“El Caníbal de Chihuahua”: Tras las huellas del expolicía que horrorizó a México

Gilberto Ortega Ortega, conocido en los medios bajo el apelativo de “El Caníbal de Chihuahua”, nació el 25 de octubre de 1969 en el municipio de General Trias, estado de Chihuahua, y pasó de ser un policía municipal a un asesino serial cuyas acciones escandalizaron a México y marcaron para siempre la memoria colectiva de la frontera norte.

HISTORIASMX-Reportaje Especial. – Chihuahua, finales de los años 90. Una sombra cruel se cernía sobre la ciudad: rumores de un hombre que no solo asesinaba, sino que además devoraba partes de sus víctimas. Para la ciudadanía era una pesadilla; para la justicia, un expediente que confirmaría la existencia de uno de los casos más perturbadores en la historia criminal moderna del país.

La aparición de un monstruo urbano.

Gilberto Ortega Ortega, conocido en los medios bajo el apelativo de “El Caníbal de Chihuahua”, nació el 25 de octubre de 1969 en el municipio de General Trias, estado de Chihuahua, y pasó de ser un policía municipal a un asesino serial cuyas acciones escandalizaron a México y marcaron para siempre la memoria colectiva de la frontera norte.

Su historia inicial no parecía presagiar atrocidades. A los 21 años se enlistó como soldado raso en el 25 Batallón de Infantería, donde sirvió cerca de tres años. Más tarde ingresó a la Policía Municipal de Belisario Domínguez, un paso que lo acercó a la comunidad y, sobre todo, a sus futuras víctimas.

Confianza, cercanía… y horror.

El vínculo con las víctimas fue escalofriantemente sencillo. Durante la campaña política de 1997, en la que colaboró activamente, Ortega supo ganarse la confianza de niños que repartían propaganda en las calles. Entre ellos estaba Jaime, de 11 años, visto por última vez acompañado del expolicía en junio de aquel año.

Poco después, los cuerpos de Jaime y de otro menor —Adán, un vecino de Ortega— aparecieron sin vida, en circunstancias que pronto convencieron a las autoridades de que se trataba de crímenes más allá de una tragedia común. Las investigaciones determinaron que ambos habían sido asesinados y parcialmente devorados, un acto que dejó estupefacta a la opinión pública.

Detención y confesiones escalofriantes.

Ortega fue detenido en 1998 y posteriormente juzgado por el asesinato de esos dos niños. Por estos homicidios fue condenado a 75 años de prisión, pena que purga actualmente en un centro de máxima seguridad en el estado de Morelos.

Sin embargo, lo que parecía un caso cerrado dio una vuelta más macabra cuando, ya encarcelado, Ortega afirmó haber cometido hasta 23 homicidios con tintes cannibales. Según versiones documentadas, el propio asesino llegó a declarar que había ingerido “las entrañas sancochadas” de algunas de sus víctimas.

En prisión también realizó dibujos que, según expertos en criminología forense consultados en otras fuentes periodísticas, representarían escenas de sus crímenes y actos de canibalismo, reforzando la hipótesis de que no se trataba solo de un asesino en serie, sino de un depredador con patrones perturbadores de violencia.

El mito y la realidad.

El apodo de “El Caníbal de Chihuahua”, repetido en crónicas y reportajes, ha alimentado también un aura de leyenda urbana en redes y relatos populares. Algunos rumores exageran el número de víctimas hasta 30 o más, atribuyendo a Ortega una larga cadena de asesinatos de menores que nunca fueron comprobados por las autoridades.

Sin embargo, en la documentación oficial y en registros especializados en crímenes violentos, las cifras verificadas oscilan entre 2 víctimas comprobadas y confesiones no verificadas que elevan el rango hasta cerca de 38 homicidios.

Entre la criminología y la investigación social.

Para los expertos, casos como el de Gilberto Ortega Ortega reúnen varios factores que desafían no solo al sistema de justicia penal, sino a disciplinas como la psicología forense y la sociología del delito:

  • Acceso a la confianza social: Ortega no actuó desde el anonimato; su figura como expolicía le permitió acercarse fácilmente a niños y jóvenes, un elemento recurrente en perfiles de asesinos en serie.
  • Confesiones en prisión: la autoproclamación de otros homicidios agrega complejidad al perfil y plantea preguntas sobre la veracidad, el número real de víctimas y la motivación detrás de tales declaraciones.
  • El impacto mediático: apodos como “El Caníbal” amplifican el horror y pueden distorsionar percepciones, mezclando hechos comprobados con rumores que circulan en la cultura popular.

El caso de Gilberto Ortega Ortega, “El Caníbal de Chihuahua”, sigue siendo uno de los episodios más inquietantes del crimen en México: un expolicía que pasó de proteger a la sociedad a violar todos sus códigos éticos y legales. Más allá de la leyenda, los hechos verificados muestran a un hombre que asesinó a al menos dos menores, admitió varios más y cuya historia sigue siendo objeto de análisis para comprender mejor las dinámicas entre violencia, poder y psicopatología.

Por: HISTORIASMX-Laboratorio de periodismo.

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