Los insecticidas que sostienen la producción de nuez en Chihuahua y el riesgo silencioso para miles de jornaleros agrícolas
HISTORIASMX. – Cada temporada agrícola, cientos de miles de hectáreas de nogal en Chihuahua reciben aplicaciones de insecticidas destinados a combatir plagas capaces de reducir significativamente la producción de nuez. Detrás de esa actividad existe una realidad poco documentada: hombres y mujeres que manipulan sustancias altamente tóxicas bajo temperaturas que con frecuencia superan los 40 grados Celsius, muchas veces con equipo de protección insuficiente o inexistente.
Mientras el nogal se ha convertido en uno de los motores económicos más importantes del estado, la salud de quienes mezclan, cargan y aplican los agroquímicos continúa siendo un tema prácticamente invisible. La exposición repetida a insecticidas ha sido objeto de numerosas investigaciones médicas alrededor del mundo debido a su posible relación con intoxicaciones agudas, enfermedades neurológicas, trastornos respiratorios, alteraciones hormonales, problemas reproductivos e incluso algunos tipos de cáncer cuando no existen medidas adecuadas de prevención.
En la región centro-sur de Chihuahua, donde municipios como Jiménez, Camargo, Delicias, Saucillo, Meoqui, Rosales y Aldama concentran una parte importante de la producción nogalera, especialistas en salud ocupacional advierten que la protección del trabajador debería ocupar el mismo nivel de importancia que la productividad del cultivo. Sin embargo, testimonios de jornaleros, contratistas y habitantes de la región describen que todavía existen casos donde las fumigaciones se realizan sin el equipo de protección recomendado por la normativa laboral, una situación que, de confirmarse en inspecciones, representaría un riesgo prevenible para la salud de los trabajadores.
Este reportaje analiza la evidencia científica disponible, la regulación mexicana, la medicina toxicológica y el contexto agrícola del estado para comprender qué ocurre detrás de cada aplicación de insecticidas en los huertos de nogal.
EL AUGE DEL NOGAL: EL CULTIVO QUE TRANSFORMÓ LA ECONOMÍA AGRÍCOLA DE CHIHUAHUA.
Durante las últimas cuatro décadas el paisaje agrícola de Chihuahua cambió de manera radical. Grandes extensiones que anteriormente estaban destinadas a cultivos tradicionales comenzaron a ser sustituidas por huertos de nogal pecanero, un árbol cuya producción alcanzó un enorme valor económico gracias a la creciente demanda internacional de nuez.
Actualmente Chihuahua se mantiene como el principal productor nacional de nuez pecanera. Miles de toneladas son exportadas anualmente hacia Estados Unidos, Europa, China y otros mercados asiáticos, donde el fruto mexicano es apreciado por su calidad y tamaño. Para numerosas familias productoras, el nogal representa estabilidad económica y una inversión de largo plazo, pues un árbol tarda varios años en alcanzar su máxima capacidad productiva.
El crecimiento de esta agroindustria transformó profundamente municipios como Jiménez, Camargo, Delicias, Aldama, Meoqui, Rosales y Saucillo. La demanda de agua aumentó considerablemente debido a que el nogal requiere importantes volúmenes para mantener su producción, lo que también impulsó la perforación de nuevos pozos y la expansión de sistemas de riego tecnificado.
Paralelamente surgió otra necesidad: proteger una inversión que puede representar millones de pesos. Una plaga no controlada puede disminuir el rendimiento, afectar la calidad comercial de la nuez e incluso comprometer la siguiente temporada. Por ello, los programas fitosanitarios se convirtieron en una parte indispensable del manejo del cultivo.
Cada ciclo agrícola moviliza cientos de trabajadores encargados de podar árboles, fertilizar, instalar sistemas de riego y aplicar plaguicidas. Son ellos quienes permanecen durante horas en contacto directo con sustancias químicas diseñadas para eliminar organismos vivos. Desde la medicina ocupacional, precisamente ahí comienza uno de los principales desafíos sanitarios del sector nogalero.
¿POR QUÉ EL NOGAL NECESITA TANTOS INSECTICIDAS?
A diferencia de otros cultivos de ciclo corto, el nogal permanece durante décadas en el mismo sitio. Esa permanencia permite que numerosas especies de insectos encuentren alimento y refugio de manera continua.
Los árboles producen brotes tiernos, hojas, flores, frutos y cortezas que sirven de hábitat para distintas plagas. Algunas succionan la savia, otras perforan los frutos, mientras que ciertas especies depositan sus huevos dentro del ruezno o debajo de la corteza.
El problema económico aparece cuando estos insectos alcanzan niveles poblacionales capaces de disminuir la calidad de la nuez destinada al mercado internacional. Una fruta perforada, deformada o manchada pierde valor comercial y puede representar pérdidas importantes para el productor.
Por esta razón los programas de manejo fitosanitario incluyen monitoreos constantes y aplicaciones dirigidas durante distintas etapas del desarrollo del árbol.
Sin embargo, desde el punto de vista toxicológico, cada aplicación implica un riesgo potencial para quien prepara las mezclas, carga los tanques, opera los equipos de aspersión o ingresa prematuramente al huerto después del tratamiento.
