Una investigación de HISTORIASMX encuentra testimonios que colocan al arquitecto del Saturn V en el Bolsón de Mapimí en 1970, pero los archivos oficiales estadounidenses de la recuperación del Athena no registran su participación. Escalón y Carrillo, en el municipio de Jiménez, sí quedaron directamente ligados a una de las operaciones aeroespaciales más extraordinarias ocurridas en territorio mexicano.
Por Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX
El día en que un misil estadounidense siguió volando hacia México.
HISTORIASMX.– La madrugada del 11 de julio de 1970, mientras buena parte del norte de México dormía, un vehículo experimental estadounidense despegó desde Green River, Utah. Era el Athena número 122, un cohete de aproximadamente 50 pies de altura y 16 mil libras de peso utilizado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos para estudiar las condiciones de reentrada de vehículos a grandes velocidades. Su trayectoria debía terminar cientos de kilómetros más al norte, dentro del White Sands Missile Range, en Nuevo México. No ocurrió así. Una falla durante el vuelo hizo que continuara hacia el sur, cruzara la frontera y terminara en el desierto mexicano.
La reconstrucción histórica publicada por el museo de White Sands explica que el motor de la cuarta etapa se encendió antes de que se completaran las maniobras de guiado de medio curso. El resultado fue una extensión aproximada de 400 millas náuticas sobre la trayectoria prevista. Los radares siguieron al Athena mientras pudieron, pero finalmente el vehículo desapareció más allá del horizonte. Durante las primeras horas, los estadounidenses ni siquiera sabían exactamente dónde había terminado.
El incidente adquirió una dimensión internacional por otra razón. El vehículo de reentrada llevaba dos pequeños recipientes de cobalto-57, un isótopo radiactivo utilizado para facilitar la localización de los restos. El Athena había dejado de ser simplemente un misil perdido: Estados Unidos tenía que encontrarlo dentro de territorio mexicano.
Escalón entra en la historia.
Aquí comienza la conexión directa con el municipio de Jiménez, Chihuahua. La región donde se calculaba que había terminado el vehículo se encontraba alrededor del límite entre Chihuahua y Durango, en el enorme espacio desértico del Bolsón de Mapimí. Escalón, población perteneciente al municipio de Jiménez, se convirtió en uno de los puntos relacionados con el movimiento de personas, información y posteriormente equipo ferroviario durante aquellos acontecimientos.
Una memoria periodística publicada décadas después por José Luis Muñoz Pérez asegura que él llegó a Escalón el 13 de julio de 1970 como parte de un equipo de El Heraldo de Chihuahua enviado a investigar el incidente. Su relato describe una comunidad que inicialmente desconocía lo ocurrido y recuerda que permaneció en el lugar esperando la llegada de los estadounidenses. Según ese testimonio, el 16 de julio aparecieron dos militares norteamericanos y al día siguiente comenzó una búsqueda en el desierto.
Ese relato tiene valor como testimonio, aunque algunos detalles de su cronología no coinciden con la documentación oficial estadounidense localizada para esta investigación. Y precisamente esa diferencia resulta fundamental para reconstruir lo ocurrido sin convertir la memoria en certeza documental.
Los nombres que sí aparecen en los archivos de White Sands.
La historia oficial preservada por el White Sands Missile Range Museum permite conocer con bastante precisión quiénes estuvieron al frente de la búsqueda estadounidense. Uno de ellos fue el teniente coronel Lowell “Buzz” Knight. Otro personaje fundamental fue Carlos Bustamante, ingeniero que anteriormente había trabajado en el propio programa Athena y que hablaba español con fluidez. Esa combinación de conocimientos técnicos y dominio del idioma lo convirtió en una pieza importante para tratar con autoridades mexicanas y habitantes de la región.
Según White Sands, el pequeño equipo salió hacia México el 16 de julio y estableció su base de operaciones en Torreón. Los cálculos indicaban que el Athena había penetrado aproximadamente 450 millas dentro de México en dirección sur-sureste y que debía encontrarse cerca de la frontera entre Chihuahua y Durango. Lo que parecía una búsqueda de pocos días terminó convirtiéndose en una operación mucho más complicada.
