Ante la incertidumbre, los productores han tomado una decisión difícil: resistir. Prefieren no vender sus becerros en el mercado local, donde los precios caen con facilidad, y los mantienen en corrales con la esperanza de exportarlos en cuanto se reactive el comercio binacional.
Exportación en pausa, incertidumbre en aumento
HISTORIASMX. – Cada año, Chihuahua coloca entre 700 y 800 mil cabezas de ganado en el mercado, principalmente a través de la exportación hacia Estados Unidos. Sin embargo, con el cierre de la frontera, la maquinaria que sostiene a miles de familias ganaderas se detuvo de golpe. Apenas entre 150 mil cabezas alcanzaron a cruzar antes de la restricción, mientras que otras 80 a 100 mil fueron colocadas en el mercado interno. El resto, entre 300 y 400 mil, permanece retenido en los ranchos y corrales, a la espera de que la exportación vuelva a abrirse.
La decisión de no vender
Ante la incertidumbre, los productores han tomado una decisión difícil: resistir. Prefieren no vender sus becerros en el mercado local, donde los precios caen con facilidad, y los mantienen en corrales con la esperanza de exportarlos en cuanto se reactive el comercio binacional. Esta estrategia evita pérdidas inmediatas, pero también incrementa la presión: el ganado sigue comiendo, necesita agua, cuidados y atención sanitaria constante. Cada día retenido implica más costos y más riesgo.
Oportunidad y riesgo de repoblar
La retención de animales abre, paradójicamente, una oportunidad: repoblar los hatos que han disminuido tras años de sequía. La falta de lluvias redujo el número de reses en los ranchos, y contar hoy con cientos de miles de becerros disponibles permitiría reforzar la base productiva. Pero eso requiere apoyos reales del gobierno, en materia de alimentación, agua, infraestructura y sanidad, para que los productores puedan sostener sus hatos sin depender exclusivamente de la exportación.
El mercado interno, un respiro insuficiente
Parte del ganado se está redirigiendo al mercado interno, pero esa válvula de escape tiene límites. Si todo el ganado retenido se colocara de golpe en territorio nacional, el exceso de oferta desplomaría los precios. Por eso, los productores dosifican las ventas, al tiempo que invierten en mantener la calidad de los animales para que no pierdan valor frente a las exigencias de exportación.
Disciplina y sanidad: claves para sostener la apuesta
En los ranchos se refuerzan las prácticas de cuidado: alimentación adecuada, controles periódicos de salud, vacunación y monitoreo constante. Los ganaderos saben que, de poco sirve resistir si al final sus animales no cumplen con los estándares sanitarios internacionales. Mantener el ganado en óptimas condiciones es la única forma de garantizar que, cuando la frontera se abra, haya una oferta competitiva lista para colocarse en el mercado externo.
Una estrategia que no todos podrán sostener
Aunque la estrategia de retener el ganado parece lógica para evitar pérdidas inmediatas, no todos los productores tienen la capacidad de aguantar los costos que implica. Los pequeños ganaderos, con menos recursos, corren el riesgo de quedarse rezagados frente a los medianos y grandes que sí pueden alimentar y mantener a sus hatos por meses. Así, la crisis también puede agrandar la brecha entre productores, favoreciendo a quienes tienen mayor capacidad financiera para resistir.
La frontera cerrada como recordatorio
La parálisis en la exportación revela un problema estructural: la fuerte dependencia del sector ganadero de Chihuahua del mercado estadounidense. Mientras la economía local dependa de decisiones ajenas al territorio, los productores seguirán expuestos a riesgos que no pueden controlar. La estrategia de resistencia funciona en el corto plazo, pero en el fondo persiste la pregunta: ¿qué pasará si la frontera permanece cerrada más tiempo del esperado?