Estudios elaborados por la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) indican que la producción de una hectárea de cempasúchil puede requerir entre 80 mil y 120 mil pesos de inversión, dependiendo de si se utiliza sistema de riego o producción protegida.
Por HISTORIASMX — Periodismo del norte, periodismo con carácter
Chihuahua, Chih. — Octubre avanza y con él llega el resurgir del color. En los campos de Tabalaopa, los tonos naranjas, dorados y púrpuras comienzan a cubrir la tierra, transformando el paisaje en un mosaico vivo. Las flores —cempasúchil, crisantemo y mota de obispo— anuncian la cercanía del Día de Muertos, mientras los productores caminan entre los surcos con la mirada atenta y el corazón puesto en el cielo.
“Ahora sí se ve bonito el campo. Este año la flor viene con ganas, porque las lluvias ayudaron”, comenta don Guadalupe García, productor de la zona, mientras limpia con delicadeza una planta manchada por la humedad.
El recuerdo aún duele: hace dos años, la cosecha se perdió cuando las lluvias no llegaron. “Todo se quedó en botón, ni una flor abrió”, recuerda. Este ciclo, en cambio, la naturaleza fue más generosa. Las lluvias trajeron vida, aunque también dejaron rastros: “Si el agua se estanca, pudre la flor. Hay que andar revisando todos los días, quitando las malas para que no contagien a las demás”.

Los campos del oriente se llenan de vida.
A menos de veinte días del Día de Muertos, los productores de Tabalaopa se preparan para la temporada más esperada del año. Los campos se llenan de trabajadores que cortan, limpian y seleccionan las flores que pronto adornarán altares, calles y cementerios.
El aire huele a tierra fresca y a promesa. Cada pétalo que se abre es una señal de que el ciclo agrícola está por cumplirse.
El cempasúchil, con su color encendido, es el protagonista de la temporada; el crisantemo, elegante y persistente, aporta su forma perfecta; y la mota de obispo, de tonos violetas, da el contraste justo. Juntas forman la trilogía de la memoria, flores que, más allá de la venta, tienen un significado profundo.
“El cempasúchil no es cualquier flor, es la que guía el alma de nuestros difuntos de regreso a casa”, comenta un productor, acomodando las hileras con cuidado.
Sembrar tiempo, cosechar tradición.
El trabajo comienza muchos meses antes de que aparezcan los primeros botones. En marzo, cuando el frío aún se asoma en las mañanas, los floricultores preparan la tierra y seleccionan las semillas. Algunas provienen de plantas del ciclo anterior, conservadas con paciencia.
“De la flor vieja sale la semilla que da vida a la nueva. Es como seguir el mismo camino, pero con otras manos”, explica don Guadalupe mientras muestra una planta que llama “la madre”.
El clima dicta el ritmo del trabajo: si la flor se abre antes de tiempo, se marchita antes del 2 de noviembre; si tarda demasiado, no alcanza la fecha. Por eso, los productores planean siembras escalonadas para lograr el equilibrio. “Hay que saber leer a la planta, cada año es distinto”, dice uno de ellos, mientras observa los tallos que comienzan a florecer.
La fe del campo.
Este año, los floricultores esperan que los precios se mantengan alrededor de 80 pesos por manojo, pero el valor real, aseguran, está en conservar la costumbre y mantener viva la conexión con los que ya no están.
“La ganancia no siempre se mide en dinero. Lo que uno siente cuando ve florecer el campo no se paga con nada”, comenta otro productor entre risas y esperanza.

Durante estos días, el trabajo no se detiene. El sol quema, la humedad pesa, pero el esfuerzo se sostiene en una convicción: las flores son parte de la memoria colectiva.
Cada tallo representa una historia familiar, un año más de vida y de lucha contra el clima. Los floricultores saben que su labor no solo llena los altares, sino que también mantiene encendida una tradición que une generaciones.
Flores que iluminan el recuerdo.
A medida que se acerca el Día de Muertos, los campos de Tabalaopa se convierten en un tapiz de colores cálidos que contrastan con el cielo claro del norte. Familias enteras visitan los sembradíos para comprar directamente las flores recién cortadas.
La escena es casi ritual: el polvo, el sol y el murmullo del viento mezclado con el aroma inconfundible del cempasúchil.
En esas tierras, donde el trabajo manual se mezcla con la fe, florece algo más que una cosecha.
Florece la memoria, el respeto, el amor a la tierra y a los que se fueron. Porque mientras haya manos que siembren y flores que guíen el camino, la tradición seguirá viva, año tras año, entre el color y el silencio del desierto chihuahuense.
Floricultura en el desierto.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Chihuahua no es un estado líder en volumen de floricultura —como lo son Puebla, Estado de México o Morelos—, pero sí representa un caso único de adaptación agrícola.
El cultivo ornamental en esta región depende de invernaderos, microtúneles y riego tecnificado que permiten mitigar los extremos térmicos del desierto.
En las últimas dos décadas, los productores locales han apostado por variedades resistentes de cempasúchil, crisantemo y mano de león, adaptadas a las condiciones de altitud y radiación solar. De acuerdo con un folleto técnico de la SADER (2023), la floricultura chihuahuense se concentra en los municipios de Chihuahua, Delicias y Cuauhtémoc, donde pequeños y medianos productores aprovechan su infraestructura hortícola para diversificar cultivos estacionales.