Avionetas recorrieron una y otra vez el desierto. Los estadounidenses entrevistaron rancheros y siguieron posibles pistas sobre luces, sonidos o impactos. La inmensidad del terreno convirtió la misión en la proverbial búsqueda de una aguja en un pajar.
Y entonces llegó otra aeronave con una tecnología distinta.
El cobalto-57 permitió encontrarlo.
La reconstrucción de White Sands establece una fecha particularmente importante: 2 de agosto de 1970. Ese día finalmente fue localizado el cono del Athena mediante una aeronave especialmente equipada de la Atomic Energy Commission, operada por EG&G. El avión utilizaba un sistema radiológico aéreo calibrado para detectar la firma del cobalto-57.
Desde el aire se orientó al equipo terrestre. Incluso fueron arrojados sacos de harina para marcar la ruta final hacia el lugar del impacto. Al llegar encontraron un pequeño cráter, fragmentos metálicos y arena con contaminación localizada. Técnicos estadounidenses y mexicanos realizaron mediciones radiológicas alrededor del sitio.
Este dato resulta decisivo cuando se investiga la supuesta presencia de Wernher von Braun, porque existe un testimonio posterior que sitúa el hallazgo varios días antes. Esa contradicción no puede ignorarse.
Wernher von Braun: el nombre que convirtió la historia en leyenda.
Wernher von Braun no era un científico cualquiera. Había dirigido durante una década el Marshall Space Flight Center de NASA y fue una figura central en el desarrollo del Saturn V, el gigantesco vehículo que permitió las misiones lunares del programa Apolo. En 1970 ya había dejado la dirección de Marshall y ocupaba en Washington el puesto de Deputy Associate Administrator for Planning, dedicado a la planificación estratégica de NASA.
Su nombre, sin embargo, aparece repetidamente en la tradición oral y periodística de la Zona del Silencio.
Una referencia hemerográfica especialmente interesante es anterior incluso al accidente del Athena. Una bibliografía dedicada a la historia de la región identifica una nota de Miguel Ángel Ruelas Talamantes publicada por El Siglo de Torreón el 11 de marzo de 1970, bajo un encabezado que hacía referencia a gestiones para establecer una estación espacial y afirmaba que “Von Braun estuvo en Ceballos”. Es decir, la versión de una visita del científico al Bolsón de Mapimí ya circulaba públicamente aproximadamente cuatro meses antes de que el Athena se desviara hacia México.
Pero existe un elemento que complica todavía más la historia. Investigaciones posteriores reproducen o describen un telegrama atribuido a NASA, enviado al periódico La Opinión, en el que se negaba que von Braun hubiera estado en Ceballos. La referencia sitúa ese documento en abril de 1970. De ser auténtico —y sería necesario consultar físicamente el original para verificar íntegramente su procedencia y contenido— demuestra al menos que la polémica sobre una supuesta visita de von Braun existía antes del accidente del Athena.
El testimonio que afirma haber hablado personalmente con von Braun.
En marzo de 2026 apareció un testimonio particularmente relevante. José Luis Muñoz Pérez publicó un extenso relato autobiográfico en Meridiano 107 en el que asegura que, siendo un joven colaborador de El Heraldo de Chihuahua, estuvo en la región cubriendo la búsqueda del Athena y conoció personalmente a Wernher von Braun.
Muñoz sitúa el encuentro el viernes 24 de julio de 1970 alrededor de las diez de la mañana. Según su narración, von Braun descendió de un helicóptero, vestía ropa campirana y permaneció aproximadamente cinco horas en la región. El periodista asegura haber conversado con él durante unos cinco o seis minutos. También sostiene que posteriormente informó de la entrevista a su periódico y que una nota apareció publicada al día siguiente.
El testimonio es extraordinario porque, si pudiera ser respaldado mediante el ejemplar original de El Heraldo de Chihuahua de julio de 1970, fotografías, negativos o documentos contemporáneos, constituiría una evidencia mucho más sólida de la presencia de von Braun en la región.
Pero el relato contiene un problema cronológico considerable.
Una contradicción de diez días.
Según el relato de Muñoz, una brigada habría encontrado el cráter el 21 de julio y los restos del cono habrían sido recuperados el 23. Al día siguiente, 24 de julio, habría llegado von Braun.
