto, no representa exclusivamente un problema doméstico.
También está relacionada con las posibilidades de desarrollo económico y social de toda la región.
¿Puede Hidalgo del Parral quedarse completamente sin agua?
La pregunta requiere una respuesta científica y no una interpretación alarmista.
Los documentos oficiales permiten afirmar que el acuífero Parral-Valle del Verano presenta un balance administrativo deficitario.
Los reportes recientes también muestran que la ciudad enfrenta restricciones importantes de abastecimiento superficial y subterráneo.
Sin embargo, esta información no permite establecer una fecha en la que Hidalgo del Parral agotaría completamente todas sus fuentes de agua.
Los acuíferos no se vacían necesariamente de manera uniforme.
Su comportamiento depende de las características geológicas, la recarga, la extracción, la profundidad de los pozos y la distribución del agua almacenada.
Además, el agotamiento o la reducción de productividad de una fuente no significa necesariamente que desaparezca toda el agua del subsuelo.
Lo que sí puede ocurrir es que el aprovechamiento se vuelva progresivamente más complicado y costoso.
Los niveles de bombeo pueden descender, determinados pozos pueden perder productividad y los sistemas de captación pueden resultar insuficientes para mantener el servicio.
Esto puede obligar a incrementar las inversiones en equipos, conducción, tratamiento y mantenimiento.
Los riesgos identificados justifican medidas de atención urgentes.
No obstante, la información disponible no permite anunciar un supuesto día cero con una fecha determinada.
La crisis de Parral debe abordarse mediante diagnósticos técnicos, mediciones actualizadas y estrategias sostenibles.
Las soluciones: más allá de perforar nuevos pozos
La evidencia científica indica que una estrategia de seguridad hídrica no puede depender exclusivamente de incrementar la extracción subterránea.
La perforación de nuevos pozos puede representar una alternativa operativa en determinadas circunstancias.
Sin embargo, cuando un acuífero presenta un balance administrativo deficitario, ampliar la extracción requiere evaluar cuidadosamente su sostenibilidad y los efectos sobre las fuentes existentes.
Una estrategia integral para Parral debe comenzar con la actualización del diagnóstico hidrogeológico regional.
Es necesario determinar cuánto volumen se extrae realmente, cómo han evolucionado los niveles subterráneos y cuáles son las condiciones actuales de recarga.
También resulta indispensable modernizar las redes de distribución para reducir pérdidas físicas.
La sectorización, el control de presiones, la rehabilitación de tuberías y la medición eficiente pueden contribuir a aprovechar mejor el agua disponible.
Otro componente fundamental es el tratamiento y reúso de aguas residuales para actividades compatibles con su calidad.
El aprovechamiento de agua tratada en ciertos usos industriales, áreas verdes o actividades permitidas puede disminuir la presión sobre las fuentes destinadas al consumo humano.
La protección de las zonas de recarga también requiere atención.
La conservación de suelos, la gestión de cuencas y la prevención de la contaminación son factores que pueden contribuir a mantener las condiciones naturales necesarias para el funcionamiento de los sistemas hídricos.
Finalmente, resulta indispensable garantizar la vigilancia de la calidad del agua.
Los análisis periódicos, la publicación de resultados y el seguimiento de parámetros sanitarios permiten identificar riesgos y fortalecer la confianza de la población.
La política hídrica debe considerar el abastecimiento doméstico como una prioridad y establecer mecanismos transparentes para evaluar las inversiones.
Las preguntas que permanecen sin respuesta
La información científica disponible permite dimensionar parte del problema, pero también revela vacíos que requieren atención institucional.
Uno de ellos es la ausencia, dentro de la documentación examinada, de una serie reciente y completa que permita determinar los volúmenes efectivamente extraídos del acuífero Parral-Valle del Verano durante 2025 y 2026.
También es necesario conocer con precisión cuánto han descendido los niveles de los pozos durante los últimos diez años.
Otro dato fundamental es el porcentaje real del agua que se pierde en la red antes de llegar a los usuarios.
La población también requiere conocer los resultados recientes de calidad del agua en cada fuente de abastecimiento, particularmente en aquellas relacionadas con instalaciones mineras.
Asimismo, es necesario transparentar el avance de las inversiones anunciadas y demostrar qué mejoras concretas han producido en la continuidad del servicio.
Sin esta información, resulta complicado evaluar si las medidas aplicadas responden únicamente a las emergencias o forman parte de una estrategia de seguridad hídrica de largo plazo.
La gestión del agua requiere datos verificables, actualización constante y rendición de cuentas.
Una ciudad frente a los límites de sus recursos hídricos
La crisis del agua en Hidalgo del Parral revela las consecuencias de sostener el desarrollo urbano en una región donde las fuentes naturales son limitadas y la infraestructura requiere inversiones constantes para mantener el servicio.
Los documentos de CONAGUA muestran que el acuífero Parral-Valle del Verano pasó de contar con una disponibilidad administrativa positiva en el estudio publicado en 2015 a registrar un déficit superior a 20.7 millones de metros cúbicos anuales en la actualización de 2024.
Las investigaciones académicas evidencian que las restricciones del servicio tienen consecuencias económicas y sociales para las familias.
Los reportes de octubre de 2026, por su parte, confirman que la recuperación parcial de la presa Parral todavía no ha sido suficiente para terminar con los tandeos que afectan aproximadamente a 16 mil domicilios.
La problemática reúne factores naturales, técnicos y administrativos.
Ninguna medida aislada puede garantizar su solución.
La perforación de nuevos pozos puede aliviar temporalmente las restricciones, pero no constituye por sí misma una política de sostenibilidad cuando los volúmenes comprometidos superan la recarga calculada.
La lluvia puede recuperar temporalmente las presas, pero no necesariamente revertir las presiones acumuladas sobre los sistemas subterráneos.
Y la reparación de las redes puede mejorar el aprovechamiento del recurso, pero necesita acompañarse de planificación, monitoreo y protección de las fuentes.
El futuro hídrico de Parral dependerá de la capacidad de las instituciones y de la sociedad para transformar un modelo orientado a responder al desabasto inmediato en otro que permita administrar un recurso naturalmente escaso.
La crisis del agua en Hidalgo del Parral no comienza cuando una vivienda abre la llave y no recibe una sola gota. Comienza mucho antes, en el subsuelo, en las presas que no alcanzan sus niveles operativos, en las tuberías que requieren rehabilitación y en las decisiones que determinarán cuánta agua estará disponible para las próximas generaciones.
La pregunta fundamental ya no es solamente de dónde obtener más agua, sino cómo garantizar que la disponible sea suficiente, segura y aprovechada de manera sostenible durante las próximas décadas.
Gorki Rodríguez / HISTORIASMX
Periodismo del Norte, Periodismo con Carácter.