La reserva que une a Chihuahua, Durango y Coahuila protege uno de los paisajes emblemáticos del Desierto Chihuahuense. Sus pastizales, la tortuga del Bolsón y las comunidades ganaderas revelan una historia de conservación cuyo futuro depende del suelo, el agua y las decisiones humanas.
En el Bolsón de Mapimí, la vida se sostiene sobre relaciones que pueden pasar inadvertidas: una tortuga necesita un terreno adecuado para excavar su refugio; el ganado depende del pasto disponible; las familias necesitan que el agostadero siga produciendo. Las investigaciones realizadas en esta región del norte de México muestran que conservar el desierto exige comprender esas conexiones. La pérdida de vegetación y el deterioro del suelo afectan tanto a las especies silvestres como a quienes obtienen su sustento de este territorio.
La Reserva de la Biosfera Mapimí protege una parte de ese paisaje compartido por Chihuahua, Durango y Coahuila. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas —CONANP— registra una superficie federal de 342,387.99 hectáreas, donde sobresalen especies como la tortuga del Bolsón, la lagartija de las dunas, el venado bura, el águila real y el coyote. Su importancia está en la convivencia de ambientes y organismos especializados para habitar condiciones áridas, con recursos limitados y grandes contrastes ambientales.
Un territorio que también pertenece a Jiménez.
Para el sur de Chihuahua, Mapimí representa un patrimonio cercano. El programa de conservación y manejo sitúa la reserva en los municipios de Mapimí y Tlahualilo, Durango; Jiménez, Chihuahua, y Francisco I. Madero y Sierra Mojada, Coahuila. Conviene distinguir sus dimensiones: el Bolsón de Mapimí es una región geográfica más extensa, mientras que la reserva corresponde a un polígono protegido dentro de ella. Confundir ambos espacios puede llevar a atribuir a toda la región las mismas condiciones legales y ambientales.
También existe una diferencia entre registros institucionales que debe transparentarse. Mientras la CONANP señala las 342,387.99 hectáreas del área federal, la ficha consultada del programa sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO consigna 472,387 hectáreas. Las páginas revisadas no explican esa discrepancia; por ello, este reportaje utiliza la superficie reconocida por la autoridad mexicana para referirse al área natural protegida federal. La diferencia, por sí sola, no permite afirmar que haya ocurrido una ampliación reciente.
Una reserva que ayudó a cambiar la conservación en México.
La historia de Mapimí reúne distintos momentos institucionales. La UNESCO registra 1977 como año de nominación; el programa mexicano documenta un decreto de protección publicado el 19 de julio de 1979 y otro del 27 de noviembre de 2000 que estableció la categoría de reserva de la biosfera y sustituyó el anterior. Distinguir esas fechas permite entender que el reconocimiento internacional y la protección jurídica nacional siguieron procesos relacionados, pero diferentes.
En esa trayectoria, la investigación científica tuvo un papel central. El Laboratorio del Desierto, inaugurado el 5 de junio de 1978, ofreció una base para estudiar los ecosistemas áridos y formar especialistas. La reconstrucción histórica publicada por Gonzalo Halffter permite ubicar a Mapimí dentro del desarrollo del Instituto de Ecología y de una forma de conservación vinculada con el conocimiento del territorio. La permanencia de una estación científica convirtió al desierto en un espacio de observación y aprendizaje a largo plazo.
La tortuga del Bolsón: conservar también lo que está bajo tierra.
La tortuga del Bolsón, Gopherus flavomarginatus, es una especie endémica y emblemática de la reserva. La CONANP la identifica como una especie en peligro de extinción y reconoce que el área protege una parte principal de su distribución. Su conservación requiere atender las condiciones del hábitat: el terreno donde se refugia, la vegetación de la que depende y las alteraciones que pueden comprometer sus colonias. Su presencia hace visible la importancia de proteger espacios que, desde lejos, podrían parecer uniformes.
Una investigación publicada en el volumen 85 de la Revista Mexicana de Biodiversidad estudió 151 madrigueras y analizó variables como suelo, vegetación, elevación y pendiente. Los autores encontraron una distribución agrupada y una asociación con zonas que bordean grandes escurrimientos. El hallazgo tiene una consecuencia práctica: para conservar a la tortuga es necesario identificar los terrenos que realmente permiten construir sus refugios. Proteger una extensión de desierto sin reconocer esas diferencias puede dejar fuera sitios esenciales para la especie.
Otro estudio, publicado en PLOS ONE en 2015 por Cinthya A. Ureña-Aranda y colaboradores, combinó conteos de madrigueras con modelos de distribución y abundancia. El trabajo identificó cuatro áreas prioritarias de conservación en el ámbito de distribución de la tortuga. Su aportación consiste en orientar los esfuerzos hacia lugares especialmente relevantes; sus estimaciones corresponden al periodo y al método de aquella investigación, por lo que no deben presentarse como un censo actualizado de la población en 2026.
El desgaste del suelo, una amenaza documentada.
