Arriban a Parral 14 familias desplazadas del “Triángulo Dorado” por la violencia

Los grupos criminales mantienen enfrentamientos en la zona limítrofe entre Sinaloa y Chihuahua; los desplazados buscan refugio y atención humanitaria en Parral

HISTORIASMX. – Al menos 14 familias desplazadas del estado de Sinaloa, originarias del denominado “Triángulo Dorado”, arribaron recientemente a Hidalgo del Parral, Chihuahua, tras huir de los enfrentamientos armados que persisten en la región serrana que conecta con Guadalupe y Calvo.

La Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) confirmó que las familias provienen principalmente del municipio de Badiraguato, Sinaloa, y que se les ha brindado atención y acompañamiento a través de la Mesa de Desplazamiento Forzado, instancia integrada por autoridades de los tres niveles de gobierno.

Familias huyen del Triángulo Dorado hacia el sur de Chihuahua

El fenómeno de desplazamiento forzado interno se ha intensificado en la región serrana que comparten los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango, conocida como el “Triángulo Dorado”, una zona históricamente vinculada a la producción y trasiego de drogas, pero también escenario de conflictos armados entre grupos delictivos.

De acuerdo con el registro de la CEDH, además de los 14 núcleos familiares originarios de Sinaloa, otras 9 familias proceden de Guadalupe y Calvo, quienes también decidieron salir de sus comunidades ante la escalada de violencia y la constante presencia de hombres armados.

Los desplazados buscan refugio y seguridad en Parral, ciudad que se ha convertido en uno de los principales puntos de recepción para personas que huyen de los municipios serranos.

Frontera de violencia: Badiraguato y Guadalupe y Calvo

La frontera entre Badiraguato (Sinaloa) y Guadalupe y Calvo (Chihuahua) se encuentra en una región montañosa dentro de la Sierra Madre Occidental, caracterizada por caminos de difícil acceso, aislamiento y escasa presencia institucional.

Entre las comunidades afectadas por la violencia destacan, del lado chihuahuense, Baborigame, Atascaderos, Las Papas y El Venadito, mientras que del lado sinaloense se ubican Surutato y Santa Gertrudis, entre otras.

El Colectivo Nuevo Amanecer, que brinda acompañamiento a familias desplazadas, advirtió que la disputa territorial entre grupos criminales ha provocado balaceras constantes y el abandono forzado de viviendas, cultivos y animales.

“Huir de las balas duele hasta el alma”

A través de un comunicado, integrantes del Colectivo Nuevo Amanecer expresaron la dureza emocional y humana que representa dejar atrás el hogar para salvar la vida:

“El tener que huir de las balas es algo que cala hasta lo más profundo del alma. El correr por salvar sus vidas y sentir la impotencia de estar solos en su camino es una realidad que muchas familias de la sierra viven hoy”, señalaron.

Las familias desplazadas se encuentran en condición de alta vulnerabilidad, muchas de ellas con niños y adultos mayores, y con recursos limitados para rehacer su vida. En algunos casos, han tenido que abandonar todo lo que poseían en cuestión de horas ante la inminencia de los enfrentamientos.

Atención y coordinación institucional

El visitador de la CEDH, Juan Portillo, informó que la Mesa de Desplazamiento Forzado mantiene una coordinación interinstitucional para atender las necesidades de los desplazados, brindarles albergue temporal, apoyo alimentario y asistencia médica.

Sin embargo, organismos civiles advierten que la atención debe ir más allá de la emergencia inmediata, y que se requieren políticas públicas permanentes para garantizar seguridad, vivienda, educación y empleo a las familias que han perdido su lugar de origen.

Desplazamiento forzado: una crisis silenciosa en la sierra

El caso de las familias llegadas a Parral es solo una muestra del desplazamiento forzado interno que afecta a cientos de comunidades en la Sierra Tarahumara y el Triángulo Dorado.

La falta de seguridad, la pobreza, la ausencia de infraestructura básica y la impunidad son factores que perpetúan este fenómeno, dejando a su paso un rastro de pérdidas humanas, desarraigo y ruptura social.

Mientras tanto, Parral continúa recibiendo a familias desplazadas que llegan con la esperanza de encontrar paz y reconstruir sus vidas, lejos del eco de las balas que los obligaron a huir.

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