Cada año, Hidalgo del Parral celebra la vida de Francisco Villa con la tradicional Cabalgata Villista. Pero entre quienes hoy montan en su honor hay políticos, especialmente de derecha, que en el pasado han denigrado su memoria. Si Villa viviera, muchos de ellos serían sus enemigos.
La Cabalgata Villista: entre tradición y contradicción
HISTORIASMX. – Desde hace décadas, el municipio de Hidalgo del Parral organiza las Jornadas Villistas, una serie de actividades culturales que incluyen la Cabalgata Villista, una marcha a caballo que honra al Centauro del Norte. Participan autoridades, artistas, simpatizantes e incluso militantes panistas que en otras tribunas han calificado a Villa como «bandido» o «asesino».
¿Qué diría Villa de quienes hoy lo homenajean?
La figura de Villa ha sido apropiada, suavizada y despolitizada para volverla digerible en eventos turísticos. Pero si viviera, ¿qué pensaría del México actual? ¿Cómo vería a alcaldes corruptos, a terratenientes modernos, a gobiernos que promueven megaproyectos sobre tierras comunales? Villa, que expropió tierras a hacendados y repartió recursos entre campesinos, no toleraría la injusticia social actual.
La lucha de la Revolución: tierra, justicia y libertad
Villa se levantó en armas contra el régimen de Porfirio Díaz y luego contra gobiernos traidores a la causa revolucionaria. Su lucha era por la tierra para quien la trabaja, por justicia para los pobres del norte y por una nación más equitativa. La Revolución no era una fiesta cívica: era una guerra contra el abuso, la impunidad y el poder concentrado.
El México de hoy: la revolución sigue pendiente
Hoy, millones de jornaleros trabajan en condiciones precarias. La concentración de tierras sigue en manos de unos cuantos. El campo está abandonado o cooptado por agronegocios. Y la violencia estructural sigue haciendo estragos en los estados del norte, como Chihuahua. En ese contexto, la causa de Villa no ha muerto. Sigue siendo vigente.
Políticos que honran lo que detestan
Resulta paradójico que políticos de partidos conservadores, como el PAN, participen en homenajes a quien despreciaron por años. En sus discursos, Villa era un criminal. En sus políticas, favorecen al gran capital, al despojo de tierras, al olvido del campo. ¿Qué hacen entonces cabalgando junto al pueblo que Villa defendía?
6. Si Villa viviera: enemigos nuevos, lucha vieja
Si Villa viviera hoy, ¿quién sería su enemigo?
- Los nuevos hacendados que concentran miles de hectáreas mientras miles no tienen tierra.
- Los gobernadores que desvían recursos públicos.
- Los funcionarios que reprimen protestas campesinas.
- Los jueces que avalan desalojos.
- Las empresas extractivas que contaminan ríos y desmontan selvas.
Villa no estaría en la cabalgata. Estaría organizando otra División del Norte.
La apropiación del símbolo: Villa domesticado
Como ocurre con Zapata o con Benito Juárez, el sistema ha intentado domesticar la figura de Villa. Se le recuerda en eventos, se le convierte en estatua, se le canta en corridos… pero se evita hablar de su radicalidad, de su desprecio por las élites, de su insurrección popular. Hacerlo cómodo es hacerle traición.
La Revolución como marketing político
Las Jornadas Villistas atraen turismo, medios y dinero. Pero pocas veces invitan a la reflexión sobre lo que realmente representó Villa. En lugar de debates críticos sobre desigualdad, justicia agraria o impunidad, se ofrecen bailes, cabalgatas y discursos huecos. Se glorifica la imagen, se entierra la causa.
Aspectos más importantes
- La Cabalgata Villista se ha transformado en un evento cultural que muchos políticos utilizan para proyectarse públicamente, aunque sus convicciones contradigan los ideales de Villa.
- Villa no era un personaje ornamental: fue un líder revolucionario radical, que luchó por la justicia social, la redistribución de tierras y el bienestar del pueblo.
- En el México actual, con corrupción municipal, abandono del campo y violencia estructural, la causa de Villa sigue vigente.
Conclusión.
Francisco Villa no cabalgaría junto a quienes hoy lo veneran en nombre y lo traicionan en hechos. No aceptaría homenajes vacíos, ni discursos hipócritas. Su lucha no terminó en 1923. Porque la Revolución —la verdadera— sigue inconclusa.
Si Villa viviera, sería enemigo de muchos de los que hoy lo aplauden.