La fecha, 28 de octubre, representa para miles de católicos el día más importante del año en honor a San Judas Tadeo, conocido como el santo de las causas imposibles. En esta región del sur del estado, la devoción hacia él ha crecido con fuerza en la última década, convirtiéndose en una tradición que combina peregrinación, danza y agradecimiento.
HISTORIASMX. – Desde muy tempranas horas de la madrugada, el camino que conecta al municipio de Jiménez con Camargo, en Chihuahua, se convirtió en un río humano de fe. Cientos de creyentes caminaron durante varios kilómetros por los costados de la carretera libre, muchos con veladoras, imágenes, y flores en las manos, con el único propósito de llegar hasta la pequeña capilla de San Judas Tadeo, ubicada en medio del desierto, cerca de la comunidad de California.
La fecha, 28 de octubre, representa para miles de católicos el día más importante del año en honor a San Judas Tadeo, conocido como el santo de las causas imposibles. En esta región del sur del estado, la devoción hacia él ha crecido con fuerza en la última década, convirtiéndose en una tradición que combina peregrinación, danza y agradecimiento.
Un camino de fe.
El trayecto hasta la capilla no es fácil. Son varios kilómetros bajo el sol, entre el polvo y el paso constante de vehículos que se detienen brevemente para ofrecer agua o una palabra de aliento a los caminantes. Aun así, la fe parece ser suficiente combustible para todos aquellos que, año con año, repiten el recorrido.
Fotografía: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX
Familias enteras, jóvenes y adultos mayores caminan lado a lado. Algunos lo hacen por promesa, otros en agradecimiento por algún milagro recibido. En el ambiente se percibe una mezcla de cansancio y esperanza, acompañada por el sonido de los tambores y cascabeles que anuncian la presencia de los danzantes guadalupanos, quienes también llegaron para rendir tributo.
La danza como oración.
Entre los grupos presentes destacó la Danza Guadalupana, cuyos integrantes, vestidos con trajes coloridos y tocados de plumas, ofrecieron su baile como ofrenda al santo patrono. En las afueras de la capilla, sus movimientos rítmicos y el retumbar de los tambores resonaban entre los cerros y el viento seco del desierto.
Una de las integrantes del grupo, Victoria, compartió parte del sentir que los mueve cada año a participar en esta celebración:
“Aquí estamos cumpliendo con nuestra devoción año con año, ya tenemos 14 años danzando a la Virgen de Guadalupe y a San Judas Tadeo. Es algo que hacemos con mucha fe. No cobramos, no pedimos nada; lo hacemos por devoción”, explicó mientras ajustaba los cascabeles de su atuendo.
La entrevistada relató que la agrupación surgió gracias a Teresa Saldaña, originaria de la colonia PRI, quien fundó el grupo hace más de una década. Desde entonces, la tradición ha continuado, pasando de generación en generación.
“Cuando yo llegué aquí, mi suegra ya tenía su grupito de danza. A raíz de ella seguimos con la tradición que nos inculcó”, mencionó Victoria con orgullo.
Los trajes, símbolo de identidad.
Los trajes de los danzantes son parte fundamental del ritual. Elaborados a mano por los propios integrantes, cada uno representa horas de trabajo y una fuerte inversión económica.
“Cada traje, aunque se vea sencillo, cuesta arriba de mil pesos. Todo lo hacemos nosotros mismos, desde las telas hasta los adornos”, contó Victoria. “Los cascabeles y el guaje tienen su significado: el sonido que acompaña el ritmo y marca el paso, mientras el arco representa la fuerza y la protección espiritual”, explicó.
La danza, además, se convierte en una forma de comunicación con lo divino. Cada paso, cada giro, tiene un sentido espiritual y colectivo. No es solo espectáculo: es una oración en movimiento.
Más que una tradición, una comunidad.
Después de su presentación en la capilla de San Judas Tadeo, la Danza Guadalupana continuó su recorrido hacia otros puntos de Jiménez, incluyendo la Iglesia del Santo Niño y varios sectores de la ciudad, donde los feligreses esperan con emoción su llegada.
“Invitamos a todos a seguir visitando al patrón, a seguir viniendo con respeto y fe”, expresó Victoria al finalizar la entrevista.
Entre aplausos y el eco de los tambores, los danzantes emprendieron su camino. Mientras tanto, el flujo de peregrinos hacia la capilla no cesaba: algunos llegaban a pie, otros en bicicleta o automóvil, todos con un mismo propósito: agradecer, pedir y encomendarse a San Judas Tadeo.
Devoción que perdura.
El templo improvisado en medio del desierto se convierte, cada 28 de octubre, en el corazón espiritual de Jiménez. Aun cuando el sol cae y el viento arrecia, las veladoras continúan encendidas y las oraciones no se detienen.
Para los fieles, esta no es una simple festividad religiosa: es una demostración viva de fe, gratitud y esperanza. Una celebración que une a comunidades enteras, mantiene vivas las tradiciones y reafirma que, aun en medio de la nada, la fe siempre encuentra su camino.