El negocio del nogal vs el derecho al agua: la crisis que Chihuahua no quiere enfrentar.

Mientras autoridades emiten mensajes sobre el uso responsable del agua, en los hechos se permite —y en muchos casos se tolera— una sobreexplotación sistemática de los acuíferos, principalmente vinculada al crecimiento desmedido del cultivo de nogal.

HISTORIASMX. – Cada 22 de marzo, el discurso institucional insiste en hablar de conciencia, cuidado y futuro del agua. Sin embargo, en el estado de Chihuahua —y particularmente en la región centro-sur— la realidad es otra: no hay nada que celebrar.

Aquí, el agua no se cuida: se agota.

El discurso contra la realidad.

Mientras autoridades emiten mensajes sobre el uso responsable del agua, en los hechos se permite —y en muchos casos se tolera— una sobreexplotación sistemática de los acuíferos, principalmente vinculada al crecimiento desmedido del cultivo de nogal.

El nogal no es un cultivo cualquiera. Es uno de los más demandantes en consumo hídrico en zonas áridas.

Se estima que:

  • Una hectárea de nogal consume aproximadamente 19 mil metros cúbicos de agua al año
  • Es decir, 19 millones de litros por hectárea

En una región donde existen miles de hectáreas sembradas, el impacto es evidente:
👉 millones de metros cúbicos extraídos del subsuelo año tras año
👉 acuíferos en niveles críticos
👉 comunidades con acceso cada vez más limitado al agua

El modelo que está secando la región.

El problema no es únicamente el cultivo, sino el modelo que lo sostiene.

Durante años, la expansión del nogal ha crecido sin un verdadero control hídrico, en una región que naturalmente no tiene disponibilidad suficiente para sostener ese ritmo de extracción.

Y aun así, el sistema sigue operando.

¿Por qué?

Porque existe una cadena de omisiones institucionales que ha permitido que esto continúe.

La responsabilidad de las autoridades.

La Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), como autoridad federal, tiene la responsabilidad de regular el uso de los acuíferos. Sin embargo, en la práctica, ha sido señalada por permitir concesiones, sobreexplotación y una débil supervisión en zonas críticas.

A nivel estatal y municipal, el panorama no mejora.

Las Juntas Municipales de Agua y Saneamiento y la Junta Central de Agua y Saneamiento han adoptado una postura recurrente:
👉 “nosotros solo operamos el servicio urbano”

Este argumento, aunque técnicamente válido en lo administrativo, resulta insuficiente frente a una crisis hídrica.

Porque el problema del agua no está dividido en oficinas.
El acuífero es uno solo.

Y mientras el sector agrícola extrae volúmenes masivos, las ciudades enfrentan restricciones, tandeos y un futuro incierto.

El costo social del silencio.

La sobreexplotación no es un concepto abstracto. Tiene consecuencias reales:

  • Disminución de niveles freáticos
  • Mayor profundidad para extracción
  • Incremento en costos de bombeo
  • Pérdida de disponibilidad para consumo humano

Y en el fondo, una pregunta incómoda:
👉 ¿quién está pagando realmente el costo del modelo agrícola actual?

La respuesta apunta, inevitablemente, a la población.

Celebrar en medio de la crisis.

Hablar de “celebración” en el Día Mundial del Agua, bajo este contexto, resulta contradictorio.

No se puede hablar de cuidado cuando:

  • Se permite la extracción intensiva sin límites claros
  • No existen políticas contundentes de regulación
  • Se prioriza la rentabilidad sobre la sustentabilidad

No es un problema del futuro.
Es una crisis del presente.

Reflexión final.

El agua en Chihuahua no necesita discursos.
Necesita decisiones.

Decisiones que incomoden, que regulen, que pongan límites y que prioricen el derecho humano al agua por encima de cualquier interés económico.

Porque si algo queda claro en la región centro-sur es que el modelo actual no es sostenible.

Y mientras no se reconozca esa realidad, cada 22 de marzo no será una fecha para celebrar…
sino para cuestionar.

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-LABP.

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