Camargo bajo la piel del desierto: mares antiguos, volcanes jóvenes y fallas que escribieron la historia del municipio

Reportaje especial | HISTORIASMX

HISTORIASMX. – A simple vista, buena parte del municipio de Camargo, Chihuahua, parece un territorio dominado por el desierto: llanuras interminables, serranías aisladas, mesetas oscuras, cauces que atraviesan el paisaje y grandes extensiones donde el horizonte parece perderse. Pero debajo de esa superficie existe una historia mucho más compleja. Camargo fue fondo de mares antiguos, sufrió levantamientos y plegamientos de la corteza, recibió enormes cantidades de material volcánico y, millones de años después, presenció un episodio de volcanismo basáltico tan importante que hoy la ciencia reconoce en esta región uno de los campos volcánicos alcalinos más destacados del norte de México.

Para esta investigación se revisaron la Carta Geológico-Minera Ciudad Camargo G13-2 y sus textos explicativos del Servicio Geológico Mexicano (SGM), cartografía y el compendio geográfico municipal del INEGI, estudios hidrogeológicos de CONAGUA, publicaciones científicas revisadas por pares sobre el Campo Volcánico de Camargo y el registro del Global Volcanism Program del Smithsonian Institution. Es importante hacer una precisión: la carta geológica denominada “Ciudad Camargo G13-2” abarca una región mucho mayor que el municipio; por ello, para describir específicamente el territorio municipal se contrastó con la delimitación y estadísticas de INEGI.

Un municipio donde conviven distintas edades de la Tierra.

Camargo ocupa un territorio extraordinariamente amplio. De acuerdo con INEGI, representa alrededor del 5.5 % de la superficie de Chihuahua, con elevaciones que van aproximadamente de los 1,200 a los 2,400 metros sobre el nivel del mar. Fisiográficamente pertenece a la provincia de Sierras y Llanuras del Norte, donde dominan las llanuras y sierras volcánicas, aunque también aparecen sectores asociados al Bolsón de Mapimí y a sierras plegadas.

Su diversidad geológica puede expresarse en números. INEGI estima que 58.5 % del territorio corresponde geológicamente al Cuaternario, 21.4 % al Neógeno, 17.1 % a unidades clasificadas en la cartografía como Terciario, 2.2 % al Cretácico y 0.2 % al Paleógeno. Más de la mitad del municipio, 55.9 %, está cubierta por depósitos aluviales; sin embargo, son también relevantes las rocas volcánicas: riolitas y tobas ácidas representan 15.9 % y los basaltos 14.8 %. Existen además conglomerados, calizas, andesitas, traquitas, lutitas y areniscas.

Es decir, Camargo no está construido sobre una sola formación. Su paisaje actual es el resultado de la superposición de distintas etapas geológicas: antiguos ambientes marinos, montañas plegadas, periodos de erosión, volcanismo explosivo, volcanismo basáltico, fallamiento tectónico y finalmente el relleno de los grandes valles mediante arenas, gravas, limos y arcillas.

Antes del desierto hubo mar.

Una de las revelaciones más fascinantes de la geología regional es que una parte importante de lo que hoy conocemos como Chihuahua estuvo relacionada durante el Mesozoico con mares poco profundos y cuencas marinas.

El Servicio Geológico Mexicano documenta que las rocas cretácicas de la región corresponden a sedimentos que se depositaron entre la Cuenca de Chihuahua, el Golfo de Sabinas y el denominado Mar Mexicano. Entre esos antiguos dominios existieron elementos elevados como la Península de Aldama y la Isla de Coahuila. La comunicación marina entre algunas de aquellas cuencas llegó a realizarse a través de una estructura paleogeográfica que los estudios geológicos denominan precisamente “Canal de Camargo”.

El nombre puede resultar engañoso para quien imagine un canal parecido a los actuales. No se trataba de una obra humana ni del cauce contemporáneo de un río, sino de una conexión marina existente hace decenas de millones de años.

Las calizas que hoy forman parte de diferentes serranías son testimonios endurecidos de aquel mundo. La Formación Aurora, ampliamente reconocida en Chihuahua, está constituida por calizas formadas en ambientes marinos someros de plataforma. El SGM describe depósitos arrecifales, calizas, margas y lutitas asociadas a aquellos antiguos mares.

