La Voz del Séptimo Ángel: la comunidad indígena tlapaneca que echó raíces en Jiménez y busca un futuro con servicios básicos.

Actualmente, la comunidad está conformada por alrededor de 700 habitantes, quienes encontraron en el sur de Chihuahua una oportunidad para trabajar y establecer un nuevo hogar, sin dejar atrás sus raíces culturales, religiosas y familiares.

HISTORIASMX. – En el municipio de Jiménez, Chihuahua, existe una comunidad que, aunque se encuentra a más de mil kilómetros de su lugar de origen, ha logrado conservar gran parte de su identidad cultural, su lengua, sus costumbres y su forma de organización. Se trata de La Voz del Séptimo Ángel, un asentamiento integrado principalmente por familias indígenas Me’phaa o tlapanecas, provenientes de Tlapa de Comonfort, en la región de La Montaña del estado de Guerrero, una de las zonas con mayores índices de marginación del país.

Actualmente, la comunidad está conformada por alrededor de 700 habitantes, quienes encontraron en el sur de Chihuahua una oportunidad para trabajar y establecer un nuevo hogar, sin dejar atrás sus raíces culturales, religiosas y familiares.

De Tlapa de Comonfort a los campos agrícolas de Chihuahua.

La historia de esta comunidad tiene su origen en los procesos de migración agrícola que, desde hace décadas, llevan a miles de familias indígenas de Guerrero hacia los estados del norte de México durante las temporadas de cosecha.

La mayoría de los habitantes de La Voz del Séptimo Ángel nacieron en Tlapa de Comonfort, municipio considerado la puerta de entrada a la región de La Montaña de Guerrero, donde predominan los pueblos indígenas Me’phaa (tlapanecos), Na Savi (mixtecos) y Nahuas. La falta de oportunidades económicas, la pobreza estructural y la necesidad de empleo impulsaron a numerosas familias a migrar hacia Chihuahua como jornaleros agrícolas.

Con el paso de los años, muchas de estas familias dejaron de ser trabajadores temporales para establecerse de manera permanente en Jiménez, formando una comunidad con identidad propia.

Conservan el idioma tlapaneco.

Uno de los rasgos más importantes que distingue a esta población es la conservación de su lengua materna.

Entre las familias del asentamiento todavía se habla el Me’phaa, conocido comúnmente como tlapaneco, una lengua indígena perteneciente a la familia oto-mangue. Para muchas personas mayores continúa siendo el idioma de uso cotidiano dentro del hogar, mientras que el español funciona principalmente como segunda lengua para la comunicación con el resto de la población.

La preservación del idioma representa uno de los principales elementos de identidad cultural, permitiendo transmitir conocimientos, tradiciones y formas de organización comunitaria de generación en generación.

Jornaleros que impulsan la producción agrícola.

La principal actividad económica de la comunidad continúa siendo el trabajo como jornaleros agrícolas.

Hombres y mujeres participan en diversas labores del campo, especialmente en la cosecha, poda, deshierbe y mantenimiento de cultivos característicos de la región de Jiménez y municipios vecinos.

Su trabajo constituye una pieza fundamental para el funcionamiento del sector agrícola regional, ya que año con año aportan mano de obra especializada en actividades que requieren una gran cantidad de trabajadores durante las temporadas de producción.

A pesar de la importancia de su labor, históricamente muchas familias jornaleras han enfrentado condiciones de vulnerabilidad relacionadas con el acceso a vivienda digna, servicios básicos, educación y atención médica, una realidad documentada en distintas regiones agrícolas del país.

La gastronomía que trajeron desde Guerrero.

La cultura culinaria también forma parte esencial de la identidad de la comunidad.

Entre los platillos más representativos destaca la barbacoa estilo Guerrero, preparada con un característico adobo elaborado a base de chiles secos, especias y hierbas tradicionales, cocinada lentamente para conservar su sabor original.

A este platillo suelen acompañarlo frijoles negros, tortillas hechas a mano, salsa molcajeteada y otros alimentos tradicionales propios de la región de La Montaña de Guerrero.

Estas recetas no sólo forman parte de la alimentación cotidiana, sino que también representan un vínculo permanente con su tierra de origen y son preparadas durante reuniones familiares, celebraciones religiosas y festividades comunitarias.

Una comunidad organizada.

Con el paso del tiempo, La Voz del Séptimo Ángel ha desarrollado una organización interna basada en la participación comunitaria y el respeto a sus costumbres.

Las familias mantienen una estrecha convivencia y han buscado preservar sus tradiciones religiosas, su identidad indígena y diversas formas de ayuda mutua que han permitido fortalecer el asentamiento desde su creación. Diversos reportajes han documentado cómo esta comunidad ha procurado conservar sus usos y costumbres mientras se integra a la vida social y económica de Jiménez.

Próximamente contarán con electrificación y agua potable.

Uno de los avances más importantes para la comunidad es que próximamente contará con obras de electrificación y acceso al servicio de agua potable, infraestructura que representa un paso significativo para mejorar las condiciones de vida de las familias que habitan el asentamiento.

La llegada de estos servicios básicos permitirá elevar la calidad de vida, fortalecer las condiciones de salud pública y ofrecer mejores oportunidades de desarrollo para niñas, niños, jóvenes y adultos que forman parte de esta comunidad indígena asentada en el municipio de Jiménez.

Un ejemplo de arraigo e integración.

La historia de La Voz del Séptimo Ángel refleja cómo una comunidad indígena originaria de la Montaña de Guerrero logró establecerse en el desierto chihuahuense sin perder su identidad.

Hoy, cerca de 700 personas mantienen vivo el idioma tlapaneco, conservan su gastronomía tradicional, trabajan principalmente como jornaleros agrícolas y continúan construyendo un futuro para las nuevas generaciones. La próxima incorporación de servicios como la electrificación y el agua potable representa un paso más hacia el desarrollo de una comunidad que, pese a las dificultades de la migración, ha encontrado en Jiménez un lugar para echar raíces, sin dejar de lado el legado cultural que trajeron desde Tlapa de Comonfort.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX.

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