Los insecticidas no distinguen entre un organismo objetivo y la persona que los manipula. Su uso seguro depende completamente de las medidas de protección implementadas durante todo el proceso.
LAS PRINCIPALES PLAGAS QUE ATACAN LOS NOGALES.
El nogal enfrenta un complejo conjunto de organismos considerados plagas agrícolas. Algunas reducen la producción mediante el consumo directo del fruto, mientras que otras debilitan progresivamente al árbol.
Entre las más importantes destacan los pulgones amarillos, pulgones negros, trips, chinches fitófagas, barrenadores del ruezno, barrenadores de ramas, ácaros y diversas especies de gusanos que afectan hojas y frutos.
Los pulgones representan una de las amenazas más frecuentes. Estos pequeños insectos perforan los tejidos vegetales para alimentarse de la savia, debilitando el árbol y favoreciendo el desarrollo de fumagina debido a la miel que excretan. Las hojas pierden capacidad fotosintética y el rendimiento puede disminuir considerablemente.
Los barrenadores constituyen otro grupo particularmente problemático. Las larvas penetran los tejidos del fruto o de las ramas, donde permanecen protegidas mientras continúan alimentándose. Una vez dentro resulta mucho más difícil eliminarlas, por lo que los productores buscan actuar antes de que completen su ciclo biológico.
Los trips ocasionan daños sobre brotes y hojas jóvenes, mientras que algunos ácaros generan amarillamiento, caída prematura del follaje y disminución del vigor del árbol.
El manejo de estas plagas suele requerir monitoreo constante, trampas, muestreos y, cuando se superan determinados umbrales económicos, la aplicación de insecticidas.
No obstante, diversos especialistas insisten en que la fumigación debe ser el último recurso dentro de un programa de Manejo Integrado de Plagas y no una práctica rutinaria basada únicamente en el calendario.
LOS INSECTICIDAS MÁS UTILIZADOS EN LOS HUERTOS NOGALEROS DE CHIHUAHUA.
El catálogo de insecticidas utilizados en nogal ha cambiado con el paso del tiempo conforme aparecen nuevas moléculas, se restringen otras y evolucionan las estrategias de manejo de resistencia.
Actualmente es común encontrar ingredientes activos pertenecientes a familias químicas como los neonicotinoides, piretroides, espinosinas, avermectinas, diamidas, reguladores del crecimiento e incluso algunos organofosforados que históricamente fueron ampliamente utilizados.
Entre los ingredientes activos más empleados en programas fitosanitarios del nogal destacan imidacloprid, acetamiprid, thiamethoxam, lambda-cyhalothrin, cypermethrin, deltamethrin, spinosad, abamectina, emamectina benzoato, así como otros productos autorizados para determinadas plagas y condiciones específicas.
Cada uno posee características diferentes. Algunos actúan por contacto, otros por ingestión y algunos tienen acción sistémica, es decir, son absorbidos por la planta y distribuidos a través de sus tejidos.
Aunque las formulaciones modernas buscan reducir ciertos riesgos ambientales, ninguna elimina completamente la posibilidad de intoxicación humana cuando no se respetan las medidas de seguridad establecidas por el fabricante y por la legislación laboral.
La toxicidad depende de múltiples factores: concentración, tiempo de exposición, vía de ingreso al organismo, temperatura ambiental, edad del trabajador, estado de salud y utilización correcta del equipo de protección personal.
¿QUÉ CONTIENEN REALMENTE ESTOS INSECTICIDAS?
Detrás de cada envase comercial existe una compleja formulación química diseñada para alterar procesos biológicos fundamentales de los insectos.
Los organofosforados interfieren con la enzima acetilcolinesterasa, indispensable para la transmisión de impulsos nerviosos. Al bloquearla, provocan una acumulación excesiva de acetilcolina que paraliza al insecto. Ese mismo mecanismo puede afectar al ser humano cuando ocurre una exposición significativa.
Los carbamatos poseen un mecanismo semejante, aunque generalmente su unión con la enzima es reversible. Sin embargo, también pueden desencadenar cuadros importantes de intoxicación.
Los piretroides alteran el funcionamiento de los canales de sodio en las membranas neuronales de los insectos. Son considerados menos tóxicos para mamíferos que los organofosforados, pero exposiciones intensas pueden producir irritación cutánea, alteraciones neurológicas transitorias y problemas respiratorios.
Los neonicotinoides actúan sobre receptores nicotínicos del sistema nervioso de los insectos. Su uso ha generado debate internacional debido a los efectos observados sobre abejas y otros polinizadores, fundamentales para numerosos ecosistemas agrícolas.
Por otra parte, moléculas como las avermectinas y las espinosinas interfieren en diferentes receptores nerviosos específicos de artrópodos, ofreciendo alternativas dentro de los programas de rotación para disminuir la aparición de resistencia.
Desde la perspectiva toxicológica, todos estos productos tienen un elemento en común: fueron desarrollados para afectar funciones biológicas esenciales. Por ello, su manipulación exige capacitación técnica, protocolos de seguridad y equipo de protección especializado.
Cuando esas medidas no existen o se aplican de manera deficiente, el riesgo deja de ser únicamente agrícola y se convierte en un problema de salud pública que puede alcanzar no solo al trabajador, sino también a su familia y al entorno donde vive.