Por eso, encontrar caliza en una sierra del desierto chihuahuense significa en realidad estar observando restos de un paisaje que alguna vez estuvo relacionado con aguas marinas.

La Sierra de Camargo: una montaña que guarda memoria del Cretácico.

La propia Sierra de Camargo conserva páginas importantes de esa historia. El Servicio Geológico Mexicano documenta en ella unidades cretácicas como la Formación Kiamichi, constituida localmente por calizas arcillosas y lutitas calcáreas con nódulos de hematita y pedernal. En algunos sectores, esas rocas alcanzan espesores de decenas de metros.

Pero las rocas no permanecieron horizontales.

Durante la evolución tectónica de la región fueron sometidas a enormes fuerzas compresivas. El SGM identifica en la Sierra de Camargo cabalgaduras, estructuras en las que paquetes de roca fueron empujados unos sobre otros. En esta zona existen evidencias de que calizas de la Formación Aurora terminaron desplazándose tectónicamente sobre sedimentos cretácicos más jóvenes.

Ese episodio forma parte de la gran historia tectónica del norte de México asociada a la orogenia Laramide, proceso que entre finales del Cretácico y comienzos del Cenozoico deformó extensas regiones del occidente de Norteamérica.

Las sierras actuales son, en parte, cicatrices de aquellos movimientos.

Cuando el paisaje comenzó a arder.

Después de la compresión llegó otra transformación. Durante el Paleógeno, enormes volúmenes de magma comenzaron a alcanzar niveles superiores de la corteza.

La cartografía del SGM identifica en la región de Camargo episodios de volcanismo andesítico durante el Eoceno. Una muestra estudiada dentro de la carta regional arrojó una edad aproximada de 39 millones de años, mientras que otros cuerpos andesíticos de la zona han sido fechados en edades semejantes.

Más tarde, durante el Oligoceno, ocurrió uno de los eventos volcánicos más espectaculares de la historia geológica del norte de México: el desarrollo del gran sistema volcánico relacionado con la Sierra Madre Occidental.

En la región cartografiada de Camargo aparecen tobas riolíticas, ignimbritas y derrames volcánicos asociados con ese episodio. El SGM señala que una importante secuencia de andesitas, riolitas y, sobre todo, tobas riolíticas se produjo aproximadamente entre 34 y 27 millones de años atrás.

Las ignimbritas son particularmente reveladoras: se generan cuando nubes extremadamente calientes de gases, ceniza y fragmentos volcánicos se desplazan desde centros eruptivos y posteriormente se compactan hasta formar roca.

En otras palabras, el tranquilo desierto actual tuvo capítulos de actividad volcánica de enorme intensidad.

La carretera Camargo-Ojinaga, una ventana a millones de años.

Parte de esa historia no está escondida en laboratorios ni enterrada a kilómetros de profundidad. Está expuesta junto a caminos que diariamente utilizan habitantes, transportistas y viajeros.

El informe geológico del SGM describe, aproximadamente en el kilómetro 5 de la carretera Ciudad Camargo-Ojinaga, afloramientos de conglomerados del Eoceno. Cerca del kilómetro 4+200, los geólogos documentaron incluso un dique andesítico atravesando aquellos conglomerados.

Un dique se forma cuando el magma aprovecha una fractura, asciende a través de ella y finalmente se enfría dentro de la roca.

Quien atraviesa esa carretera puede pasar en cuestión de minutos frente a procesos que necesitaron millones de años para desarrollarse.

Es una manera distinta de observar el territorio: los cortes carreteros, barrancos, lomeríos y serranías funcionan también como páginas abiertas de un enorme libro geológico.

El Campo Volcánico de Camargo: más de 300 centros eruptivos.

Sin embargo, uno de los capítulos científicos más importantes ocurre mucho después.

Al oriente y sureste de Ciudad Camargo aparece un extenso conjunto de basaltos, conos volcánicos y mesetas conocido internacionalmente como Campo Volcánico de Camargo.

La cartografía del SGM ubica amplios derrames principalmente al este de la ciudad, en áreas que incluyen las cartas de El Espejo, Honorato de Abajo, La Enramada, El Milagro y San Juan Maravillas, así como hacia el sureste en las regiones cartográficas de Búfalo y El Nopal. Los basaltos forman derrames, mesetas y conos, acompañados localmente por escoria y ceniza volcánica.