El archivo histórico de White Sands ofrece otra cronología. Afirma que al comenzar agosto los equipos todavía no habían encontrado el cono y que fue finalmente localizado el 2 de agosto mediante la aeronave radiológica de la Atomic Energy Commission. Esa reconstrucción se apoya en la memoria de Carlos Bustamante y en documentación histórica del propio campo de misiles.
No estamos ante una diferencia de algunas horas. Estamos ante aproximadamente diez días.
Esto obliga periodísticamente a tratar el supuesto encuentro del 24 de julio como un testimonio pendiente de corroboración independiente, no como un hecho definitivamente demostrado.
¿Los archivos oficiales colocan a von Braun en la operación?
Hasta aquí, la respuesta es no.
La extensa reconstrucción publicada por el White Sands Missile Range Museum identifica por nombre a numerosos protagonistas de la operación. Carlos Bustamante ocupa un lugar central. También aparece el teniente coronel Lowell “Buzz” Knight durante la búsqueda inicial y posteriormente el coronel Thomas Kearns como comandante de la operación de recuperación conocida como Operation Sand Patch.
Wernher von Braun no aparece mencionado como integrante de esos equipos en esa reconstrucción oficial.
Esto no demuestra por sí mismo que jamás haya realizado una visita breve. Una persona podía visitar el lugar sin formar parte formal de la estructura operativa. Pero significa que no existe, entre las fuentes oficiales consultadas para este reportaje, evidencia suficiente para afirmar que von Braun dirigió la búsqueda, encabezó la recuperación o permaneció durante semanas al mando del operativo.
Algunas versiones posteriores aseguran exactamente eso: que von Braun encabezó un contingente estadounidense, que permaneció semanas en el desierto o incluso que supervisó personalmente la recuperación. Esas afirmaciones no coinciden con la cadena de mando documentada por White Sands.
La verdadera Operación Sand Patch.
Encontrar el cono no terminó con el problema. Técnicos de ambos países midieron la radiación del lugar y comenzaron negociaciones para limpiar el terreno. El gobierno mexicano solicitó que el área fuera reducida a determinados niveles radiológicos y comenzaron semanas de negociaciones para establecer cómo ingresarían los estadounidenses, qué equipo utilizarían y cómo retirarían el material.
La operación recibió el nombre de Sand Patch y quedó bajo el mando del coronel Thomas Kearns. El convoy ferroviario salió de Orogrande, Nuevo México, la noche del 23 de septiembre, cruzó por Ciudad Juárez después de la medianoche del día 24 y continuó hacia el sur. Estaba integrado por vagones dormitorio tipo Pullman, comedor, carros de carga, plataformas para maquinaria pesada y tanques para agua y combustible.
Existe incluso una fotografía reproducida por White Sands de aquel tren en los patios ferroviarios de Ciudad Juárez. El pie original de prensa mexicana señalaba que las unidades transportaban personal y equipo de la administración aeronáutica y espacial estadounidense y que su destino era la zona radiactiva cercana a Ceballos, Durango.
El tren llegó aproximadamente a las cuatro de la tarde del 24 de septiembre a un apartadero en Carrillo. Desde allí los trabajadores tenían que recorrer algo más de veinte millas a través del desierto para alcanzar el punto del impacto.
Carrillo: el campamento ferroviario en territorio de Jiménez.
Carrillo adquiere entonces una enorme importancia histórica. White Sands lo describe como una pequeña comunidad de alrededor de cien habitantes, prácticamente sin servicios modernos y con electricidad procedente de un pequeño generador utilizado por una empresa salinera. Allí permaneció el tren estadounidense durante la fase de limpieza.
Los trabajadores desayunaban y cenaban en el vagón comedor y dormían en los carros del propio convoy. Desde Carrillo salían diariamente hacia el desierto. El 25 de septiembre comenzaron a descargar maquinaria y construir el camino necesario para llegar al sitio, aunque lluvias intensas retrasaron temporalmente los trabajos.
Finalmente fueron preparados 60 tambores con suelo contaminado, además de tres recipientes de 19 galones con ropa protectora, botas y guantes utilizados durante los trabajos. White Sands señala que algunas versiones periodísticas exageraron enormemente la cantidad de tierra retirada: la contaminación estaba fundamentalmente concentrada en una capa superficial alrededor del punto de impacto.
