El acuífero Jiménez–Camargo está en crisis: pozos ilegales, nogaleras y omisión gubernamental tienen a una región entera al borde de quedarse sin agua.
HISTORIASMX. – Ciudad Jiménez, Chihuahua.nEn los últimos quince años, Ciudad Jiménez ha vivido un proceso silencioso pero devastador: el agua, que antes corría con fuerza en las tuberías, ahora apenas llega a los hogares. El problema, que comenzó con simples quejas por baja presión, hoy es una amenaza de dimensiones sociales, económicas y ambientales.
El acuífero Jiménez–Camargo, que abastece a decenas de comunidades y a miles de hectáreas agrícolas, está sobreexplotado en más de un 40% de su capacidad natural. Y aunque las autoridades han reconocido el colapso inminente, las soluciones siguen sin llegar
El despertar ciudadano: la voz del Profesor Belisario.
El profesor y líder social Belisario Rodríguez, defensor incansable del agua, recuerda cómo inició esta lucha en Jiménez:
“La gente empezó a notar que el agua ya no salía igual. La Junta Municipal de Aguas subió las tarifas, cortaba el servicio, y decía que era por los altos costos de electricidad. Pero lo que estaba detrás era más grave: los pozos estaban siendo saqueados por agricultores, sobre todo grandes productores. Al principio lo negaban, lo escondían, hasta que nosotros lo hicimos público”, señala.
Durante dos años, ciudadanos organizaron protestas, reuniones y denuncias. Las autoridades locales intentaron minimizar la crisis, pero la presión social obligó a que el problema se reconociera a nivel estatal, nacional e incluso internacional. Por primera vez, se hablaba de sobreexplotación en Jiménez.
Un acuífero saqueado.
Los datos oficiales de CONAGUA muestran la gravedad:
- En 2015, el acuífero ya registraba un déficit de 142 millones de m³ anuales.
- Para 2020, el déficit había crecido en 50 millones de m³ adicionales.
- En 2024, la sobreexplotación alcanzó los 167 millones de m³, lo que significa que cada año se extrae mucho más de lo que la naturaleza puede reponer.
La consecuencia es doble: el nivel freático baja cada vez más, obligando a perforar pozos más profundos, y el agua que se extrae contiene arsénico y metales pesados, lo que afecta directamente a la salud de unas 40 mil personas que dependen del acuífero.
“Estamos envenenándonos lentamente”, dice el profesor Belisario. “Lo que debería darnos vida ahora nos enferma”.
El oro verde que consume el agua: el nogal.
La región de Jiménez se convirtió en las últimas dos décadas en el epicentro de la producción de nuez pecanera en México, un cultivo que se vende a Estados Unidos, Asia y Europa. Lo que pocos dicen es que detrás de esa riqueza se esconde un gasto de agua insostenible.
- El nogal requiere 19 mil m³ de agua por hectárea cada año.
- Jiménez concentra más de 11 mil hectáreas de nogales, la mayor superficie del país.
- Solo en 2022, las nogaleras consumieron 220 millones de m³ de agua, casi lo mismo que el déficit anual del acuífero.
- Entre 2004 y 2023, los nogales absorbieron más de 4,380 millones de m³, equivalente al consumo de una ciudad de medio millón de habitantes durante décadas.
El impacto ya se refleja en los propios productores: en 2023 se secaron más de 200 hectáreas de nogaleras por falta de agua, el triple que un año antes.
Para el profesor Belisario, la explicación es clara:
“El agua de los pueblos se está yendo a sostener un cultivo de exportación. Aquí la gente sufre cortes, mientras unos cuantos empresarios riegan miles de hectáreas con pozos ilegales”.
La complicidad del silencio oficial.
Aunque la CONAGUA ha reconocido la existencia de cientos de pozos ilegales, el número de perforaciones no ha disminuido. Al contrario: pasó de 1,997 en 2021 a más de 2,012 en 2022.
El Plan Estatal Hídrico 2040, presentado con bombo y platillo, promete clausurar pozos irregulares, modernizar riego y recuperar acuíferos. Pero en la práctica, no hay avances tangibles. El proyecto de un acueducto desde la Presa Pico del Águila, que podría aliviar la crisis de Jiménez, lleva más de una década en el papel, sin presupuesto ni construcción.
“Los gobiernos vienen, hacen diagnósticos, presentan planes, pero nunca actúan”, denuncia Belisario. “Mientras tanto, cada día se bombea más agua de la que tenemos”.
Impacto social y humano.
La crisis del agua no solo es ambiental, también es social:
- Familias de bajos recursos enfrentan cortes constantes y deben comprar agua en pipas, pagando hasta 10 veces más por litro que los grandes productores.
- La migración aumenta: jóvenes y familias enteras dejan Jiménez buscando oportunidades en ciudades con agua.
- El agua contaminada con arsénico se ha vinculado a problemas de salud como enfermedades gastrointestinales, renales y hasta cáncer.
Para la población, la lucha por el agua es también una lucha por el derecho a la vida digna.
Caminos posibles.
El profesor Belisario y la ciudadanía plantean un paquete de soluciones que, aunque ambiciosas, son indispensables:
- Cerrar los pozos ilegales y auditar cada concesión de agua.
- Detener la expansión de nogaleras y promover cultivos menos demandantes.
- Modernizar el riego con sistemas eficientes como el goteo.
- Construir el acueducto de la Presa Pico del Águila para garantizar abasto urbano.
- Reforestar la región, recuperar el ciclo hidrológico y proteger cuencas.
- Educar a la ciudadanía, para que el agua deje de verse como recurso infinito.
Conclusión: la batalla por la vida.
Jiménez es hoy un espejo del futuro que puede alcanzar a todo México: un territorio rico en tierra fértil, pero condenado por el saqueo del agua.
La lucha iniciada hace más de una década por ciudadanos como el profesor Belisario Rodríguez es una muestra de resistencia y dignidad. Gracias a ella, el tema salió de la oscuridad. Sin embargo, la batalla no está ganada: sin acciones inmediatas y profundas, el acuífero Jiménez–Camargo colapsará en pocos años.
“Si no actuamos ya”, advierte Belisario, “en unos años Jiménez será un pueblo sin agua”.
La pregunta es: ¿quién escucha ese grito antes de que sea demasiado tarde?
Por: Gorki Rodríguez