La flor de cempasúchil es la reina indiscutible de la temporada. Su siembra comienza en julio, con trasplantes en agosto y cortes en la segunda quincena de octubre. “El éxito depende del agua”, dice un productor del ejido El Charco, quien cada año instala sistemas de riego por goteo para asegurar floración uniforme. “Aquí si no riegas a tiempo, la planta se quema; no es como en Puebla, donde el clima ayuda”, agrega.
Una tradición que también es economía.
El Día de Muertos mueve mucho más que emociones. Según cifras del INEGI, el mercado nacional de flores ornamentales genera más de 12 mil millones de pesos al año, impulsado principalmente por la temporada de octubre y noviembre.
Aunque Chihuahua participa con apenas un pequeño porcentaje de la producción nacional, su contribución local es clave para el abastecimiento de florerías, mercados municipales y cementerios de toda la región norte.
La cadena de valor incluye desde el cultivo y corte, hasta la distribución a los centros urbanos de Jiménez, Delicias, Camargo y la capital. En esta época, los camiones cargados de flores recorren las carreteras estatales a diario. En muchos casos, los productores también venden directamente en tianguis o mercados temporales, lo que les permite obtener mejores márgenes de ganancia.
Sin embargo, la rentabilidad no siempre acompaña el esfuerzo. Los costos de fertilizantes, semillas híbridas y energía eléctrica han aumentado significativamente, afectando a los pequeños productores que carecen de subsidios o acceso a créditos blandos.
Estudios elaborados por la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) indican que la producción de una hectárea de cempasúchil puede requerir entre 80 mil y 120 mil pesos de inversión, dependiendo de si se utiliza sistema de riego o producción protegida.
Entre el color y la incertidumbre.
Aunque la demanda de flores en la temporada de Día de Muertos sigue siendo alta, los productores enfrentan riesgos crecientes por el cambio climático y la falta de apoyo institucional. Las heladas tempranas, las sequías y los aumentos en los costos de transporte reducen los márgenes de ganancia.
“El año pasado perdimos casi una tercera parte del cultivo por una helada en octubre”, comenta un floricultor de Satevó. “Ya no basta con sembrar, hay que adivinar el clima”, dice con resignación.
Aun así, la floricultura se ha convertido en un espacio de resistencia rural. En las comunidades cercanas a Chihuahua capital, mujeres productoras han creado cooperativas de cultivo y venta directa, donde no solo siembran sino también elaboran arreglos, coronas y centros de altar.
Para ellas, la flor es tanto sustento como símbolo: “Cada flor que vendo lleva un pedacito de mi historia, y también de la gente que ya no está”, dice doña Silvia, quien cultiva desde hace quince años en un terreno familiar al borde del río Chuvíscar.
Técnica, ciencia y tradición.
Los documentos técnicos consultados —entre ellos las guías de la SADER y ensayos sobre manejo de Tagetes erecta de la UNAM y Chapingo— subrayan que la floricultura puede ser rentable si se combina el conocimiento tradicional con la tecnología.
La implementación de variedades híbridas resistentes a plagas y con mayor vida poscosecha, junto con el uso de sistemas de fertirrigación, ha permitido mejorar la calidad de las flores y prolongar su frescura hasta diez días después del corte.

Investigadores de la Universidad Autónoma de Chapingo recomiendan, además, el uso de biostimulantes naturales y control biológico de plagas, especialmente en estados con condiciones semiáridas como Chihuahua, donde la aplicación de agroquímicos puede ser contraproducente por las altas temperaturas.
El cempasúchil como patrimonio.
Más allá de los números, la flor de muerto tiene un peso cultural innegable. Su presencia en los altares, ofrendas y panteones simboliza la conexión entre la vida y la muerte, entre el recuerdo y la permanencia.
En Chihuahua, esa flor naranja que tiñe los campos por unos días es también una forma de arraigo, una expresión de identidad que se niega a desaparecer.
Mientras el país se llena de colores, los productores del norte enfrentan con orgullo su propia batalla contra el clima, la economía y el olvido.
Cada pétalo que llega a los altares de los hogares chihuahuenses es testimonio de ese esfuerzo silencioso. De ese amor al campo que, pese a las dificultades, sigue floreciendo en el desierto.
Fuentes consultadas.
- Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Guía técnica para el cultivo de cempasúchil.
- INEGI (2024). Perfil del sector ornamental y florícola en México.
- Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH). Tesis sobre floricultura en condiciones semiáridas.
- Universidad Autónoma de Chapingo. Ensayo técnico sobre Tagetes erecta L.
- SciELO México. Competitividad del sistema productivo de flores para corte.
- ResearchGate. Prácticas de cultivo de la flor de muerto (Tagetes erecta L.).
- Medios locales (Tiempo, Imagen Noticias, El Heraldo de Chihuahua). Cobertura de campos florales en Chihuahua durante el Día de Muertos 2024.