Escalón y Carrillo sí quedaron unidos al Athena.
Aquí puede establecerse una conclusión mucho más firme que la supuesta presencia de von Braun: el territorio ferroviario y desértico asociado a Escalón y Carrillo quedó directamente conectado con las operaciones derivadas del accidente del Athena.
Incluso la prensa de 1970 refleja tensiones territoriales en esta zona. Una bibliografía hemerográfica identifica una nota de El Siglo de Torreón del 3 de octubre titulada “Protestan en Escalón por la Intromisión de Duranguenses”, junto con numerosos artículos publicados entre julio y octubre acerca de la búsqueda, contaminación y recuperación del Athena.
Por eso la historia no pertenece exclusivamente a Durango. El accidente ocurrió en el amplio espacio fronterizo del Bolsón de Mapimí y la logística estadounidense involucró comunidades y vías ferroviarias estrechamente relacionadas con el extremo suroriental de Chihuahua.
Cuando los estadounidenses terminaron antes de tiempo.
La historia conserva además un episodio profundamente humano. El personal estadounidense terminó parte de los trabajos antes de la fecha acordada para abandonar México, pero no podía marcharse todavía. Durante esos días, según White Sands, los trabajadores utilizaron su maquinaria para realizar trabajos en Carrillo: nivelaron calles, reforzaron una pequeña presa de contención y colaboraron con el sistema de agua de la comunidad.
Después de semanas de negociaciones, vuelos, vehículos, maquinaria y trabajadores en medio de uno de los territorios más aislados del norte mexicano, el tren salió de Carrillo poco después de la medianoche del 5 de octubre de 1970. Llegó a Ciudad Juárez alrededor de las cuatro de la tarde y continuó hacia Estados Unidos. Para el 7 de octubre, Sand Patch había terminado. White Sands calcula un costo de aproximadamente 104 mil dólares de la época.
El desierto volvió aparentemente a su silencio.
Pero la historia apenas comenzaba.
De accidente militar a nacimiento de una leyenda.
La caída del Athena terminó fusionándose con historias anteriores y posteriores sobre meteoritos, interferencias de radio, anomalías magnéticas, objetos voladores y supuestas visitas científicas secretas. El Bolsón de Mapimí adquirió paulatinamente una nueva identidad cultural: la Zona del Silencio.
La ciencia ofrece una imagen mucho menos fantástica del territorio. Investigaciones geológicas y mineralógicas han estudiado materiales encontrados alrededor de Escalón. La Revista Mexicana de Ciencias Geológicas, por ejemplo, publicó un estudio sobre el meteorito Escalón, una condrita H4 recuperada cerca de la Zona del Silencio en Chihuahua, analizada mediante microsonda electrónica y difracción de rayos X. La región posee un indudable interés científico, pero eso es distinto de demostrar las afirmaciones extraordinarias que posteriormente se incorporaron a su leyenda.
Entonces, ¿Wernher von Braun estuvo en la Zona del Silencio?
Después de revisar las fuentes disponibles, la respuesta periodísticamente responsable es:
Existe evidencia testimonial y hemerográfica que sostiene que estuvo en la región, pero todavía no existe en las fuentes oficiales estadounidenses consultadas una confirmación documental suficiente para afirmarlo como un hecho definitivamente probado.
Tenemos una nota de prensa regional de marzo de 1970 que ya aseguraba que von Braun había estado en Ceballos. Tenemos referencias a una respuesta de NASA negándolo. Tenemos libros y testimonios posteriores que vuelven a colocarlo allí. Y ahora existe el relato personal de José Luis Muñoz Pérez, quien afirma haber conversado directamente con él el 24 de julio de 1970.
Pero frente a ellos tenemos una reconstrucción institucional muy detallada de White Sands que identifica responsables, fechas, aeronaves, tecnología utilizada, operación ferroviaria y cadena de mando sin mencionar a von Braun. Más importante aún, establece que el cono fue localizado el 2 de agosto, mientras el testimonio que coloca a von Braun allí afirma que los restos habían sido recuperados el 23 de julio.
La contradicción permanece abierta.
¿Y estuvo específicamente en Escalón, municipio de Jiménez?
Aquí la evidencia es todavía más débil.