Los primeros estudios oficiales disponibles para la zona manejaban edades puntuales, entre ellas una datación aproximada de 1.8 millones de años. Sin embargo, investigaciones posteriores utilizando técnicas radiométricas más extensas permitieron reconstruir mucho mejor la evolución del campo.

Un estudio publicado en Geological Society of America Bulletin determinó que el Campo Volcánico de Camargo está formado por rocas volcánicas alcalinas máficas con edades comprendidas aproximadamente entre 4.7 millones y 90 mil años. Los investigadores estimaron una superficie de cerca de 3,000 kilómetros cuadrados, un volumen eruptado aproximado de 120 kilómetros cúbicos y más de 300 centros eruptivos reconocidos.

Esta dimensión convierte al Campo Volcánico de Camargo en el mayor campo volcánico máfico alcalino identificado dentro de la provincia mexicana de Basin and Range, según dicha investigación.

Fragmentos provenientes de las profundidades de la Tierra.

Algunas de las lavas de este campo contienen un detalle extraordinario: xenolitos.

Un xenolito es literalmente un fragmento de una roca más antigua que fue arrancado por el magma durante su ascenso y transportado hasta la superficie.

En distintos sectores del Campo Volcánico de Camargo se han identificado xenolitos de peridotita, piroxenita y granulita, materiales capaces de proporcionar información sobre partes profundas de la corteza y del manto superior que normalmente serían inaccesibles.

Así, algunas rocas oscuras aparentemente comunes del desierto chihuahuense pueden contener diminutos fragmentos procedentes de kilómetros de profundidad.

Desde el punto de vista científico, el Campo Volcánico de Camargo funciona como una especie de ventana natural hacia el interior de la Tierra.

Los volcanes y las fallas nacieron juntos.

La presencia de volcanes en Camargo no fue casual.

Los estudios indican una relación estrecha entre el vulcanismo y el estiramiento de la corteza terrestre.

Hace millones de años la región comenzó a experimentar un régimen tectónico distensivo. En vez de comprimirse, la corteza empezó a extenderse. Esto provocó fracturas y fallas normales, mediante las cuales algunos bloques descendieron mientras otros permanecieron elevados.

El resultado fue el paisaje característico de sierras separadas por grandes cuencas, conocido internacionalmente como Basin and Range o provincia de Cuencas y Sierras.

El estudio de Aranda-Gómez y colaboradores identificó dentro del Campo Volcánico de Camargo un graben orientado aproximadamente N30°W, con escarpes que alcanzan localmente cerca de cien metros. Las edades de las lavas permitieron demostrar que episodios de fallamiento y volcanismo ocurrieron parcialmente al mismo tiempo.

Incluso se observó que algunas fallas cortaron coladas volcánicas antiguas y posteriormente quedaron cubiertas por lavas más jóvenes.

La geología preservó así una secuencia casi cinematográfica: primero una erupción; después el movimiento de una falla; posteriormente una nueva lava cubriendo parte de esa cicatriz.

Una actividad volcánica que migró hacia el noreste.

La datación de diferentes centros eruptivos permitió descubrir otro fenómeno.

Los investigadores concluyeron que la actividad del Campo Volcánico de Camargo comenzó en su sector suroccidental y posteriormente se desplazó progresivamente hacia el noreste. El estudio estimó una migración aproximada del vulcanismo de 15 milímetros por año a lo largo de millones de años.

No significa que los volcanes se movieran físicamente.

Lo que cambió fue la posición en la que nuevos conductos volcánicos conseguían alcanzar la superficie.

Es uno de los ejemplos más claros de cómo estructuras tectónicas profundas pueden controlar dónde aparecen volcanes.

¿Significa esto que Camargo tiene volcanes activos?

El dato de una lava de aproximadamente 90 mil años puede parecer reciente cuando se compara con rocas de decenas o cientos de millones de años. Pero debe evitarse una interpretación alarmista.

El Global Volcanism Program del Smithsonian Institution señala que no se conocen erupciones del Holoceno en el Campo Volcánico de Camargo.

Por tanto, la evidencia disponible no permite afirmar que exista actualmente una erupción inminente ni que Camargo deba considerarse un sistema volcánico activo en el sentido utilizado para los volcanes mexicanos con actividad histórica o del Holoceno.

Su importancia es principalmente geológica y científica: representa un episodio relativamente joven dentro de una historia terrestre enormemente más antigua.