Uno de los estudios más reveladores sobre las presiones ambientales de Mapimí fue publicado en 2011 en la Revista Chapingo Serie Ciencias Forestales y del Ambiente. Heberto Ramírez-Carballo, Aurelio Pedroza-Sandoval, Juan Guillermo Martínez-Rodríguez y Ricardo D. Valdez-Cepeda evaluaron 275 sitios en cinco predios ganaderos, mediante una metodología que incorporó la participación de los propietarios. Entre los predios estudiados estuvo La Soledad, en el municipio de Jiménez, lo que vincula directamente esta investigación con el sur de Chihuahua.
Los resultados indicaron que 52 % de los sitios evaluados presentaba una condición de regular a prioritaria para su restauración. Los investigadores identificaron la cobertura vegetal como un indicador importante de susceptibilidad a la erosión y señalaron afectaciones asociadas con la concentración del ganado alrededor de los abrevaderos. El alcance del dato debe conservarse: describe los sitios incluidos en aquel estudio, no significa que 52 % de toda la reserva esté degradado ni constituye una medición de su condición actual.
La investigación aporta, además, una dimensión social: los propietarios toman decisiones cotidianas sobre el uso del suelo y deben participar en la restauración. De sus resultados se desprende que distribuir mejor la presión del pastoreo y atender los puntos de concentración del ganado puede ser tan relevante como delimitar zonas de protección. La recuperación del territorio necesita acuerdos aplicables en los predios, acompañamiento técnico y seguimiento de las condiciones que se pretende mejorar.
Producir y conservar en el mismo paisaje.
La ganadería ocupa un lugar central en la economía de la reserva. La ficha de la UNESCO describe esfuerzos de propietarios y administradores para reducir sus impactos mediante rotación de potreros, una mejor distribución del agua y restauración de sitios deteriorados. Estas acciones reconocen que la conservación se desarrolla en un territorio habitado y productivo. Su valor deberá medirse en resultados verificables: recuperación de vegetación, menor erosión y mantenimiento de las condiciones necesarias para la fauna silvestre.
La restauración de pastizales también forma parte de las respuestas institucionales frente a la vulnerabilidad ambiental. En 2021, la CONANP informó sobre trabajos conjuntos con Pronatura Noreste para recuperar estos ambientes en Mapimí y mejorar el hábitat de la tortuga del Bolsón. El antecedente documenta una línea de intervención concreta, aunque para conocer sus resultados acumulados se necesitan evaluaciones posteriores que permitan distinguir entre acciones realizadas y recuperación ecológica conseguida.
El turismo y el valor de las comunidades.
Mapimí cuenta también con experiencias de turismo rural. La UNESCO identifica al ejido La Flor como pionero en la organización de servicios y describe una cooperativa comunitaria vinculada con recorridos, alimentación y alojamiento. Esa participación permite que una parte del beneficio económico de las visitas permanezca entre los habitantes. Para el periodismo regional, ofrece una perspectiva relevante: contar el desierto implica escuchar a quienes lo habitan, trabajan y conocen sus cambios.
La CONANP incluye entre los atractivos de la reserva a la Zona del Silencio, las salinas, los paisajes y la tortuga del Bolsón, además de actividades como senderismo y agroturismo. Ese interés turístico puede convertirse en una oportunidad para explicar la biodiversidad del área. La visita adquiere mayor sentido cuando ayuda a reconocer las plantas, los animales y los procesos ecológicos que sostienen el paisaje, y cuando se realiza mediante los servicios y espacios destinados a recibir visitantes.
Lo que necesita conocerse para proteger su futuro.
La revisión documental permite reconocer problemas y esfuerzos de conservación, pero también obliga a señalar límites. Los estudios aquí citados sobre suelo y distribución de tortugas corresponden a años específicos; no ofrecen, por sí solos, un diagnóstico integral de 2026. Actualizar las mediciones, comparar sitios a lo largo del tiempo y publicar resultados de restauración permitiría saber con mayor precisión dónde mejora el hábitat y dónde persisten las presiones. Esa es una necesidad que se desprende del análisis de las fuentes, no una afirmación de que exista hoy una evaluación completa disponible.
Para Jiménez y los municipios vecinos, el futuro de Mapimí plantea una responsabilidad compartida. Sus pastizales sostienen actividades productivas; sus terrenos albergan refugios indispensables para especies de distribución restringida; sus comunidades forman parte de la conservación. La evidencia revisada muestra que proteger este patrimonio exige decisiones concretas sobre el agua, el pastoreo y el suelo. En esas decisiones se juega la posibilidad de que la vida silvestre y las familias del Bolsón sigan encontrando un lugar en el desierto.
Fuentes principales consultadas: Programa de Conservación y Manejo de la CONANP; ficha de Mapimí del programa MAB de la UNESCO; artículos científicos de la Revista Mexicana de Biodiversidad, PLOS ONE y Revista Chapingo, con consulta de registros en SciELO, PubMed y AGRIS de la FAO. Este reportaje es una investigación documental; no incorpora entrevistas ni observaciones de campo propias.