Las fuentes revisadas permiten establecer que Escalón estuvo relacionado con los acontecimientos del Athena y que Carrillo tuvo participación logística directa en la operación de recuperación. También existe el testimonio de periodistas que llegaron a Escalón inmediatamente después del accidente y convivieron con habitantes y personal estadounidense.
Pero no hemos localizado hasta ahora una fotografía verificable, registro oficial, lista de pasajeros, documento de NASA, informe militar o nota contemporánea suficientemente comprobada que coloque personalmente a Wernher von Braun en la estación de Escalón.
El testimonio publicado en 2026 afirma que estuvo en “la región” y en la llamada Zona del Silencio; no demuestra por sí mismo que haya descendido o permanecido en el poblado de Escalón.
Por eso escribir que “Wernher von Braun estuvo en Escalón” como una certeza histórica iría más lejos de lo que actualmente permite la documentación.
El documento que podría resolver medio siglo de dudas.
Hay una pista especialmente valiosa para continuar esta investigación. José Luis Muñoz Pérez afirma que después de entrevistar a von Braun informó a Oscar W. Ching Vega y que al día siguiente la cadena periodística publicó la entrevista firmada por ambos.
Ese periódico es ahora una pieza documental fundamental.
Si se localiza el ejemplar correspondiente aproximadamente al 25 de julio de 1970 de El Heraldo de Chihuahua, y contiene efectivamente una entrevista contemporánea con detalles verificables, fotografías, identificación del helicóptero o información imposible de reconstruir posteriormente, el caso cambiaría sustancialmente.
También habría que localizar físicamente el supuesto telegrama enviado por NASA al periódico La Opinión en abril de 1970 y verificar membrete, fecha, remitente, destinatario y contenido completo. Sólo confrontando ambos documentos podría establecerse si NASA negó una primera visita pero von Braun realizó posteriormente otra después del accidente.
La investigación deja entonces dos archivos esperando ser abiertos: uno mexicano y otro estadounidense.
Lo que sí sabemos, 56 años después.
Sabemos que el Athena 122 existió. Sabemos que fue lanzado desde Green River la madrugada del 11 de julio de 1970. Sabemos que una falla en vuelo prolongó su trayectoria cientos de millas y que terminó en territorio mexicano. Sabemos que transportaba dos pequeñas fuentes de cobalto-57. Sabemos que estadounidenses y mexicanos lo buscaron durante semanas y que una aeronave radiológica permitió localizar finalmente el cono.
Sabemos también que Estados Unidos organizó la Operación Sand Patch, que un tren especial cruzó Ciudad Juárez y llegó a Carrillo el 24 de septiembre, que trabajadores viajaban diariamente desde allí al punto del impacto, que fueron retirados 60 tambores de suelo y que el convoy abandonó Carrillo el 5 de octubre.
Y sabemos que Escalón y el territorio del municipio de Jiménez aparecen ligados histórica y geográficamente a aquellos acontecimientos.
Lo que todavía no sabemos con el mismo grado de certeza es si Wernher von Braun caminó por Escalón.
Quizá ocurrió.
Existen personas que afirmaron haberlo visto. Existe un periodista que asegura haber hablado con él. Existen referencias hemerográficas que colocan su nombre en el Bolsón de Mapimí incluso antes del Athena. Pero mientras los archivos oficiales estadounidenses permanezcan sin aportar una confirmación equivalente y las contradicciones de fechas no sean resueltas, la diferencia entre memoria y documento debe permanecer claramente marcada.
Esa diferencia no debilita la historia.
La vuelve mucho más interesante.
Porque detrás de la leyenda de la Zona del Silencio existe un acontecimiento perfectamente real: en plena Guerra Fría, un vehículo experimental estadounidense salió de control, cruzó la frontera, cayó en el desierto mexicano y provocó una operación internacional que llevó científicos, militares, aviones, detectores radiológicos, maquinaria pesada y un tren completo hasta uno de los lugares más aislados del norte de México.
Y en algún punto entre Ceballos, Carrillo, Escalón y el inmenso horizonte del Bolsón de Mapimí, quedó sembrada una pregunta que más de medio siglo después continúa abierta:
¿estuvo también allí el hombre que había ayudado a llevar a la humanidad hasta la Luna?
HISTORIASMX continuará buscando la respuesta.
HISTORIASMX
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