Las grandes llanuras son cuencas llenas de sedimentos.

Cuando las fallas comenzaron a formar depresiones entre las sierras, la erosión hizo el resto.

Durante millones de años las montañas fueron desgastándose. La lluvia, los arroyos, los ríos y los cambios climáticos transportaron fragmentos de roca desde las partes elevadas hasta los valles.

Por ello hoy enormes extensiones de Camargo están cubiertas por gravas, arenas, limos y arcillas.

El INEGI calcula que aproximadamente 55.9 % del municipio está cubierto por material aluvial.

Esos terrenos aparentemente planos poseen una historia dinámica: en muchos casos son el relleno de antiguas depresiones tectónicas.

La cartografía reconoce asimismo llanuras aluviales, superficies salinas, áreas de piedemonte, campos de dunas y extensiones de “malpaís” asociadas con antiguas lavas basálticas.

La geología también explica dónde se almacena el agua.

La historia de las rocas no pertenece solamente al pasado. Tiene consecuencias directas sobre la vida contemporánea.

CONAGUA señala que, en el sistema hidrogeológico Jiménez-Camargo, las partes superiores del acuífero están constituidas principalmente por sedimentos aluviales y conglomerados acumulados en las planicies y piedemontes. En algunos sectores esos rellenos alcanzan espesores de varios cientos de metros.

A mayor profundidad también pueden participar rocas volcánicas como basaltos, tobas y riolitas, cuyo fracturamiento permite que el agua circule por fisuras. Las calizas de unidades como Aurora y Mezcalera podrían constituir horizontes acuíferos profundos en determinados sectores, aunque CONAGUA señala que algunos de ellos permanecen poco explorados.

De esta manera, las fallas, fracturas, gravas, arenas, basaltos y calizas condicionan el movimiento del agua bajo nuestros pies.

La geología termina conectándose con los pozos, la agricultura, las ciudades y la disponibilidad futura del recurso.

Minerales: otra consecuencia de una historia compleja.

Los procesos magmáticos e hidrotermales también dejaron concentraciones minerales.

INEGI identifica dentro del municipio sitios de interés asociados con hierro, barita y manganeso.

A escala regional, la Carta Ciudad Camargo del SGM incluye además investigaciones geoquímicas para elementos como oro, plata, cobre, plomo, zinc, manganeso, hierro, arsénico y otros. Esto no significa que todo el territorio tenga depósitos económicamente explotables; una anomalía geoquímica es apenas una señal que requiere estudios adicionales.

Pero sí revela otra característica del subsuelo: fallas, intrusiones magmáticas y circulación de fluidos calientes crearon condiciones favorables para diferentes tipos de mineralización.

Camargo no es solamente desierto.

Camargo suele explicarse por su agricultura, el Río Conchos, su historia, sus comunidades o su posición estratégica en el centro-sur de Chihuahua. Sin embargo, existe otra historia mucho más antigua.

Una historia que comenzó mucho antes que cualquier asentamiento humano.

Durante millones de años hubo mares donde actualmente existen sierras. Después esas capas marinas se elevaron, plegaron y fracturaron. Aparecieron volcanes de composición andesítica y enormes depósitos de ceniza procedentes del gran episodio volcánico del occidente mexicano. Más tarde, la corteza comenzó a estirarse, surgieron grandes fallas y decenas de cuencas. Finalmente, basaltos oscuros alcanzaron la superficie una y otra vez hasta construir cientos de pequeños centros volcánicos.

Después llegaron la erosión, los ríos y el desierto.

Arena, grava y arcilla comenzaron a llenar los espacios entre las montañas hasta construir las extensas llanuras que hoy permiten carreteras, poblados, agricultura y actividad económica.

La historia geológica de Camargo no está solamente debajo del suelo. Está en las calizas de sus serranías, en los basaltos negros del oriente, en los cortes de la carretera a Ojinaga, en las planicies cultivadas, en los pozos que extraen agua y en las piedras que durante generaciones los habitantes han visto sin necesariamente conocer su origen.

Camargo es, en realidad, un territorio construido por mares desaparecidos, volcanes, fallas y millones de años de transformación.

Y quizá esa sea la dimensión más humana de la geología: comprender que el paisaje que parece inmóvil está hecho de cambios; que las montañas, los valles, el agua e incluso buena parte de la economía de una región dependen de una historia que comenzó mucho antes de nosotros.

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