Un observatorio prehispánico en el desierto del Bolsón de Mapimí.
HISTORIASMX. – En medio del desierto de Jiménez, donde el silencio adquiere la forma de un lenguaje primitivo, emergen más de 20 petrograbados tallados sobre roca ígnea que podrían cambiar la comprensión de las culturas nómadas que habitaron el norte de México entre los años 300 y 900 d.C. Lejos de las concepciones tradicionales que asocian la complejidad astronómica únicamente con las culturas mesoamericanas —como los mayas o los aztecas—, este hallazgo revela que también los pueblos nómadas del Bolsón de Mapimí poseían una cosmovisión avanzada, vinculada a los ciclos del sol, la migración de los animales y la observación del tiempo atmosférico como mecanismo de supervivencia.
Una geografía diseñada para observar el cielo.
El sitio se ubica a 1,546 metros sobre el nivel del mar, en un valle natural formado por dos sierras que funcionan como un anfiteatro para observar el cielo sin contaminación lumínica. Las formaciones rocosas están dispuestas en forma circular, como si fueran guardianes de un templo natural del cosmos.

Desde esa posición es posible observar con claridad el movimiento del sol durante el ocaso, fenómeno que, según especialistas, pudo haber marcado periodos migratorios, temporadas de lluvia o caza.
La Trinchera: refugio y registro de la fauna sagrada.
En el montículo conocido como La Trinchera se encontraron vestigios de construcción y restos de talla lítica: puntas de flecha, raspadores y lanzas. Esto indica que no era un simple punto de paso, sino un refugio estratégico. Sobre las rocas destacan dos petrograbados zoomorfos, entre ellos la figura de un venado de 35 centímetros de ancho.
El venado no fue únicamente un alimento, sino un símbolo espiritual. Para muchas tribus norteñas, este animal era el mensajero del sol, el guía del agua y el portador del renacimiento. Su presencia tallada en piedra sugiere un culto a la fauna como entidad sagrada, vinculada a los ciclos de vida, muerte y migración. La repetición de figuras de venado sugiere también la intención de señalar rutas de tránsito de esta especie, fundamentales para la subsistencia.
El Observatorio: un calendario solar en piedra.
El segundo montículo, denominado El Observatorio, revela el carácter astronómico del sitio. Tallado directamente en una roca de un metro de alto por uno y medio de ancho, contiene espirales, líneas onduladas, curvas y composiciones geométricas que coinciden con los registros solares durante el ocaso.

Una espiral representa al sol descendente; encima, otra figura circular con rayos simboliza al astro ocultándose tras montañas, mientras que las líneas zigzagueantes podrían interpretar el recorrido de la luz entre los cañones. Estas formas no son simples decoraciones: constituyen un registro de fenómenos celestes observables en un punto específico del horizonte.
Argumentación antropológica:
Las culturas nómadas del norte no eran pueblos sin conocimiento astronómico; por el contrario, su supervivencia dependía del entendimiento del cielo. El sol marcaba las rutas de migración de los animales y los ciclos del agua. Representar el sol ocultándose no solo documentaba un fenómeno, sino que servía como calendario natural.
La Bóveda Celeste: el mapa del universo ancestral.
El tercer montículo, conocido como La Bóveda Celeste, es considerado el más importante. Presenta 25 círculos concéntricos, ocho de ellos alineados en pares divididos por una línea central, posiblemente representando cuerpos celestes, conjunciones astrales o ciclos lunares.

La repetición de círculos concéntricos ha sido documentada en otras regiones del norte de México y del sur de Estados Unidos como símbolo de puertas al inframundo, representaciones del sol en diferentes fases o incluso como medición del paso del tiempo.
Interpretación científica plausible:
El patrón geométrico coincide con otros petrograbados del desierto chihuahuense asociados a la observación del solsticio y equinoccio. Al ubicarse en un punto con visión directa del horizonte, es posible que el sitio funcionara como un marcador astronómico para registrar el inicio de temporadas de caza o cambios climáticos.
La cacería como eje de la existencia.
El petrograbado denominado La Casería muestra seis figuras animales, cinco de ellos venados y posiblemente una tortuga. Esta última coincide con la presencia natural de la especie gopherus flavomarginatus, conocida como tortuga bolsonera, endémica del Bolsón de Mapimí.
Las figuras humanas ubicadas detrás de los venados representan una escena de cacería colectiva. Los círculos concéntricos sobre las figuras podrían simbolizar el sol en posición de ocaso, momento estratégico para la caza. Esta composición permite interpretar no solo la actividad económica del grupo, sino su visión cosmológica: el venado es el centro del ciclo vital, el astro guía el tiempo de subsistencia.
Un lenguaje simbólico compartido en el norte de México.
La presencia de espirales, círculos concéntricos y figuras zoomorfas coincide con petrograbados hallados en estados como Coahuila, Durango, Nuevo León y el norte de Chihuahua. Esto sugiere que existió una red cultural o espiritual compartida por distintas tribus nómadas, posiblemente unidas no por un territorio fijo, sino por una cosmovisión basada en el movimiento del cielo y la necesidad de seguir a los animales y al agua.

Estas representaciones no deben verse únicamente como arte, sino como escritura visual: un manual de supervivencia, un calendario astral y una narrativa espiritual inscrita en roca.
Preservar el pasado para comprender el presente.
El sitio no ha sido revelado públicamente para evitar saqueos o destrucción, lo que revela la fragilidad del patrimonio arqueológico del norte de México. Más allá de su valor histórico, estos petrograbados son evidencia de que los primeros pobladores de Jiménez poseían una comprensión profunda de su entorno, una ciencia empírica basada en la observación del universo y una conexión espiritual con la naturaleza.
Las piedras hablan, y lo que relatan es la historia de cómo el cielo y la tierra guiaron la existencia de los primeros pueblos del desierto.