A finales de los años noventa, Guzmán Decena desertó del Ejército y fue reclutado por Osiel Cárdenas Guillén, líder del Cártel del Golfo, quien buscaba crear una fuerza armada capaz de protegerlo y eliminar a sus rivales.
Cuando el narcotráfico adoptó tácticas militares.
HISTORIASMX. – Durante décadas, el narcotráfico mexicano estuvo dominado por organizaciones que privilegiaban la corrupción, el contrabando y las alianzas con autoridades. Sin embargo, a finales de los años noventa surgió un grupo que cambió para siempre la naturaleza de la violencia en México. Su nombre se convertiría en sinónimo del terror: Los Zetas.
La aparición de esta organización marcó un antes y un después en la historia del crimen organizado. No solamente transformó las estructuras tradicionales del narcotráfico, sino que introdujo una nueva forma de ejercer el control territorial mediante tácticas militares, asesinatos masivos y una violencia extrema que dejó miles de muertos y desaparecidos.
Académicos del CIDE y de El Colegio de México coinciden en que la creación de Los Zetas representó la militarización del crimen organizado y uno de los factores que detonaron la espiral de violencia que aún persiste en el país.
El origen: soldados entrenados para combatir al crimen que terminaron trabajando para él.
La historia comenzó con Arturo Guzmán Decena, un militar perteneciente al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, una unidad de élite del Ejército Mexicano especializada en combate urbano, operaciones de inteligencia y acciones antinarcóticos.
A finales de los años noventa, Guzmán Decena desertó del Ejército y fue reclutado por Osiel Cárdenas Guillén, líder del Cártel del Golfo, quien buscaba crear una fuerza armada capaz de protegerlo y eliminar a sus rivales.
Poco a poco, otros integrantes de unidades especiales siguieron el mismo camino. Aquellos hombres, entrenados para combatir al crimen, se convirtieron en el brazo armado del Cártel del Golfo.
Con el tiempo comenzaron a ser conocidos como “Los Zetas”, una referencia a las claves radiofónicas utilizadas por altos mandos policiales.
La organización que revolucionó la violencia en México.
Los Zetas rompieron con las viejas reglas del narcotráfico.
Mientras otros grupos criminales se concentraban principalmente en el trasiego de drogas, ellos diversificaron sus actividades hacia el secuestro, la extorsión, el cobro de piso, el tráfico de personas, el robo de combustible, la trata de migrantes, el contrabando de armas y otras economías criminales.
Su estructura operaba como una organización paramilitar. Tenían jerarquías, entrenamiento, disciplina y armamento de alto poder.
Investigadores consideran que fueron de los primeros grupos criminales en México en convertir el terror en una herramienta sistemática de control territorial.
La expansión por México y Centroamérica.
Gracias a su capacidad de combate, Los Zetas extendieron rápidamente su influencia desde Tamaulipas hacia Nuevo León, Coahuila, Veracruz, San Luis Potosí, Zacatecas, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Puebla y Quintana Roo.
Incluso establecieron rutas y alianzas en Guatemala y otros países centroamericanos.
Su crecimiento fue tan acelerado que, para mediados de la década del 2000, se habían convertido en una de las organizaciones criminales más poderosas del continente.
La ruptura con el Cártel del Golfo y el inicio de una guerra nacional.
En 2010, Los Zetas rompieron definitivamente con el Cártel del Golfo.
Aquella separación provocó una guerra que convirtió al noreste del país en un escenario de enfrentamientos diarios, ejecuciones, desapariciones y ataques armados.
Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila fueron algunos de los estados más golpeados.
La lucha por las plazas desencadenó una violencia sin precedentes y abrió el camino para la fragmentación de otros grupos criminales, multiplicando los conflictos en gran parte del país.
San Fernando y Allende: las tragedias que marcaron una época.
La violencia de Los Zetas alcanzó niveles que conmocionaron al mundo.
En agosto de 2010 fueron asesinados 72 migrantes provenientes de Centro y Sudamérica en San Fernando, Tamaulipas. Las víctimas fueron ejecutadas por negarse a colaborar con la organización criminal.
En 2011, decenas de personas fueron desaparecidas y asesinadas en Allende y municipios vecinos, en Coahuila. Investigaciones académicas señalan que el número real de víctimas podría ser mucho mayor al oficialmente reconocido.
Familias enteras desaparecieron y muchas viviendas fueron destruidas en una operación de represalia de Los Zetas.
La infiltración de las instituciones.
Uno de los mayores peligros de Los Zetas fue su capacidad para corromper autoridades.
Diversas investigaciones documentaron pagos a policías municipales, funcionarios y miembros de corporaciones de seguridad.
En algunas regiones llegaron a ejercer un poder paralelo al del Estado.
Incluso controlaron penales, redes de lavado de dinero y estructuras completas de seguridad pública, logrando operar con un alto nivel de impunidad.
La guerra contra el narcotráfico y la explosión de homicidios.
La ofensiva federal iniciada en 2006 provocó una fragmentación de las organizaciones criminales.
Diversos estudios señalan que la captura o muerte de líderes produjo divisiones internas y nuevas disputas territoriales, elevando considerablemente los índices de homicidios.
La violencia dejó de concentrarse en unas cuantas regiones y comenzó a extenderse por todo el país.
La caída de sus líderes.
Arturo Guzmán Decena murió en 2002.
Posteriormente, Heriberto Lazcano “El Lazca” y Miguel Ángel Treviño Morales “Z-40” consolidaron el poder de la organización.
Sin embargo, la captura de varios líderes y la muerte de Lazcano en 2012 provocaron la fragmentación del grupo.
Años más tarde surgieron diversas facciones, entre ellas el Cártel del Noreste, considerado heredero directo de Los Zetas.
El legado del terror.
Especialistas consideran que la herencia más grave de Los Zetas no fue solamente la cantidad de muertos que dejaron, sino la transformación profunda que provocaron en la delincuencia organizada.
Introdujeron la militarización del crimen, el terror como herramienta de control, la expansión del secuestro y la extorsión, la fragmentación de los cárteles, el uso masivo de armamento de guerra y el sometimiento de comunidades enteras mediante el miedo.
Su influencia modificó la dinámica criminal en México y abrió una etapa caracterizada por desapariciones masivas, fosas clandestinas y niveles de violencia nunca antes registrados.
Una herida que aún no termina de cerrar.
Aunque la estructura original de Los Zetas prácticamente desapareció, los métodos que introdujeron continúan presentes en distintas organizaciones criminales.
Investigadores han señalado que la historia de Los Zetas no puede entenderse únicamente como la de una organización delictiva, sino como el reflejo de problemas más profundos: corrupción institucional, impunidad, desigualdad y debilidad del Estado para proteger a la población.
Más de dos décadas después de su aparición, el nombre de Los Zetas sigue siendo una de las páginas más oscuras de la historia contemporánea de México. Su legado no sólo se mide en cifras de homicidios o desapariciones, sino en las cicatrices que dejaron en miles de familias que aún buscan justicia y en un país que continúa enfrentando las consecuencias de una violencia que transformó para siempre la vida nacional.