El doctor del desierto: salud entre el polvo y el silencio de Las Glorias Uno en Jiménez.

El Ejido Las Glorias se ubica en la porción sur del municipio de Jiménez, en los límites del Desierto del Bolsón de Mapimí, una vasta extensión que comparte territorio con Chihuahua, Durango y Coahuila.

HistoriasMx / Ejido Las Glorias. – En medio de la inmensidad del desierto, donde el viento levanta polvo y la distancia se convierte en rutina, una pequeña clínica sostiene el pulso de la vida en el sur del municipio de Jiménez.

El doctor Carlos Galván, médico rural de la Secretaría de Salud del estado de Chihuahua, atiende aquí, en una de las zonas más áridas y apartadas del estado, donde cada consulta es un bien preciado para los habitantes del desierto de la porción sur del municipio de Jiménez.

Un médico entre el sol y la arena.

El Ejido Las Glorias Uno se ubica en la porción sur del municipio de Jiménez, en los límites del Desierto del Bolsón de Mapimí, una vasta extensión que comparte territorio con Chihuahua, Durango y Coahuila.
El clima es extremo: veranos que alcanzan los 40°C, inviernos con temperaturas bajo cero y una precipitación anual inferior a los 250 milímetros. Las lluvias son escasas, el agua se obtiene de pozos y las jornadas se enfrentan entre el calor abrasador y el viento seco del norte.

En ese entorno, el doctor Carlos Galván ha trabajado por más de un año, luego de su paso por comunidades indígenas en la Sierra Tarahumara.
“Ya había tenido experiencia en comunidades alejadas, pero aquí es diferente: el clima, la distancia, la falta de insumos… todo es más duro. La lejanía nos pone a prueba cada día”, cuenta con serenidad.

Un centro de salud para muchos pueblos.

La clínica de Las Glorias no solo atiende a los habitantes del ejido, sino también a comunidades aledañas, ranchos particulares y población flotante indígena proveniente de la Sierra Tarahumara, que llega a la región para trabajar en los campos agrícolas.
Durante la temporada de cosecha, familias rarámuri se emplean en la pizca de melón, chile verde, cebolla y otros cultivos, lo que incrementa de forma notable la demanda de atención médica.

“El centro de salud se convierte en el único punto de auxilio para todos —explica el doctor—. Aquí llegan desde jornaleros con deshidratación, hasta niños con infecciones o mujeres que requieren atención prenatal. No importa de dónde vengan; la salud no distingue orígenes.”

Desafíos diarios y un pedido urgente.

La falta de medicamentos, de aparatos médicos, de transporte y de personal es constante. En caso de emergencia, los traslados hacia Jiménez o Parral pueden demorar horas, debido a la distancia y al mal estado de los caminos.
Por eso, el doctor Galván hace un llamado urgente:

“Necesitamos una ambulancia. Es vital para responder ante urgencias. En ocasiones hemos tenido que improvisar traslados en camionetas particulares, y eso pone en riesgo tanto al paciente como a quienes lo acompañan.”

A pesar de esas dificultades, el compromiso del personal médico no se detiene. En cada jornada se enfrentan al cansancio, al calor y a la falta de recursos, pero también a la gratitud de la gente que, en medio del desierto, valora el esfuerzo de ser atendida.

Cuidar al médico, cuidar la salud.

Autoridades de salud, hacen un llamado a la población para respetar los horarios de atención y valorar el trabajo del personal médico.
El doctor Galván, como muchos otros en las zonas rurales del estado, cumple funciones que van más allá de la consulta: atiende urgencias, realiza visitas comunitarias y mantiene en pie el servicio de salud en regiones donde pocas personas aceptarían vivir.

“Cuidar al médico es cuidar nuestra salud —dice una vecina de la comunidad—. Si él se va, nos quedamos sin atención.”

El desierto que enseña y resiste.

El Ejido Las Glorias cuenta con poco más de 250 habitantes, dispersos entre casas de adobe y caminos polvorientos. En medio de esa geografía seca, el doctor Galván se ha convertido en una figura esencial, un punto de referencia en el mapa del desierto.

Su historia refleja la realidad de cientos de comunidades rurales en Chihuahua: territorios olvidados donde el compromiso y la vocación médica son el único puente entre la vida y el abandono.

“Aquí seguimos —dice el doctor—, con lo poco que hay, pero con el corazón puesto en la gente.”

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-LABP.

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