Agua, poder y corrupción: la oscura trama detrás de las amenazas de “dar de baja” a los defensores en Jiménez.

Sabíamos desde el principio lo que enfrentábamos: un sistema económico y político diseñado para proteger a quienes concentran la tierra y el agua. Y aun así decidimos alzar la voz.

HISTORIASMX. – Desde hace más de una década, en Jiménez y en gran parte del sur de Chihuahua, emprendimos una de las luchas más duras y dolorosas: defender el agua. No hablamos de una causa lejana ni de un discurso ambientalista abstracto, sino de la defensa de un derecho humano básico que nos fue arrebatado a golpe de ambición, corrupción y violencia.

Porque hay que decirlo con todas sus letras: el acuífero Jiménez–Camargo fue saqueado por los grandes agrocapitalistas nogaleros, esos gigantes que llegaron con maquinaria, dinero e influencias para perforar indiscriminadamente la tierra, muchas veces con concesiones ilegales o “apócrifas”, hasta dejar los pozos agotados y contaminados. La extracción fue tan brutal que hoy lo que queda en muchos puntos no es agua limpia, sino veneno: arsénico.

Sabíamos desde el principio lo que enfrentábamos: un sistema económico y político diseñado para proteger a quienes concentran la tierra y el agua. Y aun así decidimos alzar la voz.

El costo de luchar.

Al lado del profesor Belisario, figura clave en esta resistencia, enfrentamos no sólo la indiferencia del Estado, sino la represión abierta. Bajo los gobiernos de César Duarte y Javier Corral, nos tocó vivir persecución, hostigamiento y hasta amenazas de muerte del Ejército y de la policía estatal, porque defender el agua en Chihuahua es, para el poder, una afrenta imperdonable.

No olvidamos tampoco las conversaciones en la sombra, aquellas en las que exalcaldes de Jiménez, junto con nogaleros y funcionarios estatales, llegaron a proponer “dar de baja” —sí, asesinar— al profesor Belisario y a Gorki Belisario Rodríguez, quien desde el periodismo se encargó de masificar esta problemática y hacerla visible. No son rumores ni especulaciones: fueron revelaciones confirmadas en cables filtrados que exhibieron la podredumbre del sistema.

Agua, poder y corrupción.

Lo que ocurre en Jiménez es sólo una muestra de un modelo perverso que se repite en toda la región: el agua se convirtió en mercancía. Mientras a las colonias populares y comunidades rurales apenas les llegan unas pipas, los agrocapitalistas riegan miles de hectáreas de nogal, un cultivo que devora cantidades descomunales de agua.

Ellos han contado con la complicidad de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), de los gobiernos estatales y de políticos que prefirieron mirar hacia otro lado —o incluso participar del negocio— antes que defender a la ciudadanía.

La lógica es clara: el poder económico de los nogaleros es tan grande que se impone sobre la ley, sobre la técnica y sobre la vida misma. Y mientras tanto, los habitantes de Jiménez cargamos garrafones, hacemos filas por una pipa y compramos agua embotellada para no envenenarnos con arsénico.

La libertad de prensa en riesgo.

Contar esta historia ha sido también jugarse la vida. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, y Chihuahua no es la excepción. Cada vez que publicamos, denunciamos o investigamos, sabemos que exponemos no sólo nuestra integridad, sino la de nuestras familias.

Decir la verdad sobre el agua en Jiménez significa enfrentarse a un sistema donde convergen los intereses de los agrocapitalistas, el gobierno estatal y el gobierno federal. Y lo sabemos bien: aquí no hay márgenes de seguridad. El riesgo es real.

La lucha continúa.

A pesar de todo, seguimos. No porque sea fácil, no porque tengamos garantías, sino porque callar sería aceptar la condena a la sed, a la enfermedad y al despojo.

En Jiménez, en Camargo, en todo Chihuahua, miles de personas entienden ya que el agua no es un recurso inagotable ni una propiedad privada de quienes tienen dinero. Es un derecho. Y defenderlo es también defender la vida, aunque al hacerlo sepamos que estamos en la mira de un sistema que ha demostrado no tener escrúpulos.

Porque en esta tierra, hablar de agua es hablar de poder, y enfrentarse al poder siempre tiene un precio. Nosotros ya lo pagamos. Y aun así, no nos rendimos.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila.

